Nunca es tarde para empezar
Larry G
He sido amante de la dominación femenina durante mucho tiempo, y he desperdiciado muchos años y una buena cantidad de dinero tratando de satisfacer mis necesidades, pero finalmente todo lo que conseguí fue apartar a mi mujer y comprometer mi matrimonio. Mi mujer nunca se ha sentido cómoda con la idea de dominarme. En realidad, eso es un eufemismo; odiaba esa idea, al contrario de muchas de las mujeres a las que leo en su sitio web.
Llevamos casados dieciocho años, y ya antes de casarnos intenté introducirla en ese estilo de vida, pero no quiso saber nada de ello, y cuando sacaba el asunto a colación nos acababa llevando a una discusión. Así que me convertí en un buen marido y dejé las fantasías para mí mismo, visitando dominatrix profesionales a espaldas de mi mujer y obteniendo otras satisfacciones de las revistas y los vídeos, siendo inevitablemente descubierto y provocando el disgusto y la decepción de mi esposa. Durante los años en que hemos estado casados, creo honestamente que casi todas las discusiones que hemos tenido siempre han sido el resultado de mi obsesión con la dominación femenina.
Todo cambió cuando descubrí su sitio web. Me dirigí a Cathy, mi mujer, planteándome una última tentativa, intentando que leyera algún texto inteligente sobre el asunto. Y para mi más absoluto deleite, mi mujer se mostró más que un poquito interesada. Había muchos aspectos de la cuestión que ella había malinterpretado, o que yo no le había explicado apropiadamente, que le resultaban tan claros como el agua en su sitio web.
No soy un masoquista, soy un sumiso; una gran diferencia. Y no pretendo que mi mujer se vista de cuero y me azote. Si ella lo quisiera no habría nada que yo pudiera hacer para detenerla, pero tampoco creo que sea una sádica; aunque, dicho eso, ¡me excitó sobremanera cuando me dijo que podría aprender a serlo! La dominación femenina no es algo fácil de entender, pero creo que muchas cuestiones encuentran contestación en su web.
Así que este es el caldo de cultivo de lo que comenzó a ocurrir. Después de navidades, cuando nuestras dos hijas se fueron, mi mujer comenzó nuestra nueva relación. Me pidió todas las revistas, vídeos o DVD’s que tuviera sobre el asunto. No tenía mucho, pero le entregué todo lo que había. Entonces, me presentó un contrato que había redactado y me dijo que lo leyera atentamente. Tendría que firmarlo. Contenía todo lo que yo había hablado con ella sobre esta cuestión. Todo se transfería a su nombre: la casa, los coches, nuestras inversiones, la cuenta del banco a su nombre. De hecho, la propiedad de todo lo que poseíamos en común se transfería exclusivamente a ella.
Tuve que trasladarme a la habitación de invitados. Ella dispondría del dormitorio principal, y yo no dormiría más con mi mujer a no ser que ella me permitiera hacerlo. Transcribió una lista de tareas que tendría hacer siempre. Como puede adivinar, era todo el trabajo doméstico. Todo menos cocinar; mi mujer es una excelente cocinera y además disfruta haciéndolo. Ella haría la mayor parte de la comida, pero yo tendría que cocinar cuando no le apeteciera. Colocó un presupuesto sobre lo que se gastaría en ella misma cada mes y otra cantidad para mí. Había también una pequeña cláusula en la que decía que podría “experimentar con otros amantes” y que yo permanecería célibe durante el tiempo que ella decidiera, y que no toleraría ninguna masturbación. No se refirió a un aparato de castidad, pero sí a que le desagradaría profundamente tener que llegar a comprar uno. El contrato tenía dos páginas y no dejaba duda de lo que mi mujer me requería. Me leí el documento entero un par de veces, y me sentí feliz de acatar sus deseos.
“¿Quieres firmarlo?” Me preguntó. “Sí verdad; pero todavía no, hay que hacerlo ante testigos”. Sonrió y se llevó los papeles, mientras yo me preguntaba qué había creado.
Una hora después, más o menos, estaba limpiando la piscina y mi mujer me dijo que se iba de compras, y que querría un baño cuando volviera. Lo dijo suficientemente alto como para que los vecinos pudieran oírlo, y tuve un ataque de vergüenza, porque estaba seguro de que lo habrían escuchado.
Telefoneó diez minutos antes de llegar a casa, y me dijo que tuviera el baño preparado. Cuando llegó, yo la esperaba y cogí las provisiones y otras cosas que había comprado y las coloqué; mientras, ella se fue al baño. Este fue el comienzo.
Nunca habíamos gastado mucho dinero en nosotros mismos. Las chicas y otras cuestiones tenían prioridad sobre nuestras propias satisfacciones, y siempre que comprábamos algo para nosotros era generalmente lo más barato que encontrábamos. Las chicas son mayores ahora y tienen trabajos para sufragarse sus gastos, lo que nos da la oportunidad de gastar un poco en nosotros mismos. Y mi mujer, atrapada por el nuevo modo de vida, se había desenvuelto como pez en el agua con las compras que había hecho. Colgué las nuevas ropas que acababa de adquirir en su armario, y atendía a sus necesidades cuando me llamó. Acababa de salir del baño y me dijo que usara el agua de la bañera para lavarme, que estaba esperando compañía. Desagüe la bañera, la limpié y me vestí. Cuando retorné a la habitación principal, me quedé de piedra al comprobar lo guapa que estaba. Se había cambiado el peinado recientemente y, con la ropa nueva que había adquirido, estaba resplandeciente. Se había comprado una blusa de seda y una falda negra que le cubría por encima de la rodilla. Nunca se había comprado medias negras durante todos los años que la conocía, pero sabía que las llevaba ahora porque estaban entre sus adquisiciones recientes.
“Estás sensacional”, dije. No estaba muy acostumbrada a los cumplidos, probablemente porque no había recibido muchos. Creo que las cosas están a punto de cambiar para ella.
Me sonrío, y me dirigió una mirada divertida: “¿Quizá excesivamente vestida?”
“¿Vamos a salir?”
“Yo voy a salir. Tú no vas a ninguna parte”. Era la primera vez que sentía que ella controlaba las cosas. Estaba a punto de protestar, pero me di cuenta de que las cosas habían cambiado. ¿No era eso lo que quería?
“Solo voy a dar una vuelta, no tardaré más de hora y media. Mientras estoy fuera, quiero que te afeites. Ya sabes a lo qué me refiero.¡Por todas partes! He dejado fuero lo que quiero que lleves puesto cuando vuelva”. Y se fue. Pensativo, me dirigí a mi diminuta habitación, y vi un par de pequeñas medias de seda blanca y un collar con una placa de metal pulida donde se había grabado “el chico de Cathy”. Me fui al baño y comencé a afeitarme todo el pelo del cuerpo. Afortunadamente, encontré un tubo de Fair que Cath se había dejado por ahí. Me sorprendió lo fácil y rápidamente que me quité el pelo con la crema. No soy un hombre particularmente velludo, pero pese a ello me llevó una hora estar seguro de que había desaparecido todo rastro de pelo. Recogí el pelo de la bañera, la limpié, y volví a mi habitación. Me vestí con lo que me había sacado mi mujer; no necesité mucho tiempo. Los panties eran dos tallas menores de lo que hubiera necesitado. Me até el collar alrededor del cuello y me pregunté cuánto tiempo tendría que esperar a que volviera mi Ama.
No tuve que esperar mucho. Pero lo que me sorprendió fue que no volvía sola. Reconocí las voces de un par de amigas de Cath, Karen y Janice. Lo que me excitó y asustó a la vez. Mi mujer vino a mi habitación y parecía muy contenta. Había estado almorzando con las chicas y habían disfrutado de un par de copas.
“Venga, hay alguien que me gustaría presentarte”. Agarró la correa del collar y me arrastró tras ella. Conocía a Karen y a Janice desde hace alrededor de diez años. Karen era una atractiva rubia, alta y divorciada hacía un par de años. Es una mujer divertida que disfruta riéndose, y pude oírla compartiendo divertida un chiste con Janice. Mi entrada en la habitación detrás de mi Ama provocó que las dos dejaran de reírse de inmediato. Parecían tan incómodas como yo, pero no duró mucho.
“¡Dios mío!”. Exclamó Janice. “¿Qué tenemos aquí?” Pensé que la percepción que se tenía de mí hasta aquel momento había sido la de un hombre-hombre, el hombre al cargo de la familia. ¿Cuán equivocadas habían estado? Me puse a cuatro patas delante de ellas, con la cabeza agachada. Nadie sabía qué decir. Así que mi mujer rompió el silencio.
“Lo que veis aquí chicas es mi nuevo marido. Larry di hola a Karen y a Janice”.
Levanté la vista hacia las dos perplejas mujeres, y dije hola.
“Larry quiere convertirse en mi esclavo, ¿cierto?”
“Sí, Ama Catherine”. Murmuré.
“Lo siento, no he oído lo que has dicho”.
“Sí, Ama Catherine”. Repetí con una voz más firme. Las dos mujeres no habían visto nunca nada parecido, y no podían creer lo que estaban presenciando.
“¿Esto va en serio?”. Pregunto Janice.
“Completamente”. Le informó mi mujer, y le alcanzó una copia de nuestro contrato. Yo permanecía arrodillado delante de ellas, el silencio en la habitación era absoluto mientras Janice y Karen leían el contrato que había preparado mi mujer. Yo tampoco podía creer lo que estaba ocurriendo. Durante años había tenido esta fantasía, y ahora se estaba desarrollando frente a mí, pero no me sentía cachondo. Me sentía estúpido, ¿pero no había sido esto lo que había querido?
“Bien, bien”. Dijo finalmente Karen. “Cómo puede una estar tan equivocada acerca de alguien”. Confirmando lo que había creído que pensaba Karen de mí. El contrato fue finalmente devuelto a mi esposa, y Cath me lo dio a mí.
“Fírmalo”. Me ordenó mi Ama. Me alcanzó un bolígrafo y las tres mujeres observaron como firmaba el documento. Cath lo firmó y lo mismo hicieron Janice y Karen en calidad de testigos. El contrato firmado volvió a manos de mi mujer, que lo dobló y lo metió en un sobre.
“Bien, vamos un rato a la piscina. He notado que no hay ropa tendida ahí fuera, así que debe haber algo que hacer, porque hay una pila de ropa que necesita plancharse, ¿verdad?” Preguntaba mi mujer.
“Sí Ama”. Conteste.
“Espero no tener que decirte que hagas esas cosas. Esas cosas deberían estar hechas automáticamente. No te lo repetiré otra vez, ¿entendido?”
“Sí Ama Catherine”.
“Antes de que empieces, haznos una jarra de ponche del que tú haces, y tráenosla a la piscina con tres vasos”.
“Sí Ama Catherine”. Repliqué obedientemente. Las mujeres se fueron a cambiar a la habitación de mi esposa, y yo a cumplir con mis obligaciones.
Y así es como comenzó mi nueva vida. Nada alarmante, no habíamos roto ninguna barrera o sobrepasado los estándares en dominación femenina, pero sólo acabábamos de comenzar.
Algún día le pediré a mi mujer que escriba su versión. Me interesaría mucho ver que es lo que dice.
Mi mensaje para cualquiera que esté leyendo esto es: si eres un varón y tienes una compañera reacia a adoptar un modo de vida basado en la dominación femenina, no te rindas. Introduce a tu compañera en el sitio web de Elise Sutton, y dale su tiempo para absorber y comprender todos los beneficios que puede obtener abrazando esta manera de vivir.
Si eres una mujer, y tu hombre ha tratado de convencerte de que lo intentes, dale una oportunidad al asunto. Mi mujer se siente ahora mucho más segura, y comienza a arrepentirse de no haberse hecho con el control hace años.
Elise Sutton:
Larry, quiero centrar mi respuesta fundamentalmente en la primera parte de tu historia. Escribías algo muy importante, y no quiero que la gente lo pase por encima cuando lean tu interesante experiencia. Decías: “Había muchos aspectos de la cuestión que ella había malinterpretado, o que yo no le había explicado apropiadamente, que le resultaban tan claros como el agua en su sitio web”.
Este es un punto crítico. La dominación femenina es en gran parte malinterpretada, y la mayoría de los hombres carecen de la habilidad para explicársela apropiadamente a la mujer que aman. La dominación femenina requiere ser explicada a una mujer de una forma muy distinta. Es decir, una mujer necesita saber por qué su hombre desea ser dominado antes de que pueda comenzar a sentirse cómoda con las expresiones externas de esos deseos. Una mujer necesita entender cómo ese modo de vida puede beneficiarla y enriquecerla antes de que abra su mente al examen de las actividades en las que se plasma la D/S. Superficialmente, una mujer a la que se le plantea algo que juzga raro, verá la petición de su hombre como una muestra de egoísmo y perversión. La mayoría de los hombres hacen un pésimo trabajo cuando intentan expresar sus más profundos sentimientos, y pulsión por ser dominados está en el corazón de la necesidad del hombre de amar y ser amado por la mujer.
Una vez que una mujer atisba en el corazón y en la auténtica motivación del deseo del varón por ser dominado, ese modo de vida se ve desde una perspectiva completamente nueva. Tu mujer ha derramado muchas lágrimas durante estos años, porque ha visto tu deseo por la dominación femenina como un rechazo hacia ella. No entendió por qué necesitabas la dominación femenina cuando la tenías a ella. ¿No era ella suficiente para satisfacerte sexual y socialmente? ¿Por qué tenías que visitar a aquellas otras mujeres y contemplar esos actos pervertidos en vídeos o revistas? Para ella, tu la estabas rechazando cada vez que visitabas a una dominatrix profesional, cada vez que te excitabas con aquellas mujeres vestidas de cuero en las revistas y en los vídeos.
Simplemente, no lo entendía, y me complace mucho que mi sitio web pudiera ayudarla a responderse esas cuestiones. Mi planteamiento es mostrar a la mujer el porqué. Mi objetivo es explicarle que lo que su marido desea es común entre los hombres, y que no es un rechazo sino, al contrario, el deseo de estar más cerca de ella. Trato de mostrar a la mujer los muchos beneficios para ella y cómo necesita ver esto no desde tú punto de vista sino desde el suyo. Que un hombre con deseos sumisos quiere que su mujer sea egoísta. El hombre sumiso quiere servir a la mujer egoísta, segura y al mando. Una vez la mujer entiende que siendo egoísta y liberada realiza la necesidad de su marido, esta manera de vivir comienza a cobrar sentido.
Tu mujer tuvo esa importante revelación, que tú querías servirla y adorarla, y que dominándote y asumiendo el control sobre ti está permitiendo que la sirvas. Sí, se expresa a menudo por medio del apetito sexual, pero la motivación subyacente es tu necesidad de la amorosa autoridad femenina. Tu mujer se dio cuenta de que podía estar al mando y de que poseía la habilidad de ser la autoridad dentro de la relación matrimonial. Y una vez que la luz se encendió en su cabeza, se liberó y dejó de ver tus deseos como un rechazo hacia ella. Ahora ve tus deseos como un cumplido y un beneficio para ella.
Por eso parece que ha decidido asumir la práctica de este modo de vida y dirigirlo. Estoy segura de que tienes razón sobre que se arrepiente de no haberlo hecho muchos años antes. El contrato, revelar su dominio sobre ti a sus amigas, desterrarte a la habitación de invitados y su nueva liberación constituyen su manera de recuperar el tiempo perdido. Ahora ve claramente el potencial que una vida así le puede reportar, y apenas puede controlar su entusiasmo. Está cansada de ser la esposa rechazada y herida. Ahora, se siente la mujer segura, al mando y poderosa, y se da cuenta de que puede impedir que veas a dominatrix profesionales o material sobre la dominación femenina, no rechazando ese modo de vida sino abrazándolo.
Al asumir ese estilo de vida, puede llevarte a donde siempre quiso tenerte. Ahora, tu existes para servirla y para hacer su vida mejor, y ella se sentirá mucho más realizada en vuestro matrimonio. Aquello que temía se ha transformado en lo que convertirá sus sueños en realidad, y en el proceso hará que ocurra lo mismo con los tuyos. Y eso es lo que siempre quiso de vuestro matrimonio. Os deseo a los dos lo mejor.


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