Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

La dómina corriente

Ms Rika

Trucos para disfrutar la D/s cuando no se es una dominatrix

Tu pareja te ha comentado que tiene una petición que hacerte. Sabes que es importante, pero no tienes ni idea de lo que podría ser. Está ruborizado, excitado, nervioso y un poco dubitativo. Sin lugar a dudas, se trata de algo muy importante para él y, lo más probable, para ti también. Entonces lo suelta: “Quiere que seas su ama. Quiere servirte… como un esclavo… para siempre”.

Sólo las palabras “ama” y “esclavo”, “dominación” y “sumisión” hacen que un escalofrío recorra tu espina dorsal. Evocan las imágenes de mazmorras, cadenas, potros de tortura, látigos, hombres débiles y patéticos siendo azotados y torturados por mujeres irascibles vestidas de cuero, con látigos y tacones altos. En este artículo me referiré a algunos aspectos especialmente importantes para que enfoques tus esfuerzos y los hagas más efectivos. Te enseñaré qué buscar y, más importante, qué vigilar y evitar. Intentaré explicar por qué algunas formas de tratar el tema funcionan mientras que otras están destinadas al fracaso.

Quizá hayáis hablado del tema con anterioridad, quizá hasta hayáis practicado estos papeles durante el sexo o, incluso, podría ser que haya salido el tema sin saber de dónde. Tu reacción puede ser desde “me repele lo que dices, ¿no es eso algo raro?”, hasta “siempre he querido un esclavo, y ahora es el momento”, pasando por “mi interés lo despierta algún juego morboso”.

Lo más probable es que tu reacción se situé en algún punto cercano al extremo más conservador; de hecho, si siempre has esperado que un hombre sea tu esclavo las 24 horas del día los 7 días de la semana, probablemente este artículo no te interese; aunque, aún así, podría arrojar algún foco de luz alternativo sobre tu forma de abordar la cuestión. Este texto está enfocado hacia la mujer que nunca consideraría a su pareja como un subordinado; desde luego, no las 24 horas del día, los siete días de la semana… y para siempre.

¿Qué te gusta?

Puede que no sea de tu agrado la parafernalia que dejan traslucir palabras como “dominación” y “sumisión”, “ama” y “esclavo”. Aún así, quizá te guste la idea de tu pareja pendiente de tus necesidades, totalmente chiflado por ti y excitado, dándote masajes y haciendo las tareas en casa, centrado en tus pensamientos e ideas; en suma, tratándote como a una reina.

Personalmente, no tengo ningún interés en hacer daño a mi pareja ni en que se arrodille cuando entro a la habitación, pero sin lugar a dudas me encanta pensar que fue idea suya que nos sentáramos a conversar después de haberlo recogido todo tras la comida que ha preparado, y que le excite físicamente doblar la ropa limpia. No le culpes por usar ese otro tipo de palabras para referirse a ello; son las que utilizan en las revistas y las películas que ha visto. Quizá no sepa expresarlo mejor.

El éxito en las relaciones, de cualquier tipo, se basa en el compromiso. Lo que intento en este artículo es ofrecer una forma verificada de abordar la cuestión para que encuentres la manera de ser feliz con tu pareja. Entender por qué lo está pidiendo, y llegar a la raíz de lo que te está pidiendo, os permitirá a ambos encauzar rápidamente sus intereses y energías hacia algo más productivo y que sea deseable también para ti. A través de esta aproximación, ambos seréis capaces de alcanzar mayores niveles de realización en vuestra relación.

Podrías preguntarte: ¿Por qué tener en cuenta su petición? Para responderte, te diré que hay algo que deberías saber: el hombre que quiere ser tu “esclavo”, normalmente, habrá estado pensando en serlo la mayor parte de su vida sexual. Habrá fantaseado con el asunto con regularidad. Habrá leído y visto películas, y habrá soñado, literalmente, con serlo. A menudo, identifica las relaciones sexuales, y el poder asociado con el sexo, con la dominación y la sumisión. Cualquier mujer que ve por la calle, sobre todo si viste prendas de cuero o botas, es en potencia la dómina con la que fantasea. Para él, la caballerosidad es sumisión. Lo más probable es que haya intentado llevar a cabo algunas de sus fantasías con alguna pareja anterior, con una dómina profesional o, incluso, él por su cuenta. Para cuando el asunto ha llegado a ti, se puede decir que él ya tiene el “Doctorado en las artes de la sumisión”. No puedes pretender que es algo que no existe. No es algo que vaya a desaparecer si no haces caso de la cuestión; el asunto se enquistará y buscará una válvula de escape.

Lo irónico es que el mismo interés que los hombres ponen en la dominación y sumisión a lo largo de sus vidas, que les hace tener una percepción muy gráfica de lo que creen que es, es al mismo tiempo la razón fundamental que provoca sus repetidos fracasos cuando intentan llevar la fantasía a la realidad. Pregúntale a cualquiera que haya intentado realizar sus fantasías sumisas, y te contará su historia de fracasos: mujeres a las que nunca les interesó, perdieron el interés o no sabían dominarle correctamente (ésta es mi favorita). Las razones pueden ser muchas, pero en esencia siempre confluyen en el mismo sitio: una visión de la sumisión egocéntrica, una fantasía hecha a medida y reforzada por unos medios (revistas, películas) concebidos para vender al hombre lo que demanda. Toda mujer que alguna vez haya intentado satisfacer las fantasías de dominación de un hombre acaba por darse cuenta de ello y sentirse ofendida; a menos que cobre por ello.

La buena noticia es ésta: cuando se ha acercado a ti para decírtelo es porque está dispuesto a probar lo que sea. Por lo tanto, la manera en que respondas a su petición inicial es muy importante. Lo más probable es que no debieras simplemente ignorarlo; de hecho, no creo que puedas hacerlo. Así que, asumiendo que no estás por completo cerrada a sus ideas, puedes estar tentada a proporcionarle lo que quiere. Tienes dos opciones: intentar aprender a ser su dómina soñada, y que te guste, o convertir sus deseos de servir en algo que se adapte a vuestras formas de ser y que ambos disfrutéis. Supongo que sabrás por dónde se encamina este artículo; aún así, es interesante comentar la primera opción, aunque sea para comprobar por qué no es una buena idea.

Por qué no convertirse en la dominatrix de sus sueños

Supongamos que has decidido convertirte en la dómina de sus sueños. ¿Cómo sabrás lo que tienes que hacer? ¿Cómo lo aprenderás? ¿Quién va a enseñarte? Lo más probable es que esto sea algo en lo que tus amigos o tu familia no vayan a ayudarte. Por tanto, lo más probable es que vayas directamente a tu pareja; después de todo, él sabe lo que quiere y parece ser un experto en la materia. Te centras en él para que te dé ideas, técnicas y fuentes de información en las que puedas investigar. Por supuesto, estas fuentes de información serán probablemente las mismas que él ha estado estudiando durante años y, de esta forma, tu investigación te llevará al mismo nivel de entendimiento en que se encuentra él.

Ahora te enfrentas a un problema básico: ¿Cómo vas a poder determinar si lo que has aprendido es lo correcto? ¿Qué elementos de juicio tienes para saber si eres una “buena ama”? ¿Lo juzgarás en base a su nivel de satisfacción? Son innumerables las veces que he oído: “Es que ella no sabe cómo dominarme”. Esto no suena muy prometedor, ¿verdad? Me refiero a que, por un lado, él trata de servirte, pero, por otro, es su felicidad el indicador de si lo estás haciendo bien o no. Esta forma de proceder es la receta infalible para el fracaso y, en consecuencia, completamente equivocada.

Nota: No le permitas convencerte de que ésta es una de las paradojas por las que la D/s es famosa. La idea según la cual es el sumiso quien realmente controla la relación es algo que se puede aplicar a relaciones basadas en escenas y a la cyber sumisión, pero no a las relaciones de sumisión orientadas al servicio a la mujer. Cualquier hombre que intente limitar el nivel o controlar el grado de servicio está deliberadamente tratando de devaluar el potencial de servicio en la relación. No debes tolerar esto en nombre de una paradoja.

Supongamos que has aprendido la dinámica del juego, ahora ya sabes cómo tratar a un “esclavo”, has aprendido lo que quiere y cómo dárselo. ¿Qué ocurre a partir de ahora? Lo primero de todo, observa sus reacciones. Es muy tentador disfrutar de la reacción que provocas cuando te ve vestida de cuero, blandiendo tu látigo y calzando tus botas. Los chicos normalmente alucinan. Te sientes como una triunfadora. Pero… ¿es esta reacción por ti o por lo que llevas puesto y por cómo actúas? Puesto que la forma en la que vistes y tu forma de actuar puede que no sean como eres interiormente, el disfrute puede ser muy efímero. Este hecho resulta todavía más evidente si lo comparas con su nivel de atención hacia ti cuando no estás interpretando tu personaje. Empezarás a darte cuenta que sólo está interesado en ti cuando interpretas tu papel.

Quizá ya hayas dejado todo esto atrás, has expandido sus fantasías, te sientes cómoda con sus reacciones y todo marcha bien… Pero entonces, ¡él parece querer más! Las fantasías D/s son como una droga: necesitan cada vez dosis mayores. A menudo, los hombres necesitarán mayores dosis para que mantengas su atención y, puesto que has establecido como criterio del éxito de la relación cómo se siente él, comprobarás que lo que antes funcionaba bien ahora ya no lo hace y, por tanto, te ves en la necesidad de experimentar para comprender qué es lo que quiere ahora. No hay forma posible de competir contra la imaginación de un hombre cuando se trata de las prácticas eróticas que le gustan. Si sigues por este camino, tratando de ser como él quiere, te encontrarás para siempre en un bucle infinito, un círculo vicioso del que no podrás salir.

Finalmente, hay un problema añadido: el hombre que trata de ser en base a sus fantasías D/s puede no tener ningún atractivo para ti; pues lo que te pide son aquellas prácticas que siempre ha asociado con sus fetiches, como por ejemplo: adoración de los pies, feminización, azotes, ataduras, castidad, esclavitud financiera o dependencia total. Al final, reconoces que ése no es el hombre del que te enamoraste. Puede ser divertido jugar un rato con un hombre atado, como si fuera un redondo de ternera, pero no es ése el tipo de hombre con el que quieres pasar cada día del resto de tu vida.

¿Entiendes ahora por qué intentar ser su dómina soñada no es la mejor de las ideas? El desafío es este: ¿cómo mantienes en el proceso tu propia identidad, salvaguardando el respeto por tu pareja, y encuentras al mismo tiempo la gratificación y el placer que también satisfaga sus necesidades? El desafío te puede parecer la cuadratura del círculo, pero afortunadamente lo que él te pide no es necesariamente lo que necesita. No todos los hombres son iguales, pero, aún así, los hombres sumisos tienen una serie de deseos secretos: quieren hacerte feliz, quieren ser atendidos, quieren que estés interesada y seas parte activa en la pareja y, sobre todo, quieren que expreses abiertamente tu poder femenino. No hay nada que sea más atractivo para un sumiso que una mujer que se muestra segura de sí misma en su sexualidad y en los efectos que tiene para él.

Claro que todo esto no suena para nada como lo de ser una dómina, ¿verdad? No tiene nada que ver con látigos, cadenas, cuerdas y unas buenas azotainas en el trasero. De hecho, tiene mucho más que ver con nuestra propia actitud y conciencia. Entonces, una cierta actitud y conciencia es todo lo necesario, ¿verdad?… Pues de hecho, no. Es necesario que exista comunicación de nuestras intenciones. Puedes ser todo lo segura de ti misma que quieras pero, a menos que ambos estéis de acuerdo en vuestra respectiva posición, no tendrá nada que ver con la D/s.

Cómo ser una dominante

Entremos, por tanto y sin más dilación, en cómo ser una mujer dominante. Puesto que tu pareja se ha movido y se ha ofrecido a ti, estás en disposición de ser tú quien haga el siguiente movimiento. Todo lo que tienes que hacer para ser una mujer dominante es aceptar su oferta de sumisión, pero aceptarla según tus términos y condiciones.

Recuerda que antes dije que el éxito en las relaciones, de cualquier tipo, se basa en el compromiso; aún así, no tienes por qué comprometerte en exceso. Te puede parecer una contradicción, pero es él quien se tiene que comprometer con tus términos y condiciones. Este es uno de esos rarísimos momentos en la vida en los que puedes disfrutar del lado dominante de un compromiso unilateral. Aunque no te parezca justo, él no lo discutirá ni se rebelará, porque entiende por completo que lo lógico es que la parte dominante del proceso de intercambio de poder tiene derecho a insistir en que las cosas sean a su manera. Él debe ceder en la forma en que lo ve para que esté de acuerdo con cómo lo ves tu. Para él es un compromiso necesario, porque es así como tu accedes a su petición y le permites someterse a ti, pero el truco está en los detalles… detalles que eres tú quien estableces.

El trato que le ofreces es el siguiente: estás de acuerdo en aceptar su sumisión, que es tu parte en el acuerdo, siempre y cuando lo que él te ofrezca se amolde a tu propia definición de la sumisión, que es su parte del trato. Le ofreces la oportunidad de que acepte tus términos y condiciones, y le detallas lo que quieres que haga para que así tome una decisión. ¿Podrá vivir de acuerdo a tus condiciones o no? Tus condiciones no deben de basarse en lo que él piensa que la dominación debería ser o en lo que le agradaría que fuera, ni siquiera en la imagen que tu tengas de la dominación. Los términos que elijas se deben de adaptar a tu vida, a tus intereses y a tus deseos. No es el momento de pensar en hacer algo por él o para él… es el momento de pensar en lo que puede hacer él para ti.

Aquí tienes, a modo de ejemplo, mis condiciones (las tuyas pueden ser diferentes, pero siéntete libre para utilizarlas si te gustan):

— Si voy a ser servida, y se trata de que mi vida sea más fácil, sólo voy a fomentar y apoyar aquellas ideas que, desde luego, hagan mi vida más cómoda. Puesto que él dice que quiere servirme, ¿qué interés podría tener en hacerme la vida más difícil o compleja?

— Aspectos que considero perjudiciales: castigos, tener que dar órdenes, discusiones, pereza, falta de consideración, darme la lata con insistencias repetitivas.

— Aspectos que considero beneficiosos: quitarme obstáculos, reducir mi carga de trabajo, incrementar su consideración, caballerosidad, honor, servicio y obediencia.

— Hay momentos para complacer y momentos para ser complacida. Puesto que es él quien se somete a mí, la cantidad de tiempo que dedicará a complacerme será muchísimo mayor que la que yo dedicaré a complacerle. Si él puede encontrar la felicidad en saber que me está sirviendo bien, estará gratamente complacido por el simple hecho de servirme.

— Las ideas que tiene sobre sus fetiches y la esclavitud pueden servirme para hacerle maravillosos regalos, si así lo decido y durante cortos períodos de tiempo. Sin embargo, su decisión de servirme debe de basarse en la posibilidad que nunca quisiera satisfacer sus fetiches; si así lo resolviera, y debe estar dispuesto en tal caso a no presionarme jamás para que lo haga o con que su nivel de servicio sea directamente proporcional a la satisfacción que obtenga de sus fetiches.

— Siempre sumisión activa, jamás sumisión pasiva. Prefiero un sumiso que sea activo. No quiero a mi pareja esperando que le diga qué es lo que tiene que hacer. No quiero tener que estar dándole órdenes. No estoy enamorada de él porque no tenga empuje ni pueda pensar por sí mismo. Estoy enamorada de su forma de ser, de su “independencia” y de su motivación. Son características maravillosas que debe de poner a trabajar para mí. No estoy desde luego dispuesta a perderlas.

— En resumen, mis condiciones son simples: su obligación es pensar y actuar de acuerdo a mi mejor interés, de tal forma que él compruebe que me sentiré complacida. Quiero que me demuestre su creatividad, quiero sentir su ahínco y motivación con el único fin de complacerme. Quiero que se esfuerce en anticiparse a mis necesidades y que actúe de acuerdo a ellas, aún antes de que tenga que pedírselo, decírselo u ordenárselo. Sé que no podrá conseguir algo así siempre, pero quiero tener constancia de que lo intentará en todo momento.

— La creatividad ayuda a definir las “rutinas”. Le animo a sugerirme formas en las que cree que podría ayudarme. Puesto que espero de él que se anticipe a mis necesidades, es natural que me sugiera procedimientos que puedan convertirse en rutinas. Lo bueno que tienen las rutinas es que, una vez establecidas, no requieren esfuerzo por mi parte para que produzcan su efecto. Él es el responsable de seguir el programa establecido. Mi vida es más sencilla si lo tengo a él para que se preocupe de cómo y cuándo tienen que hacerse las cosas. Cuantas más tareas y trabajos pueda sugerirme, mejor; sin embargo, siempre serán aquellas con las que esté de acuerdo y me complazcan.

Sus ideas terminan organizadas en tres categorías: 1) Las que me gustan y deseo que se conviertan en una rutina. Son, como es natural, por las que más reconocimiento va a obtener. 2) Las que, en realidad, sólo le atraen a él, pero que no por eso las encuentro carentes de gusto. Son las que puedo proporcionarle como regalos cuando me apetezca. 3) Las que no me gustan en absoluto y, por tanto, quedan excluidas por no serme de utilidad alguna. Al finalizar el primer mes de este acuerdo, tendrá una lista de tareas que hacer y un programa que cumplir para llevarlas a cabo. Por lo que a mí respecta, no necesitaré pensar más en ellas, sólo disfrutar de los beneficios que me producen.

Por mi parte, también adquiero dos compromisos con él, porque que no estamos hablando de un proceso unidireccional. Le prometo que tendré en cuenta y reconoceré sus esfuerzos para servirme, y que le daré indicaciones sobre lo bien que se esté comportando y le ayudaré para que aprenda a servirme mejor. Gracias a este compromiso, mi participación en nuestra especial relación de intercambio de poder se convierte en activa y plenamente comprometida.

Hay algunos aspectos beneficiosos añadidos a tener en cuenta al adoptar este procedimiento: primero, es obvio que, puesto que su objetivo es siempre complacerme, seré yo quien tenga la última palabra en la mayoría de los aspectos. Aún así, no debemos de perder de vista la realidad; puede que no esté de acuerdo conmigo en algunas tareas cotidianas y que, incluso, se llegue a dar el caso que discutamos. Pero, en esos casos, le recordaré rápidamente su compromiso con mi felicidad y, por tanto, tendrá que doblegarse cuando yo no quiera cambiar de parecer. También hay que tener en cuenta que, estando su sumisión centrada en su servicio a mí, su éxito se juzga en base a cómo me complazca. Soy, por tanto, juez y jurado para decidir si lo está haciendo bien. Este mecanismo es mucho más adecuado que si fuera yo quien me tuviera que anticipar a sus necesidades.

Ahora te aviso: los tíos que están en posesión del “Doctorado en las artes de la sumisión” no piensan de forma natural en este tipo de sumisión orientada a servirte. Necesitan que se les ayude para entenderla. La mejor forma de hacerlo es mantenerte inflexible. Insiste en que su sumisión tiene que ser a tu manera, o no habrás sumisión ninguna. Vuelve siempre sobre esta lógica irrefutable: como parte dominante de la pareja todo tiene que ser a tu manera. Busca siempre el compromiso unilateral por su parte.

Por último, ten en cuenta que un acuerdo en estos términos no le convierte en una marioneta sin voz ni voto. De hecho, es todo lo contrario. Le animas a pensar, a buscar nuevos caminos y formas de servirte. Tampoco es algo que le convierta en sujeto pasivo en la cama. Me gusta que un hombre sea agresivo y me demuestre sus deseos, y este acuerdo no le impide serlo. No obstante, me reservo el derecho de ser complacida como a mi me guste; lo que puede incluir, o no, que llegue al orgasmo. Por ejemplo, si me agrada que me seduzca y me lleve a la cama, que me proporcione un orgasmo oralmente, incluso que lleguemos a la penetración, pero que se detenga antes de llegar al orgasmo y, después, tenerle dándome un masaje en la espalda hasta que me duerma, y que él tenga que mantener su erección media hora más hasta que se vaya a dormir empalmado y frustrado… Pues eso es precisamente lo que tendrá que hacer. ¿Que parece que odiará algo así? Bueno sí, es muy probable… Pero me lo agradecerá a la mañana siguiente cuando se de cuenta hasta qué punto se siente dominado. ¿Aprecias ya la imagen de conjunto?

¿Y sobre las cosas que a él le gustan?

Reconozcámoslo, tienes una relación con él y, por tanto, quieres verle también feliz, quieres ser capaz de ofrecerle el sexo que a él le gusta y quieres, de vez en cuando, hacer realidad sus más tórridas fantasías. Si no es algo que descartes por completo; adelante, siéntete libre para ello. Aún así, lo que debe de quedar muy claro es que no confunda las actividades de estos juegos con el acuerdo al que ambos habéis llegado. Debería entender estas reglas: 1) Tú decides si jugáis y cuándo. 2) Son sencillamente regalos que le das; ni es algo que se haya ganado ni tampoco algo que tú le debas. 3) Nunca debe confundir estos juegos con el verdadero servicio; son actividades para él, que nacen de tu buen corazón. 4) Cuando el juego ha terminado, todo vuelve a la normalidad; es decir, a que te sirva a tu manera.

Creo que pueden interesarte algunos trucos sobre cómo ofrecerle estos regalos, pues, a menudo, las prácticas que le interesen puede que te parezcan increíbles. ¿Cómo le pueden gustar unas pinzas en los pezones y pesos colgando del escroto? Si decides darle algún regalo y llevar a cabo sus fantasías debes de tomar en consideración los siguientes consejos:

— Disfrutará mucho más si le ofreces su regalo aparentando que también estás interesada en la actividad.

— Incluso aunque sea idea suya, actúa como si fuera tuya también. Si quiere hacer algo que, en verdad, no te podías imaginar que le gustara, es porque probablemente quiere ser “obligado” a hacerlo; así que “oblígale”. Hazle entender que es importante para ti que realice esa práctica en concreto. Si parece que, en el momento de llevarla a cabo, se arrepiente de su propia idea, quizá esté esperando que tú le impidas volverse atrás, por tanto, oblígale a realizarla.

— Si quiere que le hagas sentir indefenso, ayúdale a sentirse indefenso. Puedes atarle, hacerle sentirse incómodo, hacerle cosquillas, jugar con hielo teniéndole atado, jugar con su respiración, hacerle un poco de daño… Cualquier práctica que le demuestre su total indefensión para escapar a tus deseos.

— No le preguntes si lo estás haciendo bien, sólo hazlo. Si quieres que te aporte sugerencias, dile antes de empezar que puede hacerlas. La confianza mutua es fundamental.

— La humillación verbal y burlarte de él es muy efectiva. Hazle hablar también.

— No conocerás sus límites hasta que los hayas traspasado, pero hazlo con sumo cuidado. Si es una práctica que implica dolor, lenta y progresivamente llévale hasta el punto en que te suplique que pares. Él no lo disfruta tanto si nunca le haces esforzarse para ganarse el alivio.

— A los sumisos les encanta suplicar. Prolongar cualquier sensación placentera a base de arrastrarle a otra de incomodidad mientras él suplica para que no lo hagas así es un camino seguro para hacer de tu regalo la más placentera de las experiencias.

Y, con esto, ya hemos hablado bastante de complacerle a él.

¿Qué hacer cuando se muestre indisciplinado?

Lo primero que debes tener en cuenta es que me he referido a “cuando”, no a “si” lo hará, porque puedes estar segura de que, en algún momento, se mostrará indisciplinado. Tendrá días en que no se sienta de humor para servir y, de hecho, necesitará ayuda para volverse a concentrar en hacerlo, y que lo que le preocupe no interfiera en su mente. Si su idea de la sumisión solía ser la de “dejarse hacer mientras se siente indefenso”, se mostrará descontento por no disfrutar tan a menudo como le gustaría de escenas de ese tipo. A menos que sepas cómo mitigar estas circunstancias, no dejes que se salga con la suya por ese camino. Ten en cuenta que quizá te esté poniendo a prueba. No se lo permitas. Jamás le permitas que te obligue a tener que hacerle los regalos que quiere. Ten confianza en ti misma y mantente en tu posición. Ten todo esto en cuenta especialmente durante el perverso “tiempo de rebote”: las 24 horas siguientes a su último orgasmo. No permitas que su nivel de concentración y de dedicación a servirte se evapore durante el tiempo en que su deseo sexual está en los niveles más bajos.

Así que te preguntarás: ¿Qué puedo hacer para recuperar su concentración? Hay tres alternativas que pueden venirte a la mente, pero sólo una de ellas funciona: 1) castigarle, 2) ignorarle, y 3) razonar con él.

La primera alternativa, castigarle, no es nada buena; de hecho, es precisamente lo que algunos sumisos quieren que hagas. Actúan así para que les castigues, pero el castigo supone más trabajo para ti, y te complica la vida. Aún en el caso de que disfrutes castigándole, no hay nada que puedas hacer para castigarle que no pudieras hacer de cualquier otra forma sin más razón ni motivo que tu propio placer; por tanto, no hay ningún beneficio intrínseco para ti en el castigo. Un problema añadido es que entrar en esta dinámica supone fomentar su mal comportamiento, para que así su reacción provoque unas prácticas que a él le gustan. Y estás actividades deben de estar reservadas para cuando estimes oportuno concederle un regalo. En consecuencia, el efecto que provoca esta forma de actuar es socavar tu posición, al permitir que se salga con la suya en respuesta a algo que haya hecho, independientemente que haya sido positivo o negativo.

He escuchado a algunos decir: “Si el castigo es una práctica que, en realidad, no les gusta entonces no lo disfrutarán; por lo tanto, no actuarán nunca de una forma que provoque un efecto desagradable”. No estoy de acuerdo. A un sumiso le encantará tenerte tan centrada en él que tengas que forzarle a hacer o soportar algo que, en realidad, no quiere. No es más que un ejemplo de la egocéntrica sumisión masculina, aún en el caso de que nos refiramos a una actividad en concreto que no disfrutan. No lo permitiré.

La siguiente alternativa, ignorarle, puede parecer la más fácil pero, a largo plazo, no funcionará. Si ignoras su forma de comportarse lo entenderá como que no te preocupas por vuestro acuerdo. Si no insistes en su servilismo, esperándolo y demandándolo, sentirá que no tienes interés alguno en que se comporte así. Este es el factor más desmoralizador para cualquier sumiso. Al mismo tiempo, tampoco se le olvidará que esta fue “tu idea” sobre lo que querías de él. Por tanto, si quieres hacerle pensar que servirte de acuerdo a tus condiciones es algo que te complace, no le ignores cuando no lo haga.

Así que la tercera opción, razonar con él, es la mejor. Siéntate con él y pon las cartas boca arriba. Hazle saber que no estás contenta con su forma de servirte y que no está cumpliendo con su parte del trato. Explícale que esto es lo que ÉL quería. Fue ÉL quien te dijo que quería servirte, y tú le has dado la oportunidad de hacerlo. Si no puede hacerlo de todo corazón, entonces mejor que no lo haga de ninguna manera. Dale la opción de servirte por completo o no mencionar más el tema. Durante la conversación, cuanto más hable él, mejor. Las palabras que salgan de su boca tendrán más impacto que las tuyas. Hazle preguntas de las cuales sabes las respuestas: “¿Qué fue lo que me pediste?” “¿Quién vino a quién para sugerir esta dinámica?” “¿Qué efecto tiene tu comportamiento en librarme de preocupaciones en la vida?” “¿Cuáles son los puntos del acuerdo que tu comportamiento incumple?” “¿Qué puedes hacer para mejorar?” Sé enfática, categórica y tajante. No te interesan para nada sus excusas ni vas a permitir que te eche la culpa. Es de nuevo la lógica de ese compromiso unilateral por su parte… Y es una lógica muy potente.

Si se anda por las ramas, quítale el privilegio de servirte durante un corto periodo de tiempo, dile que durante las próximas 24 horas ya no es tu “esclavo”. Ten confianza. Intentará hacerte ver que eso no le importa. Déjale que siga jugando de farol y dobla el tiempo en que no le permites ser tu “esclavo” a 48 horas, o hasta que te suplique serlo de nuevo. Cuando vuelva a suplicártelo, y ten por seguro que volverá, aún tendrás más el control.

En conclusión

Con todo esto, lo que he intentado decirte a lo largo del artículo es que tengas siempre presente que el objetivo es satisfacer su necesidad de servirte de una forma no sólo que sea tolerable para ti sino que la desees a largo plazo. Las sugerencias que he hecho han funcionado en mi caso y en el de muchas otras parejas con las que he tratado; no obstante, son sólo sugerencias. Eres tú quien tienes que establecer lo que disfrutas y él tendrá que aprender también a disfrutarlo así. Si tienes curiosidad o fantaseas con ello, proporciónale escenas con sus fetiches preferidos de vez en cuando a modo de regalos, con la frecuencia o falta de ella con la que te sientas cómoda. Déjale bien claro que esas escenas no tienen que ver con su sumisión, sino con tu generosidad. Y, recuerda, no recomiendo que las escenas se conviertan en motivo de recompensa, considéralas sólo como regalos.

La comunicación y una participación entusiasta y activa son las claves del éxito para cualquier relación. Te recomiendo encarecidamente que leas mis otros artículos sobre la D/s en las relaciones; en concreto, los más relacionados con éste son: “Una definición de la ‘auténtica’ sumisión”, “Añadir la dominación/sumisión a la relación”, “Obsequios frente a recompensas”, y “Regalos prácticos”. Como siempre, estoy ansiosa por escuchar vuestros comentarios. Puedes contactar conmigo directamente, en inglés, en la dirección: Ms_Rika@hotmail.com.

3 Comentarios
  1. Este artículo -y varios otros de la misma Autora- siempre me han parecido excelentes. No soy de la creencia de que hay una Dómina en potencia subyaciendo dentro de cada Mujer, pero si que muchas podrían disfrutar de una Dominación Femenina sin todo eso del cuero y los látigos. Que fácil es para un hombre enceguecido por sus propios fetiches y fantasías (el “Doctorado en artes de la sumisión” como le llama el artículo) “atropellar” a su pareja y bombardearla con textos e imágenes de sado duro con resultados que, muy probablemente, sean contraproducentes.

    No creo que haya una manera única de abordar una relación de DF universal para todas las parejas, ni que lo que dice el artículo garantice el éxito rotundo, pero como consejo es muy sabio y en lo personal me fue de mucha ayuda. Un saludo a todos.

    22:02 | 8 Mayo 2008

  2. [...] me parece magnífico y absolutamente recomendable el artículo de Ms Rika que apareció ayer: “La dómina corriente”–, con otras algo menos y las hay con las que discrepo. En realidad, intento ofrecer un [...]

    5:45 | 26 Junio 2008

  3. Excelentes artículos y sugerencias.

    21:04 | 30 Junio 2008

 

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