Apuntes sobre la castidad masculina: ¿voluntaria o forzada?
Silvia López Puenzo
En numerosas oportunidades he podido leer distintos artículos sobre la utilidad de la abstinencia o castidad en el sumiso, entendida como la supresión de su eyaculación por periodos más o menos prolongados, mitigados en muchos casos por la masturbación, consentida o provocada por la Dominante, sólo con el fin de mantener “desobstruidas las cañerías” del aparato reproductor masculino, y sin una connotación de placer incluida. De hecho, se aconseja que esta operación (la masturbación) sea practicada siempre a la vista de la Dominante, y acompañada de alguna acción que resulte humillante o punitiva para el sumiso.
En mi caso, monto frecuentemente una escena donde mi sumiso debe eyacular en mi mano ahuecada, sobre mis pies, o directamente en el suelo, a veces sobre algún fetiche especialmente excitante para mi, no para él (como mis sandalias o mi látigo), y que finalmente también me provoque un placer adicional.
Esta situación bien puede tener implícita la ironía, como nos ha enseñado Ms Rika, del premio y la humillación simultaneas. Por ejemplo: hago arrodillar frente a mi a mi sumiso, y le pregunto si le gustaría lamerme los pies, mis sandalias de tacón y también el suelo alrededor de ellas. Ante su obvia respuesta afirmativa, le hago suplicarme por tal privilegio, mientras le obligo a masturbarse recibiendo mis latigazos, insistiéndole en que no debe eyacular. Sin embargo, todas sabemos que esta es una situación insostenible y que, mas temprano que tarde, y sobre todo si lleva algún tiempo sin hacerlo, tirara su semen contradiciendo mi orden. Con una actitud premeditada, provocaré que lo haga sobre mis pies. Y entonces (recién ahora) le “concederé” el regalo de poder limpiarlos con su lengua hasta la ultima gota (incluyendo lo que pueda haber caído en el piso), mientras yo sigo con mi látigo un buen rato más.
Una situación de esta naturaleza crea en el sumiso cierta “colisión psíquica” entre el desahogo por la descarga de su semen y la culpabilidad por haberlo hecho sin mi orden previa. La sesión posterior de látigo potencia este efecto por su obvia referencia punitoria y crea en él una rápida recuperación del deseo de servirme nuevamente, y reinicia el ciclo de abstinencia o negación de la eyaculación; es decir, de tener una nueva oportunidad de servirme. Asimismo, el regalo que supone permitirle que limpie mis pies con su lengua se contrapone irónicamente con el hecho de que esa “concesión” lleva implícito tener que tragarse su propio semen. Por último, sentir su lengua sobre mis pies es, como lo he referido, una fuente de placer adicional para mi, no sólo por mi sentido del tacto, sino también como comprobación psicológica de su renovada sumisión.
Ahora bien, esto es el final…pero, ¿cómo empieza? Ante todo, creo conveniente hacerles llegar algunas reflexiones sobre la castidad en sí misma, y su apoyo en métodos externos.
Si bien cada relación y cada sumiso en particular son diferentes, y depende mucho de la edad, experiencia y adiestramiento que tengan, creo que el uso de los llamados cinturones de castidad debería reemplazarse por la abstinencia voluntaria. Creo que es perfectamente posible, con cierto grado de entrenamiento, lograr que tu sumiso responda TAMBIÉN a ordenes precisas y taxativas en ese sentido, basadas en su deseo de obedecerte, someterse y servirte en TODO lo que tú creas que es bueno para la relación. Y así como cuando uso mi látigo para castigarle, someterle, disciplinarle o lo que fuera, no le ato ni lo encadeno, sino de manera simbólica (una cadena en sus testículos, por ejemplo), tampoco veo una razón valida para privarle forzadamente del orgasmo mediante un adminículo externo que LO AYUDE. Porque eso es lo que se hace; en realidad, le estás facilitando el trabajo de concentrarse en tu propio placer, lo que debería ser una disposición voluntaria de tu sumiso, y no una imposición. De hecho, no es tu esclavo; no le estas obligando a servirte, sino que el debe desearlo mas que nada en el mundo.
SIN NINGUNA DUDA, debes ser la DUEÑA de su eyaculación; tú debes decidir cuándo, cómo, dónde y por qué la tendrá. Pero además debes ser la dueña de su orgasmo. No deberíamos confundir la una con el otro, la fisiología (eyaculación) con la psicología (orgasmo). De hecho, yo creo que es útil que cada tanto tu sumiso eyacule (y esto es particular de cada uno; el mío apenas llega a dos semanas), pero yo sólo le permito el placer muy de vez en cuando, y en alguna circunstancia excepcional. Este “regalo” debe ser inolvidable para él, debe recordar cada uno de ellos por mucho tiempo.
Lo ideal seria que el mismo sumiso ponga su eyaculación y su orgasmo en tus manos, como deja a tu decisión muchas otras cosas de su vida, que sea él quien te pida que no le dejes eyacular, que te ruegue que lo ayudes a mantenerse casto con tus ordenes y tus trucos en la cama.
Como todas las alternativas de una relación D/s, estas se gestan de forma progresiva o paulatina. Sin pretender ser definitiva, porque, como hemos dicho, toda relación es diferente, expondré aquí algunos consejos (experiencias, mejor dicho) para lograr de tu sumiso esta sujeción voluntaria a tu decisión de que se mantenga casto. Veamos:
Para comenzar, lo mejor es que la primera experiencia de tu sumiso para posponer su eyaculación aparezca inicialmente como incidental; es decir, como no planificada ni como consecuencia de ningún castigo ni premeditación por tu parte. Quizás una noche, después de que él te haya provocado varios orgasmos con su lengua, cuando consideres que ya estas satisfecha, te das la vuelta y le dices (amorosamente, que no lo interprete como un rechazo) que estás muy cansada, y que lo dejas para mañana. Que se duerma abrazado a ti por detrás, mimándote, acariciándote y adorando tu cuerpo desnudo dormido junto al suyo. A la mañana, lo despiertas y le das lo suyo; pero antes, que te diga cuánto le ha gustado quedarse caliente a tu lado, y cuánto te ha deseado durante todas estas horas. Le haces decir claramente que le ha gustado esperar, que eso ha acrecentado su deseo y su sentimiento de sumisión hacia ti. Después lo dejas acabar, pero con tu mano. Que comience a sentir que eres tu la que le das o le quitas “con tu propia mano”. Y si no te gusta, lo haces masturbarse delante de ti; después, le dices cuánto te ha complacido que haya sabido contenerse por una noche…
Posteriormente, se pueden ir espaciando los tiempos; quizás un día completo: que te recuerde en el trabajo y se excite pensando en ti. Hazlo prometer que no pensara en nadie más. Llámalo por teléfono y recuérdaselo .Cuando te vea nuevamente, tómate tu tiempo para dejarle eyacular. Que sepa que tu placer siempre esta primero.
A medida que prolongues los tiempos de abstinencia, le será cada vez mas difícil complacerte. Puedes ayudarle, pero no es necesario el cinturón de castidad. Con un cinturón común (¿nos entendemos?) puedes llevarle y traerle de la excitación hacia la sumisión. Cuando lo notes muy caliente, a punto de acabar, mándale a lamer tus pies o tus manos, azótale un poco en los testículos para que se “tranquilice” y, luego, ponlo a trabajar otra vez en tus orgasmos.
Poco a poco deberías comenzar a explicitar más y más la situación: que comprenda claramente que no es que estés cansada ni desinteresada. Que quede bien de manifiesto (hablando claro) que a ti te gusta que sepa contenerse: que eso lo hace “mas hombre” para ti, que valoras que sea capaz de esperar para darte más placer y para sentir que debe servirte mejor. Que sabe que tu placer esta primero que nada, que eso lo ayudara a sentir verdaderamente que eres su Ama.
Estas llevándolo poco a poco al punto de pedir por favor tu autorización para eyacular; cuando llegue ese momento, debes negársela. Y le dices que, si no es capaz de dejar de lado su egoísmo, nunca podrá complacerte. Que en realidad debería pedirte que lo ayudes a contenerse para ti. Y sigue adelante.
En mi caso particular, puedo decirles, amigas mías, que he logrado que mi sumiso me ruegue que no lo deje acabar, que me pida por favor que lo excite hasta el punto de no aguantar más y que, en ese momento, me suplique que lo ayude a contenerse.
Como podéis ver, en realidad es el mismo el que desea abstenerse. Aunque, obviamente, por la particular fisiología masculina, le resulta MUY DIFÍCIL hacerlo. Pero esta dispuesto (porque sabe que yo lo deseo así) a hacer un esfuerzo psicológico extraordinario para no eyacular. Cuando finalmente ocurre, lo vive como un fracaso en su compromiso conmigo y, por lo tanto, está dispuesto también a “enmendar su falta”. Lo que literalmente significa que redoblara su actitud de servicio y sumisión a partir de ese momento, y no al contrario (lo he visto abrazarse a mis pies pidiendo perdón inmediatamente después de eyacular!!).
El cinturón de castidad, según mi manera de ver las cosas (entiendo que esto es discutible; es sólo mi opinión), en realidad es parte de los deseos que los sumisos nos “imponen” como engorrosas tareas. Nada mas fácil: no tienen que preocuparse por el crecimiento de su excitación, están como en un limbo de placer contenido sin responsabilidades ni obligaciones. Tú se lo pones y se lo sacas, y él no tiene que preocuparse por nada. Tú deberás estar pendiente de la llave, tenerla siempre a mano, prever los viajes en avión, la higiene, las eventuales emergencias, etc. A mi modo de ver, es totalmente artificial. No se condice con la sumisión y fidelidad que él te DEBE a ti. Por supuesto, tiene un simbolismo psicológico: soy tu dueña a tal punto que puedo manejar hasta tus funciones fisiológicas. Pero el símbolo puede lograrse con algo, precisamente, simbólico: quizás solamente un anillo en su miembro, un tatuaje, tu nombre escrito con una fibra marcadora, una marca de tu látigo. Cerrarle completamente con un candado significa: “puedes excitarte tranquilo, no podrás eyacular”, o peor aun, “no confío en ti”. Yo prefiero que sepa que puede y quiero que se excite, estando o no yo en su presencia, pero que depositará en mí la “llave” de su orgasmo; y que yo confío en él plenamente. Y que si no lo logra, la próxima vez (obviamente SIEMPRE habrá una próxima vez, porque NUNCA lo lograra totalmente) lo intentara con más ahínco.
Esta reiteración de intenciones, propósitos y fracasos va produciendo en el sumiso una suerte de adiestramiento: no duden, amigas, que cada vez podrá mantenerse casto por mas tiempo. Habrá llegado entonces el momento de imponerle un nuevo desafió: que lo excites cada vez mas, por mas tiempo, mas intensamente. Y muy importante: finalmente SIEMPRE DEBE FRACASAR. Así como al principio debiste hacerle saber tu satisfacción por haber sabido esperar, ahora, que su nivel de adiestramiento es mayor, debe ocurrir todo lo contrario. Cada vez que eyacule debes hacerle notar tu decepción por no haber podido contenerse mas tiempo. O tu disgusto, si la conducta tiende a empeorar. Y ahora sí, no temas castigarlo por ello.
Por supuesto, se corre el riesgo de la infidelidad de tu sumiso. Pero ese es un riesgo que esta tomando él, no tu. Si te enteras, adiós. Díselo CLARAMENTE, y sin vueltas . Y debes estar íntimamente convencida de que cumplirás tu amenaza, y de que no habrá vuelta atrás. Percibirá claramente que hablas en serio. También puede ser que se masturbe a tus espaldas; cualquier mujer se dará cuenta rápidamente de que es así: súbitamente se le facilitan las cosas… y también notaras que su adoración hacia ti disminuye.
Es el momento de combinar la eyaculación reiterada con el uso del látigo. ¿De qué se trata? Esto puede ser algo novedoso; por lo menos, yo no lo he encontrado escrito. Veamos: si tienes alguna sospecha de que ha estado masturbándose, primero dale una oportunidad: dile que SABES que lo ha hecho, y permite que se arrepienta y te pida perdón. Si lo hace, establece reglas mas estrictas para el futuro y, por supuesto, castígalo. Ahora bien, si lo niega, le aplicas el “tratamiento” siguiente:
Todas sabemos que, a un hombre que ha eyaculado recientemente, le resulta dificultoso volver a hacerlo en un plazo breve, mayor cuanto más edad tenga. Nada más fácil entonces. Le haces saber que vas a invertir la carga de la prueba, como se dice en leyes: debe demostrarte que es inocente. Durante los días siguientes debes azotarle como mínimo UN PAR DE VECES por día y, en cada sesión, debe masturbarse para ti. Le dirás claramente que será azotado TODO EL TIEMPO que le tome llegar a la eyaculación, y que solamente ésta lograra hacer que detengas el castigo (o la disciplina, según se mire).
Obviamente, si ha estado masturbándose a tus espaldas, llegar le llevara mucho tiempo, y tu látigo se hará sentir durante un largo rato. Esto te proporcionará la señal de que estás en lo correcto. Entonces, debes seguir adelante con el plan. Y verás como eyacular le lleva más y más tiempo, cuanto más repitas la operación. Llegará un momento en que, después de dos o tres días, no podrá ni soñar con una modelo. Te suplicará que detengas el castigo; hazlo, pero después de que te haya prometido que hará algo MUY ESPECIAL para ti, para que vuelvas a confiar en su sumisión. Por supuesto, estará dispuesto a hacer cualquier cosa NO SEXUAL: déjalo que sea creativo, no le ordenes nada especifico.
Y en un par de días lo tendrás dispuesto otra vez.
Según mi experiencia, esta combinación de eyaculación forzada y disciplina solamente suele ser necesaria una vez. Después de que tu sumiso ha experimentado alguna de estas sesiones, te puedo asegurar que no volverá a masturbarse solo. Se volverá cada vez más y más sumiso, más atento a tus deseos, se anticipara a ellos, estará pendiente de tus más mínimos gestos, con la secreta esperanza de que lo premiaras alguna vez con su orgasmo.
Mientras tanto, se sentirá premiado por los tuyos. Tu placer será su meta y objetivo permanente. Y al concentrarse en eso, no será necesario que le facilites las cosas con un cinturón de castidad.


Su gusano patético:
Cuando la castidad es voluntaria, no existe ninguna barrera para mantenerla. Tan solo existe una voluntad para llevarla a cabo: La de la Ama. Ella sin duda estará mas satisfecha, puesto que su palabra y su voluntad triunfan sobre los deseos mas primitivos del sumiso.
Y aunque sea duro para el sumiso, su satisfacción es doble puesto que se sacrifica por ella y ello le cuesta mucho trabajo.
19:38 | 17 Mayo 2008
limpiabotas-Fran:
… y ¿para los eyaculadores precoces tambien vale este sistema?,… yo es que creo que hacer el coito con MUJER-Ama y contenerte es dificil para un sumí, aunque supongo que sera posible cuándo tanta gente habla de la castidad voluntaria.
Soy partidario de la voluntariedad por encima de artilugios castrantes, sin embargo creo que estos en un primer momento a lo mejor son convenientes, utiles y asientan una conducta futura del sumiso.
Desde luego, que me fustiguen al tiempo que me masturbo a los pies de mi Diosa provocara mi eyaculación. El tiempo que tarde en correrme no demuestra nada… es posible aguantarse simplemente por mantener ese momento excitante lo más posible.
Me encanta este articulo a pesar de todo pues por primera vez puedo vislumbrar como podría ser mi vida D/s con un Ama experimentada.
Un devoto seguidor del blog
21:23 | 17 Mayo 2008
Adrian:
Realmente disiento un poco con la autora respecto a su punto de vista en el que expone que el uso de un aparato de castidad representa una suerte de liberación para el sumiso. Creo que no ha tenido en cuenta los trastornos y molestias que tal adminículo empleado permanentemente debe acarrear.
Sin embargo no puedo hablar por experiencia propia ya que nunca he usado uno, ergo lo antedicho, es tan solo una opinión.
No uso estos aparatos ni tengo pensado hacerlo, pienso que no debe ser la Dómina quien imponga la castidad “por la fuerza” (el aparato) sino que el sumiso debe ser quien se la ofrezca.
Y mantener ese estado es costoso, cuesta horrores, sobre todo en los primeros tiempos, ni que hablar si se tiene sexo y tu Ama te prohibe eyacular. A lamebotas-Fran, que planteas si será posible mantenerla voluntariamente … sí, es posible, pero cuesta horrores. Pero es un esfuerzo que haces con ganas para satisfacer el deseo de la Mujer indicada.
Pues luego la eyaculación, los tiempos, si será por coito ó masturbación, masaje prostático, con ó sin placer para el sumiso, bueno, son formas y maneras que dependen ya de cada relación. Un saludo a todos.
6:50 | 18 Mayo 2008
sumiso:
mi señora me obliga a masturbarme cuando estoy exitado ya que ella no me permite la penetracion, si me exito mucho ella me pega palmazos en el trasero hasta que logro acabar .. ella es muy dominante y yo la amo mucho solo que es estricta conmigo pero se que me quiere..
23:18 | 12 Junio 2008
sumiso cornudo:
Yo vivo una relació D/s con mi esposa-Ama desde hace 20 años y mi experiencia en el tema de la castidad es desde hace tres años, mi Ama y Dueña me obliga a llevar un cinturon de castidad en períodos prolongados, el último período fue de tres meses y medio, al final ya ni notas que lo llevas, es una parte más de tu cuerpo y acabas acostumbrandote, exceptuando claro esta, cuando sufro las constantes y violentas erecciones nocturnas, debido a las calenturas que siempre tengo, ahí si que se sufre por el impedimento fisico de la erección por las limitaciones del aparato y la fuerza física del miembro. Algunas ventajas/inconvenientes sobre el uso de aparato podrian ser; el estar permanentemente en estado de sumisión, te das cuenta que no eres dueño de tu sexo, de tu placer, te sientes bien, te da apuro en ser descubierto por alguien, bien por contacto accidental o visual, debes tener mas cura cuando vas a un aseo publico. contrasta comparar tu castidad y el libertinaje por derecho de tu Ama….etc
Mientras yo permanezco casto para mi Ama durante largos períodos de tiempo, ya que tengo un límite de orgasmos al año siempre en fechas señaladas o por diversión de mis Amos, no mas de 9 veces al año,siempre de maneras humillantes y sin penetración por mi parte, (ya hace mas de 10 años). Mi Ama y Señora disfruta con su novio-amante de todo el placer que desean, haciendome cornudo de manera permanente, obligandome a comportarme como una perra-chacha-putona de mis Amos, obligado a tener y vivir de manera femenina y a preocuparme solo del placer de ellos siempre que les apetece, y en constantes humillaciones.
Así que mi opinión y experiencia con respecto a la utilización de algun dispositivo de castidad, es positivo y añade aun mas dependencia hacia tu Dueña o Dueños, siendo éstos los Dueños de tu placer, y saber siempre a quien perteneces en todo momento.
un saludo.
8:40 | 19 Junio 2008
jose:
En mi caso particular el cinturon de castidad fue mi derrota total ante mi Ama, se ve que tengo un caracter fuerte y Ella queria que fuera mas sumiso, el latigo no ayudo en nada, al contrario parecia que salia mas rebotado despues de una sesion, pero lo que fue fulminante fue ponerme eso, adios a mi libertad, Ella era La Diosa y empece a verla como mi autentica Ama y Señora y ella estaba encantada por fin, me usaba a su gusto y despues me encerraba hasta nuevo antojo, por otro lado me devolvio mas potencia sexual porque de tanto masturbarme la habia perdido, por otro me veia derrotado, es cierto que antes cuando por ejemplo le servia la cena me iba sin preguntarle nada, con el cinturon me quedaba de rodillas esperando una orden suya, ademas me volvi mas excitable, bastaba que chasqueara sus dedos o me levantara la barbilla con un dedo para que eyaculara sin casi ereccion, en definitiva el juego habia terminado, ella era la vencedora porque habia derrotado mi voluntad, fue como domar un caballo salvaje, despues de eso empezo su verdadero adiestramiento.
15:32 | 25 Junio 2008
maria/joan:
Adorada:
Ya me gustaria a mi tener una Ama “a mano”. Solo tengo una de hace años y sepa que nunca he estado en su presencia. Ella me domina en todos los aspectos de mi vida. Ella es la que me da permoiso siempre antes de masturbarme…o no. Ella es la que me “obliga a ir de putas” y me ordena que no me corra. Así lo hago. Ella es la que me ordena llevar ropa intima femenina cuando ella lo desea o si sabe que voy a algun sitio de compromiso. Y lo hago y me humillo por ellA. Soy suyo, en le distancia, pero soy suyo. Eso depende de la mentalidad de cada uno. maria
1:37 | 18 Enero 2009
admirador:
Estoy totalmente deacuerdo con vosotras. No hay mayor humillación que intentar masturbarse y no conseguirlo. Sin duda sois las únicas que deberiais poder decidir cuando provocar nuestra eyaculación. Ceder este derecho a la mujer deberia ser algo normar.
La castidad nos provoca un permanente deseo y humillación que conduce a la dominación femenina.
5:28 | 6 Marzo 2009
admirador:
Una vez que se cede ese derecho ya no hay forma de parar y la mujer puede hacer contigo lo que quiera.
5:36 | 6 Marzo 2009