Por una dominación femenina sin folclore
Carlota Hill
En primer lugar, me gustaría mostrarle mi agradecimiento por su página web. El tema que usted aborda está demasiado a menudo circunscrito a la ficción erótica, y pocas son las personas dispuestas a hacerle frente desde un punto de vista que supere las meras fantasías sexuales, especialmente las masculinas. Es de agradecer su intento de aproximarse a él desde un punto de vista serio. Sin embargo, lamento tener que decirle que le falta mucho por hacer. Sus reflexiones siguen llenas de folclore sadomaso, innecesario y trasnochado. Ya es hora de que la dominación femenina deje de tener que recurrir a toda esa parafernalia. Debemos abandonar nuestros complejos de una vez por todas.
La dominación femenina es algo mucho más polifacético y complejo que una simple tanda de azotainas y ciegas obediencias masculinas, por otro lado, bien difíciles de llevar a cabo en el mundo real.
Para empezar, se equivoca usted al pretender relacionar la dominación de la mujer sobre el hombre con una supuesta superioridad. Si esa superioridad fuera real, sería imposible entender por qué Newton, Shakespeare, Cristóbal Colón o Nietzsche fueron hombres, al igual que la mayoría de las grandes figuras de la historia. La dominación femenina no necesita sustentarse sobre ninguna preeminencia intelectual o física, se basa, simple y llanamente, tal y como usted acertadamente asegura en algún escrito, en la fascinación sexual que ejerce la mujer sobre el hombre. En el nivel profundo de la personalidad, esa fascinación queda realzada por el recuerdo de la madre todopoderosa de los primeros años de infancia. Ello no indica superioridad alguna, del mismo modo que la mayor fuerza física del hombre sobre la mujer no implica superioridad del primero sobre la segunda. Lo que indica es que las mujeres deben estar arriba y los hombres deben satisfacerlas, nada más.
Estoy de acuerdo con usted en que el derecho femenino al poder sobre el hombre es indiscutible. Se adecúa a la naturaleza tanto del hombre como la mujer, corresponde con la realidad de los tiempos que corren y, si algún repentino cambio de cultura no lo impide, es el camino por el que avanzará el futuro. Pero si ese poder se basa en latigazos, infidelidades, meadas, escupitajos y humillaciones, no logrará salir de los clubs especializados o de las alcobas íntimas de los adeptos. Seguirá siendo una aspiración oculta y asociada con las perversiones sexuales. El poder femenino debe ser femenino: sutil, descarado, sofisticado. Y ante todo debe ser poder, no un teatro excitante.
El dominio de la mujer debe basarse en el sexo, sólo de ese modo puede obtener la necesaria obediencia del hombre, pero subestima usted el poder de las cosas sencillas. Muchas veces, la mujer puede realzar su supremacía más fácilmente ordenando a su pareja que le satisfaga oralmente que penetrándole con un arnés consolador o golpeándole de forma inmisericorde. Un par de palmadas en la cabeza a un hombre que ha cumplido su tarea producen más sumisión que el rutinario trabajo de limpiar baños. Tal y como aconseja a quienes se inician en este fascinante mundo, los estados superiores de la dominación sólo pueden lograrse tras un largo aprendizaje. Se le olvida decir que esos estados superiores no son ni siquiera deseables en sí mismos, sino un simple virtuosismo, casi un hobby, sólo apropiado para unos pocos. De la misma manera que un aficionado a la fotografía no aspira a ser un fotógrafo profesional o quien escribe una carta no considera que el objetivo final de ésta sea la redacción de una novela. Para la inmensa mayoría de los mortales, la dominación femenina es algo que puede ejercerse de un modo natural, sin necesidad de recurrir a todos esos artefactos y conductas que, al contrario, pueden hacer de la dominación femenina algo ridículo o, al contrario, absolutamente tiránico y por ello humanamente despreciable. Por supuesto, la mujer puede utilizar esos recursos si le apetece, pero no dejan de ser juegos sexuales pensados para su diversión, no los verdaderos soportes de su dominio.
En mi opinión, lo primero que es necesario para que esa dominación se lleve a cabo con resultados positivos, es que se extienda una costumbre bien sencilla, la de hacer prometer al hombre obediencia. Generalmente, cuando un hombre y una mujer van a formar una pareja, uno de los dos le pregunta al otro si quiere que sean novios. Lo mismo ocurre al contraer matrimonio. A esas preguntas debería ir unida otra, formulada por la mujer, y tan sencilla como “¿me obedecerás?” Ninguna mujer debería aceptar una relación sin una respuesta afirmativa a esa pregunta.
A partir de ese momento, el hombre debería quedar sometido a la mujer en cuanto a su comportamiento sexual, debería efectuar sin protestas cualquier favor que ésta le pidiera, y debería hacerle caso en cuanto a su indumentaria y su vida social (si lo pensamos un poco, son cosas que la mayoría de los hombres lleva haciendo por sus mujeres desde hace ya tiempo). El resto de facetas de la vida del hombre no pertenecen a la mujer. Si ni siquiera los animales domésticos pertenecen por completo a sus dueños, ¿en función de qué absurda ley deberían los hombres, dotados de inteligencia y libre albedrío, ser absoluta propiedad de sus mujeres? Ello sería una carga excesiva para ellas, y no dudemos de que pronto se cansarían de ser las dominadoras en una relación que les exigiría demasiado esfuerzo. Hay que entender, y proclamar abiertamente, que la obediencia del hombre es el único método de acabar con la ansiedad masculina que lleva a tantos hombres a practicar la violencia. En el servicio a la mujer el hombre debe encontrar realización plena. Y esa obediencia puede aportar muchas alegrías a las mujeres si saben administrarla. No se trata del poder por el poder, sino de obtener servicios por parte de los hombres, así como su gratitud y admiración.
Y eso me lleva al segundo aspecto. En sus escritos usted no tiene en cuenta que el correcto funcionamiento de una pareja que siga la D/s depende de la mujer. No cabe pretender que cualquier cosa que haga la mujer, por el hecho de que la haga Ella, redundará en beneficio de la pareja y de la satisfactoria sumisión de su hombre. Al igual que un caballo necesita de cuidados para que corra bien en una carrera, un hombre también los requiere para ser el amigo leal y el compañero fiel que la mujer desea. Esos cuidados empiezan por la atención a las necesidades del hombre, ¡no desde luego por golpearle y torturarle! Y el primero de esos cuidados es el sexual. Si la mujer quiere dominar efectivamente a un hombre no debe desatender nunca el aspecto sexual, teniendo cuidado, eso sí, de que siempre sea ella la que lleve la iniciativa. A una mujer puede apetecerle mantener una actitud pasiva mientras un hombre le colma de caricias y atenciones, pero el hombre no debe confundir nunca esa actitud pasiva con un papel de objeto sexual o secundario respecto a él. En caso de que la mujer adopte un papel pasivo, debe indicar al hombre con claridad qué quiere que le haga. Nunca se insistirá lo suficiente: bajo ningún concepto debe la mujer perder la iniciativa sexual. A una mujer también puede dejar de apetecerle el sexo algún día o temporada, en ese caso conviene seguir manteniendo la vigilancia sexual sobre el hombre, bien obligándole a masturbarse (en presencia de Ella o no), bien ordeñándole ella misma. Esto último es algo bastante literario, pero muy poco frecuente. La mayoría de nosotras no encuentra placer alguno en masturbar mecánicamente a un hombre. Por ello, lo ideal es pedirle al hombre un favor, en recompensa por el cual se le permitiría masturbarse. Por ejemplo, la mujer ordena al hombre que le haga unos masajes en la espalda y, una vez que el masaje ha terminado, le deja masturbarse. Quienes defienden la castidad masculina no están más que frustrando a los hombres y, por lo tanto, a sí mismas. Quizás obtengan una obediencia más estrecha, pero ello sólo indica una falta de salud mental por parte de sus hombres. Los hombres, nos guste o no, eyaculan. La persistente negación del orgasmo sólo puede llevar a la impotencia, la represión y el cansancio. Diablos, ¡queremos hombres, no mascotas!
Otro aspecto que la mujer nunca debe descuidar es el del trabajo. El hombre es sencillo en su conducta: o está activo o tiende a comportamientos antisociales como la bebida. No debe mantenerse a un hombre inactivo más que en contadas ocasiones. Mientras la mujer descansa, el hombre puede estar haciendo la comida, planchando o aprendiendo algo que pueda redundar en beneficio de ambos. De vez en cuando, la mujer debería premiarle por su trabajo.
La última discrepancia que mantengo con sus teorías es la poca importancia que otorga usted a los deseos de sumisión femeninos. Están mucho más extendidos de lo que usted piensa, y no son algo que desaparezca con la edad. No es una actitud sensata despreciar esos deseos como una desviación de la forma natural de dominio entre sexos. Creo que hay que comprender la existencia de esas fantasías y permitirlas, siempre y cuando la relación del hombre con la mujer sea de dominio por parte de ésta. Nada malo hay en que una mujer practique con su hombre juegos de inversión de papeles, la única condición es, como ya hemos dicho antes, que estos juegos se hagan por iniciativa de ella y en la forma que ella quiera. Pueden incluso ser muy excitantes y relajantes para aquellas a las que el papel de dominantes resulte cansino. Por supuesto, las mujeres que defendemos con convencimiento la dominación femenina, debemos despreciar cualquier sumisión de las mujeres que supere el grado de juego sexual.
Considero que la dominación femenina es el modelo hacia el que la humanidad debe avanzar globalmente. Aunque su expansión plena no la veremos nosotras ni nuestras hijas, es nuestra responsabilidad colocar ahora los cimientos de esa sociedad futura en la que los hombres serán la mejor compañía de una sociedad hecha a imagen y semejanza de una mujer completamente emancipada.


Letras:
Estoy más de acuerdo con este post que con el anterior. No creo en la superioridad de nadie. Las mujeres serán más débiles que los hombres en algunas cosas y viceversa. Lo que está claro es que para muchos hombres servir a una mujer es lo más maravilloso que le puede pasar.
Un abrazo
16:33 | 27 Marzo 2008
limpiabotas-fran:
Esta relación D/s es la ideal, con la que todos soñamos pero se requiere una Mujer y un hombre convencidos.
Yo soy un sumi con cantidad de dudas, muy fetichista, onanista y con eyaculación precoz.
A veces reprimendas y disciplinas enseñan caminos que despejan las dudas. No creo que se puedan rechazar los golpes, hay gente que le ha servido para salvar su relación.
Mi ex-mujer cuidaba su imagen al principio de nuestra relación, despues los chandals, deportivas y vaqueros arruinaron mi fetichismo. Es evidente que cuando hable fue tarde y que me obsesione exclusivamente con mi placer pero “coño” podía haberse vestido alguna vez para mi.
El control de la eyaculación hay que querer hacerlo, a mi por ejemplo la negación del orgasmo creo que me vendria mu bien, pues mantengo niveles de actividad altos en su ausencia si me “corro” pierdo el interes.
Lo que quiero decir, que no se si me explico, es que desde mi humilde punto de vista llegar a esa forma de entendimiento es perfecto pero que creo exige un camino en donde interviene el folclore, rechazarlo sin mas, puede suponer no comenzar el camino.
Obedecer a una Mujer es mi deseo, conocerla mi objetivo.
El folclore, ¿no es un camino, para llegar a mi destino?
Sigo su blog Ana como siempre con devoción insaciable. espero sepa disculpar mi escasa partipación.
21:57 | 27 Marzo 2008
Sobre la superioridad femenina I | Blog de Ana Serantes:
[...] basarse en ella. La dominación femenina se sustenta básicamente (y en esto estamos de acuerdo con Carlota; aunque no en otras cosas) en las diferencias en la sexualidad de mujeres y hombres, en la [...]
11:50 | 30 Marzo 2008
Lamborghini:
limpiabotas-fran: A veces lo mejor para el onanismo es ponerse una disciplina, por ejemplo, masturbarse solo una vez a la semana, para comenzar (o cada 15 dias) y ser consecuente.
Si tienes Ama debes hablarlo con ella y sugerirle tu necesidad de un buen correctivo serio. Asi, cuando te masturbes recibirás siempre un buen castigo y aprenderás que no es el mejor camino.
Para la eyaculación prematura también es bueno el castigo. Así, cada vez que te corras antes de tiempo serás castigado duramente y entonces aprenderás que no es ese el mejor negocio.
Si, por ejemplo, después de eyacular te da asco todo lo sexual deberías obligarte a complacer a tu Ama en esa situación y lamer su ano, sus pies, sus axilas…. Y, si te da asco, después de terminar, el tragarte tu propio semen deberías hacerlo como autocastigo. Luego te acostumbrarás.
Lo mismo con la lluvia dorada: si después de eyacular no te apetece nada que tu Ama orine sobre ti pídele que lo haga y verás que, aunque al principio te dará asco luego te saberá a gloria y aprenderás a disfrutar de otra forma.
6:18 | 13 Abril 2008
limpiabotas-fran:
Lamborghini, creo que si llegara a tener Ama no cometeria los mis errores que cometi antes, con este blog he recapacitado y aprendido bastante, para llevarlo a la realidad me falta alguien que quiera adoptarme.
Gracias por las recomendaciones pero despues de eyacular no tengo asco de nada lo que se genera es un estado de placidez y me abandono al descanso.
Su devoto seguidor
19:30 | 13 Abril 2008