DIARIO DE UNA DOMINANTE
El blog se ha quedado un poco paradito, porque he estado más que liada estos días en el trabajo para dejarlo todo listo antes de las vacaciones. Y no volveré a actualizarlo durante las próximas tres semanas. Me reincorporaré al trabajo y al blog el 8 de septiembre. Sin embargo, algo habrá mientras tanto: fotografías. Finalmente, le di permiso a mi chico para montar su fotoblog y, como él no se coge vacaciones ahora, lo abre hoy y se dedicará estos días a publicar imágenes relacionadas con la dominación femenina.
Termino esta serie de artículos con uno que no tenía previsto. Pero ha sido por falta de previsión, porque ¿cómo no se me había ocurrido que el debate con Iván se prolongaría? Así que a responder a su intervención de ayer dedicaré íntegramente esta entrada. Puede ser que algunos lectores den muestras de cansancio por lo que parece una discusión interminable, y sobre un asunto que ellos no elegirían. Pero qué le vamos a hacer, si a los dos nos gusta discutir y si los dos somos testarudos. Bueno, empecemos por el comentario de Iván:
El poder, a muy diferentes escalas, ha permitido a los hombres en general dominar a las mujeres tanto social como privadamente durante siglos. Y esa dominación ha conformado en buena parte la sociedad y el comportamiento de quienes la componen. La dominación masculina ha sido una costumbre, una seña de identidad –que se dice ahora–, se ha considerado en cierta forma como “natural”. ¿Ha llegado o está por llegar el momento de la dominación femenina en la sociedad?
Terminaba la entrada anterior acudiendo al título de un libro de Josep Vicent Marqués: ¿Qué hace el poder en tu cama? Por algo se utiliza a menudo la frase “la erótica del poder”, porque hasta en la cama te lo encuentras. En efecto, el poder atrae. Y el poder somete; o al poder se someten muchas personas. El éxito en casi cualquier terreno despierta admiración y, en muchas ocasiones, incluso veneración. Y esa atracción se produce también, como no podía ser de otra manera, en el terreno de la sexualidad y la afectividad.
Hace unos días, tenían Amy e Iván una discusión sobre un asunto que me resultó interesante, y que se puede resumir en esta frase con la que respondía Iván: “Amy, me parece que estás confundiendo “dominación” con “poder””. ¿Tiene sentido relacionar el poder con la dominación femenina? Para mí que sí, que Amy no andaba muy confundida, que a quien disfruta de poder le resulta más sencillo ejercer la dominación.