Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Discrepancias sobre el servicio doméstico

DominacionFemenina.net (Ana Serantes)

Publicamos el artículo de Lalo López titulado “Sobre el servicio doméstico”. Fue un ejemplo de que no tenemos necesariamente que suscribir todo lo que se publica en esta revista. Y lo es porque no compartimos lo que sostiene Lalo López en su texto. Así que ahora nos permitimos mostrar nuestro desacuerdo con algunas de las cosas que reflejaba ese artículo.

No sabemos, porque Lalo no lo dice, si sus criterios están sostenidos sobre la experiencia real. Si así fuera, y a él le funcionara, bien estaría. Pero otra cosa diferente es que compartamos lo que, en nuestra opinión, es la vieja costumbre de hacer de necesidad virtud. Por eso nuestra primera discrepancia de calado se encuentra en la idílica visión del trabajo doméstico que muestra: “Las tareas domésticas relajan mucho… Son buenas para la salud… Todas ellas son un placer”. Pues, en ese caso, no se entendería por qué, como escribe Lalo, “muchísimas mujeres detestan los quehaceres domésticos”. La realidad, a nuestro juicio, es que, efectivamente, “muchísimas mujeres detestan los quehaceres domésticos”, y muchísimos hombres, porque no son ningún placer. De hecho, si lo fueran, la dominación femenina consistiría en que las mujeres mantuvieran en su poder ese trabajo, en lugar de endilgárselo a sus hombres. Y en cuanto se han liberado, las mujeres han salido de la casa y han intentado abandonar o compartir el trabajo doméstico, y los hombres continúan mayoritariamente intentado escaquearse de esa labor… por algo será.

¿Quiere ello decir que un hombre no puede encontrar ningún placer en la realización de las tareas domésticas? Ni mucho menos. El hombre sumiso halla su placer en el servicio a la mujer que le domina, y disfruta de servirla y liberarla de los trabajos más rutinarios y menos enriquecedores. Pero el placer está en el servicio y en la sumisión, no en el propio trabajo doméstico. Efectivamente, satisfacer a su mujer, verla contenta con el servicio que se le presta y disfrutar de lo que ella le devuelve proporciona un enorme placer, que cualquier buen sumiso conoce sobradamente.

La otra discrepancia importante reside en la visión que el artículo deja traslucir sobre las mujeres. Una visión en la que las mujeres parecen ser esos elementos pasivos que deben dedicarse fundamentalmente al cuidado de su cuerpo para lucir hermosas, imaginamos, que para los hombres. Veamos: “Estas horas que nosotros le regalamos, la mujer las aprovechará para dedicarse a ella… las empleará en su cuidado personal… al cuidado de sus encantos… a acudir a centros de belleza, peluquería, etc.” Afortunadamente, hoy, las mujeres, hayan descubierto o no su naturaleza dominante, se comportan de una manera que tiene poco que ver con este antiguo estereotipo. Ello no significa, por supuesto, que no se preocupen por su presencia física, pero no constituye, desde luego, el centro exclusivo, ni siquiera en la mayoría de los casos el primordial, de sus actividades.

Pero esa visión de las mujeres se complementa además con otro extraño criterio: “El hombre perfecciona su cuerpo con ese trabajo; la mujer estropea el suyo”. ¿Por qué? Pues en opinión de Lalo, porque “la mujer precisa de más atenciones y menos fatiga para lucir hermosa”. Ha pasado ya mucho tiempo, por fortuna, desde que era común mantener el criterio de que el ejercicio y las tareas duras no eran propias del sexo femenino. Hoy, las mujeres realizan ya todo tipo de trabajos duros: en la construcción, en la policía o el ejército, conducen autobuses o camiones, etc. Las mujeres realizan en la actualidad todo tipo de deportes con un éxito más que notable. Y las mujeres continúan siendo hermosas. En realidad, cada día más hermosas, porque su liberación y su dedicación a todo tipo de tareas y ejercicios se ha plasmado en un fortalecimiento de sus cuerpos y en un crecimiento en estatura muy notable. De hecho, no son pocas las deportistas que se encuentran entre las mujeres de físico más admirado por los hombres en la actualidad. Incluso en sus facetas más extremas, como demuestra el éxito, especialmente entre los hombres sumisos, que tienen las páginas de Internet dedicadas a la lucha femenina, en las que se muestran mujeres de una fortaleza y un cuerpo excepcionalmente desarrollados. En suma, la liberación de la mujer en las últimas décadas ha venido a demostrar justo lo contrario de lo que se sostiene en este artículo: las mujeres están preparadas para cualquier trabajo que deseen acometer, y no precisan de más atenciones y menos fatigas para lucir hermosas.

Para terminar, insistimos en que si este criterio le funciona a Lalo en su relación, bienvenido sea… para él. Pero no nos parece, ni mucho menos, que sea o deba ser extensible al común de los hombres. Y queremos mostrar nuestro desacuerdo también con otra de sus afirmaciones: “No olvidemos que el verdadero escenario para desarrollar sin cortapisas una relación íntima es el dormitorio. Sacar determinadas conductas de ese espacio nos lleva al territorio de los obsceno (que significa sacar algo fuera de su escena natural)”. Desde luego, no nos parece que el verdadero escenario de la dominación femenina sea exclusivamente el dormitorio. Ese es el escenario en el que se practica el sexo, en el que se pueden montar las escenas de dominación que se quieran, pero la dominación femenina es, afortunadamente, mucho más que simple sexo y, por lo tanto, encuentra muchos otros escenarios más allá del dormitorio… y muchas otras actividades más allá del sexo. En realidad, lo que consigue la dominación, entre otras cosas, es añadir un componente erótico, o directamente sexual, a muchas de las actividades cotidianas que realiza la pareja. También, por ejemplo, a las tareas domésticas que el varón se ve “obligado” a realizar; y ese es otro componente fundamental de su disfrute a la hora de llevarlas a cabo.

Esperamos que no se entiendan estas discrepancias como una recriminación, porque, en nuestra opinión, controversias como esta sirven para aclararnos todos y para ampliar nuestros puntos de vista sobre la dominación femenina. Así que bienvenida sea la discusión, y animamos a cualquiera que quiera disentir de las opiniones que se publican en esta revista a hacerlo con total libertad.

4 Comentarios
  1. Las tareas domesticas hay que hacerlas para conseguir orden, limpieza y un entorno digno. Con su dedicación ancestral las mujeres han procurado, haciendo estas labores, mantener los hogares deseables como refugio de la familia. La rutinaria labor la hacian para ella y para el resto de la familia.
    Los sumisos deben considerar un honor generar ese ambiente a Su Dueña. Liberarla de la rutina y mostrarla las ventajas de una relación Domina-sumiso es una forma de conquistarla.
    Las tareas de la casa no son agradables, ni placenteras pero si deben ser asumidas como tales para conseguir vencer las reticencias de la Mujer a asumir la relación D/s en un entorno guay.
    Estas tareas a veces son duras y que las haga el varon le viene bien, para realizar un trabajo fisico para el que se supone que esta más dotado, no, porque no las puedan hacer ellas (las llevan haciendolas toda la vida) sino porque siempre hemos alardeado de ser superiores fisicamente, pues demostremoslo.
    Las tareas del hogar no solo son fisicas, sino que tambien hay creatividad en la cocina, organización en la forma de abordarlas, dinamismo realizandolas, etc… por tanto, no debe infravalorarse su realización.
    Circunscribir el escenario al dormitorio me parece inadecuado y escasamente progresista en una relación libre de dominación amorosa, donde, desde mi punto de vista, los limites tanto de lugar como de tiempo deben marcarlos los sujetos de la relación. Quedarse enjaulados en un determinado espacio no es lo que yo busco.
    Su devoto seguidor

    17:02 | 14 Abril 2008

  2. Me gustaría hacer un inciso…
    Bajo mí punto de vista, pienso que las tareas de casa se deben compartir entre los miembros que viven en esa casa. En mi casa somos dos adultos y un niño y cada uno colabora en la medida de sus posibilidades.
    Otra cosa es que en un momento puntual (es decir cuando el niño no está en casa), escenifiquemos el que mi sumiso, desnudo y con delantal, o con cofia o con la pajarita de “fermín”, sea la criada o el mayordomo que realiza las tareas.
    Ya sé que cada relación D/s es un mundo y que las circunstancias cambian. Quizá si no tuviera un hijo y estuvieramos los dos solos las cosas serian diferentes.
    Un saludo,
    Leo

    13:57 | 15 Abril 2008

  3. Hola, Leo:

    Lo primero es lo primero: felicidades a tu hijo por su cumpleaños.

    Yo no diría que “las tareas de la casa se deben compartir”. Y no lo diría porque no las comparto. Pero sí creo que se “pueden” compartir. Se puede hacer lo que cada pareja estime oportuno. No creo que haya reglas; aunque en mi caso, las reglas son las mías y las marco yo. Y son simples: yo no hago prácticamente nada de las labores domésticas, y mi chico hace las que la asistenta no puede hacer, entre las que destaca fundamentalmente cocinar.

    Como dices, Leo, “cada relación D/s es un mundo”, y mi mundo funciona así, y tampoco a mí se me ocurriría defender que así debe funcionar el mundo de los demás. Claro que mi hija salió de mi mundo cotidiano hace ya casi ocho años, es decir, que yo no estoy en tu situación en este sentido.

    Felicidades por tu blog, y un abrazo,
    Ana

    21:02 | 15 Abril 2008

  4. [...] públicamente la deferencia que tuvisteis al enviarme vuestra editorial antes de ser publicada, “Discrepancias sobre el servicio doméstico”, dándome la oportunidad de rebatirla en el mismo número que salía; mis obligaciones laborales [...]

    7:01 | 23 Abril 2008

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