Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

¿Nos derrite una proposición femenina?

Miguel Vilar

En el artículo de Carlota Hill, “Explicárselo a tus amigas”, leí un comentario de Lalo López en el que figuraba esta frase: “La idea de que los hombres, ante cualquier proposición femenina nos derretimos, la estimo falsa”. No estoy de acuerdo.

Es verdad que simplificar cualquier cuestión es siempre difícil. Pero en muchas ocasiones necesitamos simplificar para entendernos, para intercambiar opiniones y puntos de vista. Así que, si simplificamos (que me parece bien), diría que me resulta mucho más verdadera que falsa “La idea de que los hombres, ante cualquier proposición femenina nos derretimos”.

Creo que Lalo subestima el poder sexual que las mujeres tienen sobre los hombres. Creo que, además, en el estadio actual de las investigaciones en biología, en general, y en neurobiología, en particular, es ya una realidad que ese poder está inscrito en las mentes de los hombres y en su sexualidad, en fin, en sus genes. Esa subestimación proviene, probablemente, de la opinión que leía en otro comentario de Lalo de que en la mayoría de los escritos que se publican en esta página se da excesiva importancia a la cuestión sexual.

Pero es que la sexualidad constituye, como también demuestran tantos estudios, la palanca básica que mueve a los humanos. La sexualidad ha sido el impulso fundamental que nos ha hecho humanos, que explica buena parte de las consecuencias de la selección natural en nuestra especie, y probablemente el componente fundamental que se haya tras la aparición de la que siempre se ha considerado la característica más propiamente humana, el lenguaje. El lenguaje surge, según las últimas investigaciones, impulsado en buena parte por la necesidad más imperiosa: la seducción, el cortejo, la búsqueda de pareja sexual, el instinto de preservación de la especie, en fin, como se le quiera llamar.

Y esa sexualidad es claramente diferente entre las hembras y los machos de la especie homo sapiens. La hembra humana perdió con la evolución los síntomas exteriores que delatan en todos los mamíferos su período fértil, en consecuencia, el macho humano no tiene forma de descubrir el momento de la ovulación de las hembras. Y esa es la explicación de que el macho humano (junto a los babuinos) sea el único mamífero cuyo deseo sexual es permanente. Siempre está dispuesto, porque esa es la manera en que el proceso evolutivo soluciona el problema de la falta de señales externas del período de ovulación de las hembras.

Y aquí reside la explicación de la muy distinta forma en que viven su impulso sexual las mujeres y los hombres. Dicho de otra forma, aquí reside la explicación de que “nos derritamos ante cualquier proposición femenina”. Aunque, en realidad, no hace falta siquiera que llegue la proposición: el macho humano casi se derrite ante la posibilidad de la proposición, porque su instinto le lleva a buscar denodadamente esas proposiciones entre las hembras que le rodean. Y ese impulso confiere a las mujeres un enorme poder sobre los hombres.

Ahora bien, ese poder está mediatizado por lo que llamamos la cultura, por varios milenios de organización patriarcal de la sociedad, en la que los hombres pudieron imponer su fuerza física y su miedo al poder de las mujeres. Claro que la cultura no es sólo patriarcado y machismo, sino también normas para la convivencia entre las personas. Y esas normas nos han enseñado a moderar, e incluso esconder, nuestros primarios instintos sexuales, llegando con el paso de las generaciones a influir en los propios instintos (lo que nos ha proporcionado las ventajas y oportunidades de lo que se llama la civilización). No somos exclusivamente lo que nuestros genes prescriben, también la cultura ha colaborado a conformarnos como somos.

Pero la importancia de la cultura no elimina el influjo de la biología, como casi se creyó durante las últimas décadas. Hoy sabemos que la importancia de la biología es mayor de lo que creíamos. Y la permanente pulsión sexual del macho humano es desde luego una de sus características, como ponen de relieve también algunas recientes investigaciones de la psicología experimental, que demuestran que, como decía, no hace falta siquiera la proposición, que los machos humanos nos derretimos ante la mera presencia de una hembra deseable, y nos derretimos de forma tan clara y evidente que estos investigadores han sido capaces de descubrir y fotografiar los síntomas de ese derretirse en distintas áreas de nuestro masculino cerebro.

Por extraño que parezca a algunos, la mera exposición ante un macho de una fotografía de una hembra atractiva es capaz de convertir su comportamiento en impulsivo e irracional. Pero no ocurre lo mismo cuando el experimento y el rastreo cerebral se produce con las mujeres. Porque ellas no están sujetas a tan primario impulso, ellas son las destinatarias del impulso, que es tan sexual como masculino.

Y ese instinto entrevera todas las relaciones que se establecen entre los dos sexos de la especie, y por supuesto también las que se basan en la dominación femenina, porque ese impulso constituye la explicación básica tanto de la sumisión de los hombres como del poder que las mujeres tienen sobre ellos.

No creo que se produjera o pudiera entenderse la dominación femenina sin ese impulso, sin su componente sexual. Por eso se produce lo que molesta a Lalo: “la excesiva reiteración y detallismo en los detalles eróticos es algo que realmente no interesa”. Por supuesto que interesa. La prueba es que la queja de Lalo se produce en la única página de Internet que conozco sobre esta cuestión en la que no sea todo “reiteración y detallismo en los detalles eróticos”, que es lo que ocurre en todas las demás. Y no creo que sea una casualidad.

Me parece perfecto que Lalo prefiera “una DF más natural y sencilla”, y que opine que “no todo en la DF es sexo, y quizás los aspectos más interesantes de revelar son los otros”. Y me parece perfecto porque es verdad que sobre “los detalles eróticos” suele versar la mayoría de lo que se publica en Internet, así que resulta claramente interesante hablar también de otros componentes o características de la dominación femenina.

No obstante, que queramos sacar a la dominación femenina del territorio exclusivamente sexual, que pretendamos “civilizarla” (que me parece muy bien), no significa que ello la convierta en “más natural y sencilla”. Porque lo más natural es precisamente ese impulso sexual masculino que la explica y sobre el que, en mi opinión, se sostiene. Y la importancia de ese componente sexual es determinante y explica que la mayoría de las prácticas sobre las que se escribe en el mundo de la dominación femenina tengan un sesgo claramente sexual; es de lo más natural.

Creo que la cuestión no es negar la obvia importancia del componente sexual de la dominación femenina, sino que el intento deber residir en añadirle otras cosas, en enriquecerla con otros comportamientos humanos que contribuyan también a modelarla. Y es probable que en este punto de vista coincidamos Lalo y yo. Entre otras cosas, porque ese intento podría facilitar un mayor acercamiento a la dominación femenina de quienes carecen de ese impulso sexual, que en parte determina a los hombres, las mujeres.

También a mí me parece cierto que las mujeres buscan en la dominación femenina muchas otras cosas más que su componente sexual. Y haríamos bien los hombres en contribuir todo lo que podamos a facilitárselas si queremos, que es lo que queremos, que crezca el número de mujeres que asuma la dominación femenina como forma de relación con sus parejas. Pero también harán bien las mujeres en no olvidar que ese componente sexual constituye, como decía, el detonante fundamental que impulsa a los hombres sumisos a someterse a ellas, la base del poder que tienen sobre ellos y de las ventajas que pueden obtener de la dominación femenina.

[Ana Serantes: aunque la idea del artículo fue de Miguel, y fue él quien lo firmó, lo cierto es que el artículo tiene bastantes cosas y bastante redacción que son cosecha mía.]

9 Comentarios
  1. Hay quien dice por ahí que un varón se acuesta con la primera mujer que se lo proponga. Y lo que parece ser un tópico lo fundamenta en criterios científicos el artículo de Miguel Vilar y Ana Serantes, pues se nos dice que el varón está siempre dispuesto a descargar la energía erótica que lleva consigo. Por contra, se pretende que la mujer sólo está receptiva a la sexualidad en determinados momentos. Uno, que le gusta buscar la contra a todas las cosas, se pregunta entonces cuál será el método empleado por todos los Casanova de la historia para elegir siempre el momento justo para efectuar sus conquistas amorosas; para saber que en aquel preciso instante la mujer en la que se había fijado estaba en su momento más receptivo, en “su período fértil”. No niego el que mujeres y/o varones puedan experimentar por razones biológicas períodos de mayor o menor predisposición al juego del amor, pero intuyo que el tema es más complejo. Sospecho, además, que al igual que muchos hombres se derriten por esta o aquella mujer, lo mismo debe suceder en el campo opuesto. Y pidiendo perdón de antemano por lo que de misógino pudiese existir en la siguiente frase, siempre he pensado que una “proposición indecente” lo es o deja de serlo en función de la persona que la proponga, y no tanto por lo que se propone en sí mismo o por coincidir con tal fecha de nuestro calendario hormonal.
    Yo no sé qué hay en la mente de los demás varones. Les toca a ellos mismos y a los investigadores el aclararlo. Sí puedo decir lo que yo siento, aunque claro, también es posible que mi criterio esté sesgado por la educación recibida, por “esas normas [que] nos han enseñado a moderar, e incluso esconder, nuestros primarios instintos sexuales”. Me limitaré a contar algunas experiencias personales que me han sucedido.
    Tengo un anuncio en la página ALT.COM. Un día recibo un correo de un ama española que me dice: “¡PERRO, PRESÉNTATE COMO ES DEBIDO Y PODRÁS GOZAR DE MIS AZOTES!” Ya Ana Serantes se dio cuenta a partir de mis colaboraciones que soy muy romántico. Añado, además, que aunque soy sexualmente sumiso no soy masoquista, ni en lo físico ni en lo psicológico. Así que ya me dirán ustedes si aquella es manera de intentar seducir a alguien de tales características. Eso sí, la risa y el buen humor, que tan sanos son, sí que no me faltaron todo el día tras leer aquel correo.
    Me escribe otra dómina aficionada española. La verdad es que en su foto luce muy atractiva. Intercambiamos algunos correos, y en uno de ellos me dice que busca un sumiso que le proporcione “la adoración que me merezco”. La expresión me suena fatal. Puedo entender que una mujer me diga que “me gusta que me traten como una reina” o que “me gusta que me adoren”. Incluso no hay problema alguno por mi parte si ella se reconoce como sexualmente egoísta, pues se supone que yo estoy para complacerla y para hacerle la vida agradable. Pero para aguantar divas engreídas prefiero a una chica de las normalitas.
    He contactado con una mujer a través del MEETIC, y tras varios correos quedamos para conocernos en un bar. Como no la conozco de vista me ha dicho que estará sentada en una mesa leyendo prensa inglesa. Ya desde la calle, sin haber entrado en el local, la detecto sentada en una esquina. No es mi tipo, ni en lo físico ni en la manera de vestir. Pero lo cortés es entrar e ir a dar con ella, no seguir mi camino. Le pregunto si quiere tomar algo, y le pago la consumición. A los 20 minutos de habernos conocido me propone pasar la noche juntos. ¿Qué hago? No me apetece romper corazones. No quiero herirla. Intento decirlo de la manera más educada posible. Recurro a una mentira piadosa, y le digo que necesito estar enamorado. Ella no se traga mi excusa, y me pregunta desafiante: “¿te parezco poco atractiva?” Su despecho crece y me humilla. Dice que la he decepcionado y me acusa de pusilánime, de no ser “un hombre de verdad”.
    Durante varias semanas he mantenido correspondencia con una dómina madrileña. Ella se define en su perfil como de ideología “conservador hard-core”. Me interesa mucho el tema, pues intento ver cuáles son los perfiles ideológicos presentes en el mundo de la dominación femenina y del BDSM en general. En sus fotos luce irresistible, pues yo, que soy muy fetichista, no puedo dejar de reconocer que me seduce su cuerpo totalmente vestido de cuero negro, así como las altas botas de tacón de aguja que lleva. Hablamos de muchas cosas. Esta mujer es estudiante de derecho, y políticamente está muy a la derecha del PP. Surge el tema de los transexuales y de las bodas gay. Sus comentarios son realmente homófobos, y me choca mucho cómo una mujer que de hecho es transgresora de la sexualidad dominante, no tenga un mínimo de solidaridad para con las otras minorías sexuales. Al final, y sobre todo por lo anterior, el personaje se me hace particularmente antipático, y dejo de cartearme con ella.
    Se supone que siendo varón debería haberles seguido el juego a todas las mujeres más arriba citadas, y entraría dentro de lo probable que hubiese acabado jugando con alguna de ellas, ya sea al estilo “vainilla” o dentro de una relación de dominación femenina. La única conclusión a la que llego es que, o bien yo soy diferente a los otros hombres, o bien no es cierto que los varones son ciegas máquinas diseñadas para penetrar a todo lo que se les ponga a tiro.
    Un saludo.
    José Perera

    15:21 | 4 Junio 2008

  2. Ana ¿y qué se supone que le derrite a una sumisa por su amo…sólo su voluntad?.

    16:49 | 4 Junio 2008

  3. Señor José si hay algo que invierten los conquistadores, los verdaderos casanovas ( no esos que quieren echar un polvo, una noche en cualquier pub) es tiempo. Y el tiempo es el que asegura el éxito, estar ahí para no faltar ese momento justo. La peña es que hoy en día no hay conquistadores, o por lo menos abundan menos. Los que empiezan a resultar abundantes son aquellos que creen que hombres y mujeres tenemos las mismas necesidades sexuales y que por ello nosotras no deberíamos negarnos a sus proposiciones.

    Y creo sinceramente que derretirse por una proposición no es exactamente lo mismo que decirle a toda mujer que sí. De hecho no hay tópico más falso que es que dice que los hombres dicen que sí sea la mujer que sea la que le ofrece una noche de pasión. Yo creo más bien que los hombres jamás dicen que no cuando lo que ven les seduce lo suficiente y para que ello sea así intentan no profundizar en la personalidad de la que a simple vista admiran. De hecho conocer a alguien suele romper parte del misterio y el morbo que cada cual crea y es parte importante de la excitación. Así que una vez resuelto el misterio, la excitación suele disminuir y tus decisiones suelen ser más libres. Quizá las personas que no se lanzan a una relación sexual antes de conocer a esa pareja sexual están en posición de negarse a la proposición y aquellas que no quieren conocer a esa persona son los que no se pueden resistir a priori.

    17:02 | 4 Junio 2008

  4. A José Perera: yo también estoy dado de alta en ALT.com y no me escribe nadie. ¿Será por que no he suscrito el servicio de pago? Me gustaría que nos contarás el secreto para el éxito.
    Te dejo mi mail, que necesito preguntarte una cosa: goodhardware7_2000@yahoo.com

    0:37 | 5 Junio 2008

  5. Realmente no me parece cierto que el hombre se derrita ante una proposición femenina y no es por subestimar el poder sexual de las mujeres, sino todo lo contrario, por no sobreestimarlo.

    Debo decir que habiendo leído el artículo original de Carlota Hill -me pareció adecuado ir a buscar el contexto original del planteo propuesto- es probable que yo hubiera opinado algo similar a lo que comentó Lalo López (lo recuerdo, solía ser muy participativo en la vieja página). Realmente esa historia es bastante bizarra, es decir, no pongo en tela de juicio su veracidad, asumo la experiencia comentada como totalmente cierta.

    Pero … no es lo mas factible que te pueda ocurrir, si yo hubiese sido el protagonista de esa historia, la misma terminaba con la proposición de la autora y no soy ningún santo, de hecho es altamente probable que hubiese fantaseado con el hecho dando rienda suelta a los impulsos irracionales, pero salir a tener sexo con una amiga de mi mujer es algo a lo que mi parte racional no hubiera accedido.

    ¿Por que no lo habría hecho? Por respeto a mi Esposa, hubiera ó no Dominación de por medio. Y no creo ser el único que hubiera obrado de la misma manera. Alguno dirá que basta con fantasear para que la falta de respeto exista. Puede ser, pero si bien esa parte irracional puede escapar a mi control, enviarle un mensaje de texto, concertar una cita y embarcarme en una relación sexual sería un acto meramente racional y ahí si tenemos el control. Yo ahí elijo aceptar ó no la proposición.

    Lo que quiero decir es que me parece perfecto el tema del impulso en la sexualidad del hombre, la relación con el comportamiento primitivo, pero vamos, que no somos babuinos, podemos estar dispuestos permanentemente al sexo, pero también tenemos un cerebro capaz de racionalizar, pensar, meditar, sentir, evaluar consecuencias para nuestros actos.

    Por eso yo también disiento, no nos derretimos ante una proposición, en definitiva tenemos la racionalidad para elegir aceptarla ó no.

    Que en ciertos estados de excitación el hombre sea mas permeable a estas proposiciones, si, es verdad, ¿en parte no es eso lo que busca la practica de la “castidad”? ¿Mantener el estado de excitación permanente en el hombre? Pero bueno eso es otro tema y por ahora fui en extremo extenso.

    Mis disculpas por la longitud del comentario pero quería dejar lo mejor posible mi idea. Un saludo a todos.

    5:50 | 5 Junio 2008

  6. Roberto. Debe haber algún problema en el correo que me has aportado, porque al intentar comunicarme contigo el sistema me lo devuelve. Te paso mi correo para que seas tú quien intente contactar conmigo: vivirparaunamujer@hotmail.com

    En cuanto al “éxito” en alt.com te diré que en mi caso soy usuario de pago, y que igualmente he pagado un suplemento para que mi perfil pueda ser visitado por usuarios estándar. Fíjate que en alt.com no hay límite de caracteres a la hora de redactar un anuncio, así que puedes escribir cuanto quieras y sin casi censura –en mi caso lo único que me han censurado fue una frase en la que me manifestaba a favor de la legalización de la prostitución–. Además, y lo más importante, inserto foto de mi cara. ¡No se te vaya a ocurrir poner la foto de tu miembro viril en erección, como hacen muchos! Si por pudor no te atreves a poner foto de tu rostro te sugiero la siguiente estrategia: puedes aportar tu foto, pero a la hora de inscribirte lo haces como habitante de otro país, o como vecino de una región distinta a la tuya, lo que te da cierto grado de camuflaje. De todas maneras te recuerdo una cosa. Si alguien te reconoce en la foto y se escandaliza por ello habría que preguntarle entonces a esa persona qué hacía navegando por alt.com…
    Un saludo.
    José Perera

    11:58 | 5 Junio 2008

  7. José Perera: “Hay quien dice por ahí que un varón se acuesta con la primera mujer que se lo proponga. Y lo que parece ser un tópico lo fundamenta en criterios científicos el artículo de Miguel Vilar y Ana Serantes, pues se nos dice que el varón está siempre dispuesto a descargar la energía erótica que lleva consigo”.

    Adrián: “Por eso yo también disiento, no nos derretimos ante una proposición, en definitiva tenemos la racionalidad para elegir aceptarla ó no”.

    ¿Les derrite a los hombres una proposición femenina? Por supuesto que sí. ¿Significa eso que los hombres acepten siempre cualquier proposición, que no tengan la posibilidad de elegir? Por descontado que no. ¿Se afirma tal cosa en el artículo, como parecen haber entendido José y Adrían? Pues no. ¿Se discute entonces la opinión expresada en el texto? Cada cual que saque su conclusión.

    21:43 | 5 Junio 2008

  8. He de reconocer que pensé si no habría malinterpretado la cuestión del derretimiento con la aceptación ó no de la proposición pero lamentablemente ya había posteado mi comentario.

    De hecho de mi comentario anterior se desprende que dejo la puerta abierta al postulado del derretimiento al admitir que en la situación explícita a la que se refiere el artículo citado como origen del planteo (”explicárselo a tus amigas”) no la habría aceptado pero probablemente me hubiera desatado alguna fantasía - es decir, me hubiera derretido-.

    No obstante sigo sin estar del todo de acuerdo con el postulado de que nos derretimos ante cualquier proposición, se habla de la exposición ante una hembra atractiva … y que si esa hembra no lo es? ¿si se te propone una feita? Vamos que hay mas de una que ni siquiera me entibia las neuronas. Por otra parte, en mi trabajo comparto largas horas con mujeres y no ando tratando de buscar esas proposiciones, algunas me generan menos impulso sexual que mi hermana.

    Por eso creo que el derretimiento si, puede ser factible y no lo niego, pero depende un poco de que se den ciertas circunstancias, como por ejemplo, que la hembra te resulte atractiva entre otras.

    Un saludo a todos!.

    0:31 | 6 Junio 2008

  9. Bueno en mi experiencia he tenido citas con sumisos que no me han gustado personalmente, mientras que por msn parecian un encanto. Y no me refiero a lo lindo o lo feo, sino que no me gusto su actitud.
    Tambien he conocido sumisos que estaban encantados con mi actitud y personalidad pero se decepcionaron al ver que yo no era la diosa del latex sino una mujer comun.
    Paciencia!! no hay que emocionarse tanto con una propuesta…es dificil calibrar los intereses,la afinidad y los criterios, tanto en una relacion comun como de D/s.
    No todas las que invitan a un hombre son Dominantes ni todos los hombres deben aceptar o conmoverse por decreto.
    Todos tenemos voz y voto y si no nos gusta la situacion o la compañia, hay mil formas de ser directo, correcto y ante todo fiel a uno mismo.
    A desdramatizar el tema que rechazos tendremos muchos en la vida y no se olviden de que tomarse con humor esos momentos incomodos es la forma simple de resolverlo.

    11:42 | 15 Octubre 2008

 

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