Guía para disfrutar de la dominación femenina IV
Akasha
IV. CÓMO DOMINAR: FETICHES
He hablado repetidamente sobre la necesidad de encontrar tu propio estilo de dominación. Con suerte, tu pareja ya debe haber dejado de quejarse y entendido tus requerimientos de que deje de sacar a colación sus deseos. Pero ambas sabemos que tiene sus fantasías. De hecho, puede que ya conozcas más de las que quisieras. Quizá tengan relación con el dolor, o con vestirle con ropa de mujer. Quizá te enseñó revistas que lee, y las encontraste extrañas o tan locas que te provocaron la risa.
Creo que los hombres erotizan los objetos, los actos y las sensaciones más que las mujeres. Es probable que lleve mucho tiempo desarrollando intensas y eróticas atracciones hacia varios fetiches. Esto puede colocarle en cualquier punto de la “escala de dominación” a la que me refería anteriormente: puede que tenga una lista de las cosas que le gustaría que le hicieran y, al mismo tiempo, quiere sinceramente que tú las disfrutes. Por el contrario, creo que las mujeres erotizan las emociones y las relaciones. Entonces, ¿cuándo va a disfrutar tu pareja la esencia de tu florecimiento en la dominación con la inclusión de algunos de sus fetiches? Mi respuesta es simple: cuando estés preparada para ello.
Quiero que prestes especial atención a lo que voy a decirte. Voy a hablar de los hombres y de lo raros que son, especialmente los hombres sumisos. Espero poder ayudarte a deshacer cualquier asociación negativa que te hayas fabricado acerca de los fetiches, si es que él no te ha sacado ya el tema.
Primero, considera un punto muy importante: nunca tendrás que hacer algo que no quieras hacer. Debes decirle a tu compañero, sin dejar lugar a la duda, que no te forzarás a hacer nada que no te satisfaga, simplemente por satisfacerle a él, encubriendo el asunto como si fuera “dominación”. En algún momento, podrás hacerle cosas de las que tú no disfrutas, porque él las necesite. Todas lo hemos hecho: una posición sexual que no te resulta confortable, chupársela cuando no te apetece pero él está loco porque se lo hagas. Estamos acostumbradas a complacer a nuestros hombres, así que probablemente haremos muchas cosas por ellos. Pero debes dejar claro que no te dedicarás a complacerle y fingir que eso es dominación. Solo incluirás en tu repertorio de dominación aquellas cosas que realmente te calienten a ti. Si quiere la pasión del verdadero disfrute del acto, debe aceptar que no todo entrara en tu repertorio. Todos tenemos nuestras locuras, pero no son las mismas.
Ahora bien, entenderás que hay cosas que hoy encuentras ridículas y que podrías encontrarlas muy eróticas dentro de un año. Habrás cosas que hoy piensas que no harás jamás, y que dentro de tres años pueden hacer que te pongas sorprendentemente caliente. Si hay algo que aprendí de la dominación, y de sus misterios, es que tenemos una sorprendente habilidad para adoptar y erotizar cosas una vez que sabemos cómo afectan a nuestra pareja. Lleva su tiempo, pero ocurre. No puedo explicar por qué o cómo; no obstante, puedo decirte que requiere paciencia y apertura de miras. Sobre todo, requiere de un compañero que no te critique. De repente, una noche, en mitad de una frenética sesión de dominación, puede que sientas curiosidad sobre cierta posibilidad, y te decidas a intentarla. Y verás su reacción, tendrás sensaciones sorprendentes, y el resto es historia. Lo habrás incluido en tu repertorio, por decirlo de algún modo.
La clave de todo esto es adoptar estas cosas a nuestra manera. Ir a nuestro propio ritmo. Nunca por imposición o por las reiteradas peticiones de nuestra pareja. El día en que te decidas a probar algo nuevo, hazlo a tu modo. Y sólo eso nos proporciona una increíble excitación y sensación de poder. Es como tener las fantasías más intensas de tu pareja en tus propias manos, y el poder de decidir sobre ellas. Si podemos integrar sus fetiches de esa forma, ha ocurrido algo fantástico. La pasión sublime y la excitación de ese preciso momento supera con creces nuestra previa interpretación del asunto.
Déjame aclarar esto. En ese momento, no es que estemos haciendo algo por él, y aunque no nos gusta, demonios, a él sí. En ese momento, nosotras acometemos algo que es fuerte, y lo estamos convirtiendo en una herramienta para nuestro propio placer. De repente, el acto mismo se vuelve algo secundario. Es tan arbitrario como agitar una varita mágica y apuntarla hacia nuestra pareja diciendo: “Abracadabra, serás lo que yo quiera que seas, ahora mismo”, y maravillarnos por el efecto que provoca en él. De pronto, encontramos que esa varita mágica, que previamente era un poco rara y extraña, es una herramienta formidable. Finalmente, con el tiempo, puede que descubramos que nos gusta mucho esa pequeña varita.
La clave, debo repetirlo una vez más, está en esgrimir esa varita mágica cuando estemos bien preparadas y nos sintamos cómodas con ella. Y que lo hagas sabiendo que no estás obligada a hacerlo más veces, haciéndolo sobre todo por nosotras mismas, y sólo en segundo lugar, por él. En tanto que la balanza esté inclinada a nuestro favor, aunque sea un 51/49 por ciento, seremos capaces de disfrutarlo en el contexto de la dominación.
¿Has tenido alguna vez un par de zapatos o un vestido que, pese a no ser tu favorito, volvía loco a tu pareja? ¿O quizá supieras que a él le encantaba un cierto tipo de lencería, y te la compraste y la usaste, aunque a ti no te resultaba nada especial? Una situación así no debe confundirse con otra en la que tú no quieres hacer algo, pero el te convence. Esto es algo que tú haces por tu propia iniciativa, no porque te guste, sino porque te gusta la reacción que provocas en él.
Puede que tuviera relación con un par de zapatos de tacón de aguja que nunca se te ocurriría ponerte para salir por ahí, pero te los pones alguna vez porque sabes que tu pareja se derrite cuando te los ve. Al final de la noche, tienes los pies destrozados, pero, demonios, valió la pena. El acto de usarlos, la situación misma, te resulta positiva cuando vuelves a pensar en ella. De otra forma, nunca hubieras vuelto a ponerte esos zapatos. Quizás, con el tiempo y de forma extraña, descubriste que verdaderamente disfrutabas de aquellos zapatos. El dolor de los pies se vuelve menos intenso y no te preocupa tanto. O esa ropa interior que le vuelve loco: puede que hayas dejado de sentirte ridícula cuando te la pones. Con el tiempo, erotizas el objeto o el acto, y lo disfrutas de verdad.
Utilicemos un ejemplo más fetichista, y te explicaré la forma correcta y la incorrecta en la que podrías introducirlo en tu estilo de dominación. Todo se relaciona con la comunicación, con la paciencia de tu pareja y con tu actitud hacia el asunto. Comunicación errónea: considera la siguiente petición de tu pareja: “Me gustaría que me azotaras”. ¿La consideraríamos apremiante? ¿Es una manera incorrecta de comunicar sus deseos? Creo que existen, definitivamente, formas incorrectas para que un hombre sumiso comunique sus fetiches y, por lo tanto, pienso que hay formas de que lo haga correctamente. Pero pese a ello, nosotras debemos hacer el esfuerzo por no añadir implicaciones a lo que se nos dice. Esto es, que podemos ser culpables por etiquetarlo como insistencia, incluso aunque él no esté apremiándonos. Y es muy probable que esto ocurra con cosas que nos sorprenden o nos resultan incómodas. En este caso, debemos asumir la responsabilidad por nuestras propias interpretaciones.
Si tu pareja te dice: “Me gustaría que me azotaras”, justo en mitad de un escenario de dominación que construís juntos, resulta claramente inapropiado. A menos, desde luego, que lo diga de forma irónica y que te resulte divertido; personalmente, no me suelen divertir este tipo de comentarios. Si tu pareja te dice: “Me gustaría que me azotaras”, una mañana en la cama mientras estás leyendo el periódico, y continúa insistiendo con preguntas como: “¿Lo harías alguna vez? ¿Crees que podríamos intentarlo en algún momento? ¿Podrías darme alguna pista sobre en qué momento?” Entonces, creo que está apremiando. En el momento en que una afirmación se convierte en una expectativa, en la mente de uno o de ambos, la dominación se difumina. En otras palabras, es un terreno de confusión (cuando decidas hacerlo, ¿será por ti o por él?, ¿lo harás sólo por lo mucho que insistió ese día?)
Si tu pareja trata de despertar tu compasión hacia él, está jugando sucio. Entendemos que sus deseos sean fuertes y llamativos para él, pero no puede manipularte apelando a nuestro natural deseo de hacer feliz a nuestro hombre. Si se queja diciendo que lo necesita de verdad, que le gustaría que lo intentaras al menos una vez o si se pone en el papel de víctima incomprendida, no te está ayudando a desarrollar tu propio interés dominante por ese deseo.
Si tu pareja sólo intenta darte velados indicios sobre lo que quiere, está siendo ambiguo. Es una forma de pedir algo sin decirlo, o el intento de apelar a tu perspicacia, poniéndote algo delante pero sin explicitarlo. Después de todo, si nunca lo pidió, ¿cómo pondría considerarse que te empujaba? Si coloca una paleta sobre la almohada junto a una rosa, quizá piense que está siendo romántico. Pero si sabe que no has tomado una decisión sobre su deseo de ser azotado, está generando expectativas. Creo sinceramente que en lo que concierne a los juguetes, nuestras parejas deberían esperar a que estemos preparadas para comprarlos, o comprarlos ellos cuando se lo pidamos (por si nos diera vergüenza hacerlo nosotras).
Entonces, ¿cuál es la forma correcta para que este pobre chico pueda sacar a colación sus fetiches? He mostrado lo que parece un virtual campo de minas para cualquier pobre sumiso, condenado a fracasar en el intento si intentara revelar sus deseos de una manera incorrecta, aterrorizado por mencionar sus fetiches de forma inapropiada (y es probable que también sea duro para él, porque en muchos casos le da vergüenza hacerlo), por si lo evitas o le sueltas un improperio, y que ese fetiche quede fuera del juego para siempre.
En realidad, es muy simple. Debería contarte sus fantasías de una manera informal, durante una conversación, o durante los momentos que hayáis escogido para discutir sus fantasías. Podrías ser una buena idea prever un momento para hablar de ello, y que ambos entendáis que es sólo una conversación que forma parte de tu proceso de aprendizaje.
También podrías considerar decirle que te escriba sus fantasías, así podrías leerlas tranquilamente en cualquier momento en el que estés sola. No obstante, te recomiendo que no le dejes dedicarse a escribirte relatos. Los hombres suelen perder el norte y divagar sobre cuestiones físicas, vestimentas, y construyen en sus mentes la escasamente realista diosa dominante de sus sueños. Podrías encontrarte con un relato de cinco folios tratando de explicarte que le gusta ser azotado, pero estás leyendo acerca de una criatura dominante que nunca podrás ser y que ni siquiera deseas ser. En realidad, no te está pidiendo que lo seas; es simplemente el envoltorio con el que vienen sus fantasías. Es tan efectivo para él como si hubiera escrito una sola línea: “Me encantaría que me azotaras”. Si decides pedirle que te escriba sobre sus fetiches, que lo haga en forma de lista, sobre la que tu podrías hacerle preguntas posteriormente.
Ahora comienza la parte difícil para ti. Tienes que asumir cierta responsabilidad por la interpretación de lo que te dice. Aún hoy día, tengo que controlarme para no enfadarme cuando un hombre me revela sus deseos. Mi reacción natural es pensar que está intentando empujarme, porque he tenido demasiadas experiencias en el pasado en ese sentido. A menudo él saca el tema de manera informal, abierta, simplemente proporcionándonos una información que podremos usar después. Si estas cenando y tu compañero te dice: “Me excitan las azotainas”, probablemente no consideres que eso sea apremiarte, a menos que no pare de hacerte preguntas sobre el asunto.
Si intenta personalizar la cuestión, con buenas intenciones, piensa qué te parecería que te dijera: “Me encantaría que me azotaras”. Ahí tienes: expectativas. Nosotras leeríamos esa frase como: “Seré infeliz si no me azotas”. No eso lo que está diciendo; simplemente expresa su deseo. Cuando saca a colación sus fetiches, tenemos que escucharle sin prejuicios. Si no te apremia o trata de llevarte insistentemente a la cuestión, debemos ser pacientes y escuchar. Recuerda que escuchar no significa que estés de acuerdo. Tu recoges esa información para decidir si quieres utilizarla después o no.
Con suerte, te dejará meditar sobre el asunto a tu propio ritmo y sin apremiarte. Hazle saber que es suficiente con que exprese sus deseos; que no intente “ayudarte” sugiriendo (inocentemente) la lectura de algunos materiales sobre la cuestión. Te sugiero que te apartes de esos materiales, porque muy a menudo lo que encontrarás en ellos tiene poca relación con la realidad, fantasías que es preferible evitar. Suelen contener unas expectativas desmedidas que no tienen salida. Si te proporciona alguna historia sobre azotes que le ha gustado, podrías leerlo y pensar que eso es lo quiere que le hagas. Y no es así. Si tu decides probar los azotes, lo harás a tu manera, no a la del relato.
¿Qué hacer cuando encuentras que sus fetiches son raros, no te interesan en absoluto o no puedes siquiera considerar el llevarlos a la práctica? Es más que probable que la primera vez que te cuente sus fetiches, varios o la mayoría te resulten totalmente ajenos y fuera de tus posibilidades. Esto es, que no tienes intención de practicarlos, ni consideras que vayas a disfrutar con ellos y, en realidad, preferirías no tener nada que ver con esas cosas. Me he sentido así. Te repito: hay cosas sobre las que pensaba de esa forma, y ahora no sólo las hago, sino que las disfruto y las hecho de menos cuando no las practico. De verdad, deseo hacérselas a otros hombres.
Cuando tengas la lista de sus fetiches en tu cabeza, considérala tranquilamente y escoge un par de cosas con las que te sientas menos a disgusto. Elige las que te harían decir “eso no me gustaría” en lugar de “jamás haría esto”. Ahora piensa en lo siguiente: ¿por qué no me atraen? Pueden existir barreras que tienes que identificar y eliminar antes de abordar alguna de esas cosas y disfrutarla. ¿Será algo que leíste sobre el asunto? ¿Será que él solía insistir tanto para hacerlo que se convirtió en algo molesto?
Intenta recordar que ese acto, cualquiera que sea, es tan casual como usar esa varita mágica. Es un acto, un fetiche, una herramienta que por algún motivo ha desarrollado un intensa atracción erótica en tu pareja. No trates de comprender el porqué. Simplemente reconoce que es un mecanismo que podemos utilizar para que la experiencia de la dominación resulte más intensa. Es una herramienta que podemos usar para ejercer un control erótico. Es algo que podemos utilizar para derretirle, lo mismo que la varita mágica.
Vuelve al ejemplo de la vida real en el que te ponías un vestido sexy para ir a una fiesta y él no podía quitarte el ojo de encima durante toda la noche. Eso te gusta. Te gusta el efecto que provoca en él. Es más, te sientes a gusto con eso porque simplemente usas una herramienta que existe en la vida cotidiana: tu vestido y tú. ¿Qué pasa si reemplazas ese vestido por un impermeable de plástico? ¿Qué pasa si, por cualquier motivo, tu compañero siente una atracción erótica hacia los impermeables de plástico? Como dije antes, los hombres son mucho más propensos a desarrollar fetiches hacia objetos. Sólo porque las mujeres no hagamos eso, no podemos obviar su poder y condenar a nuestros hombres por reaccionar de ese modo. También nosotras podemos disfrutarlo; y descubrirás que tú puedes hacerlo.
Así que, en lugar de estar en aquella fiesta, estás sola con tu pareja. Antes, él solía rogarte que te pusieras ese tonto impermeable de plástico. Incluso más raro aún, quería que lo llevaras puesto en la cama. Quería que hicieras eso en el contexto de la dominación; a ti te parecía una estupidez. Es más, cuando lo usabas, sentías que lo hacías por él; él se daba cuenta, y además, sabía que te había presionado para que te lo pusieras. Aunque lo hubieras disfrutado de algún modo, él ya no podía quitarse de la cabeza que no le estabas realmente dominando. Nadie gana en una situación así. El impermeable vuelve al armario. Sus reacciones físicas se produjeron: él tuvo la reacción erótica que había esperado; pero ambos os sentisteis vacíos y fríos después.
Ahora, considera utilizar ese impermeable en nuestro nuevo contexto. Tú elegiste ese asunto de su lista de fetiches, porque creías que era el que menos te intimidaba. Después de todo, no requería infligir dolor, o hacer algo que te parece que va contra tu carácter. Un noche, sin previo aviso, decides sorprenderle. Lo que se produce después de haberte tomado un tiempo y sentirte segura de lo que vas a hacer y de cómo reaccionará él. Imagina su sorpresa. Imagina su reacción. Imagina cómo estaba en aquella fiesta, pero multiplícalo por cien. Los hombres están completamente indefensos ante sus fetiches. Somos afortunadas, porque como mujeres disponemos de esas poderosas herramientas.
Cuando introduzcas el impermeable en el juego, obtendrás una respuesta erótica. Te lo prometo. Observarás esa respuesta erótica por su reacción y por la sensación de poder que experimentarás. Entonces, algo mágico habrá sucedido. No ocurre siempre; pero ocurre. Y acabarás pensando: “Hey, es cierto que hay algo erótico en este impermeable”. Lo que pasa es que tú erotizas la reacción y la relación que crea entre tu pareja y tú. Así es, estás disfrutando del vínculo, la carga emocional y el placer que le proporciona a tu compañero, en el contexto del intercambio de poder erótico. Puede que descubras que el placer que obtienes al realizar ese acto supera con creces la ambivalencia previa que te producía y, ¡magia!, la duda desaparece.
Puede que no te ocurra la primera vez. Puede que no te pase nunca con algo concreto. Pero te prometo que te sucederá con algunas cosas. Y cuando comiences a incorporar cosas a tu repertorio de dominación, que le vuelven loco, comprobarás que vuestra relación empieza a florecer. Cuando comiences a disfrutar de sus fetiches en el contexto de una dominación real, no sólo por complacerle, descubrirás cómo obtienes cada vez más placer y satisfacción de la dominación.
Una aclaración importante sobre los fetiches para él
Cuando tu compañera comience a intentar incluir tus fetiches en su repertorio, debes tener mucho cuidado en no plantear objeciones. ¿Cuándo ocurre esto? Bien, sucede cuando estás tan sobreexcitado por lo que te está haciendo que pierdes la cabeza. Ocurre cuando das la impresión de que estás mucho más centrado en tu fetiche que en ella. Ocurre cuando tus actos parecen revelarle que el poder reside en ese objeto, no en ella cuando lo usa. No hay duda que estarás completamente traspuesto cuando empiece a adoptar tus fetiches en su estilo de juego. Ten cuidado con las formas en las que te diriges a ella y recuerda que por encima de todo somos mujeres. No te concentres en el objeto o en el acto; sino en la forma en que ella lo utiliza.
Aliéntala después, pero no te excedas. Si la elogias demasiado, reconstruyes las expectativas. Por ejemplo, si le dices que estás extremadamente conmocionado, excitado y satisfecho por la perfecta forma en que utilizó tu fetiche, se sentirá bien. Si persistes en hablar de eso durante media hora, sentirá que se trata de algo que se espera que vuelva a hacer. Procura siempre evitar la generación de expectativas, porque provocan obstáculos para la dominación real. Cuando ella decida hacerlo otra vez, debe ser porque quiera; si disfrutó haciéndolo y sabe que tú también, es más que posible que lo haga de nuevo.
Deja que sea ella quien aborde la cuestión. Podría necesitar mucho apoyo y estímulo, porque está experimentando emociones nuevas. Aliéntala positivamente, sin insistir ni exigir. Sobre todo, que quizás no le guste. Si su reacción posterior es extraña, hazle saber que aprecias el que lo haya intentado. Puede que lo intente de nuevo, de distinta manera, pero que siga su propio camino. Y como siempre, apóyala sin apremiarla. El proceso de adoptar tus fetiches en su repertorio es lento y debe realizarse a su manera.


Angelica:
Muchas gracias por la reproducción de esta guía y por toda la página en general.
Me está resultando muy útil en un momento en el que mi relación de dominación-sumisión había perdido algo de energía. Leyendo estos artículos tan responsables estoy recuperando mucha seguridad y deseos por seguir creciendo como mujer dominante.
Un saludo
20:45 | 12 Mayo 2008
Ana Serantes:
Bienvenida, Angélica:
Mi objetivo primordial con esta página es que resulte útil a las mujeres que buscan información en la Red sobre la dominación femenina, así que me complace mucho leer tu comentario.
Y me parece muy bien tu otro y más largo comentario.
Un saludo,
Ana
22:17 | 12 Mayo 2008
luisa fda:
Me parece una pagina excelente, en este maravilloso mundo, donde nosotras las mujeres dominamos al hombre.
21:15 | 17 Mayo 2008
jesus:
Hola Sras
Nin con estas se realisa mi Sra (esposa) en dominadora.
13:11 | 4 Noviembre 2008
obediente:
Hola mis señoras. Con vuestro permiso quiero flicitaros sobre todo a la Sra. Ana Serantes por este blog. Creo que los hombres en manos de una buena domina nos convertimos en obedientes gatitos dispuestos a cualquier cosa por nuestra ama, reconocemos nuestra inferioridad y nuestra obligación de mostrar nuestro respeto ante cualquier mujer. soy un sumiso que no ha encontrado una ama y que desea serviros a todas como os mereceis.
13:19 | 7 Enero 2009
sumisodora:
Gracias mi Señoras por estas leciones que para nosotros los que somos felices siendo sumisos y sirviendo a nuestra Ama y Señora, nos ayudan mucho.
Yo tengo mis fetiches y mi Dueña los utiliza e incluso tenemos un codigo sobre ellos, por ejemplo se que si se pone la faldita roja quiere que le masajee con mi lengua su sexo…si tiene puestas las botas negras desea tenerme desnudo a sus pies… es algo que fuimos pactando poco a poco y resulta muy positivo en nuestra relacion Ama – sumiso
18:30 | 4 Febrero 2009
javier:
hola miren me ofresco para que practiquen conmigo la dominacion femenina estoy dispuesto a todo solo tienen que enviarme un mail soy de colombia y hago lo que me digan solo tienen que contactarme tengo 20 años y estoy dispuesto a todo
21:24 | 6 Febrero 2009