Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

No quiero ponerle los cuernos

Ms Sutton, permítame darle las gracias por su reflexiva página web sobre la Dominación Femenina. Me gustaría hacerle una pregunta sobre el tema de las mujeres que ponen los cuernos a sus maridos. He leído relatos y su opinión sobre el tema, pero lo que todavía no entiendo es por qué un marido enamorado desearía que su mujer le fuera infiel. Este principio parece ir en contra de las más básicas emociones humanas, pero aún así, por lo que he leído en su web y en otras, parece que es un deseo bastante frecuente entre los maridos sumisos.

En mi caso, estuve anteriormente casada y tuve una aventura extramarital. No estoy tratando de justificar lo que hice, pero me pilló en un momento de debilidad. El resultado fue un infierno. Mi ex-marido estaba desolado. No tuvo ningún efecto la cantidad de veces que le pedí perdón, ni el número de sesiones que tuvimos con un consejero matrimonial, él no pudo superar mi infidelidad ni perdonarme. Finalmente, nuestro matrimonio acabó en divorcio.

Me sentí dolida pero perseveré, conocí a mi actual marido y me enamoré perdidamente de él. A los tres años de nuestro matrimonio descubrí que mi nuevo marido tenía deseos de sumisión. No sabía nada acerca de este tipo de relaciones, pero me intrigaba el tema y estuve de acuerdo en irlo descubriendo con él. Su página web y toda la información que contiene ha sido una ayuda tremenda. Según empezamos a profundizar en su sumisión descubrí que tenía predilección porque le pusiera los cuernos. Después de lo que me había pasado con mi anterior marido rechacé de plano su idea y le dije, sin que le pudiera quedar el más mínimo resquicio de duda, que le prohibía terminantemente volver a sacar el tema.

Sin embargo, era un asunto recurrente que de cuando en cuando volvía a aflorar en nuestras conversación sobre las relaciones D/s, y podía ver su entusiasmo y excitación cada vez que mencionaba que le pusiera los cuernos. Desde luego, no salgo de mi asombro. Sé por experiencia personal el dolor que la infidelidad puede causar y, aunque hablemos de una actividad mutuamente consentida entre adultos, no puedo llegar a entender que el resultado de poner los cuernos a mi marido sea otro que hacerle daño. ¿Hay algo que se me escapa para no entenderlo? He prometido a mi marido que tendré una mentalidad abierta en cuanto se refiere a las relaciones D/s ,pero ésta es un área en concreto que no acabo de entender. Por favor, aconséjeme.

Elise Sutton:

La infidelidad del cónyuge es una de las circunstancias más emocionalmente dolorosas de las que se pueden experimentar en la vida de pareja. He aconsejado a hombres que me han confesado que la muerte de su mujer no fue tan emocionalmente devastadora como su infidelidad. Es algo que incluye mucho más que el mero acto sexual. El adulterio es una acción tanto de la voluntad como del corazón. Para una mujer casada, representa el rechazo en su más dolorosa expresión. Supone la ruptura de los votos matrimoniales y del pacto que representan. Espiritualmente es desgajar en dos lo que previamente era una sola parte. Es dolorosísimo, y puede provocar que nuestros sentimientos se hundan en la depresión y el caos.

El adulterio es engaño. El sexo es la culminación de esa traición, pero no es lo más importante del adulterio. Lo es en realidad todo lo que lo precede: la decepción, la ruptura de los votos matrimoniales por decisión propia, el rechazo por parte de nuestra pareja al intimar y mantener un romance con otra persona. Es ceder nuestro corazón a otra persona.

El efecto que el adulterio puede causar en una relación puede ser devastador. Algunas relaciones son lo suficientemente fuertes como para conseguir encajar este efecto traumático, pero la mayoría no lo pueden aguantar y, por tanto, acaban como lo hizo tu primer matrimonio. Para un hombre, la infidelidad de su mujer puede ser especialmente dolorosa debido a la fragilidad del ego masculino. Da la impresión que tu anterior marido no pudo superar el golpe emocional de lo que hiciste. Es algo bastante negativo puesto que, si de verdad fue un hecho aislado, no había razón para que entre ambos no hubierais podido salvar vuestro matrimonio. Te entregaste a él durante todo el tiempo que duró tu matrimonio excepto una noche, pero a él le perseguían sus pensamientos y no pudo perdonarte. Lo repito, es algo bastante negativo, pero que demuestra el dolor y el potencial negativo que alberga la infidelidad.

He excluido casi por completo de mi página web la práctica de poner los cuernos por los efectos potencialmente dañinos de la infidelidad. En mi opinión, se trata de fortalecer los matrimonios a través de la Dominación Femenina, no de dañarlos. Sin embargo, no puedo ignorar que el deseo de ser cornudo es fuerte en algunos hombres sumisos y que la infidelidad como herramienta de Dominación Femenina es una práctica en continuo crecimiento en parejas cuyo estilo de vida es la D/s. Por tanto, en vez de ignorar este controvertido tema, decidí que lo mejor era incluirlo y comentarlo con mentalidad abierta y positiva.

Poner los cuernos como herramienta de Dominación Femenina es una práctica cuyas claves se encuentran en los motivos e intenciones. Desgraciadamente, también hay mujeres que se aprovechan de la naturaleza sumisa de sus maridos para llevar una vida sexual promiscua. Algunas parejas continúan por este camino, la mayoría no. Existe una delgada línea entre la infidelidad en el estilo de vida que comporta la D/s y la infidelidad egoístamente entendida, y de ahí a llegar a comportamientos destructivos para la relación hay un paso.

Una vez dicho esto, hay que tener en cuenta que hay parejas que sí han sido capaces de incorporar con éxito esta práctica a su matrimonio de Dominación Femenina. Poner los cuernos puede tener significados distintos para diferentes parejas pero, por lo que respecta a la Dominación Femenina, hablamos de una práctica que la mujer utiliza para conducir a su marido a un grado de sumisión más profundo a través de una intensa humillación. Es también una reconversión de tipo social, que se enfrenta a la tradición de siglos en la que el marido tenía aventuras extra maritales sin que la mujer pudiera hacer nada al respecto debido a su dependencia económica.

En última instancia, la práctica de la infidelidad es una herramienta más de las que la mujer dominante puede servirse. Es potencialmente peligrosa si se usa de forma incorrecta, pero lo mismo se puede aplicar a usar mal un látigo, un arnés o cualquier otra herramienta de dominación y disciplina. Pero usadas con los debidos conocimientos, motivación y enfoque pueden llevar al hombre al espacio de sumisión que le corresponde. Y, por supuesto, lo mismo se puede aplicar al hecho de ponerle los cuernos.

Correctamente realizada y con el adecuado enfoque, es una práctica que puede ser excitante para la mujer, puesto que le permite ejercer tanto la autoridad femenina como la liberación. Este hecho inicial le da una increíble ventaja de poder sobre el cornudo sumiso, y esta dinámica termina por extenderse al resto de las prácticas D/s de la relación de pareja. Poner los cuernos, en el marco de una relación de Dominación Femenina, no tiene que ver tanto con el sexo como con el poder; y es precisamente ese poder femenino y la liberación que conlleva lo que permite a la mujer usar la humillación generada para transportar al marido a un profundo nivel de sumisión en el que su autoridad es incontestable.

En otras palabras, es la estimulación y la dominación psicológica la que lleva al marido a un nuevo nivel de sumisión. El acto de ponerle los cuernos comienza en el momento en que la mujer puede usarlo como herramienta de dominación, pues a partir de ahí está en condiciones de dominar los pensamientos de su marido con esa imagen mental. No se trata tanto de la realización del acto sexual en sí, que por supuesto puede haberlo, sino de utilizar ese acto en concreto como una herramienta de dominación psicológica que tiene una duración temporal mucho mayor.

Píensalo de esta manera, tu anterior marido se vio sistemáticamente perseguido por la imagen mental de tu aventura sexual. En realidad, tu desliz sólo duró una noche, pero para él esa imagen le atormentaba noche tras noche. Por eso, cuando se ponen los cuernos en una relación de pareja de Dominación Femenina, la mujer se sirve de una imagen mental para excitar, atormentar y humillar repetidamente al marido, lo que dispara su naturaleza sumisa y le proporciona placer mental y sentirse realizado como sumiso. Si el marido además está presente y es obligado a presenciarlo, la imagen mental se intensifica; y lo mismo puede decirse si es obligado a escucharlo o participar de alguna manera humillante.

Todo esto no excluye que, cuando se encuentre fuera de su espacio de sumisión (digamos, por ejemplo, en el trabajo o conduciendo solo), pueda verse afectado por pensamientos negativos y dolorosos. Nunca debemos olvidar que la infidelidad es un ataque directo al núcleo del ego masculino y, por tanto, precisa también de una muy sutil mujer dominante que sepa guiar los sentimientos de su marido hacia la sumisión en vez de hacia los celos. No es nada fácil, pero bien hecho es uno de los efectos más beneficiosos de ponerle los cuernos; de ahí, el potencial que tiene como herramienta de Dominación Femenina. Un hombre que se excita con la idea de ser cornudo, lo más probable es que no caiga en los celos.

Una vez dicho esto, quiero reiterar que la infidelidad no es algo válido para todas las parejas que viven la Dominación Femenina. El marido debe estar psicológicamente preparado para ello, y no debemos pasar por alto que el hecho de que la fantasía lo excite no implica necesariamente que tenga la preparación emocional que se requiere para soportar el acto en sí.

Asimismo, la mayoría de las mujeres no están interesadas para nada en tener un amante; pues muchas de ellas se inician en la Dominación Femenina precisamente para fortalecer la relación que tienen con su marido sumiso. Por tanto, ambos deben estar bien preparados para esta práctica o, de lo contrario, terminará siendo una experiencia negativa.

Creo que es importante que la mujer se de cuenta que tiene el derecho y la autoridad sobre su marido para ponerle los cuernos si ella así lo decide. Es un verdadero acto de sumisión que el marido se entregue a la autoridad y a liberación de su mujer de esta manera; incluso en el caso de que ella no tenga la intención o el deseo de consumar el acto propiamente dicho, pues no por ello deja de ser una cierta póliza de seguro que recordar con periodicidad al marido si llegara el caso de que no supiera valorar la mujer que tiene.

Por consiguiente, mi consejo es que uses los deseos de tu nuevo marido contra él, haciéndole saber que tienes todo el derecho del mundo a tener otros amantes; pero que lo llegues a hacer ya depende enteramente de ti. Excítale con ello, pero puesto que va en contra de tu conciencia déjalo estar como fantasía. No le permitas que te presione a hacer algo que no deseas hacer. Tu eres la dominante y, por tanto, eres tú quien toma las decisiones. Si le excitas de esta manera y juegas psicológicamente con tu derecho a tener otros amantes por la autoridad que tienes sobre él, eso bastará para proporcionarle la estimulación mental y sexual que satisface sus deseos de sumisión. De esta forma, puedes usar sus deseos para dominarlo y, al mismo tiempo, mantenerte firme en los valores que te dicta tu conciencia.

5 Comentarios
  1. En los últimos años de mi matrimonio fantaseaba con que mi ex-mujer me pusiera los cuernos y sobre todo al final me planteaba sí esta acción seria justificación para el divorcio o un inicio de nuestra nueva relación.
    Se lo plantee, como opción, hacerlo con un profesional al que pagaría yo y con el que Ella disfrutaría… pues tampoco le pareció bien… la consecuencia: la ruptura.
    Coincido con Elise Sutton en que es un “marrón del 15″, pero sí se plantea, se habla, están convencidos ambos 2 y tienen la sensibilidad necesaria cada uno, con el otro, podría contener suficiente morbo, intensidad, sumisión y dominio.
    Si alguno de esos factores cojea, dejémoslo en el último párrafo de la contestación que también tiene bastante morbo, sumisión, dominio y libertad.
    Su devoto seguidor

    20:03 | 21 Abril 2008

  2. Bueno, yo estuve casado con una mujer muy guapa y además ardiente; le gustaba más que nada el sexo que lo gozaba siempre con apasionada y morbosa lujuria, para remate, a ella le encantaba hacer y también que se lo hicieran ¿que? pues chupar, lamer y acariciar con su boca mi pene erecto y se ponía como loca cuando era yo el que se la chupaba… como si fuese la cereza en el pastel, para felicidad mía y más de la de ella, terminaba de follar multiorgásmicamente, uno tras otro en una interminable cadena de excitadísimas sensaciones que delataba la morbosa expresión de su cara y esos descontrolados y largos gemidos que hacían que me viniese casi junto con ella.

    Habiendo sido un esposo muy celoso en las dos etapas que tuvo mi matrimonio, ya que antes de volver a amistarnos, estuvimos separados varios años; hoy, nuevamente me encuentro dede hace tres años separado de ella, sucedió tras cinco de convivencia, antes de que sucediese nuestra primera separación, ambos nos sentiamos felices y muy enamorados, lo haciamos tan llenos de sueños e ilusiones que pensábamos en un futuro familiar solvente, con hijos, y sobre todo con mucho amor, pero el del eterno, ese que creiamos nunca acabaría entre los dos.

    Tuvimos, antes de separarnos la primera vez… tres hijos, (dos hombres y una mujer) Yo siempre crei ciegamente en la fidelidad y honestidad de mi esposa (era yo más bien el que siempre sacaba los pies del plato)un par de veces descubrió evidencias sobre mi infidelidad, a pesar de negarlo, negarlo, negarlo, quedó en ella ese manto de duda, duda que tal cual una semilla, yo sembré en el alma de mi mujer.

    Cuando empezó a germinar aquella semillita, alimentado con sus dudas, por su decepción en mi, y por mi falta de interés en sus asuntos, mi poca atención por ella, no le hacía sentirse bella, admirada y deseada; al fin y al cabo, no le hacía disfrutar de ese sentimiento, tan importante para una esposa, el saberse y sentirse una mujer de verdad.

    El asunto es que cuando estuvimos separados varios años la primera vez, yo ardía de celos e impotencia por no poder controlar y evitar algunas aventuras que tuvo con otros hombres, nunca la pillé, pero los innegables indicios que iba descubriendo en el tiempo, me daba la certeza, que además de un amante oficial y consentido, tenía otras aventuras con amigos y también algunos jovenzuelos.

    De la rabia y el dolor sufrido de saber que mi mujer, mi adorada esposa, se encamaba cual zorra con cualquier hombre que le gustase, era muy discreta, sabía hacer muy bien sus cosas y yo vivía enfermo de celos y de la constante tortura de aplicarme a mi mismo unos odiosos pensamientos donde ella y su amante se entregaban mutuamente a los placeres del sexo lujurioso y desenfrenado.

    Cuando amistamos nunca volvió a ser lo mismo, si bien es cierto que nos tratábamos con cariño y respeto, nuestras relaciones sexuales se fueron haciendo cada vez mas escasas, y no se como ni cuando, me empezó a surgir en la mente el morbo de saber cuantos y de que manera se la habían follado otros hombres, haciendo el amor con ella, poco a poco le fui introduciendo el tema, si al comienzo se mostraba muy renuente y desconfiada de contarme sus experiencias, creo que mi genuina y reiterada excitación que le mostraba cuando le tocaba el tema, terminó por convencerla y unirse a mi fantasía; ella se excitaba hasta el orgasmo, cuando después de contarme alguna de sus experiencias con alguien, yo le hacía imaginar muchas fantasías, le decía que quien se la estaba follando no era yo sino su amante, le preguntaba mientras le enterraba con fuerza y de golpe, hasta el fondo, mi polla erecta y mas dura que nunca… “Así te la metió” .. es así como se movía” “le chupaste la verga?” “de que tamaño era” “él te chupó la concha?” “que decía de tus tetas” (las tenía grandes y hermosas)”que poses hicieron” y así miles de preguntas que me excitaba y me producía una gigantesca morbosidad.

    El caso es que poco a poco imaginábamnos siempre que era otro el que se la tiraba, que yo estaba de viaje mientras ella follaba rico con otro hombre.

    Encima yo mismo le decía cosas como “El cornudo de tu marido ni sospecha que en este momento me estoy tirando rico a su mujercita” “El no sabe todas las cochinadas que nos hacemos a diario a sus espaldas” y ella, por supuesto daba rienda suelta a su imaginación contribuyendo aun mas con la fantasía, que se hacía tan real, que ella se venía, sintiendo brutalmente unos intensos orgasmos que yo nunca pude lograr representándome a mi mismo, sólo lo hacía posible cuando hacía que imaginara a otro hombre o a algún amante en vez de mi como el que se la tiraba donde y cuantas veces quisiera a la rica y deliciosa esposa de ese cornudo (que era yo)
    Me causaba morbo pensar como se la podrían estar follando cuando estábamos aun juntos, hubiese sido un placer indescriptible ver oculto una buena revolcada en la cama entre ella y su amante, me hubiese vuelto loco de placer verla chupar excitada y con tremenda morbosidad la verga al palo y durísima de otro hombre, sabiendo que yo la estoy mirando escondido sin que lo sospeche su amante para que se entregue si dudas ni vacilaciones tirarse muy rico y deliciosamente a mi mujer, sería, discreta y respetable por lo menos en apariencia, pero una verdadera puta en su paralela y secreta vida.

    Yo no soy sumiso, no me gusta el maltrato, no me gusta que en nuestra vida cotidiana ella me domine, yo siempre he llevado los pantalones y he sido un hombre de verdad a la hora de hacerle el amor.. al menos eso creo… no tengo tendencias homosexuales, me encantan las mujeres; no permitiría que mi nueva pareja me ponga los cuernos; sin embargo gozo pensando en que mi mujer me hizo cornudo y se tiró a muchos hombres que me hicieron cornudo. ¿por que me pasa esto? por que siento ese raro placer sólo con ella, hasta ahora me masturbo de vez en cuando, imaginándola como habrá follado con mi mejor amigo, como lo habrá hecho con su amante, un sujeto que vivía no muy lejos de nuestra casa, la imagino tirándose adolescentes (le gustaban los jovencitos) en fin… no sé.. alguien puede explicarlo?

    10:42 | 31 Mayo 2008

  3. a mi marido le pasa lo mismo.

    21:53 | 20 Noviembre 2008

  4. Yo no soy sumiso, no me gusta el maltrato, no me gusta que en nuestra vida cotidiana ella me domine, yo siempre he llevado los pantalones y he sido un hombre de verdad a la hora de hacerle el amor

    Que cosas, oye, no sabía que existían hombres de “mentira” ¿Como son?

    17:17 | 21 Noviembre 2008

  5. Ella nos pone los cuernos; ¿Qué humillación mejor puede existir? Ninguna. Somos mascotas a su lado, que apenas tenemos importancia. Esa es la base de la dominación: la impotencia, la castración, la negación. Al principio viene muy bien que ella lo haga delante de nosotros, o estando nosotros cerca, con el fin de que nunca se lo podamos echar en cara: Nosotros consentimos.

    A mi me parece algo excelso.

    15:38 | 28 Noviembre 2008

 

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