Otra perspectiva de la infidelidad
Elise, considérame entre los muchos que te elogian por tu sitio web. Disfruto leyéndolo y espero cada una de las actualizaciones mensuales.
Soy una mujer madura, en la flor de la vida, licenciada universitaria y me ha ido bastante bien en la vida. Estudié psicología y sociología así como antropología. Soy una estudiosa de la conducta humana y siempre he disfrutado observando a la gente y analizando sus formas de actuación y patrones de comportamiento. He estado casada con el mismo y cariñoso hombre los últimos 18 años.
Te escribo para compartir mis observaciones acerca del aparente crecimiento de la práctica de la infidelidad. He notado en tu web que es un asunto bastante popular y parece que se incrementan el número de preguntas y de historias relacionadas con esta práctica sexual. Tengo mi propio criterio sobre esta a veces malentendida opción de este modo de vida.
Yendo al núcleo del asunto, la infidelidad se dirige a que la mujer disfrute de lo que su compañero masculino tiene prohibido. La infidelidad tiene lugar cuando la esposa disfruta del sexo mientras su marido permanece frustrado, pero este ejercicio psicológico podría desarrollarse en otro buen número de áreas que no tendrían por qué incluir la relación sexual con otra persona. Y creo que sería tan excitante y poderoso en el nivel emocional y en el psicológico.
Mi matrimonio es un ejemplo perfecto de mi teoría sobre esta cuestión. Nunca le he puesto los cuernos a mi marido en el sentido tradicional del término, aunque sé que es una de sus más fuertes fantasías. Él admite que sus mayores excitaciones al leer tu web se producen cuando los textos están centrados en la infidelidad. Mi marido es un masoquista psicológico, y disfruta cuando es humillado o tratado cruelmente, si esa crueldad permanece dentro de los límites de su desarrollo psicológico. No es un masoquista físico, porque no disfruta del dolor físico. Hemos experimentado con el castigo corporal y con algo de tortura genital, pero tiene un umbral de resistencia al dolor muy bajo y utiliza su palabra de seguridad incluso cuando la actuación se mantiene en lo que yo calificaría de suave.
Lo que yo hago con mi marido es utilizar el principio de la infidelidad para restringirle ciertas actividades que le encantan mientras yo disfruto de ellas. Por ejemplo, le tengo prohibido comer dulces. Tampoco puede permitirse el privilegio de tomar helados, o un donut, un trozo de tarta, una porción de pastel, caramelos, etc. Tengo mis razones para hacer esto, y al final es por su propio bien. Digamos que como mujer superior tengo más autocontrol que mi compañero. Yo limito mis dulces, pero ocasionalmente me apetece disfrutar de ellos, y cuando lo hago tengo la oportunidad de ser infiel a mi marido.
Lo que haré será atarle a una silla y disfrutar de un buen helado o de unos bombones Godiva. Se que a él le apetecen mucho, así que le provoco y le frustro mientras me observa como disfruto de ellos. ¿No es este el mismo principio que cuando la mujer disfruta sexualmente mientras se lo impide a su marido y le obliga a mirar?
Otra pequeña tortura que práctico en la misma línea se refiere a la masturbación. Tiene prohibido masturbarse. Si le cogiera comiendo dulces o dándose placer, o realizando cualquier actividad placentera que no estuviera autorizada por mí, sería castigado de una forma que no disfrutaría y tardaría en olvidar. Tiene prohibido darse placer, pero yo sí puedo disfrutarlo si me apetece. Cuando decido disfrutarlo, le “engañaré” atándole a una silla y obligándole a observarme mientras me doy placer y le provoco acerca de su imposibilidad para hacerlo y mi derecho a disfrutarlo.
Otra variación sobre el tema es la referida a ver material pornográfico. Mi marido lo tiene prohibido, pero yo no. Siendo una mujer, puedo controlar mis impulsos mucho mejor que él, así que disfrutaré de ello sólo cuando estoy con el ánimo apropiado. Cuando me encuentro en la situación de disfrutar de ello lo uniré a mi derecho a darme placer y alquilaré un video o DVD, y lo veré mientras me masturbo. Mi marido estará atado a la silla, de frente a mí y de espaldas a la pantalla de la televisión. Sólo tiene permiso para mirarme a mí mientras me doy placer, pero no a ver lo que yo estoy viendo, así que yo disfruto mientras el permanece frustrado. Le permito escuchar lo que está ocurriendo en el video o DVD porque le provoca y le atormenta de qué manera. Desea desesperadamente ver lo que yo estoy viendo y que no se le permite disfrutar. Le provoco diciéndole qué magnífico cuerpo tiene la mujer y qué erótico resulta ver a un bien dotado semental deslumbrado por la preciosa mujer. Sólo puede escuchar, pero no verlo.
Quizá incluso limite su capacidad para escuchar la acción, poniéndole tapones en las orejas para que no pueda ver ni oír lo que me está haciendo disfrutar. No obstante, de ese modo resulta menos divertido para mí, porque no puedo provocarle tanto, pero le frustra mucho cuando todo lo que puede hacer es observar como se masturba su mujer, sin saber lo que estoy escuchando o viendo en ese erótico video. Depende de mi humor y de cuán cruel quiera ser con él. Una vez mas, esta es una forma de infidelidad en tanto que yo puedo disfrutar de lo que él no puede.
Estos escenarios le transportan a lo que tú denominas el “espacio de la sumisión”. Cuanto más cruel soy, más se excita, porque es un masoquista psicológico. Creo que la mayoría de los hombres que desean ser engañados por sus mujeres son masoquistas psicológicos. La diferencia es que en nuestro caso no involucramos a otro hombre y eso evita la fuente de potenciales problemas que van asociados con la infidelidad. Yo domino a mi marido mentalmente utilizando los mismos principios de la infidelidad: disfruto de las actividades que el tiene prohibidas. Y son prohibiciones permanentes: nunca puede comer dulces, ni masturbarse, ni ver películas pornográficas. Yo, por el contrario, puedo disfrutar todo lo que quiera y utilizar mi poder para provocarle y atormentarle en el terreno psicológico.
Elise Sutton:
Sin duda, eres una mujer inteligente y creativa. Comparto profundamente tus observaciones acerca de la infidelidad. Nunca las he escuchado mejor expresadas. En esencia, la infidelidad es una cuestión relacionada con una sexualidad psicológica entre las mentes de la mujer y su marido, y es una forma de practicar la humillación. El hecho de que la mujer esté disfrutando mientras se lo impide a su marido es lo que conforma la imagen psicológica que dispara el deseo de sumisión en el hombre y le transporta al “espacio de la sumisión”. Es esta dinámica de poder la que alimenta la pasión de ambos, la de la mujer complacida y la del hombre frustrado.
Como esta es la raíz de la experiencia de la infidelidad, la misma dinámica de poder puede ser utilizada con éxito en otras áreas. Una mujer me escribió no hace mucho tiempo sobre como engañaba a su marido por medio de negarle lo que él disfrutaba más incluso que el sexo, su fetiche de adorar sus botas. Además, esta mujer también le engañaba sexualmente, manteniendo otro amante, pero descubrió pronto que ese disfrute para ella podía ser utilizado en otras áreas con su marido. Su esposo suspiraba por adorar sus botas, así que lo que hizo fue comprarse un nuevo par que sabía que le encantarían y que estaría ansioso por adorar mientras las tenía puestas. Pero se lo impidió; le enseñó las botas y le dijo que las iba a usar sólo para su amante, no para él. Entonces, volvería a casa después de su cita, ataría a su marido, y le provocaría diciéndole lo sexy que resultaba con sus nuevas botas y como había permitido a su amante llenarlas de besos y lamerlas desde el tacón hasta arriba. Ella disfrutaba de la adoración por las botas con su amante mientras se lo prohibía al ansioso marido.
Tus observaciones sobre la infidelidad podrían ser utilizadas en muchas áreas de la relación entre la mujer y el hombre, y si la naturaleza sumisa del varón es estimulada por medio de esa forma de humillación, debe provocar los mismos efectos que la infidelidad. Tu idea de hacerlo con los dulces es absolutamente genial. Puedo ver a la esposa que quiere que su marido adelgace utilizando esta técnica. Ordenar simplemente al marido que deje de comer dulces no será tan efectivo como hacerlo por medio de un ejercicio de la dominación femenina. Haciéndolo así consigues que lo que normalmente sería una mera obligación se convierta en algo excitante y divertido. Como he apuntado en mi libro (http://www.elisesutton.homestead.com/FemDomBook.html), la dominación puede transformar las tareas cotidianas de la vida y convertirlas en excitantes. Eso es lo que has hecho con tu técnica del disfrute femenino frente a la frustración masculina.
La clave es que debe ser algo que ambos disfruten (sexo, comer dulces, ver películas eróticas, etc.), para que cuando se le prohíba sepa que tú vas disfrutarlo mientras le provocas y atormentas. Esta técnica no funcionaría si la actividad que se le prohíbe no proporcionara también placer a la mujer. Prohibirle al marido una actividad en la que la mujer no está interesada podría ser un ejercicio de dominación, pero no tendría el estímulo psicológico de esa técnica. Es por eso por lo que la infidelidad es tan poderosa: el hombre suspira por el sexo pero se le prohíbe, mientras la mujer es sexualmente complacida por sus amantes.
Ahí reside el profundo nexo psicológico que transporta al hombre al “espacio de la sumisión”. Ahí se encuentra la esencia para que se produzca un auténtico intercambio de poder. Has tenido éxito al descubrir algunas áreas en las que se revela ese nexo básico, como el deseo de tu marido por los dulces, por la masturbación o por ver películas eróticas. Por lo tanto, cuando tu lo disfrutas el es consciente de que estas experimentando un enorme placer que a él no le está permitido. Eso te da un poder y un control sobre él, y ese poder estimula su naturaleza sumisa, lo que le proporciona un placer psicológico mientras a su cuerpo se le impide disfrutar físicamente.
Gracias otra vez por compartir todo esto conmigo. Estoy segura de que tu técnica será utilizada y enriquecida por otras mujeres en cuanto lo lean en mi sitio web.


Pedro:
Deseo poder disfrutar una situacion como la que describe Ana
1:13 | 15 Febrero 2008
lam:
Creo que este relato de un Ama con su marido sumiso nos habla de una relación que quizás aun estaba algo “verde”, pues ella cree que con sus prácticas está consiguiendo serle infiel a su marido al entender que se trata de la misma “dinámica”.
Entiendo que realmente no es así y que el Ama no llega a serle realmente infiel a su marido sumiso aunque le prohiba las cosas que se mencionan (dulces, masturbación, visionado de pélículas X, etc.).
Lo cierto es que para el sumiso hay cosas que proporcionan, dentro de una relación de sumisión, fuertes golpes o impactos psicológicos.
En el varón sumiso heterosexual, uno de estos impactos, por ejemplo, es el momento en que pasa a convertirse en receptor del pene (arnés consolador) de su Ama. Se puede teorizar mucho sobre esto, pero solo cuando sucede las cosas cambian de verdad pues, a partir de ese momento (y de que esa práctica pase a formar parte normal en sus relaciones) tanto ella como él cambiarán interiormente.Y la relación evolucionará en uno u otro sentido.
Ella se sentirá y se sabrá mas poderosa frente a él y él mucho mas sumiso (es inevitable).Y, cuando mire a los ojos a su Ama ya no la verá como antes, pues ahora se sabrá mucho mas indefenso y con su ego masculino anulado, borrado por la sodomización. Es posible que el sienta, después de estas experiencias, que le cuesta mirar a los ojos a su Ama.
Algo parecido ocurre, en términos psicológicos, con la “infidelidad” del Ama (si es que es correcto llamarlo así) cuando antes no había ocurrido nunca (como puede ser el caso en una pareja estable, matrimonio, etc.).
Cuando ocurre la primera vez y cuando el sumiso recibe el impacto de su Ama jactándose de una relación sexual con uno o mas amantes, es cuando el sumiso, como en el caso anterior, cambia por dentro: ya nada será lo mismo. Ahora, el sumiso sabe positivamente y sabrá siempre que su Ama no le necesita en absoluto en el plano sexual. Sabe también que ella podría abandonarle en cualquier momento. Y sabe también que cualquier ilusión de que su Ama pudiera respetarle como hombre ha quedado definitivamente rota.
Estas dos situaciones a las que me he referido llevan una relación heterosexual de D/s a otro plano.
Por todo ello, creo que en el caso del relato la relación está aun “verde” (a pesar del tiempo de convivencia). Y se pretende suplantar unas prácticas por otras pues no se entiende bien lo que estas significan en profundidad.
4:20 | 26 Febrero 2008