Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Sobre la naturalidad del coito

Estimada Elise Sutton, soy un hombre que respeta la superioridad femenina y que visita regularmente su sitio web. Creo que la castidad y el uso del arnés-consolador pueden ser actividades muy excitantes, que proporcionan a la mujer una sensación de poder, pero pienso que el clásico coito no debe proscribirse. ¿Si lo hacemos, no estaríamos intentando transformar la naturaleza? ¿No están hechos la vagina y el pene para su mutua penetración? ¿No son perfectamente compatibles? ¿Si dejamos fuera la penetración que ocurrirá con nuestra especie?

Elise Sutton:

Este es un argumento habitual que surge cuando se discute la dominación femenina, y especialmente la denegación del orgasmo y la castidad prolongada del varón. El mismo argumento de “ir contra la naturaleza” ha sido utilizado por aquellos que son contrarios a cualquier control de la natalidad, o por quienes creen que el sexo oral es una práctica perversa. Desde el comienzo de la existencia humana, alguna gente ha argumentado que la única forma apropiada de relación sexual es la penetración, porque esa es la forma en que procreamos.

Creo que el sexo entre los seres humanos es mucho más que la procreación. Creo que Dios (la naturaleza) creó el sexo para que fuera una experiencia romántica y placentera, donde dos personas se convierten en una, no sólo físicamente, sino también mental y espiritualmente. La procreación es una consecuencia natural del sexo, pero no el propósito del sexo. El propósito es conformar un lazo íntimo entre dos personas. La sexualidad se manifiesta en muchos niveles, porque las personas son más que seres físicos. Tenemos una mente y un espíritu además de un cuerpo. El órganos sexual más importante no son los genitales, sino el cerebro humano. La sexualidad se origina en la mente y existe en ella. El cuerpo simplemente responde a las señales que la mente le envía, basadas en la vista, el tacto, el oído, el gusto y el olfato.

Por lo tanto, las personas pueden tener relaciones sexuales sin practicar el coito. La razón por la que la Dominación/sumisión se ha hecho tan popular es porque es una sexualidad de las mentes y, además, provoca la más intensa excitación sexual y, en consecuencia, la mayor realización sexual (en mi opinión). Un hombre cuya vida sexual está controlada por una mujer, puede experimentar ocasionalmente alguna frustración física, pero también la más alta intensidad erótica y una profunda realización mental en la sumisión. Uno no tiene porqué llegar al orgasmo para disfrutar del sexo. De hecho, la mayoría de los hombres a los que no se les permite, admiten experimentar una prolongada excitación sexual, que para ellos es más excitante que el propio orgasmo. El orgasmo masculino es un chasco comparado con esa prolongación creciente de los estadios de la excitación. Y la denegación de la eyaculación prolonga esos estadios.

Hemos perfeccionado nuestro conocimiento con el paso de cada década, y con ese incremento del conocimiento se transforma la perspectiva de lo que es natural. La naturaleza diseñó la anatomía de ambos sexos, y ahora que las mujeres se han liberado y son libres de perseguir el placer sexual, tienen que comunicar a sus compañeros sexuales que es más probable que alcancen el orgasmo a través del sexo oral, por la estimulación de su clítoris. Así que una puede concluir que el diseño de la naturaleza está dirigido a que el hombre complazca oralmente a la mujer. Así es como está diseñada la mujer. El coito puede también ser placentero para una mujer, pero la mayoría disfruta de lo que podemos denominar adoración corporal, cuando la atención se expande a todo el cuerpo de la mujer, provocando excitación, intimidad y realización sexual. Un hombre al que se deniega la eyaculación está más ansioso por complacer de este modo a la mujer, porque su estímulo sexual se encuentra en su más alto estadio.

Los aspectos espirituales que comportan que el hombre sirva a la mujer son también evidentes, en tanto que el varón denegado y devoto adora a la mujer de una forma íntima y amorosa. El coito puede ser también una experiencia espiritual, al convertirse los dos en uno, pero por mis entrevistas a parejas he descubierto que la gran mayoría admite que se produce una experiencia especial (casi espiritual) cuando un hombre devoto y amante practica la adoración corporal sobre la mujer y la sirve con su boca y su lengua. La práctica de denegar el orgasmo del hombre mejora esa experiencia.

En una sociedad patriarcal, el coito es el camino preferido para practicar el sexo, porque el hombre recibe la mayor parte del placer y se asegura la culminación. A menudo, la mujer queda frustrada, porque muchas no pueden alcanzar el orgasmo por medio del coito tradicional. En una relación de dominación femenina, el hombre existe para complacer a la mujer, así que el énfasis debe situarse en el placer de la mujer. Así que la cuestión se reduce en realidad al tipo de relación que haya escogido vivir la pareja. El coito es siempre una opción en una relación de dominación femenina, especialmente si la pareja quiere tener hijos.

Puede argumentarse que una relación de dominación femenina (en la que la mujer controla los orgasmos del hombre y donde la actividad sexual primordial es la del hombre complaciéndola oralmente) es más saludable, porque asegura que el embarazo es siempre deseado. Los embarazos accidentales implican también procreación, pero provocan además muchos males en la sociedad. En un matrimonio basado en la dominación femenina, la mujer decide cuándo y si permite penetrar al hombre y que descargue su semen en ella. Esto asegura que la mujer toma la decisión final sobre el embarazo, antes de que se produzca y no después.

Así que cuando observas la vista completa, puede verse que el hecho de que la realización sexual del hombre esté bajo el control de la mujer es más natural y adecuado para la pareja y la sociedad.

1 Comentario
  1. El hombre en el coito, cuando eyacula parece que se desinfla y aunque es alucinante ese momento, normalmente nos gustaria que durara mas… mas… mas… como las pilas duracell.
    Nuestra mente, que es el organo sexual más importante, deambula despues del orgasmo entre la recuperación del nirvana ya perdido y la duda del placer provocado en la persona amada (¿que tal?, preguntamos).
    Con la dominación femenina, la excitación sexual se prolonga en el tiempo y la sensación esta muy muy cerca del propio orgasmo, con lo cual estamos más tiempo en el nirvana. En tanto que dedicamos todos nuestros sentidos al placer de nuestra Amada hasta que Ella nos detiene, nuestras dudas se disipan y dejan paso al orgullo propio por ser la causa de su satisfacción.
    Es mi humilde opinión y aportación a la certera respuesta de Elise Sutton.
    Besa sus pies Ana, su devoto seguidor

    21:19 | 10 Marzo 2008

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