Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Aplicar y entender los atributos de una relación D/s

Ms Rika

La Dominación/sumisión (D/s) conforma una relación estándar con el añadido de la dinámica que conlleva el intercambio de poder. Lo que muchos tienden a olvidar es que toda relación saludable (D/s o no) lleva consigo un conjunto de atributos que requieren la atención ambas partes si se pretende que dure. Atributos adicionales dependen de la mejora de estos cimientos, relacionados con la dinámica del intercambio de poder. No obstante, cuando consideras la D/s como una dinámica para mejorar la relación, resulta claro que no existe relación D/s sana sin unos cimientos apropiados.

No nos podemos permitir asumir que, porque compartimos una comunicación abierta en lo que atañe a la D/s, podemos descuidar las necesidades fundamentales de nuestra relación, o considerarlas con menos espíritu crítico que las más corrientes de nuestros amigos.

Intuitivamente, sentimos esa necesidad, sin embargo tendemos a confundir los papeles de la dominación y la sumisión con los de compañeros y amantes. ¿Puede una Dómina proporcionar placer por el mero placer de darlo, o hacerlo la convierte en menos dominante? ¿Debería un sumiso comunicar sus querencias y necesidades o estaría controlando desde abajo? Estas son las batallas psicológicas que se producen entre los miembros de la pareja, y hacen difícil mantener el nivel de satisfacción en los aspectos de la D/s en la relación.

La respuesta está en el desarrollo y entendimiento de los atributos de la relación de D/s, identificando los orígenes de esos atributos, y decidir nosotros mismos qué necesitamos y qué queremos a partir de esos fundamentos. Solamente entonces podremos controlar el estado de nuestra relación y sentirnos cómodos en nuestros papeles como dominantes, sumisos, compañeros y amantes.

El propósito de este artículo es provocar el esclarecimiento de esos atributos, identificando sus dos orígenes básicos, y explorar caminos para situarlos en una perspectiva apropiada como parte de una forma de vida basada en una relación D/s.

Distinguir los atributos de la relación de D/s

Respecto a las necesidades y expectativas de las partes en esta relación, podemos distinguir en la relación de D/s sus dos componentes: la relación y el intercambio de poder. Para el propósito de esta discusión, no nos podemos permitir solapar esos dos aspectos. En las actividades de cada día, la línea de separación entre ellos puede ser difusa; sin embargo, tiene sentido mantener esa separación cuando nos centramos en el propósito de actuar en un escenario de expectativas (con resultados en ambos casos de mayor satisfacción y duración en cualquier relación). Os recomiendo retroceder y considerar vuestras interacciones cotidianas bajo esta perspectiva, y analizar vuestras acciones de acuerdo con ella. En otras palabras, hacer el ejercicio intelectual de distinguir los propósitos de las actuaciones según esos criterios, no exclusivamente para ayudar a determinar si una actuación es apropiada o no, sino también para identificar quién de vosotros se está beneficiando de dichas actuaciones.

Los atributos

Los atributos de cualquier relación saludable incluyen (aunque no sólo): amor, cuidado, honestidad, franqueza, confianza, deseo, compromiso y respeto. Es MUY importante darse cuenta de que esos atributos afectan a las dos partes de la relación. Los dos pueden (y deberían) esperarlos de su compañero. De hecho, el fracaso en la entrega de esos principios fundamentales por parte de cualquiera de los miembros de la pareja conllevaría la posible destrucción de la relación. Ninguna característica de estos atributos los califica como dominantes o sumisos. Son atributos generales… de igualdad. Para una relación potente, de D/s o no, estos atributos básicos deben formar parte de los cimientos.

Los atributos de la dinámica de D/s son más unidireccionales. El sumiso se compromete con su cónyuge, esforzándose por satisfacer sus necesidades, hacer su vida más fácil y dedicarse a la satisfacción de ella. Su pareja, a cambio, acepta su entrega, conviene en ser el objeto de sus esfuerzos (lo que resulta conocido para muchas mujeres), y se compromete a ayudarle a aprender a satisfacerla. Percíbase que los atributos de la dinámica de D/s no son recíprocos. En virtud del acuerdo de intercambio de poder, el sumiso no puede esperar o demandar nada más de su pareja que su ayuda, mientras que la parte dominante posee todas las expectativas que el sumiso pueda mantener con su palabra y su trabajo de acuerdo a lo que la dinámica requiera.

Propósito de la actuación

Si has leído mis artículos respecto a la auténtica sumisión y a añadir la D/s a la relación, ahora entenderás que el propósito, por encima de todo, define el acto del sumiso. Por ejemplo, una persona que sirve a otra por otros motivos que su propia y libre voluntad (por la fuerza, coaccionado, engañado, etc.) no se está entregando –al margen de que sus actos puedan resultar sumisos–. Los procederes caballerosos no son considerados sumisos por nadie (especialmente si el intento de sostener la puerta es echar un vistazo a la apertura de la blusa de la mujer mientras pasa y comprobar su culo desde atrás). Sin embargo, el mismo proceder en el caso de un ‘esclavo’ se considera completamente sumiso. La diferencia se encuentra en el propósito de la actuación.

Este propósito se define en el contexto de los orígenes de los atributos de la relación. Los regalos y las invitaciones son actos de amor, cariño, respeto y aprecio. Se generan desde los cimientos de la relación, deberían ser entendidos como tales, y no confundirlos con la dinámica de la D/s.

Durante un día determinado, el sumiso actúa de acuerdo con su compromiso con la auténtica sumisión y las preferencias de su compañera, hará todo lo que piense que puede complacerla. Para mis sumisos, esto acarrea esfuerzo para anticipar mis necesidades, retirar los obstáculos para hacer mi vida más fácil, actuar en mi beneficio antes de que se les ordene y responder a todas mis previsiones (las particularidades diferirán en función de cada mujer –razón por la cual los sumisos deben APRENDER cómo entregarse a su compañera única y a sus personales preferencias–). Este esclarecimiento de las actuaciones del sumiso se origina en el intercambio de poder. Estas actuaciones no implican reciprocidad, ni puede esperarse recompensa desde la perspectiva del sumiso. No actúa con la esperanza de ganar favores personales u obtener a cambio otra cosa que el placer que obtiene sirviendo.

Como mujer dominante que trata con un sumiso, he llegado a ser muy exigente con lo que acompaña a este tipo de actividad. Tengo cuidado de no permitir que las necesidades del sumiso dominen nuestras actuaciones. Me preocupo de enmarcar cualquier aceptación de su sumisión bajo este criterio: evaluarle con los términos de mi satisfacción (mejor que con los de su ‘corrección’) y valorarle según sus modos de progresar. No quiero que nuestra forma de vivir se convierta en una ‘escena’ indefinida. Para evitar esa teatralidad, procuro eliminar términos como castigo, disciplina o corrección, prefiero mejor desagrado, insatisfacción y perfeccionamiento. Su sumisión es calificada por mi parecer, su actuación por mi felicidad.

Por supuesto, no actuamos sostenidos por un solo criterio. La clave está en el entendimiento mutuo de los orígenes del propósito de nuestras acciones. Ahora podemos contestas aquellas cuestiones iniciales de un modo que nos permita asumir con comodidad nuestros papeles: ¿Debería una Dómina proporcionar placer por el mero placer de hacerlo? ¿Debería un sumiso comunicar sus querencias y necesidades? De acuerdo con lo que hemos comentado, ¡desde luego! Ahora bien, ninguna de las partes debería considerar que los propósitos de esas acciones se originan a consecuencia del intercambio de poder.

Por ejemplo, de tiempo en tiempo, me gusta montar ‘escenas’ con mis sumisos. Disfruto dándoles placer, jugando con sus necesidades de D/s e incluso con sus necesidades de BDSM. Establezco escenarios designados para atacar sus fantasías y fetiches. En resumen, les proporciono una especie de paraíso. Les estimulo para que hablen de sus intereses, querencias y necesidades. Me convierto en una experta en lo referente a entenderles, a la empatía con el sumiso y en la comunicación con ellos. La fuente del propósito de acción no es la D/s, es el amor, el cariño y el respeto. Por extraño que suene para los no iniciados, cuando el hombre apropiado está desnudo sobre mis rodillas con pinzas en sus pezones, con un broche en su escroto, masturbándose e introduciéndose los dedos de la otra mano por el culo y la máxima esperanza que le permitiré albergar será dejarle besar mi pie desnudo, el asunto no consiste en su sumisión a mí. La cuestión es que yo estoy satisfaciendo sus necesidades. No es intercambio de poder; se refiere a dos amantes jugando en los espacios mentales del otro. Es parte, aunque dura, de una relación normal.

Conclusión

Si tienes actualmente una relación de D/s, da un paso atrás y examínala concienzudamente. Observa las actividades conjuntas e identifica las fuentes de las que surgen. Discútelo con tu compañera; y llegar a una conclusión sobre qué actividades se sustentan sobre los cimientos fundamentales de una relación y cuáles sobre el intercambio de poder. Una vez obtenido el acuerdo, es el momento de ubicar las expectativas.

Las expectativas basadas en los fundamentos de la relación deben ser compartidas, y se resuelve acudiendo a compromisos. No esperes que porque sean parte fundamental de una relación, ella lo hará por ti. Estas en el territorio de la ‘normalidad’. Podrías necesitar conformarte con: “lo haré por complacerte, pero me resulta incómodo”. Sé feliz con lo que obtienes. Establece tus compromisos y asume lo que obtienes.

Las expectativas originadas por el intercambio de poder son de una sola dirección… la de ella. Eso es lo que asumiste cuando firmaste el acuerdo. Al sumiso se le permiten las dos expectativas mencionadas anteriormente: que su entrega sea aceptada y que se le ayude a aprender cómo mejorarla. Como sumiso, no puedes esperar pactos o recibir recompensas. El tuyo es el papel del que da.

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