Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

¿Que quieres que haga qué?

Kathy

Para mí, la primera señal fue una creciente tendencia por parte de mi marido a evitar conversar. No es que hubiésemos tenido siempre lo que se dice charlas frecuentes, pero esto era excesivo incluso tratándose de él. Por esa época, empezó a mostrar una progresiva propensión a irritarse por cuestiones de importancia menor. Sospechando que algo le estaba ocurriendo realmente, le pregunté si había alguna cosa de la que quisiera hablar. Por supuesto, dijo que todo iba bien y que no había necesidad de hablar sobre ningún asunto. Durante algún tiempo las cosas siguieron de este modo y empecé a preocuparme seriamente. Finalmente, vino con esa frase que ninguna mujer desea escucharle a su compañero: “Cielo, tenemos que hablar”.

Cuando un hombre dice: “cielo, tenemos que hablar”, es que la montaña ha decidido hablar. Una especie de presentimiento te envuelve, y una sólo sabe que una catástrofe se avecina, el final de la vida tal y como la conoces. Totalmente convencida de que me contaría que había decidido dejarme por alguna chiquilla de su oficina, o tal vez que era, en secreto, un asesino maníaco o quizá algún tipo de homo/bi-sexual pederasta (o algo parecido), dibujé en mis labios una sonrisa de anuncio de dentífrico y dije: “Por supuesto, hablemos”.

Daba la impresión de que se acababa de bajar de una montaña rusa, y a medida que le escuchaba mis reacciones pasaron de la sorpresa, al desconcierto, al shock, a estar realmente preocupada por su cordura y, finalmente, a empezar a sentir un leve enfado (un error, tal y como pude comprender posteriormente). Básicamente, lo que me estaba explicando era que él no podía soportar la “presión” durante más tiempo, y quería que yo tomase el control de nuestra relación personal. Al principio no comprendí realmente lo que me quería decir. Finalmente, cuando me golpeó el brutal impacto de lo que decía fue cuando empecé a tener problemas. No sólo quería que tomase el control sobre nuestra vida doméstica y la mayor parte de nuestras actividades cotidianas, lo que quería es que asumiese el control absoluto sobre nuestra relación personal y sexual. Entonces soltó todo lo que llevaba dentro: no sólo dijo que quería que yo tomase el control, quería que lo hiciese de una forma estricta, autoritaria y claramente dominante.

El pánico se apresó de mi mente, asaltada por imágenes de una “loba dominante”, gruñona, enfundada en unas botas negras, armada con un látigo, con serpenteantes esclavos deslizándose entre sus pies. Intentaba rechazar rápidamente lo que estaba escuchando. Todo lo que podía pensar era: “¿Por qué yo? ¿Qué he hecho yo para merecer esto?”. Me preguntaba cómo era posible haber conocido y amado a este hombre desde hace tanto tiempo sin haber sospechado nada de esto. Tratando de mantener la compostura, le dije que todo esto era nuevo para mí (descubrimiento del año), y que necesitaba algún tiempo para ordenar mis ideas y pensar. Empleé la siguiente semana en la biblioteca, en la sección de alteraciones psicológicas, también frecuenté librerías especializadas en estos temas. Intenté obtener tanta información como me fuera posible antes de tomar una decisión.

Lo que descubrí fue mucho más de lo que esperaba, y que él no era el único que estaba atravesando una situación similar. Parece ser que en la sociedad actual el hombre está bajo más y más presión tanto en el trabajo como en el hogar. No es suficiente que un hombre consiga un trabajo bien remunerado, además debe preocuparse constantemente de conservarlo frente a una eterna y creciente competencia y la amenaza de no estar al día. Es mucho más frecuente de lo que creemos, y es mucho más habitual en las llamadas profesiones de “cuello blanco”, en las que se tiene un cierto nivel de autoridad y control en el trabajo. Lo que sucede es que la obligación de tomar constantemente decisiones de alto nivel empieza a quemarle. Tras un día lleno de problemas deja el trabajo para llegar a un hogar donde un nuevo cúmulo de problemas diferentes le están esperando. La sociedad actual también atribuye al hombre un duro rol tradicional de “macho”, y cualquier cuestión que ponga en duda su hombría, que insinúe que ya no es un tipo duro, eficaz, firme, será su secreto mejor guardado. Esta es la razón por la que yo no sospeché nada hasta que su infierno se hizo tan grande que no tuvo más remedio que contármelo antes de saltar como un fusible.

Armada con mis nuevos conocimientos y mi intuición femenina, estaba convencida de que podría controlar esta nueva situación con mi acostumbrada dedicación y aplomo. Empecé a tener dudas cuando hablamos posteriormente y empezaron a salir a la luz más “detalles”. Particularmente, lo que le producía mayor inquietud era lo que concernía a su idea de que yo tenía que tomar el control absoluto sobre nuestra vida sexual. Como la mayoría de las mujeres, siempre había asumido que el hombre carecía totalmente de problemas de tipo sexual, ya que para ellos eso era, sobre todo, un asunto del tipo “aquí te pillo, aquí te mato”. Pero sobre el hombre estresado pesa la preocupación de si será o no capaz de tener una erección en un momento dado. Porque le han inducido a creer que debe vivir en una sociedad donde debe demostrar lo “macho” que es, por lo que le parece de vital importancia desarrollar su faceta fuerte, insensible, de chico duro. Le preocupa si satisface realmente a su compañera o si ella está fingiendo, engañándole.

A cualquier mujer que nunca haya pensado en nada de esto, le puede sonar como un montón de quejas sobre algunos problemas de escasa importancia. Pero para el hombre atrapado en esta situación se trata de un asunto realmente serio que, si no se resuelve, puede provocar problemas verdaderamente importantes en la relación.

Incluso se sabe de parejas que, tras haber convivido durante mucho tiempo, han acabado por separarse por mantener ocultos estos problemas en lugar de intentar resolverlos. Tú probablemente nunca sospecharías que nada de esto pueda estar ocurriéndole a los demás observándoles a primera vista, pero este tipo de problemas está llegando a ser más y más común en la sociedad actual. Puedo afirmar con toda seguridad que por lo menos una de cada 15 a 20 parejas que conoces han pasado o están pasando, en mayor o menor grado, por esto.

Incluso aunque nunca se haya insinuado el problema, es necesario que las mujeres estén informadas de la posibilidad de que este conflicto pueda afectarles alguna vez en el futuro. Para evitar el duro golpe de darse de narices con él, como me sucedió a mí, cada mujer debe estar prevenida sobre cómo tratarlo en el caso de que se presente. Esta es la razón por la cual agradezco la oportunidad de publicar este artículo.

De ninguna forma creo que Cosmopolitan o Redbook trataran estas cuestiones con toda normalidad. Puesto que cada caso será probablemente diferente, no podría decirle a otra mujer exactamente qué es lo que debe hacer ante una situación de este tipo. Lo que sí puedo decirle es lo que no debe hacer. No debe reaccionar como un gato al que le acaba de caer agua encima (ese fue mi error original). No importa lo raro que parezca, lo extraño, o incluso extremo que parezca, procura no asustarte. Intenta mantener la mente abierta y evitar decisiones precipitadas.

Si tu relación, ya sea matrimonio o algo similar, merece la pena, entonces presta atención a lo que él intenta explicarte. Recuerda que ha estado manteniendo esto en secreto durante mucho tiempo, porque, debido a la naturaleza del asunto, le avergüenza decir lo que siente. De este modo, la presión ha ido creciendo y creciendo. Tal vez hayas notado que ha empezado a beber más o, en el caso de que no bebiese con anterioridad, tal vez haya comenzado a beber recientemente. También es posible que pase más tiempo fuera, que evite estar en casa. Sus frustraciones pueden manifestarse de cualquier forma, y si le preguntas si algo va mal, lo negará rotundamente. Pero estas cosas no se solucionan solas, y acabará derrumbándose y explicándolo todo.

Será muy difícil para él, y le costará pasar un mal trago emocional y psicológico. No te extrañe que esté muy alterado o incluso que grite, porque es algo muy doloroso para él. Como mujeres, nos complace pensar que tenemos una habilidad natural para controlar todas las situaciones que se nos presentan, pero cuando (o si) sucede esto te verás obligada a tomar una decisión. Sé especialmente delicada al tratar este asunto, ¿o crees que realmente no merece la pena? Tú tienes la solución al problema, pero debo mencionar ahora que, desde un punto de vista objetivo, puedes sacar provecho de esta situación.

La necesidad más importante que él tiene, que tú tomes el control, es fácilmente asumible. Después de todo, básicamente, lo que estamos buscando es una vuelta simbólica al “cuidado materno”, una especie de semi-niñez. La tensión ha conseguido lo mejor de él como adulto, y ahora busca una “mamá” autoritaria que le diga lo que tiene que hacer y le evite tener que tomar las decisiones. Pero, como un semi-niño, también necesita un sistema de normas estrictas que debe cumplir, y la aplicación real de esos límites. El grado de control que necesite variará ampliamente dependiendo de cada caso: algunos hombres pueden requerir sólo una leve sensación de que es la mujer la que ha tomado las riendas, mientras que otros pueden necesitar que sus vidas estén realmente “supercontroladas” en todos y cada uno de los detalles.

Aunque pueden solaparse entre sí, esencialmente hay tres áreas importantes que tendrás que controlar. Una consiste en las reglas de su rutina cotidiana. Esto podría incluir cuánto y en qué medida deberá implicarse en las tareas domésticas (¡ya era hora!), cuándo puede salir de casa, cuándo tiene que dedicarse al hogar, y otros asuntos de esa naturaleza. Afronta directamente este asunto, te aseguro que, aunque sólo sea por el aspecto de las tareas domésticas, merece la pena. Otra área es el sexo. Notarás seguramente que tiene ahora una mayor necesidad de complacerte y de satisfacerte. De repente está impaciente por hacer esas cosas que intentaste que hiciese durante años. ¡Hazte una idea de lo que puedes conseguir! Todo lo que puedo decir es que hagas todo lo que puedas y… goza, goza. Puede ser que también notes una necesidad por su parte de limitar su propia actividad o placer sexual. Esto parece ser una especie de tormento o de sacrificio que necesita ofrecerte. El aplicar o no elementos típicos de disciplina “BDSM” en tu vida sexual dependerá de tus propias sensaciones, sus necesidades, y su predisposición para aceptarlos.

La tercera área es la disciplina, es el área donde existe una delgada línea entre la aplicación del control necesario y el BDSM absoluto, y aquí es donde se asustan la mayoría de las mujeres. Después de todo, ¿cómo vas a disciplinar a un hombre hecho y derecho? La mayoría de las mujeres se creen incapaces de llevar su papel tan lejos, y ya que él ahora no puede, en gran parte, funcionar sin disciplina, la relación estaría abocada al sufrimiento para ambas partes. Al principio y por norma general, el castigo por desobedecer o por el desacato de una regla, en la mayoría de los casos, toma generalmente la forma de unos ligeros azotes o de una verdadera azotaina, de la forma tradicional, con los calzones bajados. ¿Por qué con los calzones bajados? Haciéndolo de esta forma, se ve obligado a bajar sus defensas junto con sus pantalones. De forma subconsciente, se está comportando como ese niño travieso del que hemos hablado. Pero, sea como sea la disciplina que se le aplique, es de vital importancia que sea de verdad y que le proporcione tanta humillación y dolor como sean necesarios para que desee evitarla en el futuro. Ésta es la única forma en la que podrá realizar cambios permanentes en su comportamiento y actitud. Si se hubiese comportado correctamente se habría evitado la humillación del castigo.

Y una cosa más: como tendrás que hacer que los castigos sean tan dolorosos como para que desee evitarlos en el futuro, tal vez intente evadirse del castigo mientras se lo estás aplicando. Afrontemos esta realidad: la mayoría de los hombres son simplemente más grandes y físicamente más fuertes que la mayoría de las mujeres. Si decide que no desea aceptar su castigo, podría rehuirlo fácilmente si no ha sido previamente inmovilizado. No debe tener ninguna posibilidad de hacer eso. Para que la disciplina actúe correctamente, debe saber con certeza absoluta que no se librará, y que deberá aceptar el dolor y la humillación hasta el final. Sé realista, la única manera de garantizarlo es aplicándole algún tipo de ataduras que le mantengan inmovilizado durante el castigo. Esto es por lo que muchas mujeres tienen problemas para tratar el asunto de la disciplina, se sienten demasiado pervertidas o incluso crueles.

Por mi propia experiencia (sí, yo he pasado por todo esto), sé que es muy duro, especialmente al principio. Va en contra de lo que nos han inculcado durante nuestra educación, por no mencionar nuestras anteriores expectativas de formar una “tradicional romántica pareja” con este hombre en particular. Pero, como ya he dicho, si has decidido que tu relación vale la pena, sólo se trata de aprender algunos nuevos trucos. Al principio, dedícate a obtener los resultados deseados mediante la disciplina, no durante el proceso de disciplina en sí. Recuerda, tú eres la autoridad y él es el niño travieso. La mayoría de las mujeres, como madres, no tienen generalmente ningún problema en castigar a un niño travieso para corregir su comportamiento. Sólo tienes que hacerte a la idea de que ese niño travieso en particular puede ser más grande y mayor que tú.

Puedes ser tan creativa como desees en este área. Después de un año de unos azotes a la vieja usanza, me aburrí, y decidí divertirme a mi manera. Comencé a experimentar gradualmente con otras formas de “satisfacerme” castigando de una forma particular la anatomía masculina. No entraré en detalles, pero el uso de las pinzas, los pesos, y las descargas eléctricas de intensidad variables forman ahora parte de mi repertorio estándar de la disciplina, además de las clásicas azotainas. ¿Crees que estoy enferma? Confieso que, al principio, me sentía un poco culpable cuando descubrí que podía disfrutar realmente al proporcionar ese tipo de disciplina, pero ahora él la necesita. Debes tener presente que no vas a infligir daños insoportables, apenas una cantidad cuidadosamente dosificada de “molestias moderadamente severas”. Pero, de nuevo, insisto en que sea cual sea tu forma de disciplina, debe ser consciente y debe tener claro que eres tú la que manda sobre él.

Cuando coges práctica, te das cuenta de que no es muy distinto a entrenar a un perrito. Únicamente tienes que fijar las reglas, él debe respetarlas, y le castigas cuando las incumpla. Probablemente, te darás cuenta de que él (como los niños y los perritos) te pondrá aprueba de vez en cuando para ver si eres firme. Créeme, está esperando que lo seas, y que no le permitas nunca salirse con la suya. Si vives en una gran ciudad, puedes entrar en contacto con una de las dóminas profesionales que se anuncian en algunos diarios y en páginas de contactos personales de Internet. Son una buena fuente de información sobre trucos y estrategias en las áreas del sexo y la disciplina, y sobre cómo hacer que las cosas funcionen de forma controlada. En las grandes ciudades también hay clubs y asociaciones donde las mujeres dominantes y su “otra mitad”, el sumiso, van a relacionarse y a “intercambiar ideas”. Llevar todo esto tan lejos es sólo cuestión de que te interese hacerlo o no. Recuerda, sin embargo, que actividades que funcionan en otras parejas pueden no funcionar contigo, tomate el tiempo necesario para encontrar “tu propio estilo” y la forma de hacer las cosas que mejor se ajuste a las necesidades de tu situación particular.

Si consigues dominarle en pocos meses, las cosas serán más fáciles para los ambos. Empezarás a acostumbrarte a las rutinas, y si eres como la mayoría de las mujeres, empezarás a darte cuenta de que son muchas las cosas que te gustan y pocas las que no te gustan de tu nuevo papel dominante. Lo creas o no, algunas mujeres darían cualquier cosa por estar en tu lugar. El viejo refrán popular que dice “no hay mal que por bien no venga” es perfectamente aplicable a esta situación. Fíjate bien en las ventajas reales que todo esto tiene para ti:

1) Él será mucho más atento contigo, con tus necesidades y tus deseos.
2) Tendrás mucha más ayuda en los quehaceres domésticos (sí, sí, sí). Sólo tienes que asignarle los trabajos o las tareas específicas que quieres que haga, darle las instrucciones y explicarle cómo quieres que estén hechas las cosas y con qué periodicidad. Hazle totalmente responsable de la calidad del trabajo y de cuándo tiene que estar hecho.
3) Ya que ahora tú fijas las reglas en lo concerniente al sexo, le tendrás cómo quieras, cuándo quieras y mientras quieras. Nunca le dejes satisfacerse antes de que tú estés totalmente satisfecha. En realidad cómo y cuándo le permitirás su propia satisfacción dependerá de lo que tú decidas.
4) Todas las mujeres tienen una faceta “animal” más o menos oculta dentro de ellas. Ésta es la oportunidad perfecta de asumirla con resultados positivos.
5) Conseguirás moldearle de la forma que siempre habías soñado (no lo niegues); esta es una ocasión que la mayoría de las otras mujeres probablemente nunca tendrán con sus parejas.

Así pues, si esta situación se presenta en tu vida, no pienses en ella como en una crisis. Intenta contemplarla como una oportunidad de mejorar no solamente la vida de ambos, sino como una forma de consolidar vuestra relación personal. Finalmente, pero no menos importante: incluso aunque él nunca parezca interesado en esto, quizá seas tú quien deba romper el hielo y tratar de convencerle. Nunca se sabe. En cualquier caso, sólo te digo: “Inténtalo; tal vez le guste”.

4 Comentarios
  1. Muy buen articulo.
    Hay una cosa que no termino de entender,y es que una mujer siga enamorada de un hombre que ha pasado de ser la persona que la enamoró a un niño que acepta humillaciones.Un saludo

    12:21 | 11 Abril 2008

  2. Efectivamente, carlos. La mayoría de mujeres se desenamorarían automáticamente ante la situación que narra el artículo. Esta historia sólo me parecería plausible en el caso de que el hombre le proporcione un estatus socioeconómico a la mujer, un estatus al que ella no quiere renunciar, de modo que ella accedería a convertirse en una especie de mamá regañadora para seguir gozando del nivel de vida que le garantiza la relación con él. En todo caso, yo creo que quien explica esto no puede estar enamorado, sino que simplemente tiene una relación de conveniencia, una suerte de prostitución matrimonial, en la que todo vale siempre y cuando ella siga conservando el estatus económico brindado por el ejecutivo en cuestión.

    14:28 | 14 Abril 2008

  3. hola kathy me gustaria que contactaras conimgo para que me aconsejes. soy nueva en esto y necesito un pokito de ayuda. muxas gracias

    0:36 | 28 Julio 2008

  4. WOW que relatito mas lindo y vivaracho, me ha encantado tu humor Kathy, un beso y gracias por el manjarcito que me ha hecho sonreir.

    16:58 | 28 Julio 2008

 

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