El invento del arnés-consolador
Jane M
Querida Elise, aunque soy una madura mujer dominante de cuarenta y tantos años, todavía soy una novata en el asunto de la dominación femenina. Estuve casada con un hombre estupendo durante 15 años, hasta que un accidente se lo llevó hace unos pocos años. Durante nuestra convivencia, siempre estaba deseando complacerme y me resultaba fácil hacer casi todas las cosas a mi manera. Incluso controlaba todos sus ingresos y sus gastos. Las dinámicas de nuestra relación eran tales que no tenía necesidad de reforzar la disciplina o de domar su orgullo. Simplemente, él disfrutaba de mi dominio y yo de tomar todas las decisiones. Nunca inicié otra relación hasta hace poco.
Ahora mismo, me relaciono con un agradable joven de sólo 25 años. Llámalo intuición, pero pude darme cuenta de era un sumiso. Le resulta difícil sostenerme la mirada y siempre acaba rindiéndose en cualquier discusión. ¿Qué joven de 25 años pasaría sus sábados y domingos haciendo tareas para una mujer que casi de dobla la edad? Soy consciente de mis encantos, y sé que se siente atraído por mí, pero su devoción es ciertamente inusual a esa edad. Sé que tampoco existen otros motivos más allá, porque económicamente le va bastante mejor de lo que me irá a mí en toda mi vida. Físicamente, es incluso atractivo y, como hacía tiempo que no había estado con un hombre, me sorprendió gratamente descubrir que estaba dotado de un enorme pene. Aunque no se lo he medido, me di cuenta de que debía tener al menos 20 centímetros. Sin embargo, nada es perfecto, y descubrí que mi chico aún tenía algunas aversiones y fantasías típicamente masculinas. No conozco específicamente las preferencias sexuales de las mujeres dominantes, pero además de ser adorada oralmente, disfruto también con la tradicional penetración. Nunca había practicado el sexo oral en un hombre, sobre todo porque mi antiguo marido nunca me lo pidió, y yo no sentía mucha urgencia por probar la fellatio.
Mi chico solamente me pidió tímidamente que se lo hiciera. Sin mucho interés, y por mi deseo de recompensarle por ser un hombre tan devoto conmigo, lo intenté. Honestamente, no me gustó. Pese a que él sólo estaba tumbado pasivamente boca arriba y sin hacer nada, el acto de meter y sacar su pene de mi boca sólo me hizo sentirme un poco utilizada y degradada. Tampoco gocé cuando su esperma llegó a mi garganta. La única consolación estaba en el hecho de que le estaba proporcionando tanto placer. ¿Me pasa algo raro? Me siento culpable porque yo espero, y le pido frecuentemente, que me estimule oralmente. Por su erección, se que le gusta, además me encanta sentir sus labios y su lengua sobre todo mi sexo. Pero no disfruto devolviéndole el placer oralmente. Espero que no sea una muestra de egoísmo. No discute o intenta convencerme cuando le digo que no me apetece chupársela, sólo un decepcionado “de acuerdo”. Y eso me hace sentirme más culpable, porque pareciera que yo lo estuviera recibiendo continuamente.
Me he dado cuenta de una cosa: después de hacérselo ahí debajo, su actitud se transforma un poco. Es como si se volviera más descarado y llega a atreverse con ciertas demandas. Desde luego, yo continúo saliéndome al final con la mía después de alguna discusión, pero me pregunto: ¿qué relación tiene esto con el hecho de que se la haya chupado?
Antes de escribirte, consulté a una buena amiga mía, y me sugirió que le penetrara por el culo con un arnés con un consolador, lo que suponía una novedad para mí. Sólo me explicó con un cierto misterio que la mayoría de los hombres perderían ese ansia de que se la chuparan después de ser penetrados por la mujer. Después de reflexionar un buen tiempo sobre el asunto, hablé con él acerca de ello y encontré una gran resistencia. Me decía que resultaba escasamente varonil, antinatural, que le haría sentirse afeminado, y todas esas tonterías. Finalmente, le persuadí para intentarlo, diciéndole que lo dejaríamos si realmente no le gustaba. Elise, cuando lo intenté, sentí una increíble sensación de poder. Fue incluso más delicioso que cuando me complacía oralmente. Estaba ahí, echado y vulnerable, y yo estaba realmente follándomelo. Tuve un orgasmo durante el acto pese a que sólo se producía un pequeño contacto entre el consolador y mi clítoris. Después no le pregunté, pero sabía que él no había disfrutado mucho. Al menos, no como yo. Sabía que si insistía no podría resistirse. Sin embargo, me di cuenta inmediatamente de que su actitud cambiaba para mejor. Su descaro había desaparecido, de alguna manera se había vuelto más dócil y tomaba iniciativas en función de mis deseos sin que tuviera que pedírselas. Otra transformación placentera la constituyó que dejara de pedir que se la chupara y que permanecía abrazado después del sexo hasta que yo me dormía. No sé exactamente lo que significa. Y estoy segura de que no llegó al orgasmo u obtuvo mucho placer sexual al ser penetrado.
¿Se ha producido un fuerte impacto psicológico que afecta a su mente? Realmente espero que no se haya producido ningún daño físico o psíquico.
Cuando le pregunté si le había gustado, me dijo que no y que le prometiera no hacerlo otra vez. Pese a mi deseo, accedí; y poco a poco comprobé como su actitud retornaba a sus malos momentos.
Elise, deseo mucho continuar penetrándole (además por el positivo efecto que provoca en su comportamiento), tenerle complaciéndome oralmente y, lo más importante, negarme cuando me pida que se la chupe. ¿Puede una mujer dominante ser tan egoísta?
Me ha insinuado el matrimonio, y mi única respuesta a sus insinuaciones ha consistido en decirle que considerare su comportamiento y su actitud. Por lo tanto, todas estas cuestiones son muy importantes para mí.
Elise Sutton:
Jane, mencionabas como te diste cuenta de que este hombre joven era un sumiso. Así que, obviamente, le excita ser dominado por una mujer mayor. El problema es que aún es joven y lleno de actitudes machistas. Necesita que le adiestres contra ellas, y sospecho que lo necesita profundamente. Quiere que domes su agresiva masculinidad. Necesitas abandonar la timidez y coger el toro por los cuernos y hacerte cargo del asunto.
Soy siempre partidaria de la comunicación abierta y de la discusión, pero ya has experimentado suficiente con él para aprender que no disfrutas proporcionándole sexo oral. Te encanta cuando él te lo hace a ti y disfrutas follándotelo con el arnés-consolador. Bienvenida al mundo de la dominación femenina. Estas actividades representan tu dominio sobre él. Es el momento de que se entregue a ti y, si es reacio, tienes que decirle que confíe en ti y rinda su voluntad. Este modo de vida es sobre cómo él se rinde a tu voluntad. Es cosa tuya el ponerte al cargo. Si es tan sumiso como dices, se entregará; y una vez que lo haga, descubrirá que disfruta siendo dominado tanto como tu lo haces dominándole.
La clave es tu actitud. Si irradias tu dominio, te seguirá. Pero en tanto que te muestres tímida y titubees, mantendrá sus actitudes masculinas tradicionales mientras sienta que eso es lo que quieres. Es un sumiso, pero aún está en el intento de asumir los términos de su sumisión. Necesita que le enseñes a sentirse cómodo con el papel sumiso mediante la amorosa autoridad femenina.
Puesto que has sido la segunda mujer en mencionar la actividad con el arnés-consolador, transcribiré mis comentarios del foro de preguntas y respuestas acerca del poder y el significado de follarte a tu hombre con él. Espero que te sirva de ilustración y que te facilite sentirte más cómoda utilizando esta poderosa actividad de la dominación femenina.
Uno de los mayores avances para la vida de dominación femenina ha sido la aparición del arnés-consolador. Esta actividad ha hecho más por liberar a las mujeres que lo nunca hicieron el látigo o la fusta. ¿Por qué? Por las implicaciones sociales y psicológicas de su uso. Ahora son las mujeres las que empuñan el antiguo símbolo de la superioridad masculina. Ahora la mujer es la que da y el hombre el que recibe.
El uso del arnés-consolador es el sexo de las mentes. ¿Por qué les encanta a las mujeres? Es una pregunta importante. El falo de caucho sujeto a la cintura de una mujer en un objeto inanimado. Por eso, a menos que la mujer adquiera el tipo de arnés que puede estimularla a ella al mismo tiempo, ella no recibe un gran placer físico durante el acto. Si a muchas mujeres les encanta hacerlo es a causa de la estimulación y el placer mental que ese acto les proporciona. Se produce un increíble intercambio de poder durante esa actividad, y esa estimulación psicológica normalmente supera cualquier oleada de placer físico. Se convierte en una magnífica estimulación sexual para la mujer.
Las mujeres encuentran que esta actividad las libera de los roles sociales a los que las obligaron. El uso del arnés-consolador desnuda al hombre de su masculinidad y maneras machistas, y usualmente provoca la rendición de su fuerza y su voluntad ante su agresora femenina. Una mujer puede percibir como su hombre abandona la resistencia y sentir como se derrite en sumisión. Es una increíble ráfaga de poder para una mujer. Además, los efectos de esta actividad suelen ser duraderos. El hombre que se entrega a ella tendrá complicado mantener sus conductas machistas ante su mujer dominante. Normalmente, se volverá dócil y sumiso con ella fuera del dormitorio después de haber practicado esta actividad.
El uso del arnés-consolador significa intercambio de poder, y no tiene nada que ver con la homosexualidad o con mujeres que pretendan sentirse como hombres. Al contrario, su uso proporciona más poder a las mujeres, que liberan otra dosis de su poder dormido. La utilización del arnés-consolador entre una mujer y un hombre resulta sexo psicológico, porque es la estimulación mental la causa que facilita a ambos el intercambio de poder.
El hombre sumiso siente una combinación de estimulación sexual, incomodidad y humillación durante el acto. Ahora sabe que lo que suele valorar tanto (esto es, su pene) ya no es una herramienta para conquistar mujeres, sino que ahora se ha vuelto la tortilla y la mujer ha desnudado a ese símbolo de su masculinidad y lo está utilizando contra él. La mujer le muestra al hombre que no le impresiona el pene masculino, y que puede comprarse uno aún más grande para complacerse, y que puede incluso usarlo para esclavizar al sexo masculino. El uso del arnés-consolador no es tanto sexo como dominación mental e intercambio de poder. El que fue una vez símbolo de la conquista masculina está siendo ahora utilizado por la mujer para demostrar al hombre su superioridad.


jose:
el tio tiene suerte de tenerte con el .estoi en bilbao.
1:10 | 24 Enero 2009
Paulo:
Sin duda alguna que dicho artificio, a partir de lo básico, ha sido una tremenda conquista por parte de la mujer, toda vez que le abre un mundo de poder y placeres infinitos. No obstante que su efecto principal es mental, la tecnología está entregando modelos que suman aplicaciones orientadas al placer físico.
Si algo le faltaba a la mujer para ser más irresistible aún, era el acceso a una arma tan versátil y poderosa.
13:36 | 18 Marzo 2009
Paulo:
Ana:
Me extraña la poca cantidad de comentarios a este respecto, toda vez que para un hombre en carga significa una experiencia inolvidable. Sobre todo la primera vez.
13:32 | 24 Marzo 2009
Paulo:
¿Verdad que sí José? Era lo que le faltaba a la mujer para gozarlas y volvernos locos de placer.
14:28 | 7 Abril 2009
Lyla26:
Paulo, esto me hacia falta leer de vos…
me encantan los hombres como vos..
pero se siente mayor placer en que no lo sean tan entregados en ese aspecto, asi se goza más de su humillación.. y a la vez de que ellos mismos lo gocen con verguenza, de que su “hombría” está siendo puesta a prueba.
19:07 | 9 Abril 2009
Paulo:
Lyla26, me halagas sobremanera al decir que te encantan los hombres como yo. Gracias, eres un amor.
En un comentario anterior señalas: “pero se siente mayor placer en que no lo sean tan entregados en ese aspecto, así se goza más de su humillación… y a la vez de que ellos mismos lo gocen con verguenza, de que su “hombría” está siendo puesta a prueba”.
Al respecto, debo admitir que te encuentras en el umbral de un conocimiento que te habrá de llevar por cielos infinitos y plenos de luces multicolores … cada vez que lo desees.
Poseer a un ser amorfo y demasiado sumiso es aburrido, y por lo mismo, suele derivar en acciones violentas o vejatorias que tendrán por objeto mantener medianamente encendido el interés de quien domina sin contrapeso alguno. No obstante lo cual, el desprecio terminará siendo demasiado profundo.
Someter a un hombre con arte y sabiduría exige mantener su personalidad y su masculinidad a todo trance, no obstante la certeza de que ambas condiciones habrán de sucumbir a tus encantos en la medida que presionas los botones más sensibles. Para una mujer inteligente y sensual existe un verdadero universo de juegos y acciones eróticas que ayudan a respaldar sus fantasías más acariciadas y que todo hombre en carga estará siempre dispuesto a satisfacer.
¿Has imaginado alguna vez lo que podría sentir tu cuerpo al amparo de unos versos de Neruda… recitados con voz trémula en ese altar divino que existe entre tus piernas de diosa?
20:35 | 12 Abril 2009
Lyla26:
Paulo ahora termino de entender es de que ¨no te será fácil doblegarme y satisfacer uno a uno tus deseos y también tus caprichos¨
Ya me derrito toda con la idea…
Espero si, que en algun momento pueda profundizarse aún más en las motivaciones conscientes e inconscientes de las Dóminas.. creo que es la parte más interesante de estos juegos (o estilo de vida para algunos).
22:52 | 12 Abril 2009
Lyla26:
Y si, lo he imaginado.. podrían ser versos de Neruda o Bécquer.. de este último ” Pero mudo y absorto y de rodillas. como se adora a Dios ante su altar”…
4:18 | 13 Abril 2009
Paulo:
Me permito una pequeña y gran modificación a la prosa… “Pero mudo y absorto de rodillas … como se adora a una diosa en su altar”
14:30 | 13 Abril 2009