Cerebro cavernícola
Hemos hablado en los días pasados, entre otras cosas, de la relación entre la dominación femenina y los instintos o la naturaleza de las mujeres. Y me gustaría reflexionar un poco más sobre un aspecto concreto de la aportación de Iván al debate, sobre lo lentamente que ha evolucionado el cerebro humano con relación a las transformaciones sociales y cómo ese cerebro “cavernícola” provoca que las mujeres se sientan atraídas por “hombres bien situados en el plano socioeconómico”. Así lo escribió Iván:
La primera afirmación de Iván resulta incuestionable: el cerebro de los seres humanos de hoy constituye uno de los resultados de la selección natural de la especie. Y por lo tanto, se ha configurado a lo largo de un proceso evolutivo que alcanza varios millones de años. Puesto que los apenas 10.000 años transcurridos desde el descubrimiento o invención de la agricultura no son más que una mínima parte de ese período, tenemos que aceptar que nuestros circuitos cerebrales se conformaron a la medida de “nuestros antepasados carvernícolas”. Insisto: es un hecho. Otra cosa es que la forma en la que los humanos practicamos la sexualidad o nos emparejamos venga dictada exclusivamente por esos circuitos cerebrales.
La segunda parte del razonamiento es una de las consecuencias de la primera afirmación: el cerebro “cavernícola” de las mujeres las impulsa a sentirse “siempre atraídas por hombres bien situados en el plano socioeconómico”. Tampoco para esta idea, que es sobre la que me interesa escribir, le falta apoyo científico a Iván. Y el estudio al que más suele recurrirse para fundamentar dicha afirmación es el que realizó David Buss, psicólogo evolucionista de la Universidad de Tejas, sobre las preferencias femeninas a la hora de buscar pareja. Buss estudió esas preferencias encuestando a más de 10.000 mujeres de 37 culturas de todo el planeta, y llegó a esa conclusión: “Las mujeres tienen menos interés en el atractivo visual de un posible marido, y más, en sus recursos materiales y estatus social”.

Conviene resaltar un matiz: la conclusión de Buss es que las mujeres tienen “más” interés en el estatus social, que no es lo mismo que el determinante “siempre se sentirán atraídas” por ese estatus de Iván. Sin embargo, y matiz al margen, nunca me ha parecido que la formulación de Buss fuera muy precisa para definir a las sociedades de la Prehistoria.
¿Qué significado otorgamos a los “recursos materiales y estatus social” o al “bien situados en el plano socioeconómico” cuando nos referimos a una cultura “cavernícola”? Intento concretar la pregunta: ¿qué recursos materiales posee un varón concreto en un grupo humano en el que no se conoce la propiedad privada?, ¿y cómo entendemos el estatus social en pequeñas tribus nómadas cuya jerarquía apenas incluía un jefe y un chamán? En casi todas las culturas en las que Buss ha realizado su estudio sí existe la propiedad privada y sí puede hablarse entonces de estatus social. No obstante, esas culturas son todas actuales y la inmensa mayoría conformadas mucho después del período “cavernícola” y también del nacimiento de las sociedades patriarcales.
Por lo tanto, trasladar las conclusiones de un estudio realizado en la actualidad a culturas desparecidas hace miles de años no deja de ser arriesgado. No mucho si a la evolución del cerebro femenino nos referimos, pero muy arriesgado si lo que queremos es saber cómo influían las prácticas culturales en la forma en la que elegían pareja las mujeres de culturas desaparecidas hace varios miles de años y anteriores, insisto, a la formación de la sociedad patriarcal.

Y es seguro que influían, porque así lo demuestran también otros estudios científicos, es decir, que no sólo de los circuitos cerebrales proviene la “energía” que alimenta nuestra sexualidad, que resulta bastante más compleja. Como de hecho demuestra una investigación más reciente dirigida por el propio Buss y Cindy Meston, publicada el año pasado en Archives of Sexual Behavior, sobre las razones por las que los seres humanos practican el sexo: 237 motivaciones distintas han encontrado… de momento, porque siguen buscando.
Siempre me ha parecido que no terminaba de estar correctamente planteada la idea de que las mujeres nos sintiéramos atraídas, y mucho menos “siempre”, por los hombres de “recursos materiales y estatus social” o “bien situados en el plano socioeconómico”. En realidad, creo que la cuestión debe argumentarse de otra forma, más biologicista incluso, que refleje mejor la influencia del auténtico motor de la evolución de la especie: él éxito reproductor puro y duro. Pero se me hace tarde, así que dejo para mañana o pasado ese planteamiento.


Amy:
Yo vuelvo a repetir lo que ya dije al respecto del comentario de Ivan, que una cosa son las preferencias de las mujeres y sus elecciones a la hora de buscar pareja y otra muy distinta es la atracción física que sigue siendo tan visual como la del hombre. De hecho el matrimonio en sí es una institución con un origen económico y patrimonial, de ahí que durante siglos los pobres no llegaban a casarse sino que simplemente vivía juntos y como mucho un cura los casaba ya al final de sus vidas. El matrimonio era una forma de unir patrimonios, así como iba a ser de otra forma, el resultado de que la mujer prefiera a hombres con una buena situación económica sólo es el lógico resultado de el fin primero (y ya olvidado) de esta institución. Podría ser que durante mucho tiempo se haya relegado a un segundo lugar el sexo y se ha primado otros aspectos a la hora de escoger pareja por parte de la mujer. ¿Por qué el hombre no? Pues muy sencillo porque el que marcaba el nivel social y económico de la relación era él y no la mujer por eso él se podía dejar llevar por sus instintos.
Preguntas cómo se puede trasladar esto a las sociedades cavernícolas donde las estructuras económicas no son las que ahora conocemos. Supongo que los que tenían el prestigio social (y como consecuencia tenían la preferencia y la consideranción de jefes) eran los más fuertes y por consiguiente los que preferían las mujeres. En un estudio reciente también se ha estudiado la relación que tiene la belleza (la simetría) con la evolución genética, según dice este estudio los hombres más guapos, los que tienen una perfección física derivada de la simetría, son los que tienen los mejores genes. Esto podría ayudar a dar lógica a lo que yo afirmo, que la belleza es la que guía siempre la atracción física, incluida la mujer y no sólo el hombre. Ya que la supervivencia de la especia es la causa del instinto de reproducción del hombre y sus deseos sexuales, y que lo que se pretende con este instinto es perpetuar los mejores genes, podríamos decir que la belleza es la vía por la que los instintos se guían a la hora de elegir a alguien para aparearse.
Evidentemente luego los hombres se relacionan y forman sociedades que crean intereses diferentes y que introducen un segundo factor tan influyente como el de los instintos que es la educación. Y así surgen las múltiples variantes que todos conocemos.
9:23 | 29 Mayo 2008
ivan77:
Está claro que en la sexualidad femenina hay otras motivaciones además de la atracción por el hombre bien situado en el plano socioeconómico. De hecho, como ya sabrá Ana Serantes, últimamente están muy en boga los estudios acerca de las preferencias sexuales de las mujeres según la fase del ciclo menstrual.
Según estos estudios, las mujeres sienten preferencia por hombres físicamente atractivos durante las fases fértiles del ciclo (fase ovulatoria), mientras que en las fases menos fértiles (folicular, lútea), se sienten atraídas por hombres con rasgos faciales más suaves y mejores proveedores de recursos.
Es decir, durante la ovulación existe una preferencia por hombres viriles, testosterónicos, musculosos, que aportarían una herencia genética de calidad, mientras que en fases menos fértiles la mujer buscaría establecer vínculos con hombres más pacientes, responsables, industriosos, que serían los mejor dotados para proveer de recursos y ejercer el rol paterno.
Esto, no hace falta decirlo, son tendencias inconscientes, casi imperceptibles, reminiscencias de la sexualidad del hombre primitivo que aún se pueden detectar hoy en día con los instrumentos y las encuestas pertinentes.
Para más detalles, en estos estudios suelen colocar al sujeto frente a una pantalla y le van pasando diapositivas de rostros, que el encuestado se encarga de valorar.
Yo he participado en alguno de estos estudios y, la verdad, me parece muy cuestionable el método que utilizan. Si queréis echarle un vistazo y participar en uno de estos estudios, ésta es la página web (en inglés):
http://www.alittlelab.stir.ac.uk/littlelab.htm
También os dejo un estudio sobre el tema en PDF sobre las preferencias femeninas según la fase del ciclo menstrual (en inglés):
http://www.telefonica.net/web2/iv77/Preferencias_segun_fase_ciclo_menstrual.pdf
19:12 | 29 Mayo 2008
Amy:
El ser humano no tiene temporadas de celo como el resto de los mamíferos, pero qué duda cabe que en los periodos marcados por la fertilidad, el ser humano está más condicionado por sus instintos sexuales. Así que es completamente normal que una mujer mientras está ovulando tenga una líbido superior al resto del tiempo y se vea más condicionada por su sexualidad que por otros condicionantes sociales. Pero estar ovulando o en esa especie de celo no significa que se te vaya la cabeza y cambien tus preferencias sociales a la hora de formar una pareja sino que estás mucho más abierta a dejar ver tus preferencias sexuales. Sexo no es igual a amor y parece que estamos entremezclándolo.
19:19 | 29 Mayo 2008
ivan77:
Estos estudios no dicen que las mujeres tengan el celo y que se les vaya la cabeza. Sólo detectan las reminiscencias de la sexualidad del hombre primitivo, que aún condicionan nuestras percepciones y nuestra conducta sexual, aunque sea de forma casi imperceptible.
Estos estudios a mí me parecen interesantes desde la perspectiva de la dominación femenina:
Un matrimonio FemDom ideal sería aquel en que la mujer utilizase a su esposo como sirviente y proveedor de recursos, pero que en la fase ovulatoria, cuando ella tuviera ganas de sexo duro, le dijese a su sumiso:
“Me voy de fiesta, tengo ganas de un hombre de verdad. Tú quédate aquí. Cuando vuelva, lo quiero todo limpio como los chorros de oro, y a ti te quiero encerrado en el cuarto de castigo por si vengo con un amante.”
“Sí señora, diviértase.”
(Esto me recuerda al blog de la señora Celina y de su cornudo.)
19:56 | 29 Mayo 2008
Kratos:
A mi perdonadme pero me da que todo ese tema es demasiado teorico las cosas cambian rapido, hace poco todo se explicaba con las necesidades basicas (piramide de Maslow), a dia de hoy ya los sociologos estan cambiando esa teoria porque la gente no valora las necesidades basicas igual.
Hay una famosa lista de que te gasta al mes en cosas, hace diez años lo mismo las patatas estaban el 20 y la telefonia movil el 50, a dia de hoy esta totalmente invertida. El cerebro y las necesidades basicas han cambiado radicalmente.
Tenemos mas ocio, nuestro cerebro otras necesidades, no estoy de acuerdo de que seamos tan esclavos de nuestra prehistoria, lo mismo algo pero es un 1%, sin embargo estoy convencido que el 80% es nuestra educacion y nuestra actitud ante la vida.
Si de pequeña te han educado en cosas materiales valoraras lo material y asi en mayor o menor medida dependiendo de tus vivencias.
21:58 | 29 Mayo 2008
Amy:
Soy yo la que ha añadido lo del celo y la incapacidad cerebral para explicar un poco lo que quería decir. Y lo que quería decir es que las mujeres deseamos un determinado tipo de hombres (cada una tendrá sus preferencias) a un nivel sexual tanto si estamos ovulando como si no. Pero cuando ovulamos la atracción es mucho más patente. Sin embargo eso no quita para que utilizando nuestra razón y siguiendo otros intereses (quienes los tengan) podamos querer para compartir la vida otro tipo de persona sin que por ello dejemos de desear sexualmente a ese tipo de hombres. Más que nada porque el componente sexual sólo es una parte, dentro de muchos otros aspectos, de las preferencias a la hora de buscar pareja y no siempre es el que más garantiza el éxito de la convivencia con esa persona que hemos elegido. Así que es completamente normal que consciente o inconscientemente las mujeres hayamos aprendido a diferenciar esas preferencias. Y lo gracioso es que toda la vida los hombres nos habéis echado en cara que confundíamos amor con sexo y quizás hemos sido las que menos lo hemos llegado a confundir.
9:20 | 30 Mayo 2008
Juan:
“Un matrimonio FemDom ideal sería aquel en que la mujer utilizase a su esposo como sirviente y proveedor de recursos, pero que en la fase ovulatoria, cuando ella tuviera ganas de sexo duro, le dijese a su sumiso:
“Me voy de fiesta, tengo ganas de un hombre de verdad. Tú quédate aquí. Cuando vuelva, lo quiero todo limpio como los chorros de oro, y a ti te quiero encerrado en el cuarto de castigo por si vengo con un amante.”
“Sí señora, diviértase.”
(Esto me recuerda al blog de la señora Celina y de su cornudo.)”
Para mi eso no me parece un matrimonio femdom ideal, si quiere un hombre de verdad que no me coja a mi como sumiso. Pienso que una dominante debe hacer que el sumiso se sienta útil y que el sumiso piense y actue por y para su dominante.
En una pareja convencional también sucede lo mismo, la mujer desea sentirse única por su hombre y el hombre sentirse útil para su mujer
16:17 | 30 Mayo 2008
Pepe:
Anda que lo se dice del matrimonio femdom ideal… Menuda e increíble chorrada. Los roles no son las personas, ni las personas son los roles. Por favor, no seáis tan irreales y limitados.¿Porqué una mujer no puede tener con su pareja sexo salvaje? Pero si es genial, por favor…
Además, ¿esto qué es, actuar como lo hacían los hombres de hace unas décadas, pero al revés? ¿Cambiar una forma injusta por otra, justificándolo con teorías seudo-científicas?
Aparte de eso, lo de las preferencias del ciclo menstrual y demás también son exageraciones, modas “científicas” que vienen y van. La mujer y el hombre somos seres complejos, y parece que eso cuesta asumirlo o siquiera entenderlo.
18:26 | 30 Mayo 2008
Juan:
estoy contigo Pepe.
18:47 | 30 Mayo 2008
Ana Serantes:
Tomo nota para escribir algo más adelante (porque tengo otras cosas en la cartera) sobre la cuestión del ciclo menstrual de las mujeres, más que por si preferimos determinado tipo de hombres, por cómo influyen en que queramos o no hombres y en nuestro humor en general. Quizá más de uno se lleve una sorpresa y, en cualquier caso, bien estará la información tanto para las mujeres, que a veces no se explican algunos cambios en ese humor, como para los sumisos, que buscan o deben buscar la mejor forma de facilitarles la vida.
21:12 | 30 Mayo 2008
ivan77:
A Juan y Pepe:
En una relación de dominación femenina verdadera, con el transcurrir de los años llegaría un momento en que ella dejaría de desear a su sumiso. Igual que pasa en relaciones convencionales. Llegados a este punto, lo más probable es que ella lo abandonase dejándolo con una mano delante y otra detrás, pero quién sabe si alguna estaría dispuesta a mantenerlo como sirviente mientras ella sigue desarrollando su vida sexual con otros hombres?
Claro, la cuestión es sumamente irreal, ya que la mayoría de relaciones FemDom no llegan a este extremo de dominación femenina verdadera. En realidad, en muchos casos es la dómina quien está sometida al sumiso y representa el papel que al sumiso le excita, siendo el sumiso el miembro dominante de la relación (en la penumbra).
Estaría bien un artículo sobre quién es el verdadero dominado y quién es el dominante en una relación FemDom. ¿No hay muchas mujeres dominantes que lo empiezan a ser a partir de una sugerencia del sumiso? ¿No es el sumiso el verdadero promotor de la relación FemDom? ¿No son ellas las que adoptan el rol dominante para satisfacer las fantasías sexuales de su compañero?
En el BDSM nunca está claro quién es el verdadero dominante y quién es el sometido. Detrás de los roles que desempeña cada miembro de la pareja pueden haber motivaciones que ocultan una realidad contraria: el sumiso es el Amo y la Ama es la sumisa.
En general, y esto vale también para relaciones vainilla, quien domina una relación es aquel que tiene menos que perder en caso de separación. Y conozco muchos, muchísimos casos, de matrimonios FemDom donde ella tiene más que perder que él, de manera que adopta el rol dominante para contentar a un falso sumiso, un lobo con piel de cordero.
La cuestión es sumamente relativa. No sé si se ha tratado este tema ya en el blog.
3:31 | 31 Mayo 2008
Adrian:
En esos casos opino que es erróneo hablar de Dominación Femenina, ya que lo que hay es una mujer tomando un rol y recreando un entorno D/s a medida de las fantasías y deseos de su pareja.
Es mas o menos como ir con Amas de pago y autoconvencerse de que uno es “sumiso” cuando la realidad es que “el que paga manda”.
Por lo que he leido por ahí la paradoja del BDSM ó lo que algunos llaman “la dominación desde abajo” es tan antigua como el BDSM mismo y las opiniones al respecto son muy encontradas, lo que hace a la cuestión muy interesante.
Ahora bien, no tengo nada en contra de una pareja donde la mujer tome un rol y hagan de la D/s un juego de alcoba si a los dos les place, pero tomarlo porque “tiene mas que perder” me parece triste, no como práctica sexual sino como forma de conducirse en la vida. Lamentablemente, es cierto que hay muchos casos así.
Saludos a todos.
8:44 | 31 Mayo 2008
Juan:
“Claro, la cuestión es sumamente irreal, ya que la mayoría de relaciones FemDom no llegan a este extremo de dominación femenina verdadera. En realidad, en muchos casos es la dómina quien está sometida al sumiso y representa el papel que al sumiso le excita, siendo el sumiso el miembro dominante de la relación (en la penumbra)”.
Yo pienso que hablas más de tu fantasiosa idea de una relación Femdom que de una verdadera, y no creo que la dominación total sea que la mujer le haga los cuernos y el otro sea un pelele, es más, eso es una fantasía masculina que un deseo real de una mujer dominante.
15:37 | 31 Mayo 2008
Pepe:
Totalmente de acuerdo contigo, Juan, podríamos formar grupo parlamentario en este Congreso
Respecto a lo que dice ivan77, sólo enunciar la “dominación femenina verdadera” conlleva un dogmatismo que casa mal con la realidad. Los principios de cualquier idea, llevados a un extremo, pueden caer fácilmente en el absurdo, sobre todo cuando no son contrastados con la experiencia. Por la mía, puedo decir que no he conocido a ninguna mujer que guste de esos extremos; de hecho, son esas ideas tan radicales las que hacen que salgan corriendo de este modo de entender las relaciones muchas mujeres (e insisto, muchos hombres).
Aunque bueno, si alguien lo desea vivir así, allá él; yo no digo que mi forma de verlo sea la “verdadera” ni las otras las “falsas”. Pienso que sería bueno acostumbrarnos a que haya varias sensibilidades y opiniones, sin que por ello haya que hacer distingos de más o menos autenticidad.
12:52 | 1 Junio 2008
Ana Serantes:
Creo que tienes razón, Iván: “Estaría bien un artículo sobre quién es el verdadero dominado y quién es el dominante en una relación FemDom”. Y puesto que ya lo has esbozado, estaría bien que lo pulieras un poco, profundizaras en tu opinión y me lo mandaras al correo para publicarlo como una entrada del blog. Y a partir de tu artículo podríamos debatir un poco más sobre una cuestión que de seguro tiene interés para todos.
20:03 | 1 Junio 2008
ivan77:
Perdón Ana, no había visto tu sugerencia. Si este fin de semana tengo tiempo, lo escribo y te lo envío. Pero no puedo prometer nada.
6:45 | 3 Junio 2008