Regalos prácticos
Ms Rika
Como he escrito en otros artículos, si me siento bien con un sumiso, me gusta hacerle obsequios (a menudo algunas de sus fantasías o ‘escenas’ basadas en ciertas actividades). Algunas veces, esto supone ‘escenas’ prolongadas con cierta complicación. Sin embargo, los obsequios pueden ser también rápidos, regalos simples que son fáciles de conceder y dejan una impresión duradera.
Los mensajes subliminales que conllevan para el sumiso todos los obsequios son:
- Reconozco y aprecio tu duro trabajo para complacerme.
- Voy a darte algo que sé que te gusta pero que no estás esperando o demandando.
- Yo soy quien controla y puedo darte o quitarte. Estoy pensando en nuestros papeles en la relación en este mismo momento*.
* Las dominantes –yo incluida– olvidamos a veces la importancia que tiene para el sumiso el último significado del mensaje. En tanto que esperamos que el sumiso este centrado en nuestras necesidades, también sabemos que no es sumisión si sus esfuerzos no se reciben desde una posición de dominación. Mientras esperamos que el sumiso demuestre la autodisciplina requerida para acometer sus actividades sumisas sin necesitar actos dirigidos a él por nuestra parte, una pequeña demostración de poder facilita el mantenimiento de su trabajo.
A continuación transcribo unos cuantos obsequios que no requieren premeditación y se conceden con un esfuerzo mínimo. Notarás que la clave de la efectividad de estos regalos es aparentemente su concesión arbitraria. Cuanto menos sentido tiene el obsequio, más efectivo resultará. No son actos de dominación (ver mis otros artículos), son actividades centradas en el sumiso. Son simples regalos.
1. Dejarle dar gracias
Cuando asignamos al sumiso una cierta cantidad de cosas que hacer… o si está simplemente realizando sus trabajos habituales, es un obsequio hacer que se tome un tiempo para detenerse y agradecerte la oportunidad de servirte. Por ejemplo, el otro día mi sumiso acudió a mí para que aprobara la lista que había preparado para la cocina y la limpieza, y la agenda que deberían seguir los otros sumisos para dejar mi casa preparada para invitados. Aprobé la relación y, cuando retornaba a la ejecución de sus tareas, le detuve y le dije que podía besar mis pies en agradecimiento antes de empezar. Yo sabía que eso era un obsequio para el… simple, pequeño, pero un obsequio en cualquier caso. La sonrisa que se deslizó por su cara cuando se puso de rodillas no tenía precio. En mitad del caos del trabajo que debe realizarse, este simple regalo le hizo saber que apreciaba sus esfuerzos, le proporcionó un cierto disfrute, afirmó claramente mi dominación y le demostró mi asunción de nuestros papeles. Todo en 10 segundos.
2. Apropiarse del control de su cuerpo
Aplicaciones caprichosas del poder de otro sobre las funciones naturales de su cuerpo –sin otra razón aparente que el capricho y concedidas de forma inesperada– son muy efectivas y constituyen un método sencillo de proporcionarle un obsequio. Decirle a un sumiso que contenga la respiración sin ningún motivo… entonces, hacerle respirar rápidamente, o lentamente. Acercarse al sumiso cuando está orinando y decirle que detenga la orina… y luego que continúe. Tener a un sumiso erecto y hacerle mantener su erección durante el tiempo que tú quieras… incluso cuando está haciendo otras cosas. Decirle que empiece a hacer flexiones o abdominales. Detener la realización de sus tareas en la casa y hacerle contar la revés de 100 a 7, y entonces retornar a sus obligaciones. Tenerle de pié sobre una sola pierna, cantar como un pájaro, ladrar como un perro… cualquier cosa. Cuanto más tonto y menos significado, mejor. Esas ‘simples’ acciones serán percibidas como obsequios que demuestran un control absoluto. Carece de poder para oponerse a tus aparentemente arbitrarios caprichos.
3. Utilizar su boca
El dicho “el camino hacia el corazón de un hombre pasa por su estómago” olvida una localización de la ruta aún más poderosa. Normalmente controlamos lo que nos introducimos en nuestras bocas. Tener a otro que determina qué meter en ella es una violación de espacio personal… es un acto reservado aquellos que quieren demostrar un control total. Son innumerables las cosas inocuas que puedes hacer que el sumiso pruebe, chupe, masque, trague o simplemente sostenga en su boca. Cuanto más desagradable, más sensación de poder. Cuanto más sensación de poder, mejor el regalo. El equilibrio está en tus manos.
Además, si el asunto es de naturaleza personal, el obsequio incrementa la tensión sexual. Escupir un chicle (o simplemente escupir) en la boca de un sumiso será percibido como un contacto íntimo. Obligarle a tragarse los recortes de tus uñas o beber del baño de tus pies después de haberte hecho la pedicura son obsequios que no requieren esfuerzo pero comportan un contacto íntimo. Hacerle besar tus manos, dedos, pies, culo, pechos, axilas, etc., son obviamente regalos con una carga sexual.
La idea es proporcionar un regalo apreciado y efectivo de forma rápida y sencilla.
4. Poniéndole obstáculos
Otra forma sencilla de obsequiar a un sumiso es dificultarle las tareas que tiene que realizar. Si la faena es alguna en la que el tiempo no es esencial, podrías querer proporcionarle un desafío para servirte apropiadamente. Otra vez: es un regalo para él –aunque está tratando de servirte y hacer los encargos lo más eficientemente posible–. Puedes obligarle a seguir una batería de instrucciones que dificulten la tarea a tu capricho. Como en todos estos mecanismos, la clave para este tipo de obsequio es requerirlos de una forma aparentemente arbitraria.
Si está planchando, oblígale a que lo haga con su mano menos hábil o sobre una sola pierna. Fregar el lavabo con los ojos vendados. Sacar la basura… en pequeñas bolsas de papel. Hacerle recoger las hojas… con un rastrillo de juguete… o con unas pinzas.
Nota: tienes que ser cuidadosa con esta clase de obsequios. No pierdas de vista que la razón de la actividad que está realizando es servirte a ti. No sacrifiques el servicio sólo por concederle un regalo. Podrías utilizar este tipo de obsequios si no te importa el tiempo que le lleve la actividad. Tampoco reduzcas tus expectativas de perfección y pulcritud sólo porque le has puesto un obstáculo. Recuerda: los obstáculos son cosas que ves cuando levantas la vista del camino.
5. Rápido pero doloroso
La última categoría es una de las que realmente adora el sumiso. Puede unirse a cualquiera de los mecanismos anteriores o utilizarse en solitario. El objetivo es una rápida y sencilla, aunque dolorosa, situación concedida como un obsequio. Puede ser tan simple como una bofetada (o para un auténtico regalo, 10 bofetadas seguidas). Quizás golpear su nariz, doblar sus dedos, retorcer sus pezones, un medio rodillazo en las pelotas… El asunto es hacerlo de forma inesperada y arbitraria. No hay otro motivo para ese dolor que tu capricho.
Sería completamente apropiado que, después de hacer que mi sumiso que agradeciera el haber aprobado su lista mientras me besaba los pies, le hubiera hecho levantarse, colocar las manos a la espalda, y entonces haber abofeteado su cara con fuerza una cuantas veces, enviándole de nuevo a sus tareas. Lo habría percibido claramente como un valioso regalo.
Hay muchas, muchas más formas de proporcionarle sencillos regalos a un sumiso. Mientras evitemos que recibirlos se convierta en un hábito predecible (la imprevisibilidad es la clave), resultan maneras muy efectivas de hacerle saber que le amas y le entiendes. Úsalos acertadamente, mantendrán viva vuestra relación y, además, son divertidos.


limpiabotas-fran:
Esto es lo que yo llamo motivar a un sumiso… de esta forma el Ama muestra su deseo de mantenerlo y el sumí estará dispuesto a profundizar en su aprendizaje y adentrarse en su entrega.
El devoto seguidor del blog
1:23 | 5 Mayo 2008