DIARIO DE UNA DOMINANTE
A principios del pasado verano escribió Carolina Bareyo preguntando: “¿De dónde sacáis los chicos?”. Porque tenía sus dudas: “desde mi experiencia hay mucha literatura en tus colaboraciones. Yo he intentado varias veces establecer una relación de dominación femenina con un chico y nunca lo he conseguido”. Pues ya lo ha conseguido. Y ahora escribe por un problema que tiene con el chico conseguido.
La situación más extendida en este mundillo es aquella en que un hombre intenta introducir a su compañera en la dominación femenina. No obstante, comienza a no resultar tan extraño que sean algunas mujeres las que se plantean que dominar a su hombre puede ser un buen camino en la construcción o reconstrucción de su relación de pareja. La transformación del papel de las mujeres en la sociedad y en las relaciones personales nos va abriendo nuevas posibilidades. Y Eva se plantea esta posibilidad en el comentario que introdujo en el blog el domingo:
Recibo el correo de una mujer que se quiere iniciar en la dominación femenina como juego erótico, y me pide que le cuente “por dónde empezar”. No fue mi intención dedicarme a dar detalles sobre juegos de cama o sesiones de dominación en este blog. Pero como es mujer, y sin entrar en grandes detalles, pues le dije que algo escribiría por si de algo le servía. Éste es el correo:
Leo en Mi insecto insignificante la entrevista que le hacen a Spirit: “Los celos en los sumisos”. Y pienso en que la práctica de la infidelidad por parte de la mujer dominante es asunto peliagudo, en lo difícil que resulta someterse de verdad a otra persona, en cómo desaparece la habitual ironía de Spirit cuando el peligro acecha y en la peculiar visión de la dominación femenina que traslucen sus palabras. Veamos la entrevista:
Cuando se hace un blog sobre dominación femenina como éste, imagino que se entiende que en ocasiones una se deje llevar por cosas que le dan vueltas en la cabeza, y que las plasme sin especial acierto. Quizá eso es lo que me pasó con la última entrada. Y quizá de ahí los comentarios. Pero quiero dejar claro que los agradezco, tanto los que comprenden mi desánimo como los que lo critican. Trataré de añadir algo al hilo de esas críticas. Y comenzaré por “una crítica tan dura”, según dice ella misma, como la de Amy: