Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Controversia sobre la infidelidad

Katie F

Estaba hace poco charlando a través de Internet en un canal cuyo tema de conversación era el de las mujeres casadas liberadas que, entre las herramientas de dominación que usan para someter a sus maridos, incluyen la de ponerles los cuernos. La moderadora del canal era una mujer muy inteligente y a quien respeto. Había descubierto este canal hacía unos seis meses, y siempre había disfrutado con las interesantes conversaciones sobre la D/s, y casi siempre estaba de acuerdo con los puntos de vista de la moderadora. Pero no fue así en esta conversación, en concreto cuando un hombre sincero preguntó por las opiniones que las mujeres teníamos respecto a esta herramienta de dominación. Como es natural, había opiniones de todo tipo, pero la moderadora no tardó en entrar vehemente en la conversación, y decirle que lo que tenía que hacer era cortar de raíz con esa práctica, o de otra manera se destruiría su matrimonio.

A modo de comentario sobre sus antecedentes, dijo que su mujer había empezado a tener citas y disfrutar del sexo con otros hombres. Su relación ya incluía la Dominación Femenina y, después de diez años, había decidido ponerle los cuernos para incrementar su sumisión hacia ella. Él estaba al mismo tiempo excitado y preocupado, lo cual es comprensible y de esperar. Aún así, la moderadora se mostró inflexible, y le volvió a repetir que tenía que cortar aquello de raíz, que lo que tenía que hacer era hacerle frente a su mujer y decirle que no le permitiría tener amantes.

Me sorprendió que la moderadora le dijera eso a un sumiso pues, en mi opinión, él no tenía derecho alguno a prohibirle nada a su mujer. Si se había sometido a su mujer durante diez años, ¿qué bien iba a hacerle a su matrimonio que ahora tratara de dominarla a ella? Estoy de acuerdo en que lo que necesitaban era hablar abiertamente del tema, y que su mujer tuviera en consideración sus sentimientos. Él no se oponía a que su mujer le pusiera los cuernos, confesaba sentirse excitado con la idea y pensaba que sería algo que le haría experimentar nuevas sensaciones como sumiso, pero al mismo tiempo albergaba unos naturales temores sobre a dónde podría conducirlos aquello. Estaba preocupado por si su mujer pudiera dejarle por otro mejor a quien conociera al ponerle los cuernos. Era un caso típico de inseguridad masculina.

Fue entonces cuando me sumé a la conversación, y pasé a la ofensiva contando mi historia. Tras haberlo hecho, la moderadora me acusó de mentir o de pintarlo todo color de rosa, porque no podía ser que lo que había dicho fuera tan positivo como yo daba a entender. Según ella, lo que yo decía iba en contra de la propia naturaleza humana desde los comienzos de la civilización; era estudiante de Historia y Sexología y, por tanto, insistía en que lo que este hombre necesitaba era seguir su consejo: hacerle frente a su mujer enérgicamente y prohibirle por completo que tuviera amantes y, si esto no era suficiente, plantearse abandonarla. Básicamente, su consejo era cargarse un maravilloso matrimonio en nombre de una pretendida acción para salvarlo.

Afortunadamente, este hombre me escribió un mensaje de correo electrónico, puesto que vio mi dirección en mi perfil, y me pidió permiso para hablar por teléfono para asegurarse que realmente era mujer. Estuve de acuerdo, y charlamos por teléfono durante dos horas. Se mostró muy agradecido por mis comentarios sobre el tema. Fue él quien me mencionó tu página web y me sugirió que compartiera mi experiencia con tus lectores, para ayudar a otras parejas. Debo decir que me siento impresionada por ti, Elise. Tu punto de vista sobre el asunto de los cuernos me parece totalmente acertado: no es algo que funcione para todas las parejas, y conlleva muchos peligros potenciales si no se realiza de forma correcta y con el enfoque adecuado.

Esta es mi historia:

He sido una mujer dominante toda mi vida. Mi padre era muy dominante y he salido a él. He sido agresiva con los chicos desde el primer día. Crecí en un familia conservadora y, debido a ello, fui virgen hasta los 20 años. Ligaba con muchos chicos, les excitaba y les dominaba psicológicamente, pero no era promiscua. En la universidad tenía un novio, con quien la relación era bastante seria, y fue con él con quien disfruté de mi primera relación sexual. Estuvimos juntos alrededor de un año. A parte de él, sólo mantuve relaciones con otro más antes de conocer a mi marido.

A los 22 años ingresé en un grupo D/s, y de los 22 a los 25 dominé a muchos hombres tanto en reuniones del grupo como en sesiones de carácter privado. A pesar de ello, sólo tuve una relación sexual con uno de los hombres a los que dominé. No se si era motivado por el estricto ambiente en el que había crecido o por alguna otra razón, pero lo cierto es que tenía muchas reservas sobre las relaciones sexuales a menos que fueran parte de una relación comprometida y duradera. Ahora que lo pienso, creo que hice bien.

A los 25, conocí a mi marido. Era agradable, complaciente y sumiso, pero no tenía ni idea acerca de la D/s. Nos conocimos, salimos y me enamoré tanto de él como para poner mis cartas sobre la mesa y confesarle mi secreto acerca de la D/s. Tras seis meses de relación, él me pidió que nos casáramos, y decidimos la fecha. Durante el compromiso, le conté acerca del grupo D/s al que pertenecía, para que conociera también esa parte de mi personalidad. No quería que se encontrara ningún tipo de sorpresas acerca de ello, pues mi intención al casarme con él era totalmente seria. Él lo entendió, y eligió casarse conmigo, pero reconoció que dudaba que pudiera ser miembro de un grupo así alguna vez. Le dije que no había problema, que dejaría de ser miembro del grupo a menos que él también lo fuera.

Nos casamos, y los primeros dos años de matrimonio fueron bastante convencionales. Tuvimos nuestras dificultades y desafíos como cualquier otra pareja que empieza, pero nos queríamos mucho y estábamos comprometidos mutuamente. Después de esos dos años, mi naturaleza dominante afloró con fuerza de nuevo. Le pregunté si al menos le apetecía asistir conmigo a una de las reuniones del grupo D/s. Lo rechazó, pero me dijo que sí estaba dispuesto a iniciarse en la D/s, a condición de mantenerlo exclusivamente en el ámbito de nuestro matrimonio. Estuve de acuerdo con él y me excitó mucho la idea de dominarle.

Mi marido era de naturaleza sumisa, como bien sabía desde que le conocí, y no tardó en someterse a mi dominio. Experimentamos con todo tipo de prácticas D/s, y le hice conocer las diferentes técnicas y actividades que más me gustaban a mí: le azoté, le flagelé y le dominé. A él le gustaba y se sometía de buen grado. El siguiente paso cambió nuestro matrimonio: decidí que la D/s no sería algo reducido a nuestro dormitorio, y fue así como le convertí en mi sumiso las 24 horas del día, los 7 días de la semana. A él le gustó, y a mí me encantó que le gustara. Una vez sometido de esta manera, le hice acompañarme a una reunión pública de mi anterior grupo D/s. Estaba nervioso y celoso cuando todos los hombres del grupo me dieron la bienvenida, pero con el tiempo mi marido se animó en el grupo y se acostumbró a verme dominando a otros hombres.

Había tenido siempre la fantasía de ponerle los cuernos, incluso antes aún de saber con quién sería. Me excitaba la idea de ser una mujer casada con amantes, mientras mi marido permanecía monógamo. Así que empecé a explorar mi deseo y a salir con otros hombres. Quiero dejar bien claro que amaba a mi marido y que el hecho de que saliera con otros hombres tenía que ver en realidad con la idea de dominarle y humillarle a él, y no porque faltara algo en mi matrimonio y quisiera disfrutar del sexo con otros. Mi punto de referencia principal era mi marido, y ésta es la clave.

En una ocasión me preguntó: “¿Por qué sales con otros hombres si dices que me amas tanto?” A lo que le respondí: “Porque puedo hacerlo”. Y es que esa es precisamente la verdad. Salgo y disfruto del sexo con otros hombres porque como mujer dominante tengo ese derecho. También creo que, como sólo tuve dos amantes antes de que le conociera, todavía me queda mucho por descubrir. Así que, una vez que vencí la mayoría de mis inhibiciones sexuales, y encontrándome en mis mejores años a nivel sexual, empecé a desear disfrutar del sexo con otros hombres. No me interesa en absoluto iniciar una relación con otro hombre, porque amo a mi marido, pero tener una cita con otro es diferente. Me gusta el primer beso, las primeras caricias, la seducción y el sexo. Me gusta tener una cita con alguien nuevo para mi, escuchar experiencias nuevas e interactuar con una nueva personalidad, con quien también puedo compartir mis experiencias, pues no las ha escuchado anteriormente. En suma, me gusta todo lo que implica el proceso de tener una cita con otro hombre.

Una vez dicho eso, quiero dejar claro que mi motivación es dominar y humillar a mi marido. Por eso hago que el proceso sea también divertido para él. Mis citas son siempre los sábados por la noche. De domingo a viernes me dedico a él, pero los sábados son mi noche de citas. Hago que me prepare para las citas, y nuestro ritual es el siguiente: me ayuda a darme un baño de sales y me acaricia por todo el cuerpo. Me gusta sentir sus manos enjabonadas en todos los rincones de mi cuerpo mientras le excito y humillo sobre los cuernos que le voy a poner. Su erección no puede ser más dura mientras me baña. Tiene que ayudarme a vestirme y le permito escoger la ropa que llevaré para la cita, incluida mi ropa interior. Su excitación llega a tal nivel que, para asegurarme de que no se tocará mientras estoy fuera, le pongo un cinturón de castidad. También le entrego una lista de tareas para realizar mientras no estoy; son tareas excitantes para él como limpiar mi ropa, mis “juguetes” o lavar a mano mis braguitas.

Hay algo importante que mencionar a la hora de conocer a tu sumiso. Conozco las limitaciones e inseguridades de mi marido, así que, aunque a mi me gustaría traer a casa a una de mis citas para que él lo viera todo o al menos lo escuchara, sé que es una situación que él no podría manejar. Es algo de lo que hemos hablado muchas veces, pero sé que es algo emocionalmente superior a él. Por tanto, siempre disfruto del sexo con otros hombres fuera de casa.

Normalmente selecciono a mis citas entre el grupo D/s, pues siempre hay solteros dispuestos, aunque también he conocido a otros solteros que no son del grupo.

Como he dicho anteriormente, disfruto con las citas que tengo con otros hombres y del sexo mientras pongo los cuernos a mi marido. Estaría mintiendo si no lo reconociera. Pero la mejor parte de todo lo que engloba serle infiel es cuando llego a casa para reencontrarme con él. Está tan cachondo y tan sumisamente entregado que me excita aún más. Es entonces el momento de disfrutar dominándole, humillándole sin piedad, azotándole, penetrándole con mi arnés-consolador y haciendo que me sirva oralmente durante mucho tiempo. Es el clímax de mi dominación y de su sumisión.

También quiero mencionar que siempre utilizo condón cuando disfruto del sexo con otro hombre. Siempre, sin excepción alguna. Pero siempre le digo que mi amante se ha corrido dentro de mí sin condón, y que quiero que me limpie con su sumisa lengua. Esto le vuelve verdaderamente loco, y su maravillosa lengua me proporciona unos orgasmos mejores que los que haya podido disfrutar con cualquiera de mis amantes. Nuestras más pasionales y placenteras sesiones D/s se producen siempre después de haberle puesto los cuernos.

De hecho, lo paso tan bien que algunos sábados por la noche salgo aunque no tenga ninguna cita concertada, pero le hago pensar a mi marido que sí, para de esa forma disfrutar a mi vuelta de nuestras intensas sesiones D/s. Primero disfrutamos de nuestro ritual de preparación previo a la cita, y después salgo, aunque en realidad sólo voy al cine o a tomar un par de copas tranquilamente. Al volver a casa él piensa que vengo de ponerle los cuernos con mi amante, y me hace disfrutar con su entregada sumisión. Ha sido de esta forma como a lo largo de los años he conocido a dos amantes, mientras estaba sola haciendo tiempo. Nunca me acuesto con alguien que acabo de conocer en la primera cita, pero me ha servido para iniciar amistades de esta manera, y contarles por qué estaba allí haciendo tiempo. Eso me asegura que si después quiero tener una cita con ellos estén ansiosos.

Llevo poniéndole los cuernos a mi marido durante los últimos cinco años. No es que tenga una cita cada sábado por la noche, ni que disfrute del sexo en cada una de mis citas, pero mi marido piensa que sí, y eso me ha servido para conducirle a una profunda sumisión. Me gusta azotarle, dominarle, poner pinzas en sus pezones y genitales, regar su cuerpo con mi lluvia dorada y penetrarle con mi arnés-consolador, pero nada tiene comparación con la poderosa sensación de dominación que experimento cuando le pongo los cuernos. Para mí es la mejor herramienta que existe a la hora de dominar a un marido sumiso.

Lo verdaderamente importante es que amo a mi marido y que no tengo el más remoto deseo de abandonarle jamás. De hecho, cuantas más citas tengo con otros hombres, más le quiero. Ningún hombre podría jamás reemplazarle. Le pongo los cuernos con la motivación correcta, y no hay nadie más en mi corazón, que es lo que tú recomiendas, Elise. Pero tengo citas con otros hombres y le pongo los cuernos porque puedo hacerlo. Eso es lo de verdad maravilloso de ser una mujer dominante casada. Disfruto de esto simplemente porque puedo hacerlo.

Elise Sutton:

Gracias por compartir tu historia. Estoy segura que mucha gente disfrutará leyendo la forma en que has conseguido incorporar con éxito la infidelidad a tu matrimonio. Cada pareja es diferente, y cada persona es diferente. El asunto de las mujeres casadas liberadas que, entre las herramientas de la dominación que usan para dominar a sus maridos, incluyen la de ponerles los cuernos siempre es controvertido. Algunas parejas me han escrito sobre las maravillosas experiencias de las que han disfrutado y otras han tenido experiencias terribles, que han incluido embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y agudo dolor emocional. Son estas potenciales experiencias negativas las que hacen que algunas personas, como la moderadora que comentabas, sean tan contrarias a la práctica de la infidelidad.

Por otra parte, hay parejas lo bastante maduras emocionalmente como para incorporar con éxito a su relación D/s el que ella le ponga los cuernos mientras él permanece monógamo. Una amiga mía, que es infiel a su marido desde hace 15 años, dice que esta herramienta de dominación es como la dinamita: usada correctamente, es muy poderosa, pero si la utilizas mal te explotará en las manos. Su forma de ponerle los cuernos es muy parecida a la tuya, sólo que ella si obliga al marido a estar presente, presenciando o escuchando mientras disfruta del sexo con su amante. Pero al igual que tú, disfruta con la preparación inicial y con las sesiones D/s después de haberle puesto los cuernos.

Hay un aspecto que es fundamental: el marido debe ser parte integrante del proceso en todas sus fases, y la mujer debe concentrarse en cómo le afectará que le ponga los cuernos.

Sólo se debería de entrar en la dinámica de la infidelidad en un matrimonio fuerte en el que ambos gocen de buena salud emocional. Sé que podría parecer que lo contrario es lo cierto, pero la experiencia real nos enseña que los cuernos destruirán un matrimonio con débil salud emocional. Sólo cuando tanto el marido como la mujer están seguros de su amor recíproco, y sólo cuando el marido confía en el buen juicio y carácter de su mujer se puede incorporar con éxito la infidelidad a una relación de pareja. Es una poderosa herramienta y, utilizada correctamente, conducirá al marido a nuevas profundidades de sumisión y proporcionará a la mujer un increíble poder. Pero es absolutamente necesario que existan los más sólidos pilares en la relación para que el potencial desasosiego emocional, y el intenso intercambio de poder que emana de la infidelidad, no la dañen. Gracias de nuevo por compartir tu historia, Katie.

4 Comentarios
  1. Yo he vivido una relacion muy parecida a la qe relata la Sra. Katie. Y es cierto el poder de sumisión que ejerce la mujer Dominante sobre el sumiso, también he de aportar el punto de vista del sumiso, y en mi caso fue muy duro y muy doloroso. Puedo afirmar con toda la rotundidad posible que nunca hubo un mayor castigo para mí.

    19:02 | 28 Febrero 2008

  2. Yo creo que no existe la verdadera dominación sin cuernos. Son imprescindibles, fundamentales. Comprendo que haya algunos que no puedan soportarlo (yo no sé si podría porque una cosa es la imaginación y otra la realidad), pero creo firmemente que no hay verdadera sumisión, verdadera entrega sin que ella te ponga los cuernos cuando quiera, como quiera y con quien quiera.
    Incluso creo que el sumiso ha de estar presente y demostrar su sumisión arrodillándose ante el macho que lo hace cornudo para reconocerlo como macho dominante, como el macho Alfa de su mujer.
    Esto puede parecer duro, pero es la prueba del nueve de que la relación es de verdadera dominación/sumisión y no un juego de cama vainilla de los sábados por la noche.

    12:50 | 1 Marzo 2008

  3. [...] algo parecido pienso también cuando leo un comentario como el que introdujo Tribada el sábado, que empieza con tan rotunda aseveración: Yo creo que no [...]

    5:10 | 3 Marzo 2008

  4. Primero: No soy sólo sumiso, sino Switch (dependiendo de la mujer y de las circunstancias). Suponiendo que los catedráticos puristas del tendido 7 de la D/s me permitan serlo.
    Segundo: Hay café descafeinado y a unos les gusta fuerte y a otros sin cafeína. Pero el café es con cafeína y la denominación con cuernos (si ella quiere claro). El café es café, la Cocacola con cafeina y la dominación con cuernos, si a ella le place porque si ella no quiere, obviamente, la dominación será sin cuernos. Pero lo demás son jueguecitos “vainilla” de sábado por la noche.

    23:51 | 3 Marzo 2008

 

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