El miedo a la última decisión
William H
Durante los últimos tres años las dos cosas en las que he trabajado con denuedo han sido en mi carrera profesional, para que cuando encontrara a la mujer apropiada dispusiera de buenas oportunidades para despertar su interés, y en la búsqueda de esa mujer. Dediqué muchas de mis tardes libres a recibir clases de cocina, costura y maquillaje, para estar preparado para servirla apropiadamente cuando la encontrara. Me suscribí a Cosmopolitan para conocer cuestiones que preocuparan a la mujeres. También aprendí a hacer la manicura y la pedicura, además de a dar masajes. Viviendo sólo en mi propia casa, he llegado a ser bastante eficiente en las tareas domésticas en general; siempre he mantenido la casa como una patena, como planeo hacerlo con la de mi Ama cuando la halle.
Durante el primer año y medio de estos tres últimos, salí con tres mujeres que pensé que podrían ser mi alma gemela. En la primera relación, la fastidié al confesar mis deseos sumisos y mi necesidad de ser esclavizado por una mujer demasiado pronto y demasiado groseramente. La segunda mujer parecía mostrar todos los requisitos, pero tenía tendencias sumisas. Nos separamos como amigos, porque no parecía que hubiéramos encajado. Pensé que las cosas iban a ir bien con la tercera, pero cuando le comuniqué mi deseo de ser su esclavo, se me rió en la cara y me dejó.
Llegué a deprimirme. Creí que lo había hecho todo correctamente, pero parecía que la mujer dominante de mis sueños era tan sólo una fantasía inalcanzable. Conocí a algunas mujeres dominantes en un grupo local BDSM, pero o eran dominas profesionales o estaban casadas. Estaba a punto de rendirme cuando conocí a Jennifer.
Nos presentó mi segunda novia, la que era también sumisa. Jennifer es una de las mujeres más guapas que he visto, y no podía creerme que tuviera interés por mí. Es cinco años menor que yo y cinco centímetros más alta. Es una mujer negra muy atlética; yo soy un relleno hombre blanco. Desde que comenzó mi relación con ella, me he dado cuenta de que las mujeres negras son por regla general bastante dominantes, mucho más que la mayoría de las blancas.
Jennifer era agresiva tanto en la vida cotidiana como sexualmente desde el principio. En poco tiempo me había vuelto loco. En aquel momento me confesó sus aspiraciones dominantes, antes de que yo estuviera preparado para preguntarle si estaría interesada en proseguir la relación conmigo como su sumiso. Desde luego, me mostré de acuerdo desde el primer instante, y empezamos nuestra vida juntos, conmigo a su servicio.
Encajamos en nuestros respectivos papeles con facilidad, y me esclavizó completamente en un par de meses, aunque conocía muy poco de ella. Trabajaba cuatro días a la semana, y yo no la veía durante esos días y esas noches. Me asignaba las tareas que tenía que hacer esos días o noches, y pasaba ese tiempo limpiando su apartamento, haciendo la colada o la compra. También dispuso una lista de reglas que yo tendría que aceptar para vivir con ella: su completa libertad sexual estaba al comienzo de esa lista. La nuestra era una relación monógama para mí. También debía obtener su permiso para salir y entrar, y obedecer sus órdenes sin discutirlas o vacilar. Jennifer es una mujer mucho más dominante de lo que había esperado, por lo que estoy completamente enamorado de ella.
Durante las tardes que pasábamos juntos, me estaba permitido mimar a mi nueva Ama. Cocinaba para ella, le daba masajes, me hacía cargo de sus pies y de las uñas, y adoraba sus pies y su culo. No entendía por qué, pero nunca me permitía tocar su vagina ni penetrarla. Tampoco me permitió nunca masturbarme o tener un orgasmo sin su autorización. Al principio, me consentía una eyaculación por semana, pero pronto se alargó a una cada dos semanas y después cada tres. Me obsesioné con el gusto de sus pies y su culo, y nunca me cansaba de besarlos o chuparlos. Parte del tiempo que estábamos juntos transcurría mientras se sentaba sobre mi cara o me dominaba de otras maneras. Añadimos la penetración con el consolador-arnés, los azotes, latigazos y el abofeteamiento a nuestras actividades. Acabó resultando obvio para ambos que ella podría hacer lo que quisiera. Cuando me pone de rodillas y acerca su precioso culo a mi cara, estoy rendido.
Durante nuestro primer año juntos, se trasladó conmigo. En ese momento, se hizo cargo de nuestra relación completamente, incluyendo nuestras finanzas. En las sesiones de dominación, estuve de acuerdo en mi cerrar mi cuenta en el banco y entregarle todo mi dinero y los cheques de mi salario. Estaba tan entregado que no podía negarle nada.
Hace seis meses, finalmente, Jennifer me dijo cómo se ganaba la vida: es una acompañante profesional de alto nivel. Se relaciona con hombres para ganarse la vida, y le pagan 250 dólares por cada hora de su tiempo. Si le gusta el hombre, tendrá una relación sexual con él. Esa es la razón por la que no me necesita o no tiene deseo de que la penetre. Es por qué le gusta que le lama el culo y no el coño. Sus clientes se la follan varias veces a la semana.
Le he suplicado que deje ese modo de vida, y estoy dispuesto a poner a su nombre mi casa, el coche y todo lo que tengo si lo quiere. Se ríe de mí, y me dice que si quisiera una casa y un coche lo tendría, y que no hay nada que yo pueda hacer al respecto. Estoy seguro de que tiene razón.
Jennifer pretende continuar haciendo de acompañante profesional unos pocos años. Dice que estará preparada para dejarlo cuando pase de los treinta. Piensa tener dinero suficiente para retirarse en ese momento. Entra en el terreno de lo posible que pueda haber ahorrado alrededor de un millón de dólares a esa edad, especialmente desde que vivimos sobre todo de lo que yo gano.
Me ha pedido que me case con ella, y me convierta en su marido-esclavo. Tengo un mes para pensarlo y darle mi respuesta. Si decido casarme con ella, será la última decisión que tome. Si estoy de acuerdo en casarnos, ella tomará posesión de todo lo que nos pertenezca a cualquiera de los dos. Tendré que firmar un acuerdo prematrimonial declarando que no poseo nada. Dice que sólo hemos arañado la superficie de su personalidad dominante, y que alcanzaré un nivel de sumisión con el que ni siquiera he soñado. Deberé cambiar mi apellido por el de ella. No tendré derechos como marido. Le perteneceré, y seré más su sirviente o esclavo que su marido. Desde luego, ya soy su esclavo, y no me está amenazando con dejarme si no deseo casarme.
No me importa decirle que estoy algo más que un poco asustado con lo que aguarda el futuro. Temo lo que pueda depararme mi vida como el esclavo de Jennifer, aunque no puedo soportar la idea de estar sin ella. Es la mujer de mis sueños, y la mujer de mis pesadillas a la vez. Ya sé que no es posible que me aconseje en este asunto, sabiendo tan poco acerca de nosotros, pero he sentido la necesidad de descargar algunas de estas cuestiones por un momento. Ya ha sido un alivio escribir esto. Cuanto más lo leo y lo releo, más me cuesta creer que me esté sucediendo a mí. Cualquier aportación puede ayudarme a situar mis sentimientos con una cierta perspectiva. No puedo vivir con el miedo a lo que me deparará o no el futuro. Sé que no puedo vivir sin Jennifer. La idea de volver a empezar la búsqueda de una mujer dominante es más de lo que puedo soportar. Como decía, no espero que me diga si debería o no casarme con Jennifer, sin embargo, si me interesaría su opinión. Gracias por acogerme en este forum.
Elise Sutton:
Jennifer parece una mujer de las que saben lo quieren en la vida. Una mujer con un objetivo y un plan para conseguirlo. Resulta obvio que le gustaría que le propusiera el matrimonio, y también que le tiene en la palma de la mano, quiere que el hombre que se case con ella lo haga por su propia voluntad. Como dice, la decisión es sólo suya.
Hay algunas palabras clave que se echan de menos en su historia: amor, veneración, adoración. ¿Quiere a Jennifer? ¿La adora? Si no es así, no le recomendaría que se casara con ella. Ama ser dominado por una mujer, y no quiere vivir sin su dominio, ¿pero ama a esta mujer? Al contestar a esta cuestión tendrá la respuesta al asunto del matrimonio.
Esta bien vivir la vida como marido/esclavo, pero solamente un hombre que ame y adore a una mujer puede verdaderamente vivir ese clase de vida de obediencia y devoción. Ahora mismo, está excitado por haber encontrado finalmente a la mujer de sus sueños, y no quiere perderla. ¿Pero cómo se sentirá dentro de cinco años? Ese es el motivo por que debe existir un fuerte lazo amoroso y respeto mutuo. Si piensa que eso existe, entonces sería tonto si no se casara con ella. ¿Pero le respeta ella? Además, debe estar seguro de su amor por usted. Incluso aunque no vaya a ser matrimonio tradicional, y que sea más una relación Ama/esclavo, tiene que haber respeto mutuo y amor. Deje de pensar con su polla unos minutos y explore su corazón. Si la quiere y piensa que le quiere, entonces cásese con ella. Si no, mi consejo en ese caso es que mantenga la relación como está actualmente (si ella lo desea).
Es muy afortunado por haber encontrado una mujer dominante como esa, y espero que continúe sirviéndola con tanto celo y entusiasmo. El matrimonio es un compromiso, no una extensión del juego de la dominación. El amor y el respeto son los pilares fundamentales del matrimonio. La dominación femenina puede solidificar dicho compromiso. Cuídese.


0 Comentarios
No hay comentarios todavía.
Su comentario