Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Como una reina

Doreen B

Querida Elise:

Le escribo para darle las gracias por su interesante web y por los útiles y prudentes consejos que da a sus corresponsales.

Durante los últimos 15 meses, he mantenido una relación de dominación femenina, y deseo explicarle mi historia y como llegué a ella. Soy una viuda de 56 años, y llevo 10 viviendo en el Reino Unido. Desde que murió mi querido esposo, no había tenido relaciones con ningún hombre. En efecto, sólo había salido media docena de veces con un compañero de trabajo por cuestiones estrictamente laborales. Mi marido me dejó en una buena situación y, después de aceptar su pérdida, decidí vender nuestra casa y comprar una más pequeña. Volví a trabajar a media jornada, y con mi salario, mi pensión de viudedad y mis inversiones, me sentía cómoda desde el punto de vista económico.

Hace justo dos años, mi hermana dejó a su marido y se fue a vivir con otro hombre al extranjero. Naturalmente, mi cuñado quedó destrozado y yo mantuve el contacto con él como parte de la familia. Unos meses después de que mi hermana le dejara, Timothy me llamó y me preguntó si podía invitarme a comer, porque había algo de lo que quería hablar conmigo.

Durante la comida, me dijo que siempre me había admirado y que me encontraba muy atractiva (a pesar de ser 20 años mayor que él). Yo me preguntaba qué vendría después. Entonces me sorprendió diciéndome que siempre me había considerado dominante y controladora (yo nunca me había visto así a mí misma) y que durante años había deseado someterse a mí y ser mi sirviente personal. ¡Quería lavar, limpiar, planchar y cocinar para mí!

Me temo que le contesté que nunca había oído nada tan ridículo en toda mi vida.
Él, naturalmente, estaba totalmente avergonzado, y no hacia más que disculparse y pedirme perdón. Le dije que el asunto estaba cerrado y que no quería volver a oírle hablar del tema en el futuro, y me llevó a casa.

Entonces pasó algo extraño: me di cuenta de que no podía dejar de pensar en lo que me había dicho. No dejaba de darle vueltas en la cabeza. También me di cuenta de que a él tenía que haberle costado admitir de aquella manera sus sentimientos hacia mí. Decidí que aquello no podía quedar así, por lo que le llamé y le pedí que viniera a casa para que pudiéramos aclarar cualquier malentendido y normalizar nuestra relación. ¡Al menos esa era la idea!

Cuando llegó, le pedí que me explicará algo más sobre lo que había estado pensando durante esos años y cómo se le había ocurrido todo aquello. Confesó que era un asiduo lector de varios sitios de Internet relacionados con la dominación femenina, entre ellos el suyo. Fue muy serio y sincero, y a pesar de la ridícula naturaleza de la conversación, empecé a encontrarme cada vez más interesada. ¡Creí que me había vuelto loca! Le dije que consideraría si había alguna forma en que pudiera ayudarme haciendo algún recado o algún trabajo especial, y que le llamaría cuando hubiera tomado una decisión.

Entré en su web y empecé a leer las cartas, preguntas y, más importante, sus ideas y consejos sobre los diversos temas relacionados. De repente, me di cuenta de las ventajas que me podía reportar una relación de dominación femenina, y cuanto más leía, más me excitaba.

Naturalmente, había varios problemas, de los que el menor no era mi hermana y lo que diría al ver a su ex haciendo mi colada.

Durante este tiempo, Timothy estaba ocupado terminando la venta de su casa, robando tiempo de su trabajo. Le sugerí, que se pasará por casa cuando pudiera para enseñarle que tareas necesitaba y como quería que las hiciera. Le dije categóricamente, que no habría nada sexual en nuestra relación (él ya me había indicado desde el principio que no estaba buscando una aventura) y que su satisfacción vendría de mi placer logrado con su esfuerzo.

Empezó a venir 3 ó 4 veces por semana, cuando no estaba trabajando u ocupado con la venta de su casa, y yo le encargaba algunos trabajos de la casa (cosas que habían estado esperando durante años, pero que no corría prisa arreglar). Me di cuenta de que cuando le encargaba tareas más domésticas, como fregar el suelo, pasar el aspirador, sacar el polvo o limpiar los baños, se ponía nervioso y un poco excitado. Pronto empecé a entrenarlo para que hiciera las cosas como yo quería y con los resultados que yo esperaba.

Para abreviar esta larga historia: durante los últimos quince meses he estado disfrutando de un estilo de vida de dominación femenina 24/7. Cuando Timothy vendió la casa, se mudo a mi dormitorio más pequeño y me ofreció lo que había ganado con la venta. Yo lo invertí en una cuenta conjunta, de manera que, si algo me sucediera, él pudiera recuperarlo sin problemas. Timothy empezó a trabajar a tiempo parcial, y su salario era ingresado en mi cuenta. Recientemente ha dejado de trabajar por completo, ya que no necesitamos sus ingresos. Ahora puede dedicar todas sus energías a servirme.

Un día normal empieza para él sobre las 6 de la mañana con sus tareas matutinas y, a la hora que yo le he indicado, me despierta trayéndome a la cama un desayuno de cereales tostados y café. Mientras desayuno, me prepara la ducha y una toalla caliente. Me prepara la ropa que le he dicho que me pondré, me saca el coche, y comprueba que todo está a punto. Cuando estoy lista, me sirve más café en el piso de abajo y toma notas de los recados, llamadas o trabajos extras que quiero que haga durante el día.

Mientras estoy trabajando, comprando o con mis amigas, él está limpiando, lavando, planchando y haciendo las compras domésticas, asegurándose de que todo esta perfecto para cuando yo vuelva. Ahora tiene la rutina de asegurarse de que la casa está perfectamente limpia de arriba abajo cada semana y de que todo está repasado y completo cada día. Cuando llego a casa, tiene café o un vaso de vino esperándome, según la hora. Por la noche, mientras leo, escucho música o veo la TV, me prepara la cena y está atento para que tenga todo lo que necesite.

Siguiendo sus consejos y mis propias observaciones sobre él, he tomado el control de sus orgasmos y se los restrinjo a uno o dos al mes según su comportamiento. Siempre lleva un dispositivo de castidad. Probamos un par que compré por Internet, pero le eran incómodos y no proporcionaban el nivel de seguridad que yo quería, así que, hace unos ocho meses le hice hacerse un piercing y conseguí uno hecho a medida que cumple perfectamente.

Cada semana valoro el trabajo que ha hecho durante la semana y le explico en qué debe mejorar o esforzarse más. A continuación decido si se merece un castigo (¡siempre se lo merece!), y le informo de cuántos azotes le daré con la correa o la vara, y/o cuantos días extra tendrá que seguir con su dispositivo. Debe marcar la fecha de su próxima liberación en el calendario, y actualizarla si añado más días. Sabe que es mejor no decir nada si le añado más días, pero es evidente su desilusión mientras va a tachar la fecha anterior y a marcar la nueva. Siempre me divierte ver como, a medida que se acerca el día de su liberación, se vuelve más atento, y como se esfuerza por no disgustarme o hacerme enfadar.

También le castigo por las faltas que comete a lo largo de la semana y que, por cualquier razón, me hacen enfadar, pero la evaluación semanal se ha convertido en una parte importante de nuestra relación. Mejora los niveles que espero, cierra una semana e inicia una nueva con una hoja en blanco. Timothy dice que es especialmente importante para él, ya que se siente “limpio” y perdonado de sus errores o faltas, y preparado para concentrarse en hacer las cosas bien la semana siguiente. No hace falta decir que rara vez debo comentarle la misma falta dos veces, porqué sabe la severidad del castigo si esto sucediera.

Al principio tenía dudas sobre el castigo corporal, pero a lo largo de los meses he descubierto por medio de ensayo y error que Timothy puede aguantar una paliza bastante severa y que ahora parece que la necesite para lograr un estado de paz después de la evaluación. Actualmente no escatimo la vara, y siempre me digo a mí misma que me he convertido en una experta en descargar golpes con mi vara de una manera ordenada y cuidada. Cuando termino, se arrodilla a mis pies, me agradece que le haya corregido y me promete que en el futuro trabajará aún más para mí.

A pesar de lo que le había dicho a Timothy sobre el sexo al principio de nuestra relación, nos hemos ido aproximando cada vez más a medida que pasaban los meses y la relación se hacía más profunda e íntima. Ahora, dos o tres veces al mes permito que me lleve hasta un delicioso clímax con su lengua. He llegado a disfrutar mucho con su atención y me siento más relajada que nunca en mi vida.

Aunque oculto los detalles de mi relación a la mayoría de mis conocidos, le he hablado a una amiga muy próxima sobre Timothy, y disfruta viniendo a comer o a cenar lo que él cocina y sirve con todo respeto. Actualmente es muy eficiente en la cocina y disfruta sirviendo la comida que hace a la vez vistosa y sabrosa. Ella le incordia despiadadamente sobre su domesticación, y él siempre termina rojo como una remolacha por tanta humillación. Extrañamente, sé que a pesar de su sonrojo, le gusta el asunto y espera su visita con una mezcla de excitación y aprensión.

Cuando hablamos, lo que hacemos a menudo, Timothy me cuenta que nunca ha sido tan feliz, y yo le creo. Es un hombre inteligente y bien educado, y disfruto estando con él, confiando y relacionándome con él. También es bueno tener un hombre en la casa después de todos estos años.

Desde mi punto de vista, aunque todavía tengo problemas con mi hermana, que no puede entender lo que está pasando (pero que creo que gradualmente lo va aceptando). Me siento más feliz que nunca desde hace años –desde que murió mi marido– y creo que su trabajo ayudando a las mujeres a lograr este estilo de vida será positivo a largo plazo.

Una de sus últimas corresponsales comentaba que “es bueno ser Reina” y yo no puedo menos que estar de acuerdo con ella.

Elise Sutton:

Mis reconocimientos para usted, Doreen. Usted y Timothy han descubierto mutua y consensuadamente un estilo de vida que les satisface a los dos. El hecho de que él estuviera casado con su hermana no debe ser un factor, ya que ella decidió dejarlo, lo que le convertía en un hombre libre. Usted es una mujer libre, y dos adultos pueden vivir con la forma de vida que elijan.

Debo dar a Timothy mis reconocimientos por tener la fuerza de descubrirle sus sentimientos hacia usted. Fue honesto, y su honestidad le abrió las puertas a usted para explorar este estilo de vida, y el resultado es una relación única y sofisticada en la que cada uno de ustedes satisface las necesidades del otro.

La vida es corta, y la gente gasta mucho tiempo precioso preocupada por lo que los otros piensan, o intentando conformarse a los estándares sociales. Parece como si usted y Timothy estuvieran en una explosiva exploración de la dominación femenina. Timothy tiene mucha suerte de tenerla a usted, y usted tiene razón: “Es bueno ser una Reina”. Cuidaros.

[Traducción de Jorge Sánchez]

8 Comentarios
  1. Por renunciar, el tal Timothy ha renunciado a la mayor parte de sus orgasmos (dos al mes). De la misma manera que a veces sorprende que algunas mujeres dominantes hagan casi exactamente lo que el sumiso desearía, en este caso también es muy extraño que un hombre renuncie a casi toda contraprestación sexual para, además, pasar a ser un empleado doméstico. Extraño hombre debe ser, aunque haberlos parece que los habrá.

    La Sutton, por cierto, parece tener alguna confusión entre sumisos -seres altamente sexuados, ojito- y monjes trapenses, ya que lo toma como natural. Se desprende del texto, encima, una curiosa concepción mecanicista del varón sometido, como un artefacto al que controlarle erecciones, eyaculaciones, siempre previa “observación” del mismo, claro.

    Además, no hay en ello nada de gradualidad ni de progresión, el 24/7 empieza casi de golpe, como si fuera la fantasía de poseer un exclavo. Aquí, la pareja está subordinada a la DF y no al revés, como en las versiones suaves. ¿De verdad sentirán amor estas mujeres por su hombre? Dicen “hablar a menudo”, sería curioso saber en que tono…

    16:36 | 28 Noviembre 2008

  2. Que razon tienes, Frankie. Una cosa es lo visible
    y lo que te gusta de la dominacion , y, otra muy distinta , es, lo que la sutton y sus colegiadas te estan intentando colar por la puerta trasera, y, que, si no andas muy avispado, te la cuelan mientras te strponean y te avasallan cual madre a amor y atenciones.

    Todo se reduce a al perro de paulov.
    Te dan lo que tu quieres y, mientras, te cuelan lo que ellas quieren.

    Timothy me recuerda a mi abuela la enamorada,la que siempre iba de luto, la que hacia la colada y preparaba la comida para que mi abuelo viviera como el rey que ella creia, que tiempos,

    A mi lo que mas me gustaria de que esto de la domminacion se extendiera seria que, seria como abrir la caja de padora, serviria de pretexto a muchos y muchas que hoy callan por miedo para vivir a vida de sus abuelos y tataeabuelos.

    Nos vemos, suerte a todos.

    17:29 | 28 Noviembre 2008

  3. La verdad es que no conozco muy en profundidad todo lo que dice Elise Sutton, pero por lo que llevo leído hay cosas que me parecen bien y otras no tanto. Desde luego que en mi opinión acierta más cuando habla de cuestiones prácticas del femdom que cuando desarrolla teorias sociológicas.

    19:20 | 28 Noviembre 2008

  4. Mas perlas:

    Doreen B:
    Al principio tenía dudas sobre el castigo corporal, pero a lo largo de los meses he descubierto por medio de ensayo y error que Timothy puede aguantar una paliza bastante severa y que ahora parece que la necesite para lograr un estado de paz después de la evaluación

    Con la vara de Doreen hemos topado, je, je. Esto ya rebasa los límites de la dominación/sumisión y se adentra en los abismos del sadomaso durito, con la pareja disfrutando del castigo corporal, severo, según dice ella. Será muy consensuado, sí, pero ¿sano y seguro, como proclama el BDSM teórico y teorizante?

    Lo que me inquieta y acojona es la facilidad con que pasa esta mujer de ir al bingo y ver TV (es un decir) a zurrar palizas, símplemente porque el se lo pide y porque se lee la Web de la Sutton. La misma facilidad, desde luego, que tiene Timothy para abandonar su casita e irse a recibir estopa. Cosas veredes, Sancho…

    9:54 | 29 Noviembre 2008

  5. Frankie, si soy sincero leí el post bastante “por encima”, y no me he percatado mucho de detalles como el que expones en tu ultimo comentario.
    A mi me parece que en una cosa en la que si acierta Elisse Sutton es cuando dice que la dominación femenina es más plena cuando se busca complacer los deseos del Ama más que en los fetiches del sumiso (lo de los fetiches del sumiso si le apetece al Ama). En eso si estoy de acuerdo con ella, porque sino se puede dar eso que llaman “dominación desde abajo.

    Saludo.

    11:20 | 29 Noviembre 2008

  6. Si claro pero en lo que Elisse sutton se equivoca es en establecer la zona cero de la dominacion femenina en la dominante y no en el sumiso.

    En el momento que se estirpa la visceralidad de algo y se implanta en un sistema rigido de lo que debe o deberia ser, el algo pierde su naturalidad y se convierte en algo artificioso y pernicioso en segun que circunstancias, y, en el caso de la dominacion, esto seria esclavitud y dominacion real y no la tan cacareada D/S pactada.

    Asi que yo creo que debiera ser el sumiso el que se fuera adaptando a las necesidades y anhelos de la ama y no que la ama fuera adaptando las necesidades
    y los anhelos del sumiso a ella.

    La diferencia aunuqe de matiz creo que es importante.

    12:30 | 29 Noviembre 2008

  7. Interesante relato ¿verídico?
    Cuando leo estas situaciones, generalmente con origen en E.Sutton, siempre entro en dudas. Interesante relato, sin duda, pero con muchas lagunas. Acaso incluso demasiado “perfecto”: relación 24/7, sumiso que lo abandona todo para servir a su Ama, mujer que hasta más allá de la cincuentena nunca había experiementado “aparentemente” tendencias dominantes que, repentinamente, pasa de 0 a 10 sin mayores dificultades psicológicas, sumiso que da un paso total. No sé, sinceramente, demasiado todo “perfecto” para ser verdad. Como decía uno de los protagonistas de “Transiberian”, sino quieres problemas en una frontera, no presentes un pasaporte perfecto y sin ningún sello, porque sospecharán de ti…
    Yo he vivido una sitúación lejanamente parecida a esta, en mi trabajo, con una jefa que -ella sí- tenía tendencias bastante dominantes y autoritarias -aunque se negara a reconocerlo- y yo joven de 25 años con una tendencia sumisa…; y pese a ello, la relación que se estableció tardó mucho en madurar, en evolucionar, no llegó ciertamente a cristalizar, porque ni aún siendo de 24/7 sino, acaso, de “horario laboral” + “algunas horas extras”, creo que las cosas cuestan mucho más de que se perfeccionen que en el relato expuesto. ¿como lo veis vosotros? un cordial saludo de sábado.

    16:33 | 29 Noviembre 2008

  8. En este tipo de relación no es imprescindible la violencia (golpear con látigos, varas, manos, etc.) Apuesto por una dominación un tanto más suavizada, dulce, sin dejar de ser firme.

    19:21 | 11 Diciembre 2008

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