Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Disquisiciones sobre el término esclavo

Miguel Vilar

Cuando acudimos a los textos sobre la dominación femenina, a casi todos, los términos que encontraremos con más frecuencia son dos: ama y esclavo. Si acudimos a la Real Academia de la Lengua, las definiciones más extendidas de esos términos son claras y conocidas: un ama sería la dueña o poseedora de alguien, y el esclavo sería ese alguien, la persona que carece de libertad por estar bajo el dominio de la primera. Estos significados no son sólo los que atribuye la Academia, sino que de esa manera lo entiende también el común de los mortales.

Y desde ese punto de vista, es esclavo quien carece de la libertad para decidir no serlo. Ahora bien, con ese criterio, ¿qué relación tiene la dominación femenina con la esclavitud? La respuesta es clara: ninguna. Un esclavo es el que no puede evitar serlo, y en el espacio de la dominación femenina no se da nunca esa situación. Más bien la contraria: en la mayor parte de los casos ha sido el denominado esclavo el que ha rogado y suplicado que le esclavizaran y, en muchas ocasiones, quien ha animado y convencido a la mujer de sus anhelos para que se transformara en su ama. El proceso que lleva a la relación de dominación parte siempre de la voluntariedad con que los actores asumen el papel que desempeñan.

Es cierto que una vez conformada y desarrollada la relación de dominación, pueden darse circunstancias en las que aquel a quien llamamos esclavo se vea obligado a realizar actos o a tomar decisiones contra su voluntad. Sin embargo, esos actos o decisiones no implican esclavitud en lo fundamental, puesto que siempre puede tomar la decisión fundamental que le estaría vedada a un auténtico esclavo: romper la relación, y abandonar a quien supuestamente le posee. Por lo tanto, si nos atenemos a la más común de las acepciones que se aplican al término esclavo, podríamos decir que esa situación nunca se produce en las relaciones de dominación femenina, puesto que estas son voluntariamente asumidas por las dos partes. La esclavitud y la dominación femenina no son conceptos relacionados en su sentido más estricto.

Y siguiendo con este mismo punto de vista, tendríamos que convenir que el término correcto para calificar a los varones implicados en estas relaciones es otro: sumiso, a quien la misma Academia define como rendido, obediente, enamorado. Es decir, con una definición que sí resulta claramente aplicable a los varones que se someten voluntariamente a la autoridad de sus mujeres. Y esa mujer no es, en realidad, su ama, sino quien le domina. En consecuencia, sumiso y dominante son los términos más apropiados para calificar a los dos componentes que integran una pareja de dominación femenina.

Sin embargo, y pese a que lo dicho no resulta nada original, pues es bien sabido, tenemos que tratar de comprender por qué las palabras ama y esclavo son las más frecuentes en este tipo de relaciones. Por qué se utilizan términos que no parecen corresponderse con el significado exacto que se les atribuye. Dos son las razones fundamentales, dos poderes: el erótico que las mujeres tienen sobre los hombres y el de evocación que tienen las palabras.

El poder erótico que la mujer dominante ejerce sobre el varón hace que éste se sienta, en no pocas ocasiones, desvalido, impotente para resistirse a ese poder. Y esa impotencia le hace sentirse esclavo de su deseo. De un deseo que algunos dirían que puede combatirse o mantenerse a raya; pero quienes lo dicen no han experimentado de verdad la fuerza erótica que puede ejercer una mujer que sea consciente de que la posee. La mujer dominante, que sabe de su poder, puede ejercerlo de una manera a la que los varones difícilmente son capaces de resistirse. Si esta situación no es asumida generalizadamente, se debe a que aún son pocas las mujeres que han liberado completamente ese poder de dominación que poseen en nuestra sociedad. Y también a que muchos varones, ignorantes de su tendencia sumisa o que tratan de combatirla, esconden lo que, en el fondo, todos sabemos: que la sexualidad les proporciona a las mujeres un poder sobre nosotros que existe desde que el mundo es mundo (lo cual no niega que hayamos utilizado el poder masculino que detentamos en las sociedades patriarcales para contrarrestarlo con notable éxito… hasta ahora).

Pero pasemos a un terreno más onírico: en las fantasías y los sueños de los varones sumisos, la esclavitud ocupa un lugar bastante extendido. Son muchos los que sueñan o han soñado alguna vez (bien despiertos) con ser realmente esclavizados por una mujer, con ser sometidos por ella contra su voluntad. Es verdad que son fantasías eróticas que nada tienen que ver con la realidad, porque casi ningún varón, por muy sumiso que sea, se dejaría esclavizar de verdad por una mujer. Pero esa irrealidad no le resta fuerza al poder evocador de las ensoñaciones en las que los varones sumisos nos podemos contemplar transformados en auténticos esclavos.

Además, las palabras no sólo evocan, sino que ayudan a conformar la realidad, la transforman. El sumiso gusta de ser llamado esclavo porque de esa forma se acerca al estatus de su viejo sueño, y porque en la relación cotidiana su sumisión se explicita y se refuerza al ser calificado con ese término. Puede que no sea realmente un esclavo, pero al ser llamado así, su dependencia y subordinación se constatan y, por lo tanto, se hacen más presentes, más reales. Esa es también una de las razones por la que muchos sumisos se complacen llamando ama a quien les domina, porque remarcan el poder que ejerce sobre ellos y, en consecuencia, su propia sumisión.

Y lo mismo les ocurre a las mujeres que convienen en utilizar estos términos. La mayoría lo hace impulsada por sus compañeros, pero si continúan haciéndolo cuando su dominio se ha asentado es porque encuentran sentido en hacerlo. Porque ser llamada ama le recuerda su poder sobre su sumiso, explicita la dominación que caracteriza la relación y el intercambio de poder que conlleva. Algunas mujeres utilizan esos términos sólo por complacer a sus sumisos con algo que, a la postre, no les cuesta mayor esfuerzo, pero otras lo hacen, o acaban haciéndolo, por propia iniciativa. Porque esos términos revelan el poder que han adquirido y con el que disfrutan, por lo que les gusta que esa situación sea permanentemente recordada y constatada por medio de esas palabras. Resulta claro que esas mujeres no son, en sentido estricto, amas, pero también que el término las complace y las eleva por encima de quien las sirve con más fuerza evocadora de lo que lo hace la palabra sumiso.

Es esta asunción de esas palabras la que delata la inutilidad de una polémica sobre la que se ha escrito en muchas ocasiones en los textos que versan sobre la dominación femenina. Porque es tan cierto que los términos no reflejan una realidad empírica como que resultan funcionales para quienes los utilizan. En esos casos, son las palabras las que se acomodan a la realidad que se quiere construir; y lo importante no es si se utilizan con exacta propiedad semántica, sino si ayudan a construir la relación que se persigue. Además, y para terminar, quienes recurren a esos términos tampoco contravienen la prescripción del diccionario, que también proporciona una definición posterior, más literaria, que bien se aviene con lo que se pretende decir cuando se utiliza la palabra esclavo: rendido, obediente, enamorado.

3 Comentarios
  1. He leido con mucha atencion su disquisicion y concuerdo casi plenamente en sus conclusiones. Yo mismo he pensado en las definiciones a que hace referencia, creo que algo no termina de cerrar en su discurso, con todo respeto, le hago llegar mi criterio al respecto. Por un lado usted hace hincapie en la terminologia y a mi entender la refiere como obsoleta y fijese que usted mismo hace referencia como valido al diccionario de la RAE, en el mismo se habla del esclavo como el que pertenece y carece de libertad y del ama como la dueña de ese ser, en ningun caso habla en tiempo pasado de la situacion en cuestion, o sea que los terminos son vigentes y por lo tanto de hecho posibles. La esclavitud es algo que ha existido, tan real como la humanidad misma y existe hoy en dia legal o ilegalmente y la prohibicion de algo que existe es una contradiccion en si misma. Pero se que hablamos de la esclavitud en terminos de roles ente varones que somos y mujeres dominantes, concuerdo que en general no existiria ninguna relacion entre ambas cosas, pero si y de hecho existen situaciones que se asemejan bastante y de ahi creo yo que por mas amplio que sea el idioma y tan rico que es, no existen terminos que se adecuen mas a esas circunstancias.
    Insisto en acordar con usted que ambos terminos son absolutos y opuestos en su esencia, por lo que yo tengo mas inclinacion a observar situaciones de la vida real mas que las sesiones de BDSM que en lo particular me parecen solo una escenificacion de lo que en realidad ha sucedido historicamente, creo que solo habria esclavitud existiendo algun motivo que lo sustente y creo tambien que algunas de esas historias, solo algunas se filtran a veces y por lo tanto tenemos acceso a ellas, como ejemplo un caso real llevado al cine en dos ocasiones, la novela “El esclavo del atico” o “The Man in the Atic” tiene dos versiones, la ultima portagonizada por Anne Archer en 1995 bajo el titulo “Doble Traicion” pone a la luz la historia de un hombre que es esclavizado, vive en un atico y cumple los caprichos de su ama, sintetizando la historia, usted dice que no es aplicable porque el hombre siempre tiene la posibilidad de irse y dejar su esclavitud, creo que es solo un regodeo de la semantica judicial, existen muchos factores que coartan la libertad, como el aislamiento, las nececidades primarias, y sobre todo esa misma voluntad de NO QUERER irse de la situacion o la imposibilidad misma de abandonarla. No existe mayor humillacion que el amor no correspondido, cuantos hombres se han ofrecido como esclavos con tal que la mujer de sus sueños no los abandone. Para no hacer mas largo este comentario, fijese usted que existen terminos, cautivar, seducir, conquistar, etc., son literalmente sinonimos de esclavizar y mas literal aun, muchas mujeres se jactan a traves de sus encantos de tener a los hombres a sus pies, siendo esto aun mas importante tratandose de algo simbolico, porque entonces es como usted dice “evocativo”. Y si nos preguntamos, evocativos de que?, pues que lo son de la misma naturaleza humana de la dominacion y de la sumision, del ama y del esclavo, cuando usted dice, se “acerca al status de su viejo sueño” a mi me suena a lo genetico que queda en cada ser, de lo que ha sido una realidad por milenios. Y para terminar, si todos coincidimos, en que esta fantasia recorre las mentes de muchos seres humanos sin distincion de razas, recorre el planeta y desde tiempos inmemoriales, aun cuando existia la esclavitud legalmente, cabe preguntarse si aun entre los esclavos existieron casos de placer en sus realidades que hoy pretendemos rememorar.
    Agradezco a la Propietaria de la WEB Señora SERRANTES y a mi amiga Celina que me lo recomendo particularmente.

    3:35 | 14 Febrero 2008

  2. No sabia que la palabra esclavo significase: “rendido” ni “enamorado” pero me ha gustado enterarme…

    En cuanto a que: “casi ningún varón, por muy sumiso que sea, se dejaría esclavizar de verdad por una mujer” no estoy tan seguro…

    Yo, como Espartaco, soy un esclavo rebelde,y no soy ejemplo de nada… pero creo que muchos esclavos realmente lo son (o desean serlo) al 100%.

    20:46 | 14 Febrero 2008

  3. Soy un esclavo frances. Puede ver mi domina en este blog:

    http://mon-ecrin-de-soumission.over-blog.com/

    22:53 | 28 Marzo 2008

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