¿Sin discusión?
El 30 de noviembre leía en un comentario esta frase: “pero sé en lo mas profundo de mi, que jamás pondría limites a su libre albedrío o cuestionaría sus ordenes y llevo años en el honroso camino de servirla…” He leído otros comentarios parecidos en esta revista, y muchos más en otras páginas de Internet. Por lo que parece, hay unos cuantos hombres sumisos que piensan que las órdenes o las opiniones de las mujeres dominantes no se cuestionan, que no puede discutirse si llevan o no razón en lo que hacen o en lo que piensan.
Soy una mujer dominante, pero desde luego que de ningún modo me gustaría que mi sumiso se comportara de tal forma. Y eso no significa que no sea exigente con él, que lo soy, ni que se le ocurra dejar de cumplir una orden mía, que no se le ocurre, porque sabe que no le conviene. Pero de ahí a no cuestionar nada de lo que yo hago o pienso va un trecho largo. Un trecho que me colocaría en una posición que desde luego no deseo. ¡Qué horror que le dieran a una siempre la razón! ¿Cómo a los tontos?
Me resulta evidente que una mujer no puede tener siempre razón, por muy dominante que sea o por muy sabia que sea. Así que es estúpido dársela por sistema. Y no creo, ni mucho menos, que respetar y adorar a una mujer, someterse a ella, implique no cuestionar sus actos u opiniones. De hecho, creo que este comportamiento por parte de un sumiso haría mi vida notablemente peor, porque la empobrecería.
Me resulta extraña la visión que tienen algunos hombres de lo que es la sumisión. Mi pareja es un hombre sumiso porque se somete a mí, porque eso es lo que quiere hacer, pero no es un hombre sumiso ante cualquiera. Todo lo contrario, lo que me gusta de él es que es un hombre decidido, qué defiende con valentía sus ideas frente a cualquiera (incluida yo) y que no se arruga ante nadie. A primera vista, como estoy segura de que les pasa a otros muchos, nadie diría que es un sumiso: mi pareja es un líder en muchas facetas de la vida. Y me encanta que lo sea, es una de sus características más importantes y una de las me llevaron a enamorarme de él.
Mi vida es más rica, y mis posibilidades de acertar en mis decisiones mayores, porque él discrepa conmigo en muchas ocasiones. Y discute también mis decisiones, incluidas las que le afectan a él directamente. Claro que la dominación femenina es como la Justicia: se pueden discutir las sentencias de los jueces, sólo faltaría, pero se acatan. Lo mismo reza para mi pareja, puede discutir mis decisiones u órdenes, pero las cumple.
Ahora bien, que las cumpla, y a rajatabla, no significa que no pueda hablar conmigo y darme su opinión contraria sobre cualquier decisión mía que, por supuesto, está cumpliendo. Esa conducta es la que me retroalimenta, la que me permite equivocarme menos veces, la que me hace estar más orgullosa del hombre que tengo y apreciar mejor mi poder sobre él. Pero sobre todo esa conducta es la que me permite estar más orgullosa de mí misma, porque soy capaz de dominar a un hombre con criterio y voluntad propia, ¿qué mérito tendría dominar a alguien que siempre te dice a todo que sí, que no parezca tener opinión propia sobre nada de lo que haces?
No niego que pueda haber mujeres a las que eso les resulte satisfactorio (aunque imagino que no serán muchas), pero para mí eso no es dominación femenina. No pretendo sentar cátedra, pero en mi opinión no dominas a alguien que no tiene criterio, que no defiende nada, que no se opone a nada, para dominar tiene que existir alguna resistencia por la otra parte, aunque no sea más que intelectual, de opinión. Hay veces en las que soy consciente de que, en una divergencia, es mi hombre el que lleva razón y no yo; pues bien, quizá sea en esas ocasiones en las que más disfruto dominándole, imponiéndole mi criterio simplemente porque es lo que en ese momento me apetece, por capricho, a sabiendas de que no me asiste la razón, de que lo hago porque me asiste el poder que tengo sobre él. El poder que permite la dominación tiene que ser arbitrario algunas veces, aunque se aplique en cuestiones que no tengan mayor trascendencia para la relación ni para ninguno de los dos, porque una tampoco es tonta y no pretende salir perjudicada por sus propios caprichos.
Bueno, termino insistiendo en que si un día mi pareja me dijera: “Bonita, a partir de hoy tienes razón en todo y no se me va a ocurrir cuestionarte nada de lo que hagas o de lo que pienses”, a mí me daba un pasmo. Creo que no tardaría mucho en pensar que me había equivocado de hombre y que necesitaba urgentemente un cambio de pareja.
[Este artículo lo publiqué en el año 2005 en mi anterior página web, DominacionFemenina.net, con el seudónimo de María Salazar]


Fran:
Creo en la sumisión fisica y mental, pero no en la anulación.
Un hombre que es cero no existe y algo que no existe no se puede querer y yo lo que quiero es que mi Ama me quiera.
Para que mi Ama me quiera, debo ser atractivo para que le apetezca estar conmigo, servicial para que este a gusto a mi lado, con iniciativas que la hagan desear mi compañia, manifestar opiniones que generen su respeto hacia mi y aderezarlo todo con humor para que se divierta cuando esta conmigo.
En definitiva, creo que el esclavo debe seducir a su Mujer Ama, igual que en cualquier otro tipo de relación, cometera errores, tendra dudas, pero si quiere establecer una relación Domina-sumiso esta obligado a hacer algo.
Cuando nos dan algo que ni siquiera hemos pedido o deseado, que no muestra utilidad y que no nos aporta beneficio generalmente lo olvidamos.
El humano que se ofrece sin nada que aportar a una relación es rechazado o ignorado y sin embargo es tan habitual.
En las relaciones hay discusiones, opiniones, sin ellas la sal de las conversaciones se diluye en un aburrido monologo.
Obedecer mola, pero para llegar a que alguien quiera ordenarme tengo que conquistar su voluntad de hacerlo.
Tengo la sensación de haberme montado un rollo tremendo. Lo siento queria dar mi opinión, me ha encantado el articulo.
Devoto Seguidor
1:18 | 13 Febrero 2008
Joselo:
Creo que es relativo y que como en todo el criterio básico es partir de lo razonable. Sin embargo, aunque la órden de mi Ama no fuere razonable yo la cumpliría igualmente, no porque sea un robot, ni porque no pueda pensar, sino porque esa es una oportunidad de demostrarle mi auténtica sumisión.
Ayer de mañana, mientras me encontraba de rodillas acariciando los divinos piés de mi Dueña, me informó de que al anochecer tenía planeado poner a prueba mi devoción, lo cual significa una sesión de muy severa disciplina.
Si bien no me explicó cuales eran los motivos ( no es que precise tenerlos ) pensé que se debía a una órden del día anterior, que cumplí y posteriormente ý luego de prudente plazo pedí permiso para hablarle, con la intención inexpresada de solicitar alguna aclaración. Al siguiente día, esto es ayer, sin haberme dado esa posibilidad me obsequió con una muy contundente y rigurosa lección de obediencia, como Ella la entiende: ciega, inmediata y muda.
Y ni una palabra más. Luego le agradecí sinceramente su castigo y a pesar de los efectos físicos que perduran y perdurarán un tiempo, me siento feliz de servirla, tratando siempre de hacerlo como Ella quiere ser servida.
2:25 | 2 Septiembre 2009