Guía para disfrutar de la dominación femenina V
Akasha
V. TUS PRIMERAS SESIONES
He pensado mucho acerca de las sugerencias para tus primeras sesiones. Lo extraño es que soy incapaz de imaginar como podrían ser las mejores sesiones. Lo más importante de tu exploración de la dominación es que disfrutes. Esto es, que desarrolles tu propio estilo con las cosas que te gustan (o que te gustarán).
Estoy segura de que muchos sumisos esperan que te proporcione una lista detallada de escenas intensas y excitantes para que tu las pongas en práctica. De hecho, apuesto a que muchas mujeres dominantes han recibido notas o páginas impresas de sus compañeros diciendo: “Este es el tipo de cosas que podríamos hacer”. Entonces, lo lees y piensas: “Dios mío, quiere que le haga eso”. Hasta algunos de mis relatos son tan irreales que me siento culpable al pensar que algunos sumisos se los hayan mostrado a sus compañeras como “guías prácticas”.
Bueno, aquí va mi “guía práctica”. Cuando pienses en cómo será tu primera sesión, no tengas en cuenta lo que él desea; sólo piensa en lo que tú quieres. Desarrollaré unos pocos conceptos básicos para ayudar a tu imaginación. Después es posible que te sientas lo suficientemente cómoda como para abordar tu propio repertorio. Luego te diré las mejores maneras para hacerlo realidad.
La primera vez que experimentes (a tu manera) con la dominación femenina, debes tener en cuenta unas pocas reglas básicas. Una es que no dure demasiado, quizá unos veinte minutos. La segunda es no utilizar ningún “juguete”, disfraz o representar ningún papel. Simplemente, sé tu misma. La tercera es que dejes a un lado cualquier cosa que sepas que tu pareja desea que le hagas.
¿Te parece raro? Es lo contrario de lo que se nos enseña a las mujeres (o a la gente en general), a complacer a los demás. Ya dije antes que esta actitud atenta contra la dominación, al menos inicialmente. El objetivo en este momento no es que te conviertas en la perfecta dominatrix que sabe hacer de todo para volver loca a su pareja y, además, disfrutarlo al mismo tiempo. El objetivo es lograr que la esencia de la dominación sea divertida y no te intimide. Sexy y no perverso. A tu manera, y no a la suya.
He leído muchos artículos para mujeres sobre la dominación (la mayoría escritos por hombres, primer error), y siento pena por las pobres mujeres que los hayan leído. Es tu primera aproximación a la dominación y ya te están diciendo cómo tienes que vestirte (“el cuero y el látex debilitan a los hombres”, “los tacones altos te hacen poderosa y erótica”). Te dicen que utilices palabras extrañas como “ama” y “esclavo”. Te proponen que uses “juguetes” y accesorios: collares que simbolizan la propiedad del otro, muñequeras de cuero, fustas… ¡Dios!, puedo imaginarme a muchas mujeres pensando: “¿Qué mierda significa esto? ¿Unos accesorios de cuero y me convierto en una diosa? No voy a decirte que te disfraces, que te compres un látigo y que sin más le digas a tu compañero: “¡De rodillas, esclavo!”. No voy a decirte que el protocolo de la dominación exige que tu “esclavo” debe llamarte “Ama” y que tenga que pedirte permiso incluso para mirarte a los ojos, ni que deba permanecer todo el tiempo de rodillas con la cabeza gacha.
¿Conoces esas cosas? Son formalidades desarrolladas sobre todo por los hombres durante años para alimentar sus propias fantasías. Más tarde puede que llegues a encontrar divertida alguna de esas cosas y decidas utilizarla. Pero en este momento, te digo: “No importa cómo te vistas, qué palabras uses o de qué juguetes dispongas”. Lo que convierte en auténticamente erótica, cautivadora y dominante a la mujer es su actitud y el disfrute de la actividad. Así de simple. Y el mayor error es cuando coges a una mujer, independientemente de sus gustos sexuales, la disfrazas con ropas de ama, le pones un látigo en la mano y le dices que comience a usar términos guarros para dirigirse a su pareja y sobre ella misma. No se sentirá cómoda, y no disfrutará de lo que hace. Y no se sentirá dominante ella misma, ni lo será para su pareja. Constituirá una sesión forzada, que puede parecer haber incluido los elementos necesarios, pero que les dejará a ambos diciendo después: “Simplemente, no pareció… real”.
Así que deshazte de todo eso, y del estereotipo (de nuevo, creado por los hombres) de que la dominación equivale a ser una hija de puta. Quizá hayas padecido la desgraciada experiencia de haber sido introducida en la dominación por medio de libros (escritos por hombres y para hombres) o por películas pornográficas (¿quién compra esas películas? Los hombres). Esos personajes se han desarrollado para alimentar y reforzar el estereotipo del poder femenino que tienen los hombres. Confía en mí: cuando encuentres tu propio estilo, será cien veces más efectivo (y placentero) que intentar introducirte en el papel del “ama despiadada”. La mayoría de nosotras no somos así. Lo que expresa el poder y dominio no es la manera en que digas palabras obscenas, regañes a tu hombre o le humilles.
Considera, por un momento, las actitudes y la conducta de las mujeres que en la vida real son vistas como poderosas, fuertes y atractivas, incluso en los medios de comunicación o en las películas. Las mujeres poderosas son generalmente las que tienen confianza en sí mismas. Las mujeres fuertes sexualmente no son meras charlatanas (quiero decir que todas sabemos que una mujer que necesita ladrar y actuar como si fuera la más cruel debe sentirse insegura de sí misma), sino que son mujeres que se encuentran cómodas con su sexualidad y que comprenden el poder que les proporciona. Y hablan con suavidad, seducción y encanto.
Cuando tenía doce o trece años, mis modelos eran mujeres como Catwoman o el tipo de mujer fatal propio de las películas de espías. ¿Te imaginas a esa clase de mujeres dando órdenes a gritos a sus parejas y llamándoles “esclavo”? Ciertamente no. Se me inculcó desde temprana edad que las mujeres poderosas eran sexies sin dejar de ser femeninas. Admiraba lo calculadoras que eran y cómo parecía que concentraran la atención y se les obedeciera a causa de su sexualidad (aunque no estaba muy segura de cómo funcionaban esas cosas).
Me pongo en tu lugar, e imagino qué pasaría si a los 30 años alguien me impusiera los supuestos modelos para la dominación femenina basados en las revistas y películas pornográficas BDSM. ¡Joder! No me excitaría lo más mínimo, y me sentiría como una tonta al pensar que alguien pretende que actúe de esa forma. ¿Encontramos excitantes y atractivos esos modelos las mujeres? No. Si eres como yo, ya te habrás visto (protestando) tu ración de publicaciones de dominación femenina, y habrás pensado que los personajes eran como de plástico, forzados y tan artificiales que te habrán provocado risa. Sin embargo, aquí tenemos a nuestros hombres idiotizados, que parecen no tener nunca bastante.
Pues bien, tengo noticias para ti: no tienes que ser como esas mujeres de las revistas y los vídeos. Serás una clase de mujer dominante completamente diferente. Y serás mucho más poderosa y efectiva de lo que jamás has imaginado, porque será real.
Ahora, que hemos dejado a un lado esos estereotipos, comenzarás a preguntarte que hará que te veas dominante, te sientas dominante y disfrutes de la dominación. Para tu primera experiencia, te sugiero que compruebes si te sientes cómoda teniendo el control. Tu pareja debiera ya conocer las reglas del juego (sobre todo, lo referente a dejarte tranquila y respetar tu propio ritmo). Si tienes presente los pasos de la dominación de los que te hablé antes, recordarás que la dominación no empieza cuando comienzas a “jugar” con tu pareja. Empieza cuando las ideas van tomando forma en tu mente y cuando plantas la semilla en la de tu compañero.
Hablé antes de la personalidad calculadora de esas mujeres en las que admiraba su energía sexual. Me encanta eso de calcular, y me ayuda a darme ánimo antes del gran momento. Cuando te sugiero que seas calculadora, me refiero a que deberías utilizar la excitación y la atracción que sientes por tu pareja como la energía para darte ánimo y confianza. ¿Cómo lograr eso? Bueno, yo lo logro sobre todo a través de las fantasías o pensando en lo que me gustaría hacerle una vez que estemos los dos solos. Sé que lo que hagamos se hará a mi manera, así que los límites los fijo yo. Pienso en las cosas que encuentro irresistibles y calculo cómo conseguiré hacerle reaccionar de la forma que yo quiero.
Espera a tener uno de esos días en que estás cachonda y deseando estar con él. Pero no hagas nada. Al contrario, usa esa energía para motivarte, para darte fuerzas. No estoy hablando de días o semanas. Simplemente, cuando sientas que uno de esos momentos se acerca, no lo aproveches para tener una relación sexual apasionada. En su lugar, obsérvale vistiéndose por la mañana, fantasea sobre las que cosas que más te atraen de el sexualmente. Luego, dale una pista de que estás juguetona. Te sorprenderá su reacción, te lo aseguro. Cuando le des la pista, hazlo sin reservas y sin previo aviso. Llámale al trabajo y dile que tienes ganas de jugar con él, dile que estás pensando en las formas en las que tendrá que satisfacerte. Probablemente, morderá el anzuelo y querrá que le des más detalles. No le digas nada, tan sólo que debe esperar. Ni una pista más. Tan sólo adviértele de que dentro de poco estará haciendo lo que tú quieras para complacerte. Si cae en el típico error del sumiso, de insistir en el asunto (por ejemplo, preguntando algo como: “¿Mi Ama desea que use algo en especial?”, o “¿debo llevar algún juguete?”, o siendo más sutil, pero buscando tus órdenes, “¿hay algo más que pueda hacer por Usted, Señora?”, o “¿Qué debo hacer el resto del día mientras espero?”), no aceptes su presión, no te sientas obligada a responderle. Este es un error muy habitual entre los sumisos, que están ávidos por ser dominados. Se excitan tanto que se meten en el papel ahí mismo, y no se dan cuenta de que eso socava las bases de la verdadera dominación. Simplemente, ignora sus comentarios y preguntas. Deja que hable todo lo que quiera, y responde sencillamente: “Te veré esta noche”. Después de la sesión, dile que no debe hacerte ese tipo de preguntas cuando sacas el tema. Debes corregir esa mala costumbre.
Ahora, centrémonos en su reacción tras la llamada telefónica. Créeme, su cabeza girara a mil revoluciones durante el resto del día. Y probablemente te complacerá saber que eres tú quien lo ha logrado. Esa sensación (ser consciente de que lo que hiciste provocó esa reacción en él) es la base de la dominación. Ya estás comenzando a disfrutar, y no has tenido aún que empuñar el látigo.
Tu primera sesión con tu pareja debería consistir en más de eso mismo. Tus acciones provocando sus reacciones, y sabiendo que eres tú quien aprieta las teclas. Apriétalas, puede ser divertido. Es divertido provocar reacciones en un tío. Vuelve al ejemplo de la gratificante sensación que te causaba usar aquel vestido que le gustaba tanto que no podía apartar los ojos de ti. No utilizarías ese vestido para inducir esa reacción en tus amigas o familiares; porque hablamos de interacción sexual. Tu haces algo, y él reacciona; tú sientes la excitación que provoca tener el control.
Esa noche, cuando vuelva a casa, dile que se quite la ropa. Esta es tu primera orden dominante. No se lo grites, no pongas las manos en jarras y pretendas actuar como un sargento. Simplemente, utiliza tu voz normal, el tono de siempre y tu carácter habitual. Si duda, o empieza a hacer preguntas, sólo repite la frase. Se producirá alguna reacción, estoy segura. O un shock, o la total excitación o ansiedad. Todo gracias a una simple frase tuya, y ni siquiera tuviste que vestirte con un disfraz de látex.
Si le encuentras más atractivo en calzoncillos, o con algo de ropa puesta, o desnudo pero con zapatos, díselo. Haz que se vista como a ti más te guste. Algunas mujeres prefieren la desnudez total; a mí, por ejemplo, me gusta que el hombre comience por quitarse la camisa, pero dejándose puestos los pantalones. Me encanta verle así. En ese momento, considera cuáles son tus pensamientos y sensaciones. Si te abruman las preguntas sobre si lo estará disfrutando o no, deja de pensar. Si te distrae pensar en si lo estarás haciendo bien o no, deja de pensar también en eso. No hay manera de hacerlo mal. Se trata de hacer algo para ti. Así que piensa en las cosas de él que te excitan a ti. En lo que quieres de él. En lo bueno que va a ser cuando lo consigas.
Para esta primera sesión, quiero simplemente que te deleites con esta intimidad básica, pero construida totalmente a tu manera. Considéralo como un gran buffet, con platos que nunca has probado antes, y como si estuvieras catando a tu ritmo y decidiendo qué es lo que funciona y lo que no. Acércate a él, pero no dejes que te toque. Dile que coloque sus manos en la espalda o sobre la cabeza, y durante unos minutos acaríciale cómo y dónde te guste. Cuando le beses, controla tú el beso. Presta atención a sus reacciones continuamente. ¿Está nervioso? ¿Está excitado? ¿Se está comportando como un adolescente? ¿Cómo te sientes al ser la causante de todo lo que ocurre?
Hay sutilezas más naturalmente femeninas (que esas películas SM de las que hablamos siempre ignoran) que transmiten autoridad sin resultar obvias. Recuerda aquellos modelos de mujeres que encontrabas admirables. Cosas como el intercambio de miradas, hablar despacio y claro, y ser directa, son todas maneras de transmitir poder y control sin tener que comportarse autoritariamente. Antes de besarle, dile: “Abre tu boca para mí”. Si quieres experimentar una conducta más controladora, proporciónale más reglas a seguir. Colócale en una posición y hazle permanecer en ella. Utiliza consignas, pero que resulten naturales. Cosas como “mírame”, “ven aquí” o “quédate quieto”.
Bien, ahora te sugiero que seas un poco cruel. Sólo para ver cómo te sientes. Seguro que en este momento tu cabeza está llena de imágenes y sentimientos negativos relacionados con la palabra cruel. Te imaginas esa dominatrix vestida de látex y empuñando un gran látigo de cuero, o una ridícula sesión de latigazos hasta que se le canse la mano. No es eso a lo que me refiero. Vuelve a los ejemplos anteriores. Uso mis propios ejemplos otra vez para ilustrarlo. Cuanto tenía 16 años y empezaba a ligar, y algo dentro de mí quería experimentar con juegos algo crueles, ¿puedes imaginarte qué me habría sucedido si alguien me hubiera sugerido que comprara una fusta o un par de pinzas para los pezones? Puedo verme a mi misma completamente extrañada y desorientada.
Quizá esa haya sido tu reacción cuando viste a esa mujer dominante cruel haciendo con sus sumisos lo que reflejan las películas porno. Pues bien, no es así. De nuevo te digo que quizá un día pudieras blandir un látigo y que te gustara, pero no ciertamente a los 16 años, y si alguien me hubiera dicho que encontraría esas cosas deseables a los 25, le hubiera preguntado si estaba colocado. Por ahora, no pienses en látigos, fustas o pinzas. En su lugar, practica lo que se siente siendo un poquito mala en un sentido erótico, y observa cuáles son tus reacciones; puede que te guste, puede que no. Te daré algún buen ejemplo de cosas sensualmente crueles que puedes hacer. Son cosas que hice cuando era adolescente, y que todavía hoy me apasionan (lo básico, los fundamentos para disfrutar de la dominación nunca cambian; lo que tendrá sentido para ti más adelante).
Una cosa simple que puedes hacer es tirar de su pelo. No me refiero a darle un tirón de pelo sin más. Por el contrario, acaricia suavemente su cabeza con tus dedos, lentamente, y observa su reacción atentamente. Es posible que te esté mirando con adoración, puede que aún esté un poco nervioso, porque sabe que algo va a ocurrirle. Cierra tu mano lentamente hasta que sientas que está tirando bien fuerte, y vuelve a observar su reacción. Ten en cuenta que no le estás matando; los hombres son fuertes, practican deportes rudos y los disfrutan. Es sólo un tirón del pelo; probablemente te duela más a ti que a él.
Pero el hecho es que tú se lo estás haciendo, eso es lo que le hace reaccionar. Me encantan las reacciones. Observa su pies, mira lo que haga con las manos. Escucha los sonidos que emita. Presta atención a su expresión. Si mueve los labios, aprovecha el momento de ventaja y bésale. Mantén tu mano firme en su cabeza y bésale posesivamente. ¿No sienta bien? Otra cosa sensualmente cruel que puedes intentar es morderle en diferentes partes del cuerpo (como con el pelo, es un poco perverso comenzar afectuosamente, lamiéndole y chupándole… y de repente morderle. El momento en el que el placer se transforma en una sensación de malestar provoca una interesante gama de reacciones). Su cuello, sus caderas y el interior de los muslos pueden resultar especialmente vulnerables.
¿Qué es entonces lo me fascina de la crueldad? Es difícil de explicar. Como dije antes, tiene mucho que ver con las reacciones que provoca. Obtienes reacciones muy sensuales y animales de un hombre que soporta incluso un pequeño nivel de malestar. Una gran parte de mi deseo de ser un poco cruel con un hombre es que me resulta erótico saber que va a soportarlo porque yo deseo que lo haga. En los viejos cuentos, los hombres salían a luchar contra los dragones, y volvían malheridos a los brazos de su princesa para que les curara. En tiempos pasados, los hombres defendían a sus mujeres, y estaban dispuestos a pelear por ellas si alguien ponía en duda su honor. Te aseguro que no es la violencia lo que me atrae, sino su deseo y su voluntad de afrontarla, su coraje.
En nuestros días, los hombres tienen abogados para que se ocupen de esos asuntos, y la caballerosidad desaparece porque enfrentarse a un maleante en la calle te puede costar un balazo. ¿Cuándo muestra entonces un hombre su coraje y valentía por la mujer que adora? La respuesta es obvia: cuando ella tira de su cabello hasta que él tiene que estremecerse de dolor. Es cierto que no tiene demasiado sentido, pero existe alguna conexión en este asunto si se analiza en profundidad. Un hombre decidido a soportar el malestar, arriesgando su orgullo, y que se atreve a afrontar experiencias “oscuras” por complacerme, es desde luego un hombre atractivo.
Una de las cosas más importantes sobre la dominación que no suelen tenerse en cuenta es la siguiente: si tú disfrutas de algo, házselo saber. Es crucial, por varios motivos: 1) revela tu comodidad con tu papel (una mujer a gusto con su poder y su sexualidad provoca que el hombre se derrita). 2) Indica que lo estás haciendo claramente por ti misma, no por él. 3) Le proporciona la retroalimentación que necesita para reaccionar de formas que a ti te resulten atractivas.
Afortunadamente, él prestará mucha atención a lo que digas; así que si algo te pone caliente, dilo: “Esto me pone caliente”. Una mujer excitada no es necesariamente una mujer débil. Es una mujer que puede admitir que está caliente, que está a gusto con su sexualidad. Si disfrutas de lo que quiere, y lo que quiere es un tipo de sumisión, házselo saber: “Estás adorable así indefenso”, o “me gusta cuando te retuerces”. Al expresar que tú también disfrutas de la situación, vuelves a reforzar que te encuentras a gusto en tu nuevo papel. Otra manera de afirmar tu dominio es haciendo alguna observación sobre la situación. Demuestra que eres consciente de lo que ocurre y de que eres la causante de su indefensión. Puedes decirle cosas como: “No puedes moverte, ¿no es cierto?”, o “duele, ¿verdad?”. Son cosas obvias para ambos, pero al decirlas le obligas a afrontar más aún la situación.


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