Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

La habitación de la recapacitación

Marion D

Hola Elise: en primer lugar déjame decir cuanto aprecio tu sitio web (gracias por el mucho y buen trabajo que estas haciendo).

Soy una mujer mayor (62) que ha vivido un matrimonio de dominación femenina desde hace más de once años. Comenzó cuando mi marido, que es unos cuantos años menor que yo, y que es el presidente de su propia compañía, tuvo una affair con una empleada mucho más joven, que hacía cualquier cosa por subir peldaños en la carrera empresarial. El affair no duró mucho, y yo le impuse algunas reglas muy severas para retornar a casa. Y ello nos llevó, con el tiempo, a una relación muy estricta en cual yo tengo un control total de todo. No tengo duda de que estos años pasados han sido los mejores de nuestras vidas y la relación ha ‘florecido’ desde que asumí la completa ‘posesión’ de cada aspecto de su vida.

La razón por la que estoy escribiéndote es porque creo que merece la pena contar la historia a tus lectores (además, tengo algunas preguntas). Quizás animará a otras mujeres mayores a abrazar este estilo de vida o enseñará a los participantes más jóvenes que la dominación femenina no es sólo para la juventud.

Tenemos una ‘Habitación Especial’ en nuestra casa denominada la ‘Habitación de la recapacitación’. En realidad, no es más que un armario bajo las escaleras que conducen al sótano. Normalmente, hay un panel que la esconde, que se mueve fácilmente, y detrás una puerta que puede cerrarse. Nadie que entrara en el sótano se daría cuenta de que hay una habitación allí. El espacio tiene un techo inclinado bajo los escalones y allí tenemos una silla con brazos. Hay unos velcros en los brazos, en las patas y en la parte alta de la espalda de la silla para usarlos como ataduras. Cuando castigo a mi marido, le ato a la silla y cierro la ‘Habitación de la recapacitación’, hasta que creo que ha tenido suficiente tiempo para meditar acerca de las transgresiones de su conducta conmigo.

También uso la silla de la habitación de la recapacitación en la ducha del sótano. Si no estoy satisfecha con cómo ha realizado sus tareas en el jardín (u otras), tiene que repetirlas completamente otra vez y, cuando lo ha hecho a mi satisfacción, le coloco en la silla en la ducha y le ato a ella para que reciba una ducha fría hasta que me parece suficiente para que haya aprendido la lección, lo que suele durar alrededor de diez minutos.

Tengo poca paciencia, y hay veces que, simplemente, quiero que desaparezca de mi vista, entonces convierto la ‘Habitación’ en una celda real. Cuando le introduzco en la celda, quito la silla y tiene que estar de pie en la habitación, cuya altura no le permite estar erguido, por lo que constituye una experiencia incómoda, porque además le hice poner un suelo de cemento muy rugoso, en el que resulta incómodo hasta sentarse. Puede pasar allí una hora o dos o, en algunas ocasiones, cuando ha llegado tarde a casa sin telefonearme previamente, puede estar toda la noche encarcelado. Ha llegado a ser un estupendo lugar para colocarle cuando llega mi noche semanal de las mujeres. Le sitúo allí antes de que ellas lleguen, y permanecerá en ella hasta que se vayan, o hasta la mañana siguiente si es lo que me apetece. También mantengo allí una colección de látigos y fustas de fabricación casera que cuelgan de la parte inferior de los escalones (él los ha hecho todos bajo mis especificaciones). Es un lugar seguro para guardarlos y sabe que está compartiendo la habitación con ellos, cuando sea liberado podría ordenársele que trajera uno a mi habitación.

Elise, quiero que sepas que nunca dejo la casa cuando el está en la ‘Habitación de la recapacitación’, a menos que le haya dado la posibilidad de abrir la cerradura desde el interior. Cuando ocurre esto, coloco un hilo por la parte exterior, si el sale de la habitación por cualquier emergencia, lo sabré al volver. Sólo lo hizo una vez, hace un par de años, y sé que nunca volverá a hacerlo.

Recientemente, hemos tenido trabajando para nosotros en la casa a un hombre joven. Su nombre es Bruno. En esta particular ocasión, y por razones que desconozco, el panel que cubre la habitación estaba corrido y la puerta abierta. La curiosidad de Bruno debió hacer el resto, porque no lo habría visto a menos que fuera directamente hacia él, y estaba fuera de lo que serían sus caminos habituales en la casa.

Bruno se excitó viendo la silla para el bondage y los látigos que colgaban de la pared. Me preguntó si estaba buscando otros sumisos para adiestrarles. Tiene sólo 45 años y me atrae. Pregunté a mi marido si le importaría que entrenara a Bruno siempre que lo mantuviéramos solo en términos de dominación/sumisión. Puso objeciones al principio, pero recordándole mi autoridad sobre él, y como le acepté después de su infidelidad con aquella joven, no hace falta decir que terminó aceptando que adiestrara a Bruno.

Debes pensar que soy una mujer sin corazón que se ha aprovechado de un hombre débil. Pero este no es el caso, en absoluto, en tanto que yo quiero a mi marido profundamente, y sé que el me adora y lo ha hecho desde que nos conocimos (excepto, probablemente, durante aquel ‘incidente’ que nos condujo a este maravilloso estilo de vida). Ha llegado a estar muy claro para mí que él necesita ser controlado y, con el paso de los años, resulta obvio que cuanto más estricta y controladora soy, más feliz y relajado está él. Siempre he sido una persona a la que le gusta controlar, y he llegado a asumir completamente el control y la posesión de mi marido.

Gracias por tu buen trabajo y por el servicio que proporcionas a mujeres y hombres.

Elise Sutton:

Marion, no veo problemas en que domines a Bruno sin llegar al sexo. Sólo estate segura de no descuidar el tiempo que le dedicas a tu marido, y comunicarte con él frecuentemente para estar segura de que asume el asunto de Bruno. No es que por eso tuvieras que dejar de adiestrar a Bruno, pero necesitarías hacerlo de un modo que también excitara a tu marido (posiblemente provocándole y humillándole con lo mucho que disfrutas dominando a un hombre joven).

Buena suerte con Bruno y con tu marido, y asegúrate de que tienes todas las precauciones cuando uses la ‘Habitación de la recapacitación’ y la silla de bondage. Ah, y la próxima vez que alguien visite tu sótano, cerciórate de que tu secreto está seguro… a no ser que quieras otro hombre que adiestrar.

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