Comenzó por el sexo
Joan Luigem
Hola querida Ana.
Mi nombre es Joan. Soy un simple seguidor de tu blog, y creo sinceramente que es fantástico. Hasta no hace mucho no sabía nada acerca de la dominación femenina, pero al leer tu blog me he sentido realmente reflejado en muchas de las inquietudes que siempre he tenido. Tu sitio me ha ayudado a entender muchas cosas sobre mi manera de pensar y sobre la de mi pareja. Así que gracias por todo.
El otro día leí una entrada en la que decías que la comunidad hispanohablante parece que no se anima mucho a contar sus experiencias. Si te parece bien, yo voy a intentarlo. Puede que la narración de nuestros inicios a muchos les parezca banal, pero yo creo que no se entendería bien nuestra situación actual sin saber como hemos llegado hasta aquí.
Soy un hombre felizmente casado con Eva, una preciosa mujer de la que sigo enamorado tras diez años de matrimonio. En la segunda mitad de la treintena, es una mujer realmente madura. Pero a veces sigue siendo algo insegura, a pesar de ser realmente bella y atractiva. Siempre lleva tacones altísimos y viste con ropa muy ajustada, y su manera de moverse atrae las miradas de los hombres.
Cuando conocí a Eva, ella tenía 25 años. Era una chica risueña, inocente e idealista; realmente guapa y deportista, algo especial respecto a las otras mujeres de su edad. Tuvo una educación muy conservadora y estricta. Y una infancia casi exclusivamente rodeada de chicos, los cuales se burlaban de su condición de niña y creo que por ello su carácter denota muchas veces admiración hacia ellos. Pero con los años, al sentirse mas segura, fue cultivando una especie de afán por superarlos, incluso por dejarlos literalmente en ridículo. Actualmente, aunque no lo reconoce demasiado, yo creo que disfruta incluso con la humillación. Ha podido dar más de una vez una lección de humildad alguno de esos machitos que corren por Internet.
Cuando nos conocimos, yo llevaba cierta ventaja en el terreno sexual. Ella sólo había tenido una relación con otro chico y una sola vez. ¡Así que era prácticamente virgen a los 25! Me sorprendió cuando me lo dijo, pero también me sorprendió que desde el primer día fuera tan activa. Dejándose llevar por sus instintos, siempre acababa encima mio, y yo completamente inmóvil entre sus garras mientras ella se movía salvajemente. Tanto me cabalgaba como me mordía, como me acariciaba con su cabello mientras me hincaba las uñas, como me chupaba todos, absolutamente todos los rincones de mi cuerpo. Creo que sus ganas de superar a los chicos y su inseguridad se tradujeron enseguida en unas ganas locas por superarme de largo en el sexo. Y con el paso de los años, fue creciendo y creciendo hasta que quedó clarísimo que ella tenía unas posibilidades por encima de lo que yo le podía aportar. No hacía falta comentar nada, todo fue un proceso natural.
Eva siempre se ha excitado mucho con la penetración. El problema es que, por la razón que sea, me provocaba y me provoca tal excitación que eyaculo precozmente. Lo curioso es que con otras mujeres no me pasa, pero con ella si, y con los años, a medida que se mostraba más activa y segura, yo me mostraba mas excitado y por lo tanto más superado física y psicológicamente.
Nos hicimos con un buen surtido de consoladores. Yo la quiero, y como pareja necesitaba sentir que estaba realmente satisfecha. Ella es una chica muy comprensiva y jamás se había quejado. Lo curioso es que en vez de hacer de esto un problema, creo que gracias a nuestro amor, lo convertimos en una fuente de inspiración.
Sin darnos cuenta, nuestro sexo empezó a derivar hacia prácticas que ahora entiendo como propias de la dominación. Ella se ponía siempre encima, me decía que no me corriera y que quería sentir mi polla a punto de explotar. Me cabalgaba unos segundos, y cuando notaba como mi pene se inflaba para eyacular, permanecía completamente inmóvil mientras me comentaba que ése era el estado en el que me quería tener constantemente, con mi miembro a punto de explotar, pero que no debía acabar de correrme. Ella se masturbaba mientras yo permanecía como una estatua, y solo cuando se había corrido me pedía que me corriera dentro de ella. Otras veces prefería sacarla y acabar masturbándome ella o yo mismo hasta correrme sobre su vientre.
Al contrario de lo que leo sobre muchas mujeres, a Eva lo que más le gusta no es que le practiquen sexo oral. Se había corrido muchas veces de esta forma, pero creo que es demasiado activa y disfruta más con la penetración. También disfruta mucho de poder dar ella placer oral, de la penetración anal, y incluso de la doble penetración. Sé que todo esto no corresponde al estereotipo de dómina, pero ella es así. Su manera de dominar es dar hasta superar al hombre. Creo que es un estilo diferente donde la superación se demuestra tanto física como mentalmente.
También en su manera de proporcionarme sexo oral evolucionó de una manera que ahora comprendo mucho mejor. Empezó a apretarme cada vez más el miembro con su mano. Y lo hacía rápida y salvajemente. Cuando me tenía a punto de eyacular, paraba. Y me metía un dedo por el ano. A mi me incomodaba, pero saltaba de placer con cada ligero roce de su lengua. Poco a poco me metía más dedos por el culo y, aún desconcertado, me la volvía a mamar. Mientras lo hacía, me miraba como una niña feliz por tenerme así. Aquello hacía que no pudiera disfrutar tanto del placer que me proporcionaba, pero la verdad es que me daba mucho placer mental que me hiciera esas cosas. Yo, entre jadeos y medio protestas, acababa corriéndome de manera entre incomoda y a la vez estimulante.
Otra práctica que introdujo espontáneamente ella misma fue lo que llamaba “follarme a mi”. En la cama me ordenaba ponerme de cara al colchón mostrándole mi dorso y culo desnudos. Empezaba a pasar su pelo por mi espalda, luego su lengua y, finalmente, se sentaba abierta de piernas encima de mi y empezaba a restregar su coño contra mi culo como si me estuviera penetrando. Movía sus caderas cada vez más rápido y yo notaba como su coño chorreaba flujos sobre mi culo. Su excitación en esta postura era altísima. Movía sus caderas como una bestia y hacía temblar la cama mientras me gritaba que le gustaría tener una polla y follarme de verdad. Me preguntaba si me gustaba sentir como me follaba, a lo que yo respondía que sí. Suerte que no tenemos vecinos porque a mi aquello me excitaba muchísimo, pero a ella la ponía a mil por hora. Llegaba siempre a tener un orgasmo monumental de esa manera y sin necesidad de tocarse ni con los dedos. Esto es algo que ahora aún practicamos, pero con variantes que ya os podéis imaginar y que puede que explique más adelante.
Debo aclarar que Eva nunca ha querido leer absolutamente nada sobre el tema de la dominación femenina. Todavía dudo sobre si debo insistir en que lo haga, porque ella es así de libre y salvaje. Yo muchas veces deseo tirarme a sus pies. Besarlos, darle el placer de estar relajada mientras su sumiso le adora. Y realmente le agradezco que a veces mis deseos de sumisión sean un poco correspondidos. Pero sé que lo que verdaderamente excita a Eva es superar activamente a un hombre. Y supongo que será siempre así.
Muchas gracias por dejarme este espacio para expresarme, Ana. En diez años hemos pasado por muchas experiencias. Desde el amor puro hasta los cuernos consentidos. Casi todas la épocas han sido fantásticas, pero también ha habido crisis muy dolorosas. Suerte que el balance a día de hoy es muy muy positivo, y solo puedo decir que nos queremos y que estoy enamorado de ella como el primer día.
Hasta pronto y felicidades por este sitio.


Comenzó por el sexo II | Blog de Ana Serantes:
[...] Ana. En mi anterior escrito, “Comenzó por el sexo I”, me comentaste que me centraba demasiado en los aspectos sexuales. Tienes razón, pero para mí [...]
6:04 | 26 Julio 2008
Ama_Darka:
En este relato Joan reconoce que su mujer no es una dominante pues le gusta recibir doble penetración y felarle, es mas bien una sumisa.
Pero una sumisa insatisfecha, pues el es un eyaculador preamturo, como bien dice, y por tanto no puede satisfacerle de una manera normal.
Es muy común que los homosexuales reprimidos sean eyaculadores prematuros con las mujeres pues, en el fondo de su ser, les desagrada prolongar el acto sexual con ellas.
Luego, los juegos de su mujer sobre el culo de Joan demuestran que ella intuye que el es un homosexual pasivo.
3:23 | 28 Julio 2008
Amy:
Ama-Darka la estimulación anal es algo satisfactorio para cualquier hombre, bien sea homosexual o heterosexual, por aquello del punto g, !qué culpa tiene nadie que se encuentre en un sitio tan comprometido!. Quizás la pena está en el sentimiento de vergüenza que un heterosexual poco informado pueda llegar a tener por sentir un placer completamente normal cuando se le estimula en dicho punto, por la asociación que vulgarmente se hace entre la homosexulidad y el sexo anal. Sin embargo, no hace tanto tiempo leí, por extraño que parezca, que el sexo anal no era una práctica tan habitual entre los homosexuales como se cree, y que tan poco era una práctica tan inusual entre los hombres heterosexuales. Y es que es completamente normal que un hombre heterosexual que descubre el placer que puede llegar a obtener mediante la estimulación anal, no renuncie a ello, por mucho que la sociedad lo pueda “tachar” (de ahí el sentimiento de culpa) de homosexual. Ya que por mucho que se diga una y otra vez que ser homosexual es sólo una orientación sexual y no un motivo de insulto, no son pocos los que todavía lo consideran como tal y no son pocos los que todavía se lo toman como tal. De hecho tú misma caes en la trampa cuando relacionas una estimulación anal con la homosexualidad.
11:58 | 29 Julio 2008