Los peligros de la infidelidad
Mario M
Elise, mi nombre es Mario y tengo 43 años, era un bien entrenado y leal esclavo de mi mujer, Andrea. He estado leyendo con gran interés tu sitio web y, particularmente, las experiencias de la vida real. Mi interés se concentraba en las historias sobre la infidelidad y la humillación, así como en aquellas relacionadas que incluían a otras personas en la relación, y me he sentido identificado con algunas de ellas.
Estoy de acuerdo con la mayoría de las opiniones que sostienen que tener una relación abierta y entender que el Ama puede tener los amantes que le plazca, mientras el sumiso permanece casto, constituye la mayor humillación para cualquier esclavo, y quizás lo mejor para que se dé cuenta de quién manda. A pesar de que ambos, el Ama y el esclavo, pueden disfrutar de las consecuencias de las relaciones de infidelidad que practica la primera, creo que pueden ser peligrosas si no se tienen en cuenta ciertas circunstancias. Siento que tiene razón cuando dice que, esclavo o no, el marido debe ser el número uno de la relación para ella.
Esta es mi experiencia personal, y espero que pueda resultar útil para sus lectores. Comencé a salir con Andrea cuando ambos teníamos veintitantos años, y poco después nos casamos. Durante casi siete años tuvimos un feliz y normal matrimonio. De hecho, yo había fantaseado acerca de convertirme en el esclavo de una bella mujer desde que era un adolescente, pero nunca tuve la oportunidad de hacer realidad mi fantasía. Había intentado introducir a mi mujer en las formas de la dominación femenina desde los primeros momentos de nuestra relación, pero ella se mostró renuente y nunca fuimos más allá de algunos juegos “inocentes”.
Después de siete años, y por numerosas razones, el matrimonio estaba casi arruinado y la relación se acercaba a su final. Todavía teníamos fuertes sentimientos amorosos hacia el otro, pero no éramos capaces de encontrar la forma de vivirlos y canalizar el amor que sentíamos por el otro hacia una relación satisfactoria. El sexo no era malo, los dos estábamos razonablemente satisfechos, pero estaba claro que las dos partes estábamos buscando algo nuevo. Quizás era que todo había llegado a ser en cierta forma aburrido y la necesidad de nuevas experiencias era demasiado fuerte.
Fue entonces cuando me decidí a pedirle a Andrea que convirtiéramos nuestro moribundo matrimonio en una relación de dominación femenina 24/7, como una forma de buscar la situación nueva y excitante que necesitábamos. No tenía ni idea de cuál podría ser su reacción, pero sorprendentemente aceptó mi propuesta con gran entusiasmo. Nació una nueva relación. Nuestra comunicación se convirtió en mejor que nunca, y el amor que sentíamos creció de nuevo y lo vivíamos fluida y satisfactoriamente bajo las bases de la dominación femenina a tiempo completo. Desde los primeros instantes, Ella impuso algunas reglas simples, que conformarían la base de nuestra nueva relación. “El Ama manda y el esclavo obedece” era la más simple y fácil de seguir, pero la principal fue que mi servicio como su esclavo iba a ser en cualquier circunstancia asumido voluntariamente. Podría pedir a mi esposa/Ama que me liberara en cualquier momento que lo deseara, pero tenía que explicar mis razones para ello, y siempre teniendo presente que una vez liberado no sería posible retornar al estatuto previo de esclavo.
Por la otra parte, ella tenía todo el derecho a usar y abusar del esclavo a su servicio y disfrutarlo de cualquier modo que le pareciera apropiado, sin más límites que las necesidades razonables de la salud y las relacionadas con la privacidad necesaria. Podría incluir a cualquier persona que le apeteciera en la relación, y prestar o incluso vender al esclavo a cualquiera. También tendría el derecho a poner fin a la relación sin mayor explicación.
Yo estaba al cargo de todas las tareas de la casa y, especialmente, de servirla como esclavo personal. De hecho, ese era mi principal y más importante trabajo. Mis obligaciones incluían sobre todo mimar a Andrea de cualquier modo. Después de poco tiempo, me había entrenado para satisfacer cualquiera de sus necesidades incluso antes de que lo pidiera. Tuve que seguir también algunos cursos sobre masaje, cuidado del pelo, manicura y otras atenciones personales. En casa, o en lugares privados, tenía que permanecer desnudo o con un traje de baño de baño femenino, y tenía prohibido mirarle a la cara (se entendía que en su presencia tenía que dirigir la mirada al suelo), o hablarla si no se dirigía a mí o lo autorizaba expresamente. En su presencia, debía estar arrodillado cerca de mi Ama, esperando por si se me requería algo, a menos que estuviera realizando una de mis tareas.
Yo era entonces director comercial en una compañía editorial y recibía unos ingresos razonablemente buenos, así que mi Ama me concedió su permiso para mantener el trabajo, pero todo el dinero tenía que ser transferido a su cuenta bancaria, quedándome yo una pequeña asignación para el autobús, el almuerzo y algún regalo para ella. Tenía que solicitar permiso para cualquier otro gasto. Más tarde, me pidió que colocara todo a su nombre, incluso el coche, las tarjetas de crédito, los recibos del teléfono, la luz y el gas, excepto el piso, que era más complicado cambiarlo de titularidad por el crédito hipotecario que lo gravaba. En nuestro país, estar casado significa automáticamente que todas las propiedades son compartidas al 50%, y los acuerdos prematrimoniales no tienen validez legal, así este asunto era más ritual que práctico, pero puedo asegurar a cualquiera que me hizo sentir como un esclavo humillado e inferior.
Sus maneras eran suaves y educadas, y Andrea nunca solía castigarme físicamente. Era muy exigente y estricta, pero sus requerimientos siempre se insertaban en un ambiente de cuidado y cariño. Y tengo que decir que nunca me sentí tan amado y cuidado antes de haberme convertido en su esclavo.
Desde los primeros estadios, comenzó a salir con otros hombres, y tener relaciones sexuales con ellos formaba parte de su nueva vida y también de la mía. En esas situaciones, mi trabajo era prepararla para las citas que solía tener. Andrea acostumbraba a salir los fines de semana, y generalmente ligaba con algún amante y regresaba tarde a casa (quizá debería decir temprano), de madrugada tras una noche de sexo y disfrute. Yo estaba seguro, no sólo por sus palabras, sino sobre todo por su actitud de que esas citas no significaban para ella nada más que un buen polvo y la satisfacción de su “biológica necesidad de sexo”, como solía decir. Era un juego y un auténtico intercambio de poder, en el que yo era humillado por mi esposa/Ama de cualquier forma que ella pudiera imaginar, y las relaciones sexuales con otros eran simplemente una herramienta para ese objetivo. Acostumbraba a explicarme que era una mujer libre, y que tener un esclavo reflejaba su derecho a disfrutar de una vida mejor, pero que nunca tendría relaciones sexuales con un esclavo.
Para el sexo, prefería escoger un “hombre de verdad”, y disfrutar del esclavo para su servicio personal y para humillarle. Solía decirme que siempre me tenía en mente cuando otros hombres la follaban, que su auténtico placer estaba en pensar en su marido/esclavo esperando a que volviera para servirla. En otras palabras, aquellos hombres de verdad eran simples herramientas para ponerla lo suficientemente caliente para disfrutar de un orgasmo pensando en mí. También solía masturbarse, siempre asegurándose de que la viera; y pedir a su esclavo que la complaciera oralmente acabó siendo habitual, particularmente después de un buen y relajante baño o masaje.
Por lo que a mí respecta, me mantenía en un régimen sin sexo. En realidad, todas las actividades sexuales fueron reducidas para mí a masturbarme cuando me lo ordenaba, a su discreción, sin ninguna regularidad establecida. Había veces en las que me ordenaba masturbarme en tres o cuatro ocasiones en un día, o incluso más, y otras de largos períodos de abstinencia que se podían prolongar algunas semanas, y en los que yo acababa subiéndome por las paredes a la espera simplemente de que me requiriera para masturbarme. Por supuesto, tenía prohibido pedir permiso para masturbarme, independientemente de lo excitado que estuviera.
Cuando mi Ama tenía una cita, tenía que seguir sus órdenes e instrucciones, que cambiaban constantemente, pero que eran tan humillantes como fuera posible. Algunas veces, tenía que conducirla a un restaurante y permanecer por los alrededores discretamente; otras, tenía que conducirla con su amante a un motel y esperarles fuera en el coche.
Nuestra vida fue mejor que nunca. Los dos estábamos fascinados con la nueva forma de la relación. Ella disfrutaba del poder absoluto que tenía sobre mí, y yo estaba fascinado al ser dominado por la hermosa mujer de la que estaba enamorado. Estaba como en el cielo, sintiendo constantemente su amor y su cuidado a través de su dominación. Incluso ahora, algunos años más tarde, me sorprendo al pensar que todo fue una creación suya. Viviendo en un país de lengua española, y no teniendo Andrea conocimientos de inglés, sus oportunidades para leer acerca de la dominación femenina eran casi nulas. Lo que hay en Internet esta casi todo en inglés, como la mayoría de las revistas o artículos que uno encuentra por ahí. Uno de mis trabajos era navegar por Internet a la busca de fuentes sobre la dominación femenina que pudieran interesarle y traducírselos, pero nuestra relación y su dominio fue construido sobre todo por medio de su imaginación.
Quizás lo mejor de la vida como esclavo, y probablemente de toda mi vida, llegó cuando llevaba tres años a su servicio. Los amigos más íntimos de Andrea conocían nuestra relación y mi papel de esclavo. Al final, después de varias dudas, Andrea encontró un amante que terminó por incluir en el juego. Fue quizás la humillación definitiva, pero, como siempre, lo que parece la situación más humillante imaginable se convierte en habitual y el esclavo se acostumbra. Llegada la ocasión, me pidió que pusiera sábanas limpias en su cama, porque iba a venir a casa su amante, y yo iba a servirles a los dos. Estuve a punto de pedirle que me liberara, pero finalmente afronté la situación como un desafío y cumplí su orden.
Fue así de simple, el chico (10 años más joven que ella) vino a casa y durmió con mi Ama, después de una noche de caliente sexo, mientras yo permanecía arrodillado en la puerta de su habitación escuchando todo lo que hacían. Durante aquella actuación, yo estuve todo el tiempo convencido de que era simplemente buen sexo para Andrea. Debo confesar que me sentía celoso, pero pronto acepté que una mujer libre tenía absoluto derecho a disfrutar del sexo con un hombre de verdad. Después, mi Ama solía pedir alguna bebida y aperitivo, o algún otro servicio personal, y por la mañana tenía servirles el desayuno y masturbarme arrodillado enfrente de ellos mientras el chico la besaba y acariciaba. Nunca me pidió que sirviera sexualmente a aquel hombre, pero mi esposa/Ama siempre estaba diciéndome que esa situación podría producirse en cualquier momento. Yo estaba aterrorizado, porque estaba seguro de que llegada la ocasión terminaría haciendo cualquier cosa que mi Ama me pidiera.
Entre nosotros, todo estaba basado en el auténtico amor. Yo podía contarle a Andrea mis sentimientos, y aunque dependía de ella los que atendería, siempre pensaba en mi realización. “Un esclavo satisfecho es el mejor”, solía decir. Según se fue sintiendo más segura en su papel, encontró otras personas con las que compartía la forma de vivir, especialmente a través de Internet. Empezó a tener correspondencia con otras Amas, alguna en español, otra en francés, lengua que habla muy bien, y la mayoría en inglés, teniendo que encargarme yo de las traducciones.
Estas cartas fueron muy importantes para Andrea, porque descubrió un mundo de ideas sobre la dominación femenina que podían resultarle útiles. La mayoría de estas nuevas amigas fueron desvaneciéndose después de no mucho tiempo, pero hubo una mujer americana que se convirtió en auténtica amiga de mi Ama, y que le enseñó mucho acerca de cómo disfrutar una relación de dominación femenina. Fueron amigas por correspondencia durante un largo tiempo, por lo que sé, aún permanecen en contacto, pese a que mi antigua Ama ha dejado de practicar este modo de vida.
Quizás el momento más intenso de este excitante estilo de vida se produjo cuando Andrea decidió coger una esclava para su servicio. Había estado fantaseando sobre ello durante un largo tiempo, y finalmente encontró a la persona adecuada. Para mí, como su esclavo, fue una experiencia fantástica tener a una bella joven sirviendo a mi lado. La esclava, llamada Brenda, era una guapa joven deseando servir. Era tímida y delicada, pero mostraba una devoción y dedicación a su Ama que rápidamente se convirtió en la mejor esclava que uno pueda imaginar.
Fue también una gran experiencia para mí, y debo decir que disfrute sirviendo a mi Ama junto a una chica. Nos hicimos amigos íntimos, pero después de algunos meses de servicio pidió que la liberara, y acabó por convertirse ella misma en un Ama. Brenda vive actualmente en otra ciudad, y tiene un esclavo a media jornada. Todo lo que puedo decir es que aquella esclava joven y tímida se convirtió en una bella y exigente Domina.
La cuestión es que Andrea encontró un día un hombre que le hizo perder la cabeza. Era un hombre extranjero de buen ver que le encantó. Decía que era un auténtico caballero y muy bueno en la cama, así que comenzó a salir con él. La situación se prolongó, y la relación con aquel hombre llegó a ser algo más que simple sexo para cubrir una necesidad biológica, y se transformó en auténtico amor. Para resumir el asunto, mi Ama se enamoró de él. Yo era aún su esclavo, y ella disfrutaba de mi servicio, pero dejé de ser el número uno.
Ella deseaba tenerlo todo, incluso fantaseaba con que su novio se viniera a casa y mantener a su esclavo para servirles a los dos, pero lo que sucedió era obvio: él no aceptó su forma de vivir, y Andrea tuvo que escoger entre su papel como Ama servida por un esclavo o ser la pareja de un “auténtico hombre”. Le escogió a él, y me despidió. Nos divorciamos y se mudó con él. Ahora, casi tres años después, está casada y tiene una niña.
Continúo enamorado de mi antigua Ama y esposa. De hecho, no he servido a nadie desde que me despidió, y no me siento capaz de servir a otra mujer. Todas mis actividades se han reducido a algún juego de dominación con Brenda. No tengo más actividad sexual que la masturbación, con una periodicidad que decide mi amiga Brenda.
Para terminar, quiero decir que envidio realmente a la gente que puede mantener un matrimonio de dominación femenina 24/7. Puede que un día encuentre a otra mujer a la que adorar y servir.
Elise Sutton:
Mario, tu historia constituye un excelente recordatorio para las parejas de que existe una cara peligrosa en los juegos de infidelidad. La infidelidad sólo funcionará si el marido ocupa el lugar central para la mujer. El propósito de la infidelidad es utilizarla como una herramienta de humillación y dominación sobre el marido. Parece como si tu esposa hubiera desequilibrado la balanza entre su propia realización sexual y la de tu sumisión. Eras su número uno, y esa es la razón por la que rememoras aquellos años con tan sentidos recuerdos. Pudo ser aventurera, y pudo expandir constantemente tus límites, pero te quería y fue su amor lo que convertía la relación en enriquecedora para ti. La dominación femenina salvó vuestro matrimonio y lo transformó en una poderosa relación de profunda intimidad. La intimidad pudo cesar en el terreno físico, pero se intensificó en el mental y en el social. Esto es difícil de comprender para mucha gente, pero tu deseo de encontrar otra relación de ese tipo es un testimonio del poder de la dominación femenina.
El problema con la infidelidad es que la sexualidad construye intimidad física, así que una mujer debe proteger su corazón si elige echarse un amante. Su corazón debe pertenecer a su marido, incluso aunque entregue su cuerpo a otro para realizarse sexualmente. Si una mujer baja la guardia, se abre a la tentación. Ese es el motivo por el que la infidelidad no es para la mayoría de las parejas que practican la dominación femenina. Algunas mujeres pueden mantenerse en el fiel de la balanza, y permanecer ancladas correctamente y centradas en el objetivo de la infidelidad. Desgraciadamente, algunas mujeres no pueden, por lo que la mujer no debe lanzarse nunca a practicar esta actividad sin entender completamente su propósito.
Parece que tu mujer lo había entendido y lo hizo funcionar, pero en algún lugar del camino bajó la guardia, y tú te convertiste en la víctima de su liberación. Esto puede ocurrir, así que los maridos no deberían ser tan intrépidos al sugerir la práctica de la infidelidad a sus mujeres. La decisión no se debe tomar a la ligera. Mario experimentó el poder y el disfrute de esa manera de vivir, pero también experimentó su lado negativo y doloroso.
Mario, espero que encuentres a otra mujer a la que amar y servir. Pareces un hombre especial que se merece esa felicidad. Cuídate.


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