Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Las exigencias de un sumiso

Navegando descubrí la página, y me gustaría saber cómo hacer para entrar en contacto con gente de mi país (Uruguay) que me ayude a iniciar a mi esposa en las técnicas de dominación. Mi deseo es que ella sea dominante y yo sumiso en todo, pero tiene que ser por iniciativa de ella. Yo muchas veces, por gusto, soy dominante, para ver si ella me supera, pero se queda atrás y calla. Me ha sometido, muchas veces me ha sodomizado, cosa que le encanta, pero no se define para encarar un estilo de vida permanente. Tengo muchas fantasías ocultas que ella desconoce, una de las cuales es usar su ropa interior: tanguitas, ligas, etc., y sentirme una mujercita. Me encantaría poder compartir con ella esta fantasía para ser feliz. Bueno espero que me respondas y me puedas ayudar. Pablo.

DominacionFemenina.net (Ana Serantes):

Pablo, el correo que nos envías es una muestra de cómo no se deben plantear las cosas, de una actitud que no lleva a ningún sitio y que, además, resulta contradictoria con lo que significa la dominación femenina. Porque parece razonable suponer que la dominación tenga algo que ver con quien la ejerce. Sin embargo, tu texto lo que dice es lo siguiente: “iniciar a mi esposa”, “mi deseo”, “fantasía para ser feliz”, “me encantaría”; es decir, que no hay una sólo línea en la que parezca que piensas en lo que “le encantaría” a tu esposa “para ser feliz”. Y además todo lo que deseas debe hacerse “por iniciativa de ella”, de quien no parece desearlo.

¿Qué tiene que ver la dominación femenina con tu intento de dominar a tu mujer para transformarla en un instrumento al servicio de tus fantasías? Por mucho que te pese, la respuesta es clara: nada. Tu correo deja traslucir una actitud extendida entre muchos hombres: se consideran sumisos porque fantasean con ser dominados sexualmente por una mujer, aunque, en realidad, en esas fantasías es la mujer la que está al servicio de sus fantasías. Dicho de otro modo, como lo escribes tú, una mujer que domine “técnicas de dominación”, como si lo importante de la relación de dominación femenina residiera en unas recetas que aplicaría la mujer, para deleite del hombre, en el terreno de la sexualidad. De hecho, se fantasea con una mujer que no existe, una mujer que no sería más que el complemento que busca el varón para hacer realidad sus sueños. Pero los sueños, sueños son, y con esos mimbres resulta imposible “encarar un estilo de vida permanente”.

El camino de la dominación femenina deber ser radicalmente diferente. Y en el caso de los hombres comienza por plantearse antes su papel que el de la mujer. Esto es, las pregunta que debes hacerte son otras: ¿Soy realmente un sumiso? ¿Estoy dispuesto a someterme al poder y a la voluntad de mi esposa? ¿Por qué podría interesarle a ella sumergirse en una relación de dominación? ¿Qué ventajas obtiene ella? ¿Qué estoy dispuesto a hacer por ella? ¿Estoy dispuesto a vivir de verdad con el objetivo de hacerla feliz y facilitarle la vida? ¿Estoy dispuesto a anteponer sus intereses a los míos? En resumen: ¿soy un auténtico sumiso o tan sólo estoy intentando manipularla para mi conveniencia? Las respuestas a esas preguntas deberían revelarte si de verdad estás buscando una relación basada en la dominación femenina, y si de verdad estás dispuesto a asumirla como un “estilo de vida permanente”. Hay hombres que así se lo plantean y así lo asumen; otros se quedan simplemente en la fantasía. Eres tú quien tienes que decidir a qué grupo perteneces, y actuar en consecuencia: si perteneces al grupo de los verdaderos sumisos, estás en condiciones de abordar el intento de convertir la dominación femenina en un estilo de vida; si lo tuyo son las fantasías, limítate a tratar de introducir los juegos de dominación en tu relación sexual.

Pero en tu reflexión surge otro problema grave, que poco tiene que ver con la dominación y mucho con la relación con tu esposa: te encantaría poder compartir con ella tus fantasías… pero no te atreves. Para que una relación de pareja, de cualquier tipo, funcione bien resulta imprescindible que entre sus dos integrantes se produzca una comunicación fluida. Y por lo que parece, ni siquiera te atreves a plantearle lo que tanto te preocupa. ¿Cómo puedes pensar que la solución sea “entrar en contacto con gente de mi país que me ayude a iniciar a mi esposa” cuando tú no te atreves siquiera a contarle tus fantasías? ¿Cómo se te ocurre que otros pudieran sustituirte en esa labor en tu propia relación de pareja?

Lo primero que tienes que hacer es asumir tu propia sumisión, plantearte lo que estás dispuesto a hacer por ella. Después, transformar tu actitud y tu conducta con ella, y demostrárselo poco a poco durante bastante tiempo para que tu mujer vea las ventajas que podría encontrar en ese tipo de relación. Comienza a tratarla como la reina que es, dedícate a realizar los trabajos que sabes perfectamente que a ella le gustaría que hicieras, mímala, acostúmbrate a estar pendiente de sus necesidades e incluso de sus caprichos. Y sólo después aborda con ella el asunto de la dominación femenina. Pero no comiences por ti, es decir, por hablar de tus fantasías, fetiches, de la vestimenta que debería usar o de lo que debería hacerte para que TÚ seas feliz. Comienza por decirle que te gustaría que vuestra relación se dirigiera prioritariamente a hacerla feliz a ella, que te gustaría cambiar el modo en que te comportas, para dedicar la mayor parte de tus esfuerzos a complacerla. En suma, que te gustaría vivir para ella.

Y sólo entonces podrías ya pedirle ayuda. Solicitarle que te ayude a alcanzar tu objetivo (que no puede consistir fundamentalmente en que ella se amolde a tus fantasías), que no puede ser otro que el de servirla cada vez mejor. Si ese es de verdad tu objetivo, vivir para ella (y si le has dado muestras suficientes de que así es), entonces es posible, incluso probable, que ella esté dispuesta a ayudarte a alcanzarlo, porque las ventajas comenzarán a aclararse en su mente. Y en ese estadio, en el de solicitarle ayuda, es cuando tiene sentido contarle las fantasías que inundan tu cabeza desde hace mucho tiempo.

Ahora bien, ¿estará ansiosa una mujer por comprarse un látigo y ponerse unas botas de cuero para satisfacer las fantasías eróticas de su marido? Puede que lo haga por complacerle, pero ansiosa no estará, desde luego, si ese tipo de comportamiento no le parece deseable. Sin embargo, ¿estará dispuesta a ayudarle, disciplinándole y dirigiéndole, para que el hombre aprenda a complacerla como a ella le guste? Más allá incluso, ¿estará dispuesta a realizar alguna actividad que no le incomode en exceso si comprueba que su marido, además de estar deseándolo, sufre una transformación que se revela claramente beneficiosa para ella? Parece obvio que resulta mucho más probable que la respuesta a estas dos preguntas sea afirmativa. Porque aquí se juntan dos cosas: la relación en sí misma y la dominación. Por la relación, las mujeres son capaces de hacer cosas por complacer a su pareja, y siempre han dado muestras de ello a lo largo de la historia (aunque, claro, no se puede pedir el cielo, especialmente cuando ese cielo les parezca a ellas un infierno). Y por la dominación harán cosas que antes no se hubieran planteado si las ventajas para ellas están de verdad claras.

Sólo después de planteamientos y comportamientos como los descritos puede esperarse que camine una relación de dominación femenina. Sólo entonces la sumisión del varón podrá alimentar el florecimiento de la dominación en la mujer. Pero conviene tener presente que, en una auténtica relación de dominación femenina, la naturaleza dominante de la mujer se acabará expresando con sus propias formas y maneras. El estilo de la dominación se acabará concretando según los deseos y necesidades de la dominante, y no plegándose a los del sumiso. Eso no significa que la mujer no pueda acabar interiorizando algunas de las prácticas que el hombre desea, pero no todas y no de la manera exacta en que éste lo desea. De hecho, no son pocas las ocasiones en que las expectativas del varón con la dominación femenina son claramente sobrepasadas por la liberación de la mujer que provoca la dominación. Como dirían algunos, ten cuidado con lo que deseas, porque puedes conseguirlo.

Pablo, no conocemos a nadie que pudiera ayudarte en Uruguay, pero aunque así fuera, sería inútil. Cambia tu comportamiento y, desde luego, tus expectativas, pregúntate tú lo que estás dispuesto a hacer por ella, no te centres en lo que ella debe hacer por ti, comienza a tratar a tu mujer como a una reina y preocúpate por complacerla en todo lo que puedas (también, y especialmente, en esas tareas que son precisamente las que más te molesta realizar). Y después, habla con ella, cuéntale lo que sientes, recomiéndale que lea esta revista y podréis intercambiar opiniones y sensaciones sobre la relación que queréis construir. Porque en esta revista también hay textos especialmente pertinentes para ti, para que descubras lo que es, como dice Ms Rika, la auténtica sumisión, y si es eso lo que verdaderamente deseas. Y si es así, ten en cuenta que tu papel en la vida, el del sumiso, es someterte a ella, y no conseguir que ella se someta a ti, que se transforme en la ejecutora de tus fantasías masturbatorias. Tu problema en estos momentos no es la dominación, sino la sumisión y la comunicación franca con tu pareja.

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