Comentario sobre la castidad
Creo que el sitio de web de Elise Sutton ha sido el más importante de Internet sobre la dominación femenina y la mejor ayuda que han encontrado muchas de las personas que la practican durante la última década. Quiero dejar clara esa opinión antes de escribir sobre el comentario que Javier introdujo el domingo en el artículo “Una polémica sobre la castidad”, en el que se vertía una clara crítica a la posición de la estadounidense. Crítica que está bien resumida en el principio del texto:
Comparto el párrafo de Javier. Creo que tiene razón al acusar a Elise Sutton de simplificar en exceso sus criterios a la hora de describir los comportamientos masculinos. Creo que la norteamericana muestra una tendencia a ver las cosas en blanco y negro y que, en consecuencia, a veces parece que no viera la amplia gama de grises existente en el comportamiento masculino… como en el femenino. Puede que sea el producto de la militancia, de su convencimiento de que hay un estilo de vida, la dominación femenina en este caso, superior al resto de las muchas formas que adoptan las personas y las parejas al construir sus biografías. Y tan convencida está, que piensa que las sociedades evolucionan irremediablemente en dirección a ese estilo de vida.
Yo no estoy de acuerdo: para mí la dominación femenina constituye una vía más que interesante –y por la que transito a buena velocidad–, que creo que contribuye a enriquecer muchas relaciones de pareja y muchos momentos eróticos, y que podría contribuir a enriquecer a más personas, pero no pienso que sea vía obligatoria, ni que siempre tenga por qué ser la mejor para cualquier persona. Soy de la opinión de que Elise Sutton cae en flagrante contradicción con su defensa de una posición liberal en otros aspectos, porque para una liberal no puede haber sólo un buen modo de vida y ser malos o peores el resto, porque para una liberal es la libertad de elección de las personas la que debería marcar los estilos de vida más adecuados para cada uno, y no las prescripciones de ninguna doctrina.
En consonancia con lo dicho, me parece perfecto que Javier no comparta la obligatoriedad de la “castidad”, que defienda que hay otras opciones y que la de él y su pareja les resulta funcional y les proporciona excelentes resultados:
Solamente hay una cuestión en el comentario en la que me parece que Javier hierra, porque además cae en una actitud similar a la que está criticando (de lo mismo le acusaba Fran ayer en otro comentario, aunque no percibía nada parecido en la postura de Elise Sutton; cada uno tirando para lo suyo):
Estamos demasiado prisioneros en el terreno de la sexualidad de la idea de que hay cosas que son “naturales” y otras que no lo son. “El hombre es un ser social”, decía Aristóteles, y no hay nadie que le haya quitado la razón. Pues bien, una forma de decir lo mismo es que la especie homo sapiens se caracteriza por su intento permanente de “desnaturalizarlo” todo, de construir sus realidades sociales y vitales para abandonar el “estado de naturaleza”. Y resulta innegable el éxito alcanzado. También en la sexualidad es casi todo aprendido, “cultural”, “artificial” puede decirse, porque el sexo es puro artificio, completamente alejado ya de la función de procrear. El control de la eyaculación del varón, que tan “natural” resulta a los millones de personas que practican la sexualidad tántrica o taoísta, no es más que una manera de tener relaciones sexuales tan natural o tan artificial como cualquier otra. Y puede ser que sus efectos no resulten tan increíblemente beneficiosos como se figuran sus apologistas –la ciencia acabará dando o quitando razones–, pero lo que es seguro es que controlar las eyaculaciones de los varones no es, desde luego, “perjudicial para la salud física y mental”.
Pero si digo que Javier cae en cierta forma en la actitud que critica, en que lo que es bueno para él lo debe ser para todos, es porque descalifica a quienes están convencidos de que ese control de la eyaculación incrementa su amor y su devoción por la mujer que aman y sirven. Porque eso es así. Y lo es porque son muchos los hombres que así lo sienten, y que lo sienten durante mucho tiempo, esto es, que no es cuestión pasajera, tan sólo el producto de un momento de calentura. Y es descalificarles, y sin motivo ni pruebas que lo avalen, atribuir su comportamiento a una deficiencia psicológica: presos “de una verdadera obsesión no resuelta”.
No hay prácticas de obligado cumplimiento, tampoco en la dominación femenina. Por lo tanto, tampoco lo es el control de la eyaculación del varón, que yo dí por traducir como “castidad” hace años –pese a la confusión que el término pueda originar, no se me ocurrió otro mejor–. Pero eso no quita para que seamos muchas las personas que extraemos ventajas de ese mecanismo y tampoco, como parece creer Javier, para que algunas mujeres que controlamos la eyaculación de nuestro hombre no gocemos de ella en determinados momentos, no gozemos de llevar a nuestros compañeros hasta el orgasmo. No obstante, seguro que serían unos cuantos hombres los que discutirían que “el máximo placer físico y emocional” se encuentra en la eyaculación, en un breve momento en lugar de en el prolongado mantenimiento de la excitación . Y lo discutirían porque su experiencia les demuestra que no es así… lo que no significa que todos lo tengan que ver de la misma forma. (Y ya he escrito demasiado, si no entraría en la comparación que algunos de ellos hacen entre la eyaculación y el “orgasmo seco” taoísta que puede alcanzarse repetidamente… y en los beneficios de ese tipo de orgasmo para nosotras.)
Compartamos experiencias. Contémonos lo que nos gusta o lo que mejor nos funciona… pero no pensemos que nuestra experiencia y lo que nos funciona debería constituir la norma “natural” para todos. Porque qué mundo más triste, el de la dominación femenina o cualquiera, si hubiera una norma única que sirviera para todos los que en él habitan.



zeta:
yo pensaba Ana que eras más incondicional de elise, por todo lo que has colgado aquí, pero el post me parece buenísimo y me da para pensar. enhorabuena, cada día me gusta más lo que escribes.
11:36 | 8 Abril 2008
Severino:
Sí que estoy de acuerdo con lo que dice Ana, pero lo que me extraña es que no hayan pasado por aquí Javier o el limpiabotas fran (que acaba de pasar por otros posts) para decir lo que piensan del post. Y lo digo porque me he fijado en que pone la categoría Dialogos.
22:22 | 10 Abril 2008
brigdsen:
Hola a todas.
Ni que decir que Elisse es la mas grande profeta de la Gynarquia y de la Dominacion Femenina en particular.
Cualquier tema que ella trate en este contexto es acertado y deja bien claro cual es la posicion de cada cual en este mundo.
Me encanta el tema de la castidad, ya que por un lado es un instrumento que tenemos las mujeres para mantener al macho sumiso, y otro por que me encanta cuando estoy con alguno, que son pocas veces, ver como aumenta el grado de su frustacion, a la vez que aumenta mi placer.
Gracias Ana
15:28 | 14 Abril 2008
linda:
Estoy completamente de acuerdo con brigdsen. Elisse suele ser una persona casi infalible en este tipo de debates. Además, los hombres solo piensan en el sexo. La castidad los hace más completos. Una amiga mía conserva a su marido casto y entregado a sus pies, mientras ella practica relaciones con otras personas. La castidad es al hombre lo que el merengue a un dulce y es una medida muy práctica para la supervivencia de la pareja.
4:02 | 2 Mayo 2008
Javier:
¿Qué tal? ¿Cómo estáis todas las personas que contribuís al desarrollo de este blog? Un afectuoso saludo a todas.
Acabo de leer los comentarios que algunas personas, incluida la propia Ana Serantes, han realizado del mensaje que redacté hace ya algunos meses acerca del artículo de Elisse Sutton sobre la castidad al responder a las objeciones formuladas por una lectora. Sin ánimo de iniciar una larga discusión creo necesario escribir estas líneas para precisar parte de lo que expresé. Vayan por delante mis disculpas por la tardanza en hacerlo, pero he estado muy ocupado y solamente ahora en vacaciones he podido permitirme navegar largamente por Internet y tomar parte en algún que otro blog.
En ningún momento fué mi intención tratar de generalizar ni mucho menos normativizar a partir de la experiencia particular que mi novia y yo tenemos. Precisamente porque la señora Sutton sí generaliza en exceso, opté por exponer un ejemplo, que no un modelo, de relación que contradice sus postulados. Ante quien se expresa de forma tan tajante, casi diría que dogmática como Elisse Sutton, haciéndo extensivas sus afirmaciones a todas las mujeres y a todos los hombres, basta con mostrar un sólo caso que rebata sus postulados, sin que por ello esta muestra concreta deba de considerarse como otra manifestación que intente a su vez ser también impositiva.
Por otra parte, en relación al párrafo que la creadora de este blog cuestiona, debo de realizar dos observaciones. Por supuesto desde un total respeto por las críticas que Ana Serantes me dirije, demostrando ésta, a diferencia de la norteamericana y de otras autoras de textos sobre dominación femenina, una forma de contemplar y abordar la realidad en la que evidencia la complejidad y los matices existentes, junto con su tolerancia y capacidad de diálogo.
Cuando hice alusión a lo natural no fué para reivindicar como tal lo que a mi pareja y a mí nos resulta satisfactorio, sino para resaltar que, reprimir de forma habitual el orgasmo en un hombre tras una intensa excitación, no es saludable.
Me apoyo para ello en las durísimas críticas que numerosos psicólogas/os, médicos especialistas en Urología y sexólogas/os formularon en su momento al llamado “coitus interruptus” y a cualquier otra práctica sexual que, insisto con carácter habitual, provoque una gran excitación para después frustarla no permitiendo su culminación, sea en pareja o al menos gracias a una masturbación solitaria. No solamente se descalifica la dudosa fiabilidad del coito interrumpido para prevenir embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual, sino que ésta y todas las prácticas sexuales en las que también después de la excitación sobreviene con frecuencia la frustación se rechazan por sus negativos efectos psicológicos y fisiológicos. Quien no me crea puede consultar en las sociedades españolas y colegios profesionales de Psicología, Urología y Sexología.
No olvidemos que en la sexualidad tántrica lo que se aprende a controlar y a evitar, salvo cuando ocasionalmente es imprescindible para el organismo y su renovación energética, es la eyaculación, no el orgasmo. La sabia y rica sexualidad tántrica promueve el control de la eyaculación, no así la denegación del orgasmo, ni mucho menos después de una intensa y deliberada excitación. El orgasmo se pospone y se produce sin necesidad de eyaculación, pero desde luego no se elimina. Quien dude de mis palabras puede consultar en cualquier sociedad de sexología, en la asociación española de periodismo científico o directamente a expertos en el tema.
Los seres humanos somos Historia, Cultura, superación … pero también naturaleza. Ambas dimensiones se dan cita conjunta y permanentemente a lo largo de nuestras vidas. No tenemos por qué ser esclavos de lo natural, no somos animales irracionales, el progreso de la humanidad ha sido posible gracias a nuestra capacidad reflexiva, crítica y creadora a todos los niveles. Pero no podemos olvidar que al mismo tiempo seguimos siendo naturaleza. Y la ciencia, como también la sabiduría de la sexualidad tántrica, se apoyan en un conocimiento riguroso de la naturaleza para posteriormente ofrecernos posibilidades de mejora que pueden enriquecer nuestras vidas.
(Ni que decir tiene que me atrevo a manifestar todo lo anterior tras revisar y consultar serias fuentes científicas. “Soltar” perlas tales como que por naturaleza la mayoría absoluta de las mujeres tiene y anhela poder exteriorizar una sexualidad exclusivamente sumisa, es tan descabellado como carente de toda base científica).
Por otra parte cuando empleé la expresión “obsesión no resuelta” estuve desafortunado. Me expresé mal. Lo que realmente tendría que haber escrito es algo así como “imperante necesidad fisiológica reprimida”. Y la verdad, sin ánimo alguno de intentar establecer como general ni como correcto mi punto de vista, insisto en ello. Creo que si un hombre está verdaderamente convencido de la superioridad femenina y además ama a su mujer, es justamente después de haber disfrutado del orgasmo y sentirse totalmente satisfecho, cuando no tenga ninguna necesidad sexual inmediata, cuando en definitiva no necesite para nada sexualmente de su pareja en ese momento y no pueda hablarse por lo tanto de interés sexual alguno, cuando precisamente por convicción y amor, con la misma e incluso con mayor intensidad, debiera de mostrar su devoción y servicio a su compañera. Su reina, no su vía de desahogo.
No comparto, aunque por supuesto respeto, gran parte de cuanto en este blog se manifiesta. Pero hasta desde el respaldo por la dominación femenina, la defensa en particular de la excitación y la denegación del orgasmo como una práctica habitual, resta rigor y fuerza a esta opción vital.
11:22 | 15 Agosto 2008