Sobre la castidad en la dominación femenina
José Perera
Siempre he pensado que si ambos miembros de una pareja viven y tienen su lugar de trabajo en puntos muy distantes, tanto que para el caso de que deseen vivir juntos alguien tiene que renunciar a su puesto de trabajo, lo lógico será que, en principio, renuncie a su empleo aquella persona cuya actividad se nos presente como más precaria. En otras palabras, que si él tiene un trabajo fijo y ella, uno temporal, le toque a la segunda dejar su empleo, mientras que si es al revés, que él es quien está en mayor precariedad laboral, frente a ella que goza de un empleo fijo, sea el varón el que abandone su puesto de trabajo, todo ello con tal de poder residir en la misma localidad.
Con respecto a la sexualidad pienso de manera similar. ¿Quién de los dos tiene mayor potencialidad erótica; quién tiene mayor capacidad de goce físico; quién puede obtener placer casi en cualquier parte de su cuerpo? Para mí está claro que se trata de la mujer. En cambio, el placer masculino –en su forma de orgasmo– tiende a concentrarse en sus genitales, además de tratarse de un goce que se limita a un breve espacio de tiempo. Luego llega el cansancio, la sensación de frustración y la falta de interés por su pareja. ¿Con qué me quedo yo, con un goce inexistente o mediocre para ella acompañado de uno efímero para mí, o con uno intensificado al máximo para ella?
Cada pareja es libre de escoger todas las opciones posibles. Pero yo opto por la segunda alternativa. ¿Por qué? Pues por varias razones. Se supone que somos pareja y que nos amamos. Yo quiero lo mejor para ella, y de igual manera que me alegraría que ella consiguiera un trabajo fijo o la mayor nota en un examen, también me encantaría saber que ella disfruta sexualmente. Y si una de las estrategias para maximizar el placer de mi pareja pasa por renunciar al mío propio, está claro que es a mí a quien toca olvidarse del orgasmo. Sólo así podré centrarme en hacerla disfrutar una y otra vez y de todas las maneras imaginables. ¿Dejo de gozar yo por ello? Si entendemos el placer como sinónimo de orgasmo, pues sí. Pero si concebimos el placer en su faceta emocional, la respuesta sería un no rotundo. Porque difícilmente puede existir un placer tan grande como sentirse amorosamente útil; porque pocas cosas tan hermosas hay en esta vida como asistir al orgasmo de una mujer; porque nada es tan bonito como hacer gozar a la persona que amas. Mi recompensa no me la proporcionará una eyaculación puntual, sino el ser testigo y parte activa de la felicidad de mi compañera. Además, mi renuncia al orgasmo constituye una prueba de amor, porque es decirle a quien quieres que ella tiene prioridad, que me importa más su compañía que un goce momentáneo; es, también, una forma poderosamente simbólica de expresar mi sumisión a su persona.
¿Y que papel viene a cumplir el aparato de castidad? Pues el mismo que desempeña el anillo de bodas para los que se casan ante Dios o ante el Estado. No se trata de evitar que el varón se acueste con otras mujeres, porque un sumiso enamorado nunca pensará en ello, sino de que estamos ante un objeto que sirve para recordar cuál es la función del que lo porta, para incentivar su dedicación completa al placer de la fémina de sus sueños. Porque la castidad en la dominación femenina nada tiene que ver con la castidad preconizada por distintas religiones, y entendida como virtud frente al pecado del sexo. Todo lo contrario, ya que estamos ante una forma más de desarrollar el potencial liberador y gratificante de la sexualidad humana; de expresar, dar y recibir amor.
Ana Serantes:
Me parece bien tu artículo, José, creo que siempre conviene recordar que también en las relaciones de dominaciones el amor es lo realmente importante, y que ese amor explica y debe explicar muchos de nuestros comportamientos. A veces no se hace porque se da por supuesto, pero es verdad que de tanto darlo por supuesto… pues acaba desapareciendo de muchos de los textos que sobre la dominación femeninan encontramos por ahí. Sin embargo, hay un punto en el que me parece que el amor no lo explica todo, en el que me parece que hay una cierta idealización romántica por tu parte. Me refiero a esta frase:
No es que ponga en duda que la devoción por tu pareja sea uno de los componentes de lo que dibujas como una renuncia, que no lo dudo, sino que se me queda un poco incompleta tu descripción del porqué de esa renuncia y tu descripción del gozo:
Desconozco cuál sea tu experiencia en este terreno, José, pero no creo que, en general, los varones sumisos estén renunciando a una experiencia física –es decir, sexual– por alcanzar otra más emocional. Cierto que pueden conseguir la emocional, pero eso no significa que renuncien a la física. Pese a la importancia que se concede a la eyaculación, la sexualidad masculina no puede limitarse a ella, los hombres son muy capaces también de disfrutar de una experiencia sexual que no incluya la eyaculación.
Si no fuera así, difícilmente encontraríamos a esa cantidad de varones sumisos pidiendo a sus mujeres que controlen sus orgasmos o, más directamente, que no les dejen eyacular. Y te aseguro, José, que esos hombres disfrutan sexualmente, no sólo emocionalmente. Porque esos hombres saben del disfrute físico que supone el incremento del deseo que provoca en ellos la provocación sexual y la denegación de su eyaculación. Esos hombres son la prueba fehaciente de que la sexualidad masculina no se limita a la eyaculación, porque han descubierto que lo que venimos en llamar aquí “castidad” les proporciona también un disfrute físico tangible, aunque no alcancen el climax (amén del obvio disfrute físico que encuentran haciendo el amor con su pareja aunque no eyaculen).
Es cierto, no obstante, que ese disfrute físico que proporciona la excitación –la energía sexual que insufla el incremento del deseo– no puede separarse en estos casos del más emocional que tu reivindicas, de la sensación de amor, devoción y sumisión a la mujer que adoran. Es verdad, pero no creo que haga falta convertir esa adoración en algo tan “puro”, tan “romántico”. En mi opinión, el goce que los varones sumisos encontráis en la práctica de la castidad se alimenta de las dos fuentes, de la emocional y de la sexual.
Mi experiencia me indica que ese componente “impuro” es también importante, que la devoción romántica disminuye de forma significativa cuando la denegación de la eyaculación no se complementa con la provocación erótica (esa es la razón de que la formulación anglosajona incluya ambos conceptos: “Tease and denial”). Dicho en plata, que si una mujer se limita a prohibir el orgasmo de su sumiso y se olvida de él durante un par semanas… se encontrará un hombre bastante más alicaído que excitado y lleno de fervor por ella.
De todas formas, José, te entiendo, porque es verdad que ponemos tantas veces el acento en el terreno sexual que se nos queda el romántico en poca cosa, así que bien está que lo reivindiques. Te felicito por ello y, como te decía, es tan sólo un matiz lo que trato de añadir. Gracias por tu aportación.


Kratos:
He disfrutado tanto del articulo como de la respuesta de Ana, yo a veces hago este juego con mi mujer (no demasiado mi carne es muy debil) y el caso es que infinidad de sensaciones me recorren la espalda cuando dejo de masturbarme esperando una futura recompensa, sobre todo si has estado satisfaciendo a tu ama/amada o amante.
No compareble con un coito esta claro pero una sensacion diferente y muy excitante.
Estoy de acuerdo en que los sumisos esta claro que obtenemos satisfaccion dando placer a nuestra pareja, entiendo que es algo comun en todos pero quizas sea que nosotros tenemos esa parte algo mas desarrollada que los demas.
Tus comentarios sobre el aparato de castidad no se me habian ocurrido, muy curioso pensare sobre ello.
22:42 | 14 Mayo 2008
Adrian:
Muy lindo artículo José, es un interesante punto de vista el que nos ofreces.
Es cierto que la “castidad” como la entendemos aquí no implica la supresión de todo placer, al contrario, lo incrementa, porque a cambio de unos segundos de clímax se obtiene un estado de deseo permanente que te hace centrar mas en sus deseos que en solo eyacular e irte a dormir.
Tampoco implica que no haya sexo … al contrario … puede haber mas, si Ella lo desea. Por ejemplo, desde que mi Esposa y yo incluimos el control de mi orgasmo por parte de Ella, tenemos el sexo que ni de novios teníamos. Ha llevado su tiempo, porque tampoco es fácil, al principio era un horror y me costaba mucho controlarme y frenar la eyaculación.
Hoy día el control es permanente, solo eyaculo cuando Ella lo permite, aprendió a usarlo como premio ó como castigo, aprendió a disfrutar de la energía que pongo a disposición de Ella, de las ganas de reconvertir cualquier actividad cotidiana en un elemento sensual, romantico y/o erótico. Si algo perdí renunciando al clímax, ya he (en realidad hemos) ganado diez veces mas.
Por último es muy exacto lo que apunta Ana en su respuesta, sobre la baja efectividad que supone que la denegación del orgasmo no vaya acompañada de la provocación erótica que, agrego, no solo puede ser física, a veces basta una mirada, una caricia sutil ó incluso si estamos separados, algo tan simple como un mensaje de texto provocativo. Una exacta combinación de ambas y te mantienes todo el día en alerta, ansioso por complacer el próximo deseo de tu Ama.
Un saludo a todos.
5:26 | 15 Mayo 2008
Su gusano patético:
La renuncia al placer físico no significa prescindir del placer, sino que es entrar en otro nivel de placer, mas mental que físico. La privación del orgasmo en el hombre sumiso, y el nivel de excitación sexual que ello conlleva con el paso de las semanas, hace que se centre mucho mas en complacer a la Ama, y eso llena de alegría a ambos.
Aquí se habla de la castidad con dispositivos de castidad, que evitan la masturbación, pero ¿ no tiene mayor valor una castidad sin ningún impedimento físico ?
21:34 | 15 Mayo 2008
limpiabotas-Fran:
No tengo experiencia en cuanto al control del orgasmo, sin embargo coincido con “gusano patetico” en el valor mayor de la castidad sin impedimento físico, pues me parece dificilisimo conseguirlo sin un aparato que controle mis ansias onanistas y mi natural excitable.
No solo de AMOR vive el hombre, aunque es la fuente de la vida misma de un sumiso, sin embargo una eyaculación retardada, dilatada en el tiempo, alimentada la tensión emocional con mensajes, miradas, palabras, gestos, etc., que se produzca cada semana, cada 2 semanas es realmente el extasis… y eso si tiene que ver con lo físico.
Lo que quiero decir es que yo como sumiso tengo que amar a mi Dueña primero, luego debo aprender a satisfacerla sexualmente, crecera mi autoestima cuantas más veces y más intensamente logre que llegue al orgasmo, pero yo tambien soy persona que me gustaria alguna vez eyacular aunque prefiero que esa eyaculación no sea precoz sino sostenida en el tiempo y tambien lo más intensa posible. Para llegar a este nirvana necesito como sumiso el control de mi orgasmo por Ama-Mujer que tambien me quiere y desea satisfacerme sexualmente.
Un devoto seguidor del blog
2:00 | 17 Mayo 2008
lam:
No puedo estar de acuerdo con esta afirmación de Ana, no porque no pueda ser cierta sino porque creo que generaliza:”que la devoción romántica disminuye de forma significativa cuando la denegación de la eyaculación no se complementa con la provocación erótica”
Creo que a veces si y a veces no, pues hay sumisos a quienes excita mas que nada el no sentirse provocados sino mas bien el saberse ignorados totalmente por sus Amas. Y es en estos momentos cuando mas desesperadamente calientes están (no es ese mi caso).
Tampoco estoy de acuerdo con José cuando compara el aparato de castidad con el anillo de bodas pues el sentido del primero es de índole práctica y limitativa mientras que el anillo solo cumple un papel simbólico.
Aunque no practico la castidad ni me presto a ella me parece este un ingrediente mas que puede ser muy enriquecedor para la pareja Ama-sumiso.
19:17 | 30 Junio 2008
Romano:
Pienso que aún no se ha inventado un aparato de castidad perfecto. Aunque hay algunas variantes del CB, que es de lo mejor, tampoco es la panacea. Falta I+D.
6:43 | 4 Julio 2008
Paola:
Yo en lo personal he disfrutado varias veces de la denegacion del orgasmo a mi marido como un juego erotico mas de los que usamos para romper la rutina de la vida sexual convencional.
Y me ha dado muchas veces grandes gratificaciones. Lo recomiendo a todas las parejas, que se animen, no importa que no puedan comprar un cinturon de castidad. Es solo cuestion de adiestramiento. Besos, Pao.
0:42 | 2 Septiembre 2008
Fidel:
Lo que busco por mi parte, es encontrar una mujer que se deje penetrar por mi durante al menos unos veinte años de manera sostenible y una hora diaria, todas las noches…es otro estilo de vida, que me daria salud tanto a mi como a ella…
21:48 | 3 Noviembre 2008
Fidel:
…solo una mujer que me ame de veras aceptaria, claro
21:49 | 3 Noviembre 2008
edu lingzm:
El amor, la devoción, la pasión y la adoración del esclavo más perdido en la sumisión a un Ama estricta, que dá poco y no como un amor, digamos, “normal”. Distintos niveles y variantes del misterio que postra a un hombre a los piés de una hembra egoísta y explotadora.
Mi Señora me ha dicho que me quiere luego de una dura sesión de disciplina: “Eres un buen sufridor, aguantaste bien una paliza de las buenas. Te quiero esclavo, te quiero como a un perro, igual que todos mis perritos”. Y eso me hace feliz, tan feliz como un perro apaleado acariciado por su Ama que acaba de zurrarlo sin conmisceración.
El problema es que uno después de una paliza está más caliente que nunca, deseando por lo menos que se le permita aunque sea un poco de sexo oral, el viejo y glorioso “cunnilingus” vendría muy bien. Al fin y al cabo sé que no puedo esperar mucho más. Aunque a veces me obsequia con un buen y profundo beso en la lengua y me friega un poquitín el miembro, rojo, tieso e hinchado de deseo, siempre sin llegar al gran final, las más de las veces debo conformarme con un largo y profundo “analingus”.
No me quejo, si se tienen en cuenta la bellezas posteriores de mi Disciplinaria, se trata de una real esquisitez, y si logro satisfacerla en eso podría ser que me gane además un ratito adorando sus divinos piés desnudos, o por lo menos que me amarre para dormir esa noche debajo de su cama.
1:33 | 10 Julio 2009