Castidad lujuriosa
Miguel Vilar
La castidad, abstinencia del varón o el control de su eyaculación son maneras de denominar a un asunto que ocupa bastante espacio en las preocupaciones de los practicantes de la dominación femenina y, por lo tanto, en las páginas de Internet sobre esta forma de relación en las parejas. El objetivo básico que se persigue con esta práctica resulta evidente: evitar el bajón en la adoración y sumisión hacia su dominante que se produce tras la eyaculación del varón, o dicho de otra forma, tratar de mantener su deseo en niveles lo suficiente altos como para que no decaiga su dedicación al servicio de la mujer a la que se ha entregado.
Para conseguir este objetivo, la mujer asume el control del orgasmo de su sumiso. Unas veces, decidiendo simplemente cuándo le permite alcanzar el orgasmo por medio de la penetración; en algunos casos, hay mujeres que acaban negando a sus sumisos la posibilidad de penetrarlas, y les hacen eyacular cada cierto tiempo de la manera que estiman más conveniente. Y a esta conducta se suma, en algunas ocasiones, la decisión de “enjaular” al sumiso con un aparato o cinturón de castidad, que garantice que no podrá masturbarse a espaldas de su dominante y que, a la par, constituya un recordatorio permanente de su sometimiento a ella.
Pues bien, teniendo en cuenta, lo relativamente extendida que está esa actividad entre las parejas que practican la dominación femenina, me extraña sobremanera no haber leído nunca nada sobre una forma de sexualidad que parece constituir la herramienta perfecta para obtener el objetivo que se persigue con la castidad: me refiero a lo que se denomina sexualidad taoista o tántrica, en fin, a lo que algunos llaman el “orgasmo seco” o el orgasmo sin eyaculación. Y me extraña no haber encontrado referencias a esta forma de sexualidad porque su éxito en Occidente en los últimos tiempos es bastante notable. Hace años que el libro de Mantak Chia y Douglas Abrams Arava, El hombre multiorgásmico, se convirtió en un bestseller, y desde entonces se reedita sistemáticamente. Este éxito editorial tuvo unas cuantas secuelas, entre ellas la de esos mismos autores, a los que se sumaron sus respectivas parejas, publicada años después con el título de La pareja multiorgásmica.
Con esta sexualidad taoista se consigue que el varón pueda tener varios orgasmos sin llegar al punto de no retorno que provoca la eyaculación, y permitiría resolver la contradicción que a veces asalta a ciertas mujeres dominantes entre el placer que para ellas supone el coito y la pérdida de atención que provoca en su sumiso. La mujer puede controlar perfectamente cuándo y cómo eyaculará su hombre sin tener que privarse por ello de ninguna forma de sexualidad, podría disfrutar de que su sumiso la penetrara cuando le apeteciera sin que eso conllevara la eyaculación del varón y la disminución temporal de la intensidad de su adoración por ella. Sin olvidar que facilita notablemente que el ritmo de la sexualidad se adapte a la conveniencia y al deseo de la mujer, a su capacidad de obtener varios orgasmos sin que llegue el momento en que su hombre suspire más por la almohada que por ella.
Además, y al margen de la penetración, esta técnica permite no solo mantener sino incrementar el nivel de deseo del hombre, su excitación, sin que comporte la eyaculación. En palabras de los autores, y comprobado por quien escribe, permite incrementar la “energía sexual” del varón, lo que traducido en términos de sumisión significa aumentar su devoción y pasión por atender a la mujer a la que se ha sometido. Con esta práctica de la sexualidad, el hombre puede masturbarse sin eyacular, y unas cuantas veces, sin que disminuya su deseo por su dueña; al contrario, se incrementará o mantendrá en sus niveles más altos. En consecuencia, la mujer puede acrecentar la excitación de su sumiso con toda facilidad: no tiene más que mandarle que se masturbe sin que eyacule, y si quiere hacerlo de forma un poco más humillante no tiene más que ponerle de rodillas delante de ella, o mientras ella realiza otra actividad, y hacerle masturbarse cuantas veces quiera. El resultado es que después de sus orgasmos, el deseo del sumiso habrá alcanzado sus mejores niveles, y su devoción y su amor por ella serán ciertamente los que ella se merece.
Los beneficios de está práctica sexual me parecen claros para las dos partes que componen la pareja: se mantienen las ventajas de la abstinencia del varón y se le suman unas cuantas más. Por otra parte, el aprendizaje de esta técnica no requiere de grandes habilidades ni gran esfuerzo (aunque algunos varones la aprendan con más facilidad que otros). En suma, las ventajas de esta práctica en cualquier relación de pareja son significativas, pero aún lo son más en las relaciones basadas en la dominación femenina. Esa es la razón que explica mi extrañeza por la escasa, por no decir nula, extensión de esta forma de sexualidad entre las parejas que practican la dominación femenina. Porque si se conociera, parece lógico suponer que serían muchas las mujeres dominantes que mandarían a su sumiso a la librería a por el texto y le pondrían a ejercitarse en dicha técnica sin más tardanza.


carlos:
El problema es que por naturaleza el sumiso es eyaculador precoz y por mucho libro que se lean……..
16:44 | 25 Abril 2008
limpiabotas-fran:
Mañana me compro el libro, a ver si dejo de ser eyaculador precoz… que lo soy pa que nos vamos a engañar.
El devoto seguidor del blog
1:33 | 26 Abril 2008
Su gusano patético:
Es cierto que hay muy poca información acerca del sexo tántrico, cosa que me hace sospechar que no es tan cierto como a todos nos gustaría. Sin duda podría ser una combinación perfecta para una relación basada en la Dominación Femenina, en especial para aquellas mujeres que no desean renunciar al coito con su sumiso, pero eso puede no ser adecuado para otras mujeres, puesto que el hecho de que el sumiso obtenga placer, aún sin correrse, puede no ser adecuado bajo el punto de vista de algunas Dóminas.
20:45 | 27 Abril 2008
Tatiana:
Es posible visitar mi blog sobre la dominacion de mi marido
Una domina franesa
21:55 | 27 Abril 2008
Tatiana:
Maravillosa
Una domina franesa
21:56 | 27 Abril 2008