Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

La linda hermana mayor

Enhorabuena por su web, que me parece que tiene un enfoque muy acertado. Les explico mi historia:

Tengo 23 años, y llegué a España hace 3 años y medio. Mi hermana mayor tiene 36, y llegó hace 8 o 9. Cuando vine, me instalé en su casa, y ahí sigo. Ella es socia en una inmobiliaria, trabaja mucho y lo hace bien. Yo no puedo quejarme, trabajo en una cadena de supermercados, pero no atendiendo sino en las oficinas.

Siempre me gustó mi hermana, desde chico. Siempre fue muy linda y, además, ha tenido una mezcla de caprichosa y de un poco mandona que me atraía. Cuando comencé a descubrir el sexo, era en ella en quien pensaba y en quien me fijaba y, bueno, con el paso del tiempo la cosa no cambió mucho; por no decir que nada. He tenido altibajos, pero desde que volví a vivir con ella, la sensación es muy fuerte.

También soy un amante de la dominación femenina. Desde pequeño tenía esas fantasías, con mi hermana principalmente. Incluso he llegado a pensar que la dominación es una consecuencia de que, cuando adolescente, no quería fantasear sexualmente con mi hermana, así que lo hacia como su silla, su siervo, etc.

Cuando llegue a España no lo tuve difícil. Quitando algunos problemas burocráticos, el resto fue sencillo; mi hermana estaba bien situada y se esforzó para que me sintiera bien. Aunque se lo agradecía, echaba de menos a mis amigos y al resto de la familia. Sin embargo, me fui integrando bien; aunque con el paso del tiempo, quizás al medio año o así, empecé a sentir otra vez la necesidad de servir a mi hermana, de que se convirtiera en mi ama. Por un lado, el descubrir Internet y explorar con tranquilidad todo el mundo de la dominación femenina y, por otro, el contacto diario con ella hicieron que esa sensación apareciera y que haya ido creciendo.

Los dos últimos años, he fantaseado mucho y he planeado como proponérselo, pero me faltan fuerzas. Intenté usar algunos trucos: como obedecer todos sus deseos; por ejemplo, darle el mando de la televisión; si me pide un vaso de agua, traérselo con la botella por si quiere mas; comprarle las revistas que le gustan; dejar que sea ella quien decida todo y aceptarlo sin más. Luego, y aprovechando que ella pasa más tiempo fuera de casa que yo, me dio por hacer sus tareas. Al principio, cuando volvía a casa y veía que le había hecho algo de lo que le tocaba a ella, le gustaba y lo agradecía, pero a medida que yo continuaba haciéndolo, encontraba algún momento para adelantarse o para hacer algo de lo mío.

Hará un año, le propuse darle mi paga y que ella me la administrara, pero fue un error: no le gustó la idea nada. De hecho, me dijo que si había hecho algo que provocara que yo no estuviese cómodo en su casa, etc., que no tenia que darle nada, que era su hermano… En ese momento, quise decirle que lo hacía porque quería, y que quería ser su esclavo, pero no me atreví.

Y esa es la situación ahora. Extraña. Ella me gusta y creo que lo sabe. En mi casa todos sabían que ella me gustaba cuando yo era enano y bromeaban con eso, así que no le habrá sido difícil atar cabos. Pero no sabe que mi deseo es ser su esclavo. Y aunque sigo obedeciéndola y haciendo la mayor parte de las tareas, la cosa no pasa de ahí. Si fuera mi novia, habría una mayor confianza y sexualmente podría lanzarme de otra manera, pero siendo mi hermana no sé cómo continuar.

Podría cambiarme de casa y alejarme de ella. Podría decírselo claramente, y ver qué pasa, o podría seguir igual: esforzándome en servirla mejor aunque nunca pudiera decirle lo que siento. ¿Ustedes qué opinan? Rodrigo Gómez.

DominacionFemenina.net (Ana Serantes):

Rodrigo, lo que nos cuenta no nos parece extraño: un niño que en el momento del despertar de su sexualidad vuelca sus deseos hacia una guapa hermana mucho mayor que él. No es un caso único, ni mucho menos, aunque tampoco sea frecuente. Ya es menos habitual que ese deseo se prolongue durante mucho tiempo y se convierta en bastante obsesivo incluso en ausencia de su hermana durante la adolescencia. Porque, por lo que nos cuenta, deducimos que entre sus 15 y sus 20 años su hermana estaba en España, lejos de usted. Así que es raro que no encontrara usted otras mujeres a su alrededor hacia quien proyectar sus deseos sexuales e, incluso, con las que establecer los primeros escarceos eróticos típicos de la adolescencia. En consecuencia, resulta lógico suponer que la obsesión por su hermana termino siendo importante y le impidió dirigir su mirada hacia las jóvenes que tuviera alrededor.

Lo que está claro es que usted está enamorado u obsesionado con su hermana. Y también que es un hombre sumiso, porque aunque la atracción por su hermana pudiera ser el detonante de su deseo de sumisión, como usted supone, lo cierto es que fue sólo el detonante, su tendencia sumisa es, en nuestra opinión, una realidad al margen de la mujer concreta en la que se proyecte.

No vamos a ponernos puritanos, Rodrigo, con el tabú del incesto. Sabemos que son numerosos los casos en los que se produce atracción entre hermanos, así que no tiene sentido extrañarse cuando sucede. No obstante, también conviene ser conscientes de que el incesto es un tabú en prácticamente todas las culturas que ha conocido la historia de la humanidad, por algo debe ser. De hecho, hay expertos que piensan que ese tabú ha llegado a formar parte de los instintos que ha desarrollado la especie por medio de la selección natural.

Pero, aparte del problema de la reproducción de la especie –que imaginamos que no le preocupará en exceso, como es lógico–, está también el problema social que supone la relación entre hermanos en cualquier comunidad humana. Es decir, que si esa relación fuera posible, su vida no iba a ser muy cómoda. No obstante, hay otra dificultad mucho más inmediata e importante para usted: lo más probable, por no decir que casi seguro, es que su hermana no esté enamorada ni se sienta atraída por usted.

Así que si esa es la situación, como nos parece lógico suponer, puede decirse que está usted construyendo su propia infelicidad, su frustración, al ponerse una meta que no está en condiciones de alcanzar. Esa es la razón fundamental que nos induce a recomendarle que se replantee su vida con una cierta radicalidad, que se distancie de su hermana y busque un lugar para vivir en el que no esté tan próximo. Creemos que eso es lo mejor que puede hacer si quiere estar en condiciones de construir un proyecto de vida y una relación de pareja en el futuro que le resulte satisfactoria.

Por supuesto, Rodrigo, que le costará, porque al fin y al cabo constituirá una ruptura con la mujer de la que cree estar enamorado. Pero como todos sabemos, las heridas psicológicas que las rupturas dejan terminan por cicatrizar y abren paso a las nuevas relaciones. El divorcio es ya una práctica tan común en nuestras sociedades que tenemos experiencia suficiente para saber cómo suelen desarrollarse las personas que se separan. Y las dificultades que encuentra quien ha sufrido esa ruptura son, además, proporcionales a su edad: a los 23 años se está en condiciones de reconstruir el espíritu con notable rapidez, y lo que hoy le parece tan doloroso puede que en poco tiempo no sea más que un recuerdo más o menos velado.

En nuestra opinión, la única alternativa realista a lo que le proponemos consistiría en hablar con su hermana claramente para descubrir si tiene alguna posibilidad de desarrollar una historia amorosa con ella. No se lo recomendamos, entre otras cosas, porque nos resulta difícil creer que esa posibilidad exista.

Pero lo peor que puede hacer es lo que se plantea en el final de su carta: “seguir igual: esforzándome en servirla mejor aunque nunca pudiera decirle lo que siento”. Creemos que ese camino sólo le llevará a prolongar inútilmente su angustia y su frustración y, sobre todo, le dificultará encontrar otra mujer en la que proyectar sus deseos y con la que construir una relación de pareja que pueda basarse en la dominación femenina, en la que usted termine sometiéndose a una mujer que le domine y a la que ame.

Ese es, en suma, nuestro consejo, Rodrigo: aléjese lo que pueda de su hermana, concentre su atención en las mujeres que tenga próximas y trate de esforzarse en ver sus encantos y sus virtudes, intente colocarse en la situación en la que sea posible enamorarse de otra mujer. Y eso es lo que le deseamos que consiga.

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