Lamentable pérdida
Ellen G
Querida Elise, siempre me emocioné mucho leyendo las cartas enviadas a su página por hombres rindiendo homenaje a sus difuntas esposas. Ahora siento la necesidad de decir que también duele mucho cuando una mujer dominante pierde a su hombre. A mi maravilloso marido lo mató hace un año y medio un reincidente conductor ebrio. Todavía estoy intentando recuperarme de mi rabia y dolor.
Cuando conocí a mi esposo Robby, yo tenía 38 años, era menuda, rubia, bronceada y sexy, para describirme a mí misma. Él tenía 24, era alto y ya tenía su propio negocio. Era tranquilo, maduro e inteligente para su edad. Nunca se imaginó lo experimentada que yo era, y no pasó mucho tiempo desde que comenzamos hasta que me sentó y me confesó que era sumiso (cosa que yo ya sospechaba). Me dijo: “Cariño, quiero que sepas que nuestra relación se va a centrar en ti, en tus querencias, necesidades y deseos, desde las grandes a las pequeñas cosas. Necesito saber ahora mismo si te sientes incómoda con esto, porque no puedo cambiar lo que soy”. Elise, estaba impresionada. Yo he sido la parte dominante en todas mis anteriores relaciones, pero nunca antes había visto tal honestidad e integridad en un hombre joven. Pensé que si él sentía solo la mitad de lo que había dicho, se merecía una oportunidad.
Estuvimos un año juntos antes de casarnos; durante ese período, dominé a Robby dentro y fuera del dormitorio. Le permitía algún contacto físico, como adorarme, pero no la penetración. Una noche, en el inicio de nuestra relación, me confesó que era virgen (cosa que sospeché siempre). También me dijo que siempre había sufrido de eyaculación precoz. Yo estaba encantada con las dos cosas. Le pedí que permaneciera virgen, y le dije que sus eyaculaciones precoces eran la muestra de que quería complacer a la mujer de otras maneras. También le informé de que sería mejor para nosotros que comenzara a usar un cinturón de castidad. Nos llevó nuestro tiempo que se acostumbrara a uno que resultara cómodo y, a la vez, seguro. Aunque no pudo tocarse más, el cinturón no le impedía que tuviera alguna polución nocturna de vez en cuando, quizá una al mes. Por supuesto, este grado de castidad lo hizo mucho mas atento hacia mí y creció nuestro enamoramiento.
En público, lo dominaba sutilmente y lo trataba como a un niño; sus amigos, hermanos y empleados se daban cuenta de que bailaba al son que yo dictaba, pero varios de ellos me dijeron que nunca lo habían visto tan feliz, y que estaba realmente enamorado de mi. Su madre y su padre, una pareja también feminista, me dieron la bienvenida con los brazos abiertos y todavía me apoyan y me quieren.
Mi marido y yo solo llevábamos cuatro meses de casados cuando murió. Fueron los días más felices de mi vida y le hecho mucho de menos. De lo único que me arrepiento es de haber mantenido virgen a Robby. Intenté dejarlo penetrarme en nuestra noche de bodas, pero su adoración hacia mí esa noche fue tan especial y tan reverente que me hizo llorar y, simplemente, no fue capaz de romper tanta intimidad y adoración. Pensé que teníamos todo el tiempo del mundo. Él nunca se quejó, y parecía estar feliz amándome de la forma que yo había impuesto. Aún deseo haberle dejado sentir el calor de un cuerpo femenino por lo menos una vez. Espero que me perdone.
De todas maneras, sólo quería decir que una mujer dominante no es menos dominante porque necesite a su hombre tanto como él la necesita a ella. Es la naturaleza humana. Elise, igual que le da a su marido la disciplina que necesita, guárdelo como un tesoro en su corazón, lo que sé que hace. Su página me ha reconfortado mucho. Gracias.
Elise Sutton:
Ellen, dios te bendiga y te reconforte. Muchas gracias por compartir este homenaje a tu marido conmigo y mis lectores. Sí que valoro a mi marido como un tesoro, y pido a todas las mujeres dominantes, que han leído tus palabras, que aprecien siempre a sus sumisos que disfrutan en sus vidas.
La dominación femenina es acerca del amor y del romance, y estoy segura de que el tiempo que pasó tu marido contigo fueron los mejores días de su vida. Tal vez nunca practicó la penetración, pero experimentó mucho más. Muchos hombres experimentan la penetración, pero muy pocos disfrutan del amor de la mujer dominante. Estoy segura de que, si se les da la oportunidad, la mayoría de los hombres sumiso elegirían de buen grado la dominación de una mujer a la penetración. La virginidad de tu marido fue un regalo para ti, así que no te sientas culpable. Acepta ese regalo y da gracias por él. Tu regalo a él permanecerá contigo el resto de tu vida. Él siempre estará en tu corazón y creo que un día volverán a reunirse. La muerte no puede vencer al amor. Dios te bendiga.
[Traducción: Fabio Ramires]


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