Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

No se trata de arrastrarse

Voy a tratar de ser breve. Tengo 49 años, y desde mis 13 años soy un sumiso declarado, y en busca de un Ama. Pero a pesar de mis constantes esfuerzos, no logro conseguir una mujer que quiera tener una relación de ese tipo, mientras que con las de sexo común no tengo ningún tipo de problema; supongo que es porque estoy en la Argentina. Con las profesionales no es lo mismo; te diré que con las que he ido son todas una mentira, y resulta todo muy alejado de una dominación real.

Esta situación me hace muy infeliz, y se le sumamos el hecho de que hace 5 años, por culpa de un accidente, quedé en silla de ruedas, se pone caótica. Lamentablemente, mi cerebro sigue pensando igual. Te diré que puedo hacer todos los trabajos de la casa, arrastrarme, atender a mi Ama y recibir todo tipo de castigo, ya que lo único que no puedo hacer es caminar sobre dos piernas; a cuatro lo hago bien, aunque por el momento, por falta de entrenamiento, es poca la distancia que recorro.

Por favor, decirme cómo puedo conseguir un Ama, si no esta angustia me está matando. Acepto cualquier cosa o castigo, soy un verdadero sumiso. Muchas gracias por leer mi correo, Felipe.

DominacionFemenina.net (Ana Serantes):

No es esta, desde luego, la primera pregunta que recibimos de un hombre que busca con urgencia la receta que le permita hallar a una mujer a que la que someterse. Lo primero que hay que decir, Felipe, es que esa receta que nos pides no existe; afortunadamente, la vida es lo suficientemente compleja como para que resulte imposible condensar en una receta una de sus más importantes cuestiones: el establecimiento de la deseada relación pareja. Da igual si es una relación de dominación femenina o tradicional, nada ni nadie puede garantizar el éxito de una relación entre dos personas, y menos aún proporcionar un procedimiento estándar si, además, ni siquiera existe uno de los dos integrantes de la relación que se pretende conseguir.

Las preguntas de este tipo las realizan exclusivamente los hombres; las mujeres no son tan simples. No es un reproche, Felipe, es bastante común entre los hombres. Pero entiende que resulta un poco extraña la urgencia que trasluce tu correo en un hombre de 49 años que, además, está en una silla de ruedas. Si has sido sumiso toda tu vida, como dices, y hasta la fecha no has tenido ningún éxito en tu propósito más buscado, debes tener claro que abordas una cuestión que no podemos, de ningún modo, resolverte aquí en un par de párrafos. (Un aparte: no entendemos que puede tener que ver con tu problema el hecho de que estés en la Argentina.)

Nos parece obvio que lo que tendrás que cambiar es tu forma de abordar el asunto (quizá tu urgencia y tu angustia); y desde aquí, y sin conocerte resulta imposible abrirte un camino concreto. Quizá deberías comenzar por donde tienes éxito, como nos dices, por las relaciones más tradicionales en el terreno sexual. Quizá te podría ir mejor si aparcas, temporalmente, tu ansia de sumisión, y te dedicas a tratar de establecer relaciones que te permitan conocer a una mujer con la que lograr el mutuo enamoramiento. Piensa en una compañera; no en una dóminatrix. Y si tienes éxito, en un terreno en el que parece que lo tienes, sólo después podrás comenzar a pensar en estrechar los lazos con esa mujer, hasta el punto de irla haciendo partícipe de tus pensamientos y deseos más íntimos.

En las relaciones entre las personas casi nunca el camino más corto es el recto, ni el de mayor éxito. Así que busca una mujer, y relaciónate con ella desde la auténtica sumisión, pero en silencio. No la asustes ni la acorrales con tus urgencias. Simplemente, sírvela sin explicitarlo, mímala, trátala como una reina, haz que tu sumisión se traduzca, de verdad, en un trato en el que quede meridianamente claro que tu prioridad en la vida es su bienestar, déjale ver con claridad lo mucho que disfrutas atendiéndola. Ámala, sírvela, disfrútala… y déjate de pensar en castigos. Demuéstrale con seriedad, y con tiempo, las ventajas que para ella comporta tu entrega. Y, sobre todo, aprende a vivir tu sumisión, y a disfrutar de ella, de otra manera: menos explícita, con menos parafernalia, y con más autenticidad. Conviértete en un auténtico sumiso, es decir, piensa primero en su bienestar, en hacerle la vida maravillosa, en lugar de poner en primer plano tu urgencia por hacer realidad tus fantasías eróticas.

Como habrás observado, y como lo seguirás haciendo si continúas leyendo esta revista, este tipo de respuesta por nuestra parte se repite, y repetirá, con las preguntas que en este sentido nos hacen los hombres. Lee con atención lo publicado en esta revista para que te ayude a comprender qué es, de verdad, un auténtico sumiso, qué significa someterse a una mujer. Y sólo después, y con tranquilidad, te podrás plantear hacer partícipe a esa mujer, con la que estableciste una relación, de tus fantasías y tus deseos, sólo cuando hayas conseguido tener una relación en la que tenga cabida una intimidad real. Pero, de nuevo, también en ese momento tendrás que seguir teniendo presente que la dominación femenina significa que eres tú el que sirve, no el que se sirve de ella para convertirla en el instrumento necesario al servicio de tus fantasías.

Piensa es una de tus frases: “Acepto cualquier cosa o castigo, soy un verdadero sumiso”. ¿Significa que aceptarías a cualquier mujer? ¿Crees que cualquier mujer se sentiría dichosa pensando que lo mismo ella que otra? La respuesta es evidente: ninguna mujer, ni ningún hombre, se sentiría encantada de tener una relación con alguien que le dice que lo importante es que se adapte al papel que tú quieres que juegue. Todas las personas necesitan sentirse mínimamente especiales para construir una relación, y en tu frase, como en las de muchos hombres, se deja traslucir que lo que necesitas es una mujer que domine… da igual quién sea. Deberías entender que, ante una propuesta semejante, la mayoría de las mujeres muestren escaso interés.

Las cosas no suelen ser fáciles para nadie en estas cuestiones; menos lo serán para alguien que lleva 49 años intentándolo sin éxito y que, además, carga una discapacidad física. Felipe, no existen los milagros; pero nos parece claro que para intentarlo tendrás que asumir una transformación importante en tu manera de pensar y de actuar. Y que esa transformación debe comenzar por tratar de comprender, de verdad, a las mujeres, a esa mujer que te atraiga. Serán poquísimas las mujeres que se sientan atraídas e interesadas por una propuesta como la haces: estoy dispuesto a arrastrarme, a recibir cualquier castigo, a hacer de asistenta… soy un auténtico sumiso. No sólo es una oferta que no excitaría a ninguna mujer, sino que, piénsalo, ni siquiera es una oferta de sumisión, adoración y servicio; es una propuesta de construir una relación exclusivamente a tu manera, la mujer no cuenta, pareces tan sólo necesitarla para cumplir tus objetivos.

¿Pero dónde están los suyos? ¿Tú crees que una mujer va a brincar de alegría por el hecho de que le propongas fregarle el piso y arrastrarte para que te castigue? Piénsalo, y te darás cuenta de que, afortunadamente, las mujeres no son así. A las mujeres (también a las dominantes, por supuesto) se las conquista con amor, con devoción, con dedicación, con mimos… Y si lo que pretendes, como deberías, es que florezca el lado dominante de su personalidad, con servicio, conociéndolas para adelantarse a sus deseos y necesidades, esto es, evidenciando que uno es un sumiso y, por lo tanto, se preocupa de pensar en lo que desean y de poner esos deseos por delante de los tuyos.

Si consigues hacerlo, entonces es más que probable que ella acabe premiándote. Porque lo que buscas, en realidad, es un premio, que ella decida hacer algunas de las cosas que a ti te gustan. Y lo hará por amor y por interés, por el suyo y por el tuyo. Pero insistimos en que será un premio, porque eres tú el que quieres arrastrarte y ser castigado, por tanto, será algo que probablemente haga por ti, no por ella. Esa mujer no obtiene placer de que tú te arrastres, sino de que la quieras, la atiendas y la sirvas, de que la tengas como una reina en todos los sentidos que puedas imaginar, que deben ser muchos. Y, como no puede ser de otra manera, el premio aparece tras la culminación de un esfuerzo, no antes; y tú, Felipe, como tantos hombres, lo que planteas es que te den el premio primero, que luego ya demostrarás que eres merecedor de él. Ni la vida, ni la dominación femenina, funcionan así.

Aprende a amar a una mujer como es, no como te gustaría que fuera. Aprende a entregarte a ella de verdad, no a instrumentalizarla para tus objetivos. Aprende a disfrutar de la sumisión, de la auténtica entrega. Aprende a extraer el notable placer de servir a la persona a la que te sometes y amas en sus formas más reales… Y casi seguro que después aparecerá el premio. Pero ten en cuenta que ese premio puede ser muy distinto del que esperabas, aunque también puede resultar bastante más profundo. Quizá el premio se encuentre mucho más en haber descubierto el placer de servir que no en que te monten un teatrillo en el que escenificar tus fantasías eróticas.

Imaginamos que nuestra respuesta distará mucho de la que esperabas o deseabas, pero es la única que tenemos. Te deseamos lo mejor, Felipe.

1 Comentario
  1. y ahora ponlo en practica… No es tan fácil…y ademas con 49 años el tiempo vuela.
    Su devoto seguidor

    21:04 | 7 Abril 2008

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