Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Cuando ella dice sí

Lalo López

Se habla muchas veces en esta revista sobre el momento previo a la aceptación por parte de la mujer de la dominación femenina (DF), y de cuando ya está plenamente desarrollada. Rara vez comentamos la situación en la que la mujer comienza a interesarse por el tema –aunque aún no esté decidida del todo–, y en esas ocasiones se incide en la mujer, no se piensa en las posibles incertidumbres o recelos que pudieran surgirle al sumiso. Parece que el sumiso es alguien segurísimo de su deseo, y que nunca le van a asaltar dudas… No creo que sea así.

Normalmente, esto ocurre porque es el hombre quien lleva a la mujer a una relación DF. Suele ser exponiéndole y poniendo en práctica las ventajas que para ella reporta. Poco a poco, ella va viendo las satisfacciones que conlleva, y es habitual que, al principio, se haga la remolona. Necesita tiempo para adaptarse a la nueva situación. El hombre tiende a insistir, y le muestra un amplio abanico de placeres. La mujer se deja llevar, no sin ciertas dudas.

Llega, no obstante, un momento, en que la mujer, atraída por el nuevo escenario, decide probar. “Si es cierto que mi placer es lo primero, entonces habrá que ver qué ocurre si realmente es así”, parece decirse. La mujer toma confianza, y comienza a ejercer el poder que le concedemos. Esta etapa es, para el sumiso, bastante confusa. Acostumbrado a llevar la voz cantante y a animar constantemente (sin ser pesado, claro está; una relación de pareja es mucho más que todo esto), de repente ve como la mujer no sólo reacciona ante sus ideas, si no que acciona. Ella empieza a conducir la relación hacia sus deseos particulares. No es que las propuestas de él sean rechazadas (¿hay algo peor que un hombre que se reduce a ser un sumiso y pierde toda iniciativa?), si no que nacen las suyas propias, en consonancia con la nueva visión de la relación.

Probablemente, ante este panorama, el hombre se sentirá desubicado. Las primeras veces que ella ejerza el dominio, estará fuera de lugar. Hasta ahora, quería ser el sumiso; ahora, lo está empezando a ser. Esto produce cierta desazón, y las dudas –hasta ese momento, patrimonio exclusivo de la mujer–, nacerán en el hombre que desea entregarse. ¿Realmente, me gusta esto? ¿Le gusta a ella o lo hace sólo por complacerme? ¿Dejará de amarme si me convierto en su sumiso?

Las dudas no son malas, y en cierto modo, ayudan a afianzar la relación, y a plantearla tal y como ambos la desean. Cada pareja las resolverá en forma y ritmo distintos. Una relación de pareja no se cimenta en la DF, si no en el amor, el respeto y la complicidad. La DF es una forma de expresión del amor, pero no es el amor en sí. Por ello, no hay que tener miedo a exponer a nuestra pareja los temores que nos surgen, como en cualquier otro aspecto de la vida. Una vez más, es la comunicación sincera lo que nos lleva a buen puerto.

Realmente, todo va bien: lo único que ha cambiado es que, si hasta entonces ha sido él quien ha planteado, ahora ha llegado el momento de que ella proponga. Hemos sido educados en una sociedad machista, y dar el paso real de servir a una mujer no es fácil. Casi con toda seguridad, este paso se hará con naturalidad, según vayan surgiendo las cosas, y serán en esas situaciones cuando nazcan las incertidumbres. En estas circunstancias, el hombre precisa de comprensión y apoyo para seguir adelante. No hay nada más lógico –y humano–, que sentir un poco de miedo en estos instantes; las vacilaciones en este punto, las estimo incluso convenientes.

Las dudas suelen pasar, y la mujer irá desarrollando cada vez más su lado dominante. Lo que muchas veces se nos olvida es que nosotros también hemos de aceptar lo que tanto hemos deseado: ser sumisos. Y algo muy importante: una cosa es desearlo y otra serlo. Sí, también hemos de desarrollar nuestro lado sumiso y, al igual que a ella le entran dudas sobre su papel, nos pasa a nosotros con el nuestro. Una vez pasada esta fase, nuestro compromiso se hará más real y auténtico, y tendremos una base segura y estable para seguir avanzando.

Como en el paso previo de nuestro ofrecimiento, tampoco hay porqué tener prisas. Poco a poco se va construyendo una relación, y la DF es una parte más de ella. Ni más ni menos.

2 Comentarios
  1. Las incertidumbres, dudas y miedos del sumiso lo hacen más morboso e interesante.

    12:14 | 15 Junio 2008

  2. Efectivamente, dudar es muy humano, máxime cuando la persona se adentra en un territorio inexplorado previamente; en este caso la DM.
    Pero en mi caso, prefiero a adoradores curtiditos en mil y una batallas y muy seguros de lo que desean y de lo que espero de ellos.

    Besitos Lalo :)

    16:52 | 15 Junio 2008

 

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