Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Correspondencia sobre un comienzo peculiar

En el número de septiembre del 2004 se publicó en la sección de preguntas la carta y la contestación de esta revista que volvemos a transcribir a continuación. A raíz de su publicación, ha tenido lugar una interesante correspondencia, sobre lo ocurrido con el protagonista de la carta y con su novia Carolina, que pensamos que despertará el interés de nuestros lectores. Así que transcribimos a continuación, y por orden cronológico, ese intercambio de correspondencia (los títulos de los escritos, como casi siempre, son responsabilidad de la revista. Y en este caso, buena parte de la redacción, que nos hemos visto obligados a reescribir). Esperamos que lo disfruten.

Unos cuantos exabruptos

He estado leyendo su página web. Sólo porque me lo dijo mi novia, a mí no se me habría ocurrido. Y no entiendo cómo se le ha ocurrido a ella, ni por qué la lee. A ella ya se lo he dicho, pero quiero decírselo a ustedes: me resulta incomprensible que se puedan decir tantas barbaridades juntas.

Que las mujeres defiendan su igualdad ante los hombres, me parece bien y lo entiendo. Pero defender que las mujeres son superiores a los hombres me parece una completa tontería. Que el mundo esté lleno de locos no quita para que sea una locura defender eso. Si lo que hubiera leído fueran cuentos para alimentar algunas fantasías me parecería hasta cierto punto lógico, pero lo que me deja helado es que ustedes escriben las cosas como si fueran reales, y no hay quien se crea que lo que dicen les parezca real más que a cuatro locos.

Me imagino que son ustedes mujeres, pero no es sólo que digan que son superiores, sino que proponen, como si fueran normales, toda una lista de cosas para humillar a los hombres: azotarles, humillarles, maltratarles y, para colmo, no dejarles hacer el amor. ¿Cómo se puede pensar, como si fuera normal, en una relación sexual entre un hombre y una mujer en la que el hombre no puede ni tener sexo? Me imagino que no leerán lo que escriben muchas personas, pero las pocas que lo lean serán algunas mujeres resentidas que odien a los hombres. Comprendo que algunas personas tengan fantasías sexuales, y me parece bien, pero confundir las fantasías con la realidad es una muestra de locura, y tratar de convencer a la gente de que esas fantasías son normales me parece muy mal.

Me imagino que es inútil que les escriba, pero es que no entiendo que se dediquen a tratar de extender su odio hacia los hombres y, encima, que escriban como si la cosa fuera tan normal. De todas maneras, por suerte, los hombres somos muy diferentes a lo que ustedes cuentan, y no creo que vayan a encontrar muchos peleles que se dejen hacer las putadas que cuentan en su web. Hasta siempre, y espero que no les vaya nada bien con las locuras que proponen.

DominacionFemenina.net (Ana Serantes):

No creemos que tenga mucho interés para nuestros lectores una contestación a su carta, pero la vamos a contestar tan sólo por la sorpresa que nos causa su falta de respeto y el exagerado enfado que traslucen sus palabras. ¿Qué le ha ocurrido leyendo nuestra revista para que esté usted tan indignado? Si está en desacuerdo con lo que se propugna en estas páginas, no hay ningún problema: todo el mundo es libre de opinar lo que le parezca. Pero tanto le ha afectado lo que ha leído como para enviarnos esta carta, para dedicar su tiempo a soltar una buena retahíla de exabruptos. Es frecuente que entre los hombres más caracterizadamente machistas se produzcan estos ataques de pánico cuando algo remueve los cimientos en los que creen que se apoya su sexualidad, y es normal que su respuesta sea agresiva contra todas las personas que no comparten que su manera de entender la sexualidad sea la natural, la única normal.

No podemos describirle exactamente los porcentajes de lectores de cada sexo que tiene esta revista, porque resulta imposible saberlo. Pero sí que lo más probable es que la mayoría sean hombres. Porque lo que a usted le molesta tanto, la dominación femenina, no es una forma de relación que traten de imponer las mujeres a los hombres, sino que son en la mayoría de las ocasiones los hombres (por mucho que le extrañe) quienes suplican a las mujeres que les sometan. Se sorprendería si supiera la cantidad de hombres que anhelan ser sometidos por una mujer. De hecho, y aunque le cueste creerlo, las investigaciones sexológicas demuestran que ser dominado por una mujer poderosa es, con mucho, la primera fantasía erótica de los hombres.

Aquí nadie aboga por maltratar a los hombres; todo lo contrario, por construir relaciones en las que ambas partes resultan beneficiadas, porque cumplen los deseos de ambas. Se trata de relaciones entre adultos, y planteadas libremente por las dos partes. Ni las mujeres que se interesan por la dominación son unas resentidas, ni los hombres sumisos unos peleles. Más bien al contrario, en ambos casos nos encontramos con personas que tratan de construir relaciones sexuales y de pareja de una profundidad y una intensidad que, probablemente, usted desconozca. Llamar peleles y poner en duda la hombría de quienes pretenden que en su relación sus mujeres ocupen un lugar central, y dedicarse a complacerlas y a enriquecer su vida, no hace más que poner de relieve un concepto de la hombría afortunadamente en vías de extinción (aunque, por desgracia, todavía permanece en los hombres más machistas y tradicionales).

Pensar que los hombres sometidos a sus mujeres dominantes carecen de relación sexual no es más que una muestra de lo estrecha que resulta su visión de la sexualidad. Es más, podemos afirmar que la mayoría de los varones sometidos, incluso aquellos a los que, para su espanto, se les restringe el coito o sus posibilidades de eyaculación, disfrutan de una relación sexual de una intensidad notablemente superior a la que tienen hombres tan tradicionales como usted.

Para terminar, decirle que aunque no conocemos a su novia, su carta constituye una falta de respeto también para ella, puesto que ella no sólo parece leer esta revista sino que fue la que le recomendó que lo hiciera. Y nos permitimos hacernos una pregunta que quizá sea la que le tiene a usted tan nervioso: ¿Qué estará pensando su novia cuando le pide que lea esta revista? Como mínimo, tendrá que reconocer que no parece descabellado pensar que ella, al contrario que usted, esté interesada en lo que aquí se publica, es decir, en la dominación femenina y, en ese caso, nos permitimos dudar de que vaya a ser usted tan macho (en el sentido en que usted lo entendería) como para evitar futuros acontecimientos, que, en nuestra opinión, deberían transitar por dos vías: o bien acaba usted por comerse con patatas sus exabruptos o bien acaba por tener que buscarse otra novia. Por mucho que le sorprenda, a nuestro modo de ver, lo que ocurra va a depender mucho menos de usted que de ella.

La carta de la novia

Les escribo avergonzada por la pregunta que han publicado este mes [septiembre de 2004] titulada “Unos cuantos exabruptos”. Avergonzada por el tono de la carta y porque yo soy la novia del que escribe, y la que le recomendó que leyera su revista.

Por eso, lo primero que quiero decirles es que me encanta su revista. Me la recomendó una amiga, y me he leído todo lo que ha aparecido en ella. Para mí ha sido un descubrimiento.

No les voy a contar lo que me dijo él cuando la leyó, pero pueden imaginárselo por la carta que les ha escrito (y no debería haberlo hecho, porque si no le gusta, pues ya está). Pero si les voy a decir que tienen ustedes mucha razón, y también en dos de las cosas que dicen sobre nosotros: que él es bastante machista y que yo estoy interesada en la dominación femenina.

Les escribo porque no tengo experiencia, y aunque hay muchas cosas de las que publican que me serán de ayuda, pienso que voy a necesitarla. Pero hay una cosa fundamental: les pido por favor que si pueden contestarme en privado bien, si no mejor dejarlo, porque mi novio podría leer su respuesta y ya se pueden imaginar que no me conviene. Si es posible que me contesten a mi email, entonces les diré lo que les quiero preguntar.

Llevo poco tiempo con él, pero, aunque sea bastante machista, le quiero. Y quiero tener una relación. Y aunque les parezca raro, quiero intentar que esa relación sea de dominación femenina, del estilo de las que ustedes cuentan. Pero como no tengo experiencia, no sé muy bien por dónde empezar, y pienso que ustedes me podrían ayudar dándome algunas ideas.

Si es posible, les estaría muy agradecida. Me despido de ustedes volviendo a darles mis disculpas y repitiéndoles que su revista me parece estupenda. Atentamente, Carolina.

DominacionFemenina.net (Ana Serantes):

Carolina, tenemos que comenzar diciendo que no entra en nuestros planes mantener correspondencia privada. Pero también que comprendemos perfectamente el problema que nos plantea, y que nos resulta lógica la privacidad que nos solicita. Así que vamos a tratar de contestar a su correo, aunque no podemos proporcionarle un recetario que resuelva su problema, esperamos que nuestra pequeña reflexión pueda serle de alguna ayuda. Y no se preocupe por la carta de su novio, que no es responsabilidad suya.

Carolina, si está usted decidida a intentar construir una relación de dominación con un hombre que en principio se niega, tiene que comenzar, como le resultará obvio, muy poco a poco y utilizando la principal herramienta de la que dispone: su poder erótico. Tiene que empezar a poner los cimientos de la relación que quiere en la cama. Plantéelo simplemente como un juego erótico, y en un principio sin mayores connotaciones ni aditamentos. Comience a acostumbrarle a hacer el amor a su manera. Por ejemplo, hágalo, si le gusta, siempre encima, y cuando él trate de situarse encima de usted, no le deje, dígale que así no le gusta o que le gusta menos. Sujétele los brazos cuando hagan el amor, dígale que le gusta más cuando él se está quieto y la deja llevar el ritmo, y explicite que, para que el coito sea realmente satisfactorio, él no debería llegar hasta que usted no lo haya hecho, porque si no se quedaría usted a dos velas. No creemos que nada de esto le parezca raro; al contrario, le gustará. Y añada en todo el proceso lo que se le ocurra; si no está segura de algo, no se preocupe, pruébelo, y si funciona siga con ello y si no, lo deja, que no pasa nada.

Un segundo estadio podría consistir en añadir el sexo oral (si es que no lo practican desde el principio). Vaya a acostumbrándole a complacerla oralmente (una o más veces) antes de permitirle el orgasmo. Y con el tiempo, explíqueselo: que no quiere que llegue antes de que usted haya llegado una o más veces, porque se queda sin fuerza para proporcionarle todo el placer que es capaz de proporcionarle y que usted se merece. En ese momento, puede ya ir haciendo uso de un ligero e inconcreto lenguaje de dominación. Frases como: “Cómo me gusta utilizar tu lengua para correrme”, “cada vez te portas mejor”, “vaya chollo que tengo contigo”, “verdad que vas a hacerlo estupendamente y a darme mucho placer”. Dígale de vez en cuando que lo ha hecho bien, cuando lo haya hecho bien, y que no lo ha hecho del todo bien cuando sea así. Se trata de ir acostumbrándole a transformar paulatinamente el objetivo de la relación sexual, es decir, centrándola cada vez más en su placer en lugar de en el de él.

El tercer estadio podría consistir en negarle en alguna ocasión que entre dentro de usted o, incluso, el orgasmo. Muy poco a poco. Puede utilizar que un día no la haya complacido oralmente de la mejor manera posible, para decirle, por ejemplo: “Hoy no se te ha dado muy bien, la verdad es que no tengo ganas de seguir”. Y a dormir. Un poco después, haga lo mismo pero intensificando la carga de la frase: “Hoy no te has ganado tu orgasmo”. Si se empeña en llegar masturbándose, déjele en los primeros momentos, pero más tarde dígale que preferiría que no llegara, para que la próxima vez se esfuerce más, que no es más que una prueba de amor.

Planteemos un cuarto estadio, ya más explícito. Se trata de que, de manera juguetona, comience a atarle alguna vez las manos al cabecero de la cama. No compre nada extraño, ni siquiera una cuerda, hágalo por ejemplo con unas medias o con un par de pañuelos. Lo fundamental es que mientras esté atado prolongue e intensifique su excitación. Haga que dure, y excítele cuantas más veces mejor, llegue usted varias veces si le es posible, y llévele a él casi al climax varias veces sin dejarle alcanzar el orgasmo. Se volverá loco, y es más que posible que ese momento ya le parezca que no ha tenido mejores polvos en su vida. No se preocupe por tenerle así un buen rato, insistimos: se volverá loco de deseo y pasión. Las primeras veces, déjele llegar siempre; después, puede comenzar a dejarle alguna vez a dos velas, y hágalo con cierta claridad: “Estoy agotada, ya no me apetece seguir”, por ejemplo. Como antes, estará ansioso por masturbarse si no le deja seguir; permítaselo en las primeras ocasiones, pero después prohíbaselo. Dígale que no le gusta que llegue el solo, que prefiere que guarde la energía para usted. Y en este estadio sea ya más explícita con el vocabulario. Comience a referirse a su pene como si fuera suyo: “Vamos a ver que tal se porta hoy mi herramienta”, “¿qué hago hoy con mi pene?” e, incluso, pregúntele: “¿Verdad, que esto es mío y sólo para mí?”. Y acompañe todos los estadios de frases amorosas y de cumplidos: en principio, “El sexo es estupendo”, “que bien me compenetro contigo”; después: “Me encanta follarte”, “te estoy convirtiendo en el mejor hombre que nunca he tenido en la cama” o “cada vez te portas mejor”.

Un quinto estadio bien podría consistir en un nuevo paso en la suave explicitación de la dominación. Cuando le tenga a su merced, completamente excitado, comience a preguntarle cosas como: “¿Qué estarías dispuesto a hacer por mí?”, “¿qué estás dispuesto a hacer si te dejo llegar?”. En este caso, después de su contestación, bien podría comenzar a diferenciar: “¿Pero dentro de mí, o te tendrás que conformar con llegar fuera?” Y utilice ese momento para hacer que se masturbe delante de usted de manera completamente clara y un poco humillante: póngale de rodillas en la cama o haga que llegue de pie fuera de la cama…

Sexto estadio: ha llegado el momento de convertir la retórica en hechos. En medio de la relación sexual, piénsese una petición para lo que hasta ese momento había sido una pregunta retórica: “¿Qué estas dispuesto a hacer por mí?” Pida poco, pero pida. Pensemos en algún ejemplo: “Me ayudarás con las tareas de la casa… te encargarás de fregar los platos”, le puede pedir que le haga alguna tarea como algún papeleo, recogerle la ropa de la lavandería, o encargarse de hacerle el desayuno y llevárselo a la cama los domingos.

Séptimo estadio. Se trataría de convertir lo anterior en algo más rotundo y continuar explicitando la dominación. Ofrézcale, por ejemplo, una noche de ensueño a cambio de que un día del fin de semana le prepare una comida, y dígale que la noche será mejor cuanto mejor sea la comida que le ha preparado. Pero que lo haga el sólo, todo, aclárele que la idea es que usted esté como una reina, y que el haga la comida y deje la cocina después bien reluciente. Y no le ayude en nada, contémplele mientras lo hace, anímele de vez en cuando y felicítese por estar como una reina delante de él: “Esto es maravilloso”, “vaya maravilla de novio que tengo”. Y concédale el premio, bien concedido, el premio que está esperando: hágale pasar esa noche de ensueño, pero prolongando mucho el momento del orgasmo, haga que se acerque varias veces al climax, y procure que esté ya loco de deseo, desesperado, cuando le permita eyacular. Después dígale que le ha encantado concederle ese premio por lo bien que se ha portado. El final de este paso bien podría ser convertir el acontecimiento en costumbre: que cada fin de semana haga lo mismo. Pero plantéeselo explicitando que usted se lo merece: “¿No te parece que me merecería esto todos los sábados?, ¿no te gustaría tenerme como una reina cada sábado?” Así ha convertido en obligación que todos los sábados le haga la comida… o lo que haya pensado en lugar de eso.

El octavo estadio le parecerá ahora un imposible, pero no lo será ya en cuando llegue el momento. Habrá llegado usted al punto de controlar su eyaculación, y no le será difícil, créanos. Hágalo con tacto. Cuando le tenga excitado, dígale lo mucho que le gusta y que está encantada con la marcha de la relación, pero también que está tan entusiasmada con cómo van las cosas que quiere que sean siempre así, que no quiere perderse nada de la maravilla que tienen. Y para eso ha pensado que lo mejor es que le prometa que él es para usted y sólo para usted. Cuando le contesté que sí, que lo hará, dígale que entonces quiere pedirle su semen, que le prometa que no llegará nunca sin que sea para usted. Cuando vuelva a decirle que sí, hágale prometer que nunca se masturbará a sus espaldas y que sólo podrá llegar cuando usted lo quiera. No tiene que hablar de permiso o autorización, tan sólo cuando usted lo quiera, es suficiente. Deje pasar algún día, para recordarle, entonces sí, que no puede eyacular sin su permiso, y dígale que si lo hiciera su desilusión sería muy seria. Una vez obtenida la promesa, juegue con ella y explicítela de vez en cuando: “Estas en mis manos”, “dependes de mí para alcanzar el orgasmo”, “como no te portes bien te voy a tener un buen tiempo a palo seco”. Y en poco tiempo, y muy poco a poco, comience a negarle los orgasmos de vez en cuando y a espaciar el tiempo entre ellos. Pero no se acelere, vaya pasito a pasito, no le tenga más de una semana sin orgasmo, pero provóquele y manténgale bien excitado durante toda la semana.

El noveno estadio es claro, pero difícil de concretar en palabras, porque nos referimos a su actitud. La actitud dominante de una mujer constituye la mejor herramienta para dominar a un hombre, pero esa actitud, obviamente, se concreta de forma diferente en cada mujer. Pero lo que queremos decir es que ha llegado el momento de comenzar a tratarle, aunque suavemente, como un sumiso, ha llegado el momento de que usted empiece a comportarse como la dominante de la relación y a exigir. El tono y la intensidad, como el ritmo, dependerán de usted y de su percepción de cómo van las cosas, pero se trata de que comience a exigir determinados comportamientos. No simplemente a pedirlos, sino a exigirlos. Pueden ser algunas tareas domésticas: otra comida, encargarse de pasar el aspirador o de limpiar el baño. Pueden ser otro tipo de tareas que a usted se le ocurran y le convengan: hacerle recados o que aprenda a darle masaje. Primero una y después otra, pero aunque lo diga con la suavidad que le parezca conveniente, que sea con la firmeza suficiente como para que quede claro que es una exigencia. Bien es cierto que se puede exigir con cara picarona y cómplice, aunque sea evidente que no existe más que una respuesta posible: complacerla.

Y el décimo estadio podría ser la explicitación ya más evidente de la dominación. Por ejemplo: ponerle de rodillas. Póngale de rodillas y oblíguele a suplicarle para que pueda disfrutar de un orgasmo. O incluso puede decirle que si quiere seguir con usted, si quiere el privilegio de tenerla junto a él, que se ponga de rodillas y se lo pida. Cuando lo haga, abrácele, mímele y dígale lo contenta que está con él, lo bien que se porta y lo bien que va ir su relación, y no está demás, que en ese momento le diga también que va ir bien porque usted sabe como llevar la relación y lo que a él le conviene, que confíe en usted y todo irá estupendamente.

Si las cosas le han ido como creemos, es posible que en ese momento tenga usted una relación de dominación femenina, y un hombre sumiso a la espera de que ejerza y profundice su dominio sobre él de la manera y hasta el punto en que usted desee. Puede que le parezca extraño ahora, porque piensa que no le va a resultar nada fácil intentar dominar a un hombre que no quiere ser dominado. Pero pensamos que la situación cambiará con rapidez, porque en no mucho tiempo las tendencias sumisas de su novio irán despertando, y acompañarán el florecimiento de su naturaleza dominante. Su poder erótico, ejercido de esta manera, le sorprenderá en poco tiempo, cuando compruebe que él no sólo se va sometiendo a él, sino que lo hace gustoso y, con el tiempo, estará encantado y anhelante por entregarse a usted.

Como resulta evidente, no puede tomarse estos diez estadios que le proponemos como un decálogo fijo y exacto. Tendrá que modular su aplicación y su ritmo, sumar y restar cosas, todo dependiendo de su propio carácter y de sus deseos, además de acompasarlo al desarrollo de los acontecimientos. Dependiendo de esas cosas, necesitará más o menos tiempo, pero no pensamos que conseguir su objetivo sea una tarea que requiera muchísimo tiempo. Según como lo aborde y cómo reaccionen los dos, cada estadio podría estar listo en unas semanas, y en algunos meses firmemente establecida la relación de dominación femenina que usted busca. No podemos garantizarle nada, sobre todo porque desconocemos las circunstancias concretas y los caracteres personales de ambos, pero si tiene usted confianza, lo normal es que la acompañe el éxito. Y eso es lo que le deseamos, Carolina. Esperamos que nuestras propuestas le sirvan de ayuda.

El éxito del curso de aprendizaje

Vuelvo a escribiros para contaros como me ha ido después de seguir el plan que me mandasteis. Estoy entusiasmada, lo seguí casi al pie de la letra y el éxito ha sido increíble. Se nota que tenéis experiencia, porque me ha funcionado de maravilla. Cuando lo recibí no estaba nada segura de que fuera a funcionar, y mucho menos de que lo hiciera tan bien y tan rápidamente. Sólo le añadí algunas pequeñas cosas que me fueron saliendo. El caso es que después de cuatro meses de utilizar vuestro plan, y de aquella carta tan maleducada, mi novio Eduardo come en la palma de mi mano y está dispuesto a hacer lo que yo quiera. Ha aprendido rápido y bien. Os contaré como ha terminado la cosa por ahora.

Viendo lo bien que iba todo, decidí que quería hacer una especie de conmemoración, como si fuera el final del curso de aprendizaje. Hace unos diez días, le dije que le quería, que todo iba saliendo estupendamente, y que estaba dispuesta a que viviéramos juntos. Pero que si quería venirse a vivir conmigo, ya sabía cómo iba a ser la cosa, que sería yo la que controlaría nuestra relación. Le dije que pensara bien lo que quería hacer y tomara la decisión, y que si decidía venirse a vivir conmigo (mi casa es más grande que la suya) tendría que presentarse en mi casa con sus primeras cosas en cuatro días (elegí ese día porque se cumplían los cuatro meses desde que comencé con vuestro plan, y quería celebrarlo). Pero le puse dos condiciones: la primera fue que supiera que nada más entrar iba a recibir un buen castigo con una fusta (que yo había encargado por Internet), que pensaba que necesitaba un castigo de vez en cuando para que se portara bien y estuviera pendiente de mí (puso una cara de asombro que me encantó, pero no se atrevió a decir nada). La segunda condición fue que tendría que escribiros a la revista pidiendo perdón por aquella grosera carta que os había enviado. Le dije que no me contestara, que si estaba de acuerdo no tenía más que venir a la casa a recibir su castigo en nuestro primer día de vivir juntos.

El día que le dije, el viernes, se presentó aquí como un corderito. Yo estaba entusiasmada, porque le quiero, y porque estaba dispuesto a hacer lo que yo quisiera. Nada más llegar, y dejar las cosas que traía, le dije que se pusiera de rodillas y que fuera él quien pidiera recibir su primer castigo. Y me lo pidió, me pidió que le castigara (me parece increíble). Era la primera vez en mi vida que azotaba a alguien, y no sé si lo he hecho muy fuerte o no; la verdad, creo que no, pero el culo se le puso rojo. Le di diez veces con la fusta y, aunque poco tiempo antes me hubiera parecido increíble, me gustó. Me sentí fuerte, me sentí poderosa, y me excité. Nada más terminar, hicimos el amor, pero me acordé de lo que tenía que hacer, y no le dejé llegar. Además, ya tranquila, aproveché para recordarle su promesa de que nunca llegaría sin mi permiso, y le dije (lo había leído en vuestra revista) que si un día le descubría masturbándose le echaría de casa.

Cenamos en casa, la cena que yo había preparado, pero le dije que tendría que acostumbrarse a ir haciendo las cosas de la casa, que no pensara que iba a hacérselas yo, y que para empezar fregara los platos de la cena. Le dije que ya le iría diciendo las cosas que iba a tener que hacer. Y a todo me decía que sí. Estaba contento (y además se había quedado bien excitado después de pasar por la cama sin haber podido llegar). Estuvimos charlando un rato, pero al rato yo tenía ganas de marcha y nos fuimos a la cama. Hicimos el amor de forma muy apasionada, y esta vez yo no me contuve y llegó dentro de mi. Nos dormimos abrazados y felices los dos.

Pasamos el fin de semana casi sin salir de casa. Hicimos mucho el amor. El sábado le hice barrer y fregar la casa, y le dije que se pusiera a escribiros la carta que le había dicho. El domingo le tuve acariciándome el cuerpo, después de comer, durante casi una hora hasta que me entró sueño y me dormí, y al levantarme le volví a azotar otra vez con la fusta. Mientras lo hacía, le dije que lo hacía para que se portara bien y se esforzara por servirme bien. Me dijo que sí, que se esforzaría para que estuviera contenta. Cuando terminé, me quedé sorprendida al ver que su pene se había puesto grande, y le dije que estaba claro que quería ser mi esclavo, que quién se lo iba a decir a él, con las cosas que decía hace sólo tres meses. Me dijo que sí, que quería ser mi esclavo y hacer lo que yo quisiera.

Estoy entusiasmada. Cuando leía vuestra revista no estaba nada segura de que esas cosas pudieran pasarme a mí. La verdad es que a veces pensaba que a lo mejor eran algo exageradas las cosas que leía. Me atraían, pero no creía que un día fueran a convertirse en realidad para mí, y mucho más pensando en cómo era Eduardo. Sin embargo, ahora me siento una mujer dominante, me siento fuerte y capaz de cualquier cosa. Creo que nuestra relación irá muy bien, y estoy segura de que voy a ser yo quien la controle. Creo que os estaré eternamente agradecida por vuestra ayuda, y porque vuestra revista me haya descubierto la dominación femenina.

Os mando también la carta que os ha escrito Eduardo. Me parece que sería interesante poner en la revista las dos, pero también la que me escribisteis con el plan para dominarle, porque podría ayudar a otras mujeres que estuvieran como yo. Espero que estemos en contacto y que vuestra revista dure mucho, muchas gracias por todo, de verdad, Carolina.

Quién te ha visto y quién te ve

Les escribí una carta el pasado mes de agosto, la que publicaron en septiembre con el siguiente título: “Unos cuantos exabruptos”. Ahora les escribo, para pedirles disculpas, y lo hago humildemente por dos razones: porque me lo ha pedido mi novia (que fue la me descubrió su página web) y porque me doy cuenta de que estaba equivocado. En realidad, más que pedírmelo mi novia, me lo ha exigido después de que, por primera vez en mi vida, una mujer me haya golpeado el culo hasta dejármelo escocido.

Ahora veo que tenían ustedes bastante razón en lo que me contestaron, pero entonces no me daba cuenta. Todo lo que contaban me parecía increíble, y no me podía ni imaginar que acabara pasándome a mi. Les pido disculpas de veras. Ahora sé que no eran cuentos de mujeres resentidas sino algo muy real, pero entonces no me lo podía ni imaginar. Creía que estas cosas sólo les pasaban a los pervertidos, pero me ha pasado a mí. Y tenían razón: estoy loco de pasión por mi novia y por hacer lo que ella quiera. Nunca había sentido un amor tan intenso por una mujer, y tiene que estar relacionado con lo que me está pasando y con lo que ustedes cuentan. Aunque me siento raro por lo que está ocurriendo, estoy dispuesto a seguir hasta donde ella me pida. Tengo la sensación, además, de que no puedo evitarlo, de que es algo superior a mí; pero también tengo que reconocer que estoy disfrutando muchísimo con lo que está ocurriendo. Estoy todo el día deseando estar con ella, amarla, tocarla, etc.

Me cuesta escribir más, porque estoy hecho un lío. Pero acepten mis más sinceras disculpas, por favor. Ahora me doy cuenta de que no sabía lo que escribía. A partir de ahora leeré con mucha atención todo lo que cuelguen en su página web, estoy seguro de que me servirá. Les ruego que me perdonen otra vez, y me despido atentamente de ustedes.

DominacionFemenina.net (Ana Serantes):

Bien, como decíamos al comienzo, pensamos que estarán de acuerdo en que esta correspondencia tenía un notable interés. En realidad, poco hay que añadir, puesto que la secuencia se explica por sí sola, y lo mismo puede decirse de las consecuencias que deben extraerse.

Sin embargo, teníamos algunas reticencias a cumplir la solicitud de Carolina y publicar todos los textos. ¿Por qué? Por lo que respecta a lo que ella denomina nuestro “plan”, la propuesta de actuación gradual que le hacíamos para contribuir a facilitarle su objetivo: la dominación de Eduardo. Teniendo en cuenta el éxito obtenido, y que Carolina nos ha relatado, podría extrañar nuestra reticencia a publicarlo. Pues bien, esa reticencia se sostiene en el convencimiento de que ese éxito está basado, en buena medida, en el hecho de que el protagonista desconociera la existencia de ese “plan”. Si Eduardo hubiera podido leer en esta revista los detallados estadios que le recomendábamos a Carolina, parece lógico suponer que el susodicho plan se hubiera encontrado con mayor resistencia por su parte. Para él las cosas, aunque hayan sido rápidas, han ido aconteciendo con una “naturalidad” que no se habría producido si hubiera sabido que eran parte de un plan preestablecido. Y eso es algo que puede ocurrirle a cualquier otra mujer que intente ponerlo en práctica una vez publicado en estas páginas. No obstante, al final hemos decidido asumir ese riesgo y publicarlo todo, porque nos parece que la experiencia tiene mucho interés.

Ese interés proviene en buena parte de lo escasamente habitual que resulta que sea la mujer la que acometa la dominación, y más raro aún que lo haga con un hombre que no sólo se niega a plantearse tan posibilidad sino que le parece despreciable. Sin embargo, la primera pregunta que viene a la mente es clara: ¿Eduardo no quería ser dominado o no sabía que quería que le dominaran? Porque, evidentemente, ahora sí quiere. Y como quiere, y es libre de negarse a aceptar lo que le está ocurriendo, no puede argumentarse que haya sido obligado a hacer nada, que una pécora le ha engatusado; en realidad, lo que ha sucedido es que una mujer le ha descubierto su personalidad sumisa y el se ha sometido voluntariamente, y de muy buen grado, a esa mujer.

Podemos seguir haciéndonos preguntas: ¿es tan fácil dominar a un hombre incluso aunque se oponga? Muchas veces sí, si una mujer está decidida y sabe lo que se hace, en efecto, dominar a un hombre puede resultar sencillo. Ese proceso depende fundamentalmente de la actitud, la sabiduría y la decisión de la mujer, porque son muchos los hombres incapaces de resistirse al poder erótico que emana de una mujer dominante y decidida. El éxito de un pequeño decálogo de comportamientos a adoptar por la mujer de cara a la dominación de su hombre, como el ofrecido a Carolina por DominacionFemenina.net, revela con claridad esa indefensión del hombre a la que nos referimos.

¿Es efectivamente tan poco habitual el caso que nos ocupa? Es por lo menos minoritario. Todavía son pocas las mujeres conscientes de ese poder del que disfrutan sobre los hombres, pese a que su número se ha incrementado con la liberación de las mujeres en los últimos tiempos. Pero nos parece claro que este tipo de situaciones van aumentar con el tiempo, a la par que crezca el número de mujeres liberadas, que irán siendo conscientes de las ventajas que proporciona la dominación femenina a la hora de construir sus relaciones de pareja. Ventajas para ellas, en primer lugar; pero también para ellos, como reconoce implícitamente el propio Eduardo en la carta en la que se disculpa. Y resulta obvio que las generaciones jóvenes de mujeres, mucho más desprejuicidas, practicarán cada vez más la dominación femenina y utilizarán su poder erótico en grado creciente tanto en sus relaciones personales como en las profesionales. En este campo, jugamos con el tiempo a favor.

Bueno, Carolina, nos alegramos de haberte servido de ayuda, aunque pensamos que el componente fundamental de tu éxito te corresponde a ti, ha sido tu decisión y tu actitud lo que te ha permitido alcanzar tu objetivo. Y con un éxito que te tiene entusiasmada. También nos alegramos por ti, Eduardo, estamos convencidos de que tu vida va a resultar notablemente más rica y, desde luego, excitante ahora que has descubierto el camino de la sumisión. Pero es fácil intuir que ese camino no ha hecho más que comenzar para ti. La explosión de la naturaleza dominante de Carolina la llevará a profundizar tanto en su dominio como en tu sumisión. Vuestra historia de dominación femenina está en sus inicios, os esperan buenos tiempos, y os deseamos que los disfrutéis.

2 Comentarios
  1. [...] Desde esta perspectiva, Carolina, quizá pueda darte alguna idea el pequeño decálogo, y necesariamente limitado y esquemático, que le escribí hace casi cuatro años a una mujer –que, ¡casualidad!, tiene el mismo nombre que tú– que me pedía ayuda para dominar a un novio que se negaba a ser dominado. (Lo he preparado para que salga hoy en la Revista, y lo encontrarás por el medio de esa larga entrada titulada: “Correspondencia sobre un comienzo peculiar”. [...]

    7:08 | 29 Abril 2008

  2. ¡¡Me parece sencillamente extraordinario!!

    ¡¡Menuda historia!!
    Me he divertido mucho leyendola, y siento una cierta envidia, pero tambien alegría y esperanza leyendo cosas como esta.

    No recordaba haber leido esto en dominacionfemenina.net
    Mala memoria la mia, supongo.

    Un saludo

    20:51 | 26 Mayo 2008

[X] Cerrar