Me pasé de lista
Once años han pasado desde que comencé a practicar la dominación femenina. Y ha sido intensa la práctica. Esa experiencia me ha proporcionado, en lo que respecta a las relaciones con los hombres –sexuales o no–, una seguridad en mí misma que en alguna ocasión me ha jugado una mala pasada. No es que yo piense que todos los hombres son, de hecho o en potencia, sumisos, como piensa más de uno en este mundillo, pero lo cierto es que me he acostumbrado a actuar con ellos como si lo fueran. Y raras las veces en las que me pasé de lista; pero alguna ha habido: la última, hace casi tres meses.
Habían terminado las fiestas navideñas, y me tuve que reunir en mi trabajo con un ejecutivo de una compañia británica. Pasamos toda la mañana abriendo y cerrando acuerdos entre las dos empresas para las que trabajamos. Era Ian un joven triunfador de treinta y pocos años que ya ha alcanzado una puesto directivo en su empresa, con una confianza en sí mismo cercana a la presunción. Sus modos agresivos a la hora de negociar acuerdos no dejaban de parecerme un poco de manual del ejecutivo recién salido de la escuela de negocios, pero era eficaz y tenía esa virtud que tanto escasea entre los hispanos a la hora de hacer negocios: ir al grano.
Tras el negocio, el obligado “ocio”: la comida de trabajo en la que apenas nada se trabaja. Y lo que había sido hasta entonces pura insinuación, se fue paulatinamente explicitando: Ian no sólo estaba bien pagado de sí mismo en lo que al trabajo se refiere, sino que también se creía un conquistador poco menos que irresistible. Y tuve que asistir durante la comida al habitual despliegue de plumas de pavo real que distingue a los varones vanidosos, a aquellos que actúan como si actuar para nosotras fuera un privilegio que nos conceden. El hombre no era mal parecido, aunque todo parecido con el tipo de hombre que a mí bien me parece era pura coincidencia. Terminó la comida y, para su sorpresa, me despedí hasta la mañana siguiente y salí de estampida.
Al día siguiente, todo volvió a transcurrir de forma similar. El bueno de Ian parecía de esos que piensan que cuando las mujeres dicen “no” es porque esa es su manera de decir “sí”. Y había algo que quizá le hiciera reafirmarse en ese criterio: yo iba vestida de forma bastante más sexy que el día anterior… y tenía guardado un regalo para él –aunque no estaba segura de si se lo daría–. Cuando terminamos de comer este segundo día, Ian me concedió el premio de una copa en su compañía –o las que hicieran falta–. Le dije, y también era cierto, que, además de que no acostumbraba a tomar copas a las cuatro de la tarde, tenía que volver al tajo porque aún me quedaban cosas por hacer. El caso es que Ian, como yo esperaba, se me metió en el despacho, diciéndome que leería el periódico mientras yo terminaba de trabajar. Le dije que el asunto me podía llevar un buen par de horas, pero no hubo modo: el insistió; y yo fingí empeñarme un poco, pero duró poco el empeño.

Entramos en mi despacho. Me quité la chaqueta. Ian se sentó en el sófa. Yo me acerqué a él una pizca insinuante, después rocé su cara con la mía y mordisqueé muy levemente su oreja: “Espera un momento, que tengo un regalo para tí”. Saqué del armario el par de esposas de metal que me había traído y, pizpireta, las agité ante él… a la vez que giraba el cierre de la puerta de mi despacho. Y lo vió: mujer conquistada y, encima, dispuesta a jugar a la “perversión”; el éxito le iluminó la cara.
Ian se pasó unas dos horas con una de sus muñecas esposadas al brazo del sofá, sin nada que leer ni hacer. Mientras, yo trabajaba en mi mesa y procuraba no prestarle atención. No resultaba tarea fácil, porque sus protestas eran airadas y su enfado iba en aumento. Pero aguanté.
Finalmente, le liberé. Y le dije, como si fuera lo más natural, que tenía que irme a casa, que me esperaba mi hombre. La discusión fue de las buenas y el tono bien subido. No me resultó fácil la huida, pero conseguí librarme de él. Y al salir, preocupada, me dije: “Esta vez te has pasado de lista… y te has pasado pero bien”.
Afortunadamente, no hubo problemas con los acuerdos en los que habíamos trabajado y, lo que me tranquilizó, no volví a tener noticias de Ian. Hasta ayer. Sí, ayer recibí su llamada telefónica. Primero me anunció que vendría otra vez la semana que viene para rematar el trabajo (el trabajo quedó completamente rematado hace tres meses y… no hay novedad en el frente). Y después, con voz queda, y más dulce que picante, me dijo: “I miss you, honey”.
Creo que sí, que hace tres meses me pasé de lista. Y a ver cómo me lo monto ahora para decirle lo que le tengo que decir: “Don’t even think about it, honey”.


j:
Que historia tan divertida. Y lo bueno es que parece que va a tener segunda parte. Es obvio que está picado y es de suponer que ahora traerá él las esposas o algún otra sorpresa más perversa. Ya nos contarás cómo sales del segundo asalto ja ja ja.
Pero eso no te pasa por pasarte de lista sino por juguetona, mmmmmmmmm.
12:42 | 3 Abril 2008
limpiabotas-fran:
…promete mucho la proxima entrega… ¿supongo que lo contaras?… esperamos impacientes
18:23 | 3 Abril 2008
zeta:
Es lo que me encanta de la página de Ana, que te crees las cosas, porque seguro que una historia como esta en otras páginas acabaría con la mujer dando de latigazos al tío y el tío pidiendo perdón por no haber tratado a la Diosa como se merecía.
20:55 | 3 Abril 2008
sueladeCelina{ppDC}:
Señora:
Este relato me hizo recordar cuando mi AMA en la vida cotidiana trata a extraños de forma dominante y hasta les deja entrever que es una AMA en su vida intima.
con admiracion y respeto, un esclavo mas de Diosa Celina
suela de Celina{ppDC}
22:01 | 3 Abril 2008
Letras:
Vaya, que momento… Segur que si hubiese sido sumiso se hubiese excitado durante esas dos horas. Eso le pasa por ir de conquistador.
Un abrazo
0:03 | 4 Abril 2008
Su gusano patético:
Ha tenido demasiado tiempo para pensar en una venganza. Espero que el no se pase de listo !!
Ya nos contarás.
Un saludo
16:42 | 4 Abril 2008
ignorante:
Soy un ignorante del inglés, y me gustaría que alguien me dijera lo que quieren decir las dos frases en inglés, sobre todo la ultima: Don’t even think about it, honey.
Gracias
19:53 | 4 Abril 2008
Ana Serantes:
La frase “I miss you, honey”, se puede traducir como “te hecho de menos, cariño” o incluso “me acuerdo de ti, cariño”. La otra, “Don’t even think about it, honey”, puede traducirse como “ni siquiera lo pienses, cariño” o, en traducción un poco más libre, “ni lo sueñes, cariño”.
21:36 | 4 Abril 2008
El regreso de Ian | Blog de Ana Serantes:
[...] jueves de la semana pasada, conté mi pequeña historia con Ian, con quien “Me pasé de lista”, o eso creí en su momento… hasta que volvió a llamar. El caso es que Ian regresó a [...]
5:21 | 12 Abril 2008
Cena con Ian | Blog de Ana Serantes:
[...] contertulio J introdujo un comentario en la primera entrada que escribí sobre Ian, “Me pasé de lista”, y después en su blog repite [...]
7:04 | 14 Abril 2008
EROTIKA:
He descubierto tu página gracias a un candidato a esclavo, muy guapo por cierto, que desea tener al fin una AMA yo solo tengo de esclavo permanente a mi marido me tienta someter a otro…
20:46 | 16 Agosto 2008