Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

La práctica de la infidelidad

Ms Lilly

Soy una mujer dominante y buena amiga de Elise. Recientemente me entrevistaron para una publicación de Dominación Femenina sobre la infidelidad. Después de leer la entrevista, Elise me pidió si podría resumirla y compartirla en su sitio web. Es un placer para mí hacerlo.

He estado casada con mi maravilloso marido durante 25 años. Nos casamos cuando yo tenía 25 y él 26, así que ya sacáis vosotros la cuenta para saber los que tenemos ahora. En nuestros 25 años de matrimonio le he puesto los cuernos a mi marido durante 15 años. Así que los años en los que le he puesto los cuernos superan a aquellos en los que no lo he hecho.

Los primeros seis años de nuestro matrimonio fueron muy tradicionales y convencionales. Éramos la pareja perfecta, lo hacíamos todo juntos y disfrutábamos mucho del sexo. Sobre el sexto año empezamos a interesarnos por la D/s, este hecho en sí ya sería una historia muy larga de contar ahora, así que no entraré en los detalles. Durante los dos primeros años de D/s nos rotábamos para ser dominantes. Sobre el octavo año de matrimonio, acordamos mutuamente que yo era la dominante por naturaleza y él el sumiso; y así sigue siendo 17 años después.

Como es el caso con la mayoría de las mujeres dominantes, una vez que descubrí y acepté mi naturaleza dominante no ha habido vueltas a atrás, y continuo ese camino hacia delante. Estos últimos 17 años han sido los mejores de mi vida, especialmente por lo que se refiere a mi sexualidad. Sólo una mujer que descubre y da rienda suelta a su energía dominante es capaz de experimentar el sexo en este nivel superior. Solía pensar que disfrutaba de buenos orgasmos, pero una vez que descubrí la Dominación y la Supremacía Femenina, el sexo y los orgasmos adquirieron una nueva dimensión de intensidad y placer.

Y esto me lleva a desembocar en el tema de la infidelidad como herramienta de Dominación Femenina. Elise habla con elocuencia sobre los aspectos potencialmente negativos de poner los cuernos y las cuestiones morales que implica. Estoy de acuerdo con todo lo que ha dicho al respecto, pero voy a centrarme en los aspectos positivos y en las satisfacciones que conlleva. La infidelidad como herramienta de Dominación Femenina es como la dinamita: usada correctamente es muy poderosa, pero usada con incorrección te explotará en las manos. A lo largo de los años, he hablado y aconsejado a mujeres que han fastidiado sus vidas y sus matrimonios por haber practicado la infidelidad. Pero según iba escuchando experiencias de embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y hogares destrozados me daban ganas de gritar: “Maldita estúpida, no tienes que echarle la culpa a nadie que no seas tú misma. No puedes acercar una llama a la mecha de un cartucho de dinamita y esperar que no te ocurra nada”.

Hay dos verdades absolutas que he aprendido acerca de las mujeres: primera, todas las mujeres son superiores a los hombres. Segunda, no todas las mujeres son igualmente inteligentes ni tienen el mismo sentido común.

Las reglas sobre el sexo seguro cuando nos referimos a poner los cuernos no son diferentes de las reglas sobre el sexo seguro cuando se refieren a una mujer soltera: se usa condón siempre, y punto. Sin excepciones. Existen peligros ahí fuera, así que mejor que seamos inteligentes y que hagamos uso de nuestro mejor juicio y sentido común.

¿Por qué ser infiel? Las dos razones políticamente correctas que se esgrimen sobre el tema son:

– “Le pongo los cuernos a mi marido porque quiero conducirlo hacia un mayor grado de sumisión”.

– “Le pongo los cuernos a mi marido porque él también lo disfruta. Si no fuera así, no se los pondría”.

Ambas razones son correctas, y deberían formar parte del proceso siempre, pero yo además le pongo los cuernos a mi marido porque soy un putón egoísta. Me gusta disfrutar del sexo con otro hombre, y ocasionalmente con otra mujer, mientras niego ese placer sexual a mi marido y además le humillo. Lo admito, me gusta salir con otros hombres. Me gusta el proceso de principio a fin. Amo a mi marido y lo incluyo en el proceso de ponerle los cuernos porque quiero tenerle humillado, quiero conducirle hacia un mayor grado de sumisión y considero que es su deber serlo en un matrimonio orientado hacia la Supremacia Femenina. Ponerle los cuernos es una parte importante de cómo entiendo mi relación con él y de lo que considero que es correcto. No es un simple juego D/s, es una declaración de principios y un modo de vida.

Como he dicho, me gusta el proceso de principio a fin. Me gusta ligar con hombres atractivos. Me gusta pedirle a un hombre una cita. Me gusta excitar a mi marido sobre ello. Me gusta hacer que me ayude a arreglarme para mis citas. Me gusta salir para tener una cita. Me gusta conocer y relacionarme con un hombre nuevo para mí. Me gusta el primer beso, la primera caricia, la pasión y sí, me gusta el sexo. Me gusta atormentar y humillar a mi marido durante y después del sexo. Me gusta el poder que siento y me gusta lo que me hace experimentar como mujer dominante. Y, por encima de todo, me gusta el efecto que tiene en mi marido como sumiso. No se sabe lo que es el poder y el control sobre un hombre hasta que no se le han puesto los cuernos, especialmente si a ello se añade la privación de sus orgasmos.

Me gustaría hacer hincapié en la importancia de la privación de sus orgasmos en relación con el proceso de ponerle los cuernos. Todo el proceso en sí refiere a la liberación Femenina y a la aceptación masculina de la superioridad de las mujeres. Se trata de un completo y absoluto intercambio de poder entre el marido sumiso y la mujer dominante. Refiere a la humillación del marido para el placer sexual de la mujer.

Cuando me refiero a la infidelidad como herramienta de Dominación Femenina, no me estoy refiriendo a nada que tenga que ver ni con el intercambio de parejas ni con las orgías. Puede que, en alguna rara ocasión, permita a mi marido servirme o serme de alguna utilidad mientras disfruto del sexo con mi amante, pero aún en ese caso será porque me aporte mayor placer y esté de humor para permitírselo esa noche. Aún así, a mi marido no le permito jamás tener un orgasmo en presencia de mi amante. Mi marido existe para servirme a mí, no para satisfacer egoístamente su placer. Todo gira alrededor de mi placer, y mi placer se incrementa cuando además mi marido está excitado, frustrado y privado de disfrutarlo.

Como bien nos enseña la Supremacía Femenina, no creo en el orgasmo masculino, ni lo autorizo. Sólo permito el orgasmo de mi amante porque se que hace mayor la humillación de mi marido. Lo mismo se aplica a la penetración sexual. A mi marido no le permito la penetración sexual conmigo, pero permito ese privilegio a mi amante sólo porque se que hace mayor la humillación y la vergüenza de mi marido. Para algunas mujeres lo mismo puede decirse acerca de realizar la felación a un hombre. La mayoría de las mujeres que abrazan la Supremacía Femenina jamás harán un acto de tal bajeza a ningún nombre por ninguna razón. Pero hay algunas mujeres que, rara vez, harían una excepción con su amante porque es una práctica que quieren añadir a la humillación y frustración de su marido.

¿Con qué frecuencia y por cuánto tiempo privo a mi marido del orgasmo? En los últimos 15 años ha disfrutado de cero orgasmos a través de la penetración sexual. Le permito el privilegio de la penetración dos o tres veces al cabo del año, sólo porque quiero que jamás olvide el placer que se está perdiendo los otros 362 días del año. En las raras ocasiones que le permito la penetración, soy yo quien se pone arriba y no le permito mover un músculo. Puede que aguante hasta permitirle que sienta la humedad de mis jugos o que incluso lo cabalgue con pasión durante unos instantes para recordarle lo que se está perdiendo. Pero después de unos muy breves minutos, lo desmontó y le hago retornar a la frustración. Al mismo tiempo, durante todo el tiempo que me está penetrando, le susurro dulcemente para excitarlo cómo a mis amantes sí les permito este placer todo el tiempo, pero que a él no le volveré a permitir correrse dentro de mí. Todo esto me permite hacerle sentir mucha más la dominación psicológica.

Además de estar privado de la penetración, mi marido está privado de cualquier tipo de orgasmo la mayoría del tiempo. Intenté que la privación fuera permanente, pero al final no lo hicimos. Podría tenerlo así durante un mes o seis semanas pero al final siempre tendría un sueño excitante o un orgasmo de forma accidental durante nuestras sesiones D/s. Incluso teniéndole con un cinturón de castidad puesto, podría tener un orgasmo al penetrarle analmente con el arnés-consolador. Por tanto, decidí que, en vez de perder mi valioso tiempo buscando el procedimiento para prevenir estos accidentes, o tener que hacer el exhaustivo esfuerzo de darle un masaje prostático, lo más sencillo y divertido era permitirle uno o dos humillantes orgasmos al cabo del mes. Lo he hablado con otras mujeres y estamos de acuerdo que si el orgasmo masculino se permite de una forma no íntima y que sea degradante, aún así todavía podemos hablar de privación permanente. ¿Qué diferencia hay entre que lo experimente a través de un masaje prostático o a través de la humillación? Por eso, mi marido sólo “disfruta” de uno o dos orgasmos supervisados y lo más degradantes posibles al cabo del mes. Además, desde la perspectiva de la Supremacía Femenina, es algo que disfruto, porque sus esporádicos orgasmos me divierten. Mi forma favorita es hacer que se la restriegue con un objeto delante de otra mujer mientras yo lo humillo verbalmente. Según la idea que me venga a la mente, hago que se la restriegue contra el suelo, una silla, la cama, las botas que llevo…

Mi marido lleva puesto un cinturón de castidad la mayor parte del tiempo, para que así no se comporte mal a mis espaldas. Tenemos tres modelos CB2000 (www.cb-2000.com), Tubo de Castidad (www.lockmeup.com/cb/remy.html) y Access Denial (www.lockmeup.com/cb/access.html). Se los cambio con cierta frecuencia, aunque él parece estar más cómodo con el modelo Access Denial. El modelo CB2000 es el mejor para los viajes.

¿Es duro para él estar frustrado y privado de orgasmos? Por supuesto que sí, y me encanta que sea así. No sería divertido para mí si a él le gustara estar privado de los orgasmos. Le hace ser más sumiso hacia mí, así que ese aspecto sí le gusta, pero en realidad ningún hombre disfruta siendo excitado y privado del orgasmo todo el tiempo. Bueno, mentalmente sí, pero sexual y físicamente no. Su incomodidad y frustración se añaden a mi excitación y satisfacción.

¿Con quién le pongo los cuernos a mi marido? Este es el aspecto más importante de todo el proceso. Básicamente, le pongo los cuernos con un hombre por el que me sienta muy atraída, y del que sepa que mi marido se sentirá celoso. ¿Qué sentido tendría ponerle los cuernos con un hombre que él aprueba? No tiene ningún derecho a cuestionar mi elección, y debe aceptar y someterse a la decisión que tome. ¿Quién es la mujer liberada? ¿Quién manda aquí? Por eso, no tiene nada que decir al respecto. Si no lo siento incómodo, con algo de celos y envidia, no se sentirá humillado y, por tanto, no será una experiencia que le conduzca a un estado de sumisión más profundo. Quiero que su elección se decante por la sumisión en vez de por los celos, pero tengo que ponerle ambas cosas por delante para que haga su elección.

Me gusta salir con hombres jóvenes y atractivos. Quiero que mi marido se sienta emocionalmente amenazado. Quiero que redoble y triplique sus esfuerzos por servirme y por asegurarse que estoy feliz y lo más atractiva posible para mi cita. Cuanto más emocionalmente amenazado se sienta, más disposición tendrá a complacerme. Le dije al inicio de todo esto que jamás le dejaría por otro hombre, y se lo decía totalmente en serio. No hay hombre sobre la faz de la tierra con el que estaría casada que no fuera mi marido, pero no por ello dejo de utilizar sus inseguridades para convertirlo en un mejor sumiso. Le sigo diciendo que le amo y que nunca le abandonaré, pero también hay ocasiones en las que le excito y atormento sin compasión haciéndole saber que mi amante es en la cama mejor de lo que fue él nunca.

Una vez dicho eso, busco un hombre por el que me sienta atraída y que me excite sexualmente. Siempre le he puesto los cuernos con un hombre que sea muy sexy. Quiero un hombre que sea más joven que mi marido, de mejor tipo físico y más musculoso que él y, si además es posible, mejor dotado. Si le vas a poner los cuernos a tu marido, ¿por qué hacerlo con un hombrecito con una polla diminuta? Hazlo con un semental que tenga polla de semental. Hazlo con un hombre al que te quieras follar.

¿Dónde encuentro a mis amantes? Quiero empezar diciendo dónde no los encuentro. Nunca tengo una cita con un hombre a quien conozca por mi trabajo. Nunca elijo a un hombre que haya conocido en un bar. Nunca salgo con ningún amigo o compañero del trabajo de mi marido. Nunca me hago pasar tampoco por soltera cuando hablo con un hombre. Hay que ser siempre honesta sobre el estado civil.

La mayoría de los hombres que he encontrado en los últimos años ha sido a través de un grupo de Dominación Femenina y a través de Internet. Tengo un anuncio personal en Alt.com y recibo muchas respuestas, pero si quien me contesta no sigue al pie de la letra las instrucciones del anuncio, no le respondo. Quiero una fotografía y que sea un sumiso comprometido con la Dominación Femenina. Cuando soy yo quien contesta un anuncio, hago preguntas directas y personales y no me ando por las ramas. Digo desde el primer momento que estoy felizmente casada, y que estoy buscando un amante. Y que lo quiero sumiso, pero no pasivo. Quiero que mi marido sea pasivo, no mi amante. Pido su nombre completo, edad, fecha de nacimiento, ocupación, altura, peso, tipo físico, medida del pene e historia sexual. He encontrado dos amantes excepcionales a través de Alt.com pero se tiene que ser extremadamente paciente para separar el grano de la paja.

La mejor forma para encontrar amantes es a través de un grupo de Dominación Femenina con el que colaboro. Somos un pequeño grupo de sólo cinco parejas y no tengo intención alguna que crezca. Si una pareja lo abandona, se reemplaza con otra. Empezamos con la intención de crear un gran grupo de soporte para la Dominación Femenina, pero se ha convertido en un buen yacimiento donde encontrar sumisos solteros. Tengo también una página web que sólo puede encontrarse a través de Alt.com y otro servicio de contacto. En mi página hablo de nuestro grupo y comento que buscamos un reducido y selecto grupo de hombres solteros para servir a mujeres dominantes. Recibo un gran número de respuestas y deben de pasar un proceso de selección antes de que les invite a una sesión del grupo. Les hago las mismas preguntas que ya he mencionado anteriormente, salvo que omito las relativas a la medida de su pene y su historia sexual. Exijo sin excusas una foto. Si el candidato despierta mi interés, concierto con él una conversación telefónica. Si después continua interesándome, le invito a una reunión del grupo. Es entonces el momento para examinar tanto su cuerpo como su personalidad. En la mayoría de nuestras reuniones solemos ser las cinco parejas y un selecto grupo de sumisos solteros.

¿Cómo hago para que los mismos sumisos solteros no vengan a todas las reuniones? Les hago saber desde el primer momento que, puesto que somos un grupo pequeño con limitado espacio, y puesto que son tantos los sumisos que quieren asistir, sólo serán invitados a una reunión inicial. Una vez al año echamos la casa por la ventana, y en una mazmorra de gran tamaño invitamos a todos los seleccionados, pero no a las reuniones mensuales. A menos que haya algún sumiso soltero con el que yo, u otra de las mujeres del grupo, esté interesada en tener una cita. En ese caso, la mujer interesada le llamará y le pedirá una cita. Si se convierte en el amante de una de las mujeres entonces sí es invitado a las reuniones mensuales. La clave de mi porcentaje de éxitos es el proceso de selección. La mayoría de los candidatos no llegan a pasar el proceso de selección para conseguir una invitación a nuestras reuniones.

¿Durante cuánto tiempo salgo con uno de mis amantes? Durante bastante tiempo, hasta que me canso de él. Me aseguro de que el amante con el que salgo tenga muy claro que es una relación que sólo durará un periodo de tiempo limitado puesto que soy una mujer casada. Soy totalmente honesta con él. Le digo que le encuentro atractivo, pero que mi intención es usarle para mi placer egoístamente. Si es sumiso, esta forma de hablarle suele excitarle. He salido con algunos hombres tan sólo en dos ocasiones mientras que el record está en dos años.

¿Es duro dar por finalizada la relación con el amante? En la mayoría de los casos no. Normalmente, es el amante quien decide dar por terminada la relación antes de que lo haga yo, porque después de haber conocido a una mujer soltera, prefiere una relación a tiempo completo, que es algo que yo no le puedo ofrecer. En realidad, es esta la forma en que prefiero que ocurra, porque odio tener que romper la relación con un hombre que ha llegado a estar tan unido a mí. Desafortunadamente, ha ocurrido algunas veces, y nunca llego a acostumbrarme, pero es parte del proceso. Mi amante suele figurarse que mi relación con él se acaba cuando empiezo a animarle a que salga con mujeres solteras.

¿Me han hecho daño alguna vez? Sí, el hombre con el que salí durante dos años se convirtió en mi mejor amigo, aparte de mi marido, y llegué a estar más unida a él de lo que había planeado inicialmente. Rompí algunas de mis reglas más firmes, como la de irme de vacaciones con él o permitirle que viviera con nosotros durante unos meses. En ambos casos fue una mala idea. El amante que vive en casa es el camino más rápido para provocar problemas. Efectivamente, tres son multitud bajo el mismo techo. Las fricciones entre mi marido y él me hicieron invitar a mi amante a que dejara de vivir con nosotros, lo cuál él nunca me perdonó y rompió la relación. Me dolió, pero actué correctamente. Disfruté mucho del sexo con él y tengo muchos recuerdos agradables. Lo mejor de estar casada es que tu marido está siempre ahí, para abrazarte y consolarte después de romper una relación; no estás sola, y resulta más fácil superarlo. Aun así, el mejor consejo que puedo dar es mantener la distancia debida y no involucrarse emocionalmente en exceso con los amantes; lo cual es más fácil de hacer para unas mujeres que para otras.

¿Disfruto del sexo con todos los hombres con los que tengo una cita? No, pero esa es mi intención. Sólo salgo con un hombre cuando tengo la esperanza de llevármelo a la cama. Raramente el sexo ha sido como ha terminado nuestra primera cita, y también ha habido hombres por los que me he sentido tremendamente atraída, pero después de dos citas he cambiado de opinión. Lo bueno de estar casada es que siempre tienes la escapatoria perfecta cuando quieres romper el contacto después de un par de citas. Sólo tienes que decir que no puedes seguir adelante con todo esto por tu marido. Funciona siempre de maravilla.

¿Tengo siempre un amante? No, pero lo normal es que lo esté buscando. Alguna veces he necesitado un descanso y he llegado a estar hasta un año sin amante. En los 15 años que llevo poniéndole los cuernos ha mi marido puedo decir que he salido con unos 15 hombres y al menos 10 de ellos han sido mis amantes. Así que he tenido también largos periodos sin amante. Aunque siempre atormento a mi marido con que he salido y me he acostado con muchos más hombres desde que nos casamos que cuando estaba soltera. Otro pensamiento más con el que humillarlo.

Ahora describiré todo el proceso de poner los cuernos a mi marido y una típica cita:

A la mayoría de los maridos les gusta preparar a su mujer para una cita y el mío no es una excepción. Es una oportunidad a no perder para humillarle y hacerle sentir la sumisión. La rutina de preparación para un cita varia. Puede que le permita que me bañe si tenemos tiempo para ello pero, en cualquier caso, me ayudará a elegir lo que me voy a poner y a vestirme. Es entonces el momento de añadir todo tipo de humillaciones verbales a nuestra conversación normal, para hacerle saber lo excitada que estoy ante mi inminente cita. Le permito besarme y adorar mi cuerpo mientras me viste. Una vez que estoy vestida, le permito adorar mis pies y piernas ya con las medias puestas. Siempre le hago que me reconozca mi derecho a salir con otros hombres y desearme una placentera cita.

Si el hombre con el que he quedado me recoge en casa, no le permito entrar antes de la cita. No quiero que los dos hombres se vean. Hago que con quien voy a salir me avise con el claxon de su coche para salir a su encuentro. Si se tienen vecinos entrometidos, lo mejor sería quedar en un lugar diferente.

Normalmente le doy a mi marido una lista de tareas y recados que hacer mientras estoy fuera. Esto supone una humillación añadida y, además, mantiene su mente ocupada. Durante el transcurso de la cita también es usual que haga varias llamadas al móvil de mi marido y no desaproveche oportunidad alguna de humillarlo diciéndole lo bien que lo estoy pasando y lo atraída que me siento por el hombre con el que he salido. También puede que le atormente diciéndole que mi amante no es capaz de quitarme las manos de encima.

Siempre le hago saber a mi marido la hora a la que espero volver a casa. Si voy a llegar tarde, le llamo y se lo digo. Si me apetece acostarme con mi amante y es él quien me lleva a casa, haré que se espere en el coche mientras preparo a mi marido. Al entrar en casa ordeno a mi marido que adopte una postura sumisa y le informo de mi deseo de acostarme con mi amante. Lo que haga con mi marido en ese momento depende del humor con el que me encuentre. Si es la primera o segunda vez que me acuesto con mi amante, normalmente llevo a mi marido a su habitación y lo ato a la cama. También puede que le deje con un consolador en su ano. Por supuesto, siempre que he salido a una cita o le estoy poniendo los cuernos, lleva el cinturón de castidad puesto. Siempre dejo la puerta abierta para que pueda oírlo todo. Una vez que mi marido está preparado, dejo entrar a mi acompañante. En algunas ocasiones tomamos una copa o picamos algo, pero lo normal es que vayamos directamente al grano. Siempre soy dominante con el hombre con el que salgo aunque le permito ciertas libertades. Mi marido, en cambio, debe permanecer echado en su cama y escuchar cómo disfrutamos ardientemente del sexo.

Una vez que hemos terminado, acompaño a mi amante a la puerta y me despido de él. Si me quedan fuerzas, es uno de los mejores momentos para dominar y humillar a mi marido. Le excito haciéndole saber lo buen amante que es, lo dotado que es y cosas por el estilo. Casi siempre, en este momento, hago que me limpie con su lengua y le permito adorar mi cuerpo. En algunos casos quizá le azote también y le penetre con mi arnés-consolador mientras le humillo.

Después de varias citas con mi nuevo amante, puede que permita a mi marido estar presente en el dormitorio. Según me dé en ese momento, puedo atarle frente a nosotros y hacerle contemplarlo todo. Si es así, le prohíbo hablar y no permito a mi amante que le mire. Mi marido debe mirar cómo me folla otro hombre y sentirse humillado y avergonzado. Mientras le pongo los cuernos mantengo todo el tiempo que puedo el contacto visual con mi marido y suelo humillarle verbalmente. Y por supuesto, mis gemidos de placer son bien audibles como efecto añadido.

Ha habido ocasiones en las que he permitido a mi marido ayudarnos. Puede que le permita lamerme los pezones mientras mi amante está lamiendo entre mis piernas. No es algo frecuente, y sólo se lo permito después de que me haya demostrado varias veces que es capaz de estar sentado tranquilamente viéndonos.

Nunca permito que los dos hombres tengan contacto alguno. Mi marido no tiene ninguna inclinación homosexual, y creo que sería ir demasiado lejos hacerle algo así. Sé de algunas mujeres que sí lo hacen, pero no es mi caso. Una de las mujeres de nuestro grupo de parejas si hace que su marido se la chupe a su amante como calentamiento antes de follarla a ella. En fin, a cada cual lo suyo. Creo que en el caso de mi marido algo así le repugnaría, así que es cuestión de conocer a tu marido y decidir lo que es aceptable. Tuve un amante que de hecho me pidió si podía tener sexo con mi marido. Denegué su petición, para su desconsuelo y satisfacción de mi marido.

También disfruto del sexo con mi amante en su casa. En esos casos, llamo a mi marido por teléfono y le digo los planes que tengo. He llegado incluso a hacer que escuche por teléfono mientras disfrutaba con mi amante. Pero la mayoría de las veces le cuento los detalles cuando llego a casa mientras le humillo.

¿Con qué frecuencia tengo citas? Si tengo una relación con un amante, normalmente una vez por semana. Es una frecuencia que permite por un lado mantener la distancia suficiente como para no llegar a intimar demasiado y, por otro, esperar con excitación algo cada semana. No empleo mucho tiempo durante la semana en hablar por teléfono con mi amante, prefiero mantener el contacto una vez por semana, porque tengo un trabajo y un marido al que atender. Mi amante es sólo para mi placer y dos relaciones a tiempo completo requieren mucho esfuerzo. Lo hice una vez, y no lo volveré a hacer jamás, no se lo recomiendo a nadie. Tengo citas para divertirme, para disfrutar del sexo y para expresar mi liberación femenina; pero no estoy buscando otra relación estable. Con una es suficiente.

¿Cuáles son algunos de los momentos memorables de estos últimos quince años? Cuando tenía 42 años salí con un semental de 21 años que tenía una polla de 22 centímetros. Mi marido estaba muy celoso de él, y ha sido con el amante con el que lo he llegado a ver más humillado. Le tuve como amante durante seis meses por su magnífica polla. No tenía nada en común con él y ni siquiera disfrutaba de su compañía después de la segunda cita, pero no se puede dejar pasar un bombón así. Que nadie se enfade conmigo, pero hasta se la chupé en varias ocasiones. Ha sido al único a quien se la he chupado en los últimos 17 años, pero tenía que hacer que mi marido me viera hacerlo. Y sí, lo disfruté.

También tuve un amante negro muy musculoso que tenía una polla de 20 centímetros. El detalle inter-racial también hizo sentirse a mi marido muy celoso y humillado. Sólo salí con él cuatro veces, y en nuestras cuatro citas disfrutamos del sexo. Descubrí que tenía otras amigas y, por su promiscuidad, terminé la relación por miedo a algún riesgo de salud. Tengo mis reglas y si un hombre no las cumple, a la calle.

Una vez, mi marido y yo fuimos de vacaciones y me encontré con un compañero de instituto. Me sentía muy atraída por él, así que le invité a cenar con nosotros. Coqueteé con él durante toda la noche delante de mi marido y después le envié a nuestra habitación. Le dije al que había sido mi compañero de clase el acuerdo que tenía con mi marido y tuve la única experiencia de una sola noche de mi vida. Me olvidé antes de incluirlo en la lista, así que han sido once amantes en los últimos quince años.

He experimentado también con la bisexualidad en dos ocasiones diferentes. Se lo recomiendo a toda mujer, al menos una vez. Es muy satisfactorio si se hace con la mujer adecuada. Aún así, creo que mi marido disfrutó demasiado viéndonos.

¿Estamos mi marido y yo más unidos hoy que antes de ponerle los cuernos? Sí, lo estamos; pero es un tipo de intimidad diferente. Nuestro nexo de unión es muy íntimo puesto que controlo prácticamente todo lo que le concierne, él es mucho más sumiso hoy de lo que era antes de que empezara a ponerle los cuernos, y yo soy mucho más dominante. Siendo honesta, confieso que sólo le veo como mi marido para satisfacer mis deseos de Supremacía Femenina, pero lo cierto es que nuestra relación es más entre Ama y esclavo que entre marido y mujer, como lo era hace 17 años. Él hace lo que yo digo, y yo hago lo que quiero. Todavía le permito satisfacerme oralmente en ocasiones y eso, unido a nuestras sesiones D/s, nos mantiene unidos con intimidad en un nivel especial. Ningún otro hombre disfruta ese tipo de relación tan especial conmigo.

Recapitulando, me gustaría reiterar lo que Elise ha dicho: la infidelidad como herramienta de dominación en la pareja no es algo válido para cualquier pareja interesada en la D/s. Pero si tu deseo es controlar por completo a tu marido, humillarlo y expresar sin tapujos tu condición de mujer liberada, entonces ponerle los cuernos con otros hombres, o incluso otras mujeres, es el camino. Eso sí, asegúrate siempre de incluirle en todo lo que hagas, y disfrútalo.

Elise Sutton:

Gracias Ms Lilly por compartir tu experiencia con los lectores de mi web. Eres desde luego una mujer muy dominante, pero quienes te conocemos sabemos además que eres una mujer muy dulce y amable. La gente que lea tu entrevista quizá no perciba que tienes un matrimonio feliz. Os he conocido a ti y a tu marido y puedo decir que ambos estáis enamorados mutuamente. El vuestro es uno de los matrimonios menos tradicionales que he visto, pero sólo hace falta estar en presencia de tu marido unos minutos para darse cuenta del amor y la devoción que te profesa.

Quería que compartieras con nosotros tu experiencia, no tanto para apoyar la práctica de la infidelidad como herramienta de dominación en la pareja, sino más bien para que aquellas mujeres que se lo estén planteando se beneficien de tus inteligentes consejos. Nos has hablado de tu experiencia y estoy segura que otras aprenderán de tu sabiduría. Gracias de nuevo, Ms Lilly.

4 Comentarios
  1. Tengo mis dudas acerca de autor del post. A mi modo ver lo veo con muchos detalles, como como teniendo la intención de excitar a quien lo lee. En algunos momentos he pensando que lo había escrito un hombre (que cada uno saque sus propias conclusiones…).

    También me gustaría comentar una cosa de la que no estoy de acuerdo con “Ms Lilly”: no creo que las mujeres sean superiores a los hombres. Más bien en general los hombres son mucho más débiles y manipulables por lo que se refiere al sexo respecto a ellas. En ese aspecto ellas ganan por goleada, pero de ahí a decir que son superiores…

    También me gustaría comentar algo acerca de la infidelidad. La encuentro algo “peligrosa” y no sería partidario de emplearla mucho en una relacion d/s. Yo vería bien la indidelidad, por ejemplo, en un momento oportuno si la mujer ve que últimamente su chico se “ha dormido un poco” y no la sirve con la devoción que ella quisiera. Es una forma de hacerle ver que si no la adora como Dios manda ya sabe lo que le espera. También en algún momento puntual, como en una fiesta pero sin hacer un uso contínuo de ella.

    También encontraría bien que ella le hiciera poner celoso sin serle infiel pero sí haciéndose desear por otros hombres, para hacerle ver lo afortunado que es al estar junto ella.

    Perdona por la extensión del comentario. Ni me he dado cuenta. Un abrazo a ti, Ana, y a todos tus lectores :). Cada día me gusta más el blog.

    11:47 | 18 Marzo 2008

  2. Letras, no hay ningún problema con la extensión de los comentarios: lo largos que hagan falta.

    En este caso, no tengo ninguna duda acerca de la autora del post, puesto que Elise Sutton la conoce personalmente. Leí en su momento una entrevista a Ms Lilly, con fotos de ella. De todas formas, todavía nos sorprende lo muy dominantes que pueden llegar a ser algunas mujeres.

    Y sobre que las mujeres sean superiores a los hombres… ya hablaremos en su momento.

    Un saludo,
    Ana

    20:48 | 18 Marzo 2008

  3. Sólo quería comentar que Elise Sutton no existe, es un personaje inventado por un grupo de dóminas norteamericanas. Si tenéis contactos, como es mi caso, con mujeres que practican la DF en los USA, preguntadle y que os cuenten.

    Un saludo,
    pepe.

    18:53 | 19 Marzo 2008

  4. Imagino que será usted, Pepe, de aquellos que jamás se creyeron que los norteamericanos llegaron a la luna, que fue un montaje de la Administración de EE UU. Y es que a veces la realidad se queda en poca cosa, peca de simple o sencilla, así que algunos, creativos, parecen incapaces de renunciar a mejorar esa realidad, a complicarla con sus leyendas urbanas y sus conspiraciones.

    21:02 | 23 Marzo 2008

 

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