Sobre la superioridad femenina I
Cuatro artículos seguidos sobre la superioridad o la supremacía femenina en la Revista –los cuatro, como todos los que han aparecido hasta ahora, fueron publicados en DominaciónFemenina.net en el año 2004–. Aunque uno de ellos lo escribiera yo, el editorial “La superioridad femenina en esta revista”, no reflejaba mi opinión personal sobre la cuestión sino la postura que me pareció más conveniente para aquella publicación. Y que resulta fácil de resumir:
Seguiría diciendo lo mismo, y sólo eso, si este blog continuara siendo exclusivamente una Revista de dominación femenina. No obstante, como también tengo aquí mi Diario, ahora me parece pertinente dar mi opinión sobre un asunto que ocupa a muchas de las personas que practican la dominación femenina. Y es clara: yo no creo que las mujeres sean superiores a los hombres.
Y no lo creo, sobre todo, porque no considero esta cuestión propia del ámbito privado –donde cada uno es muy libre de hacer lo que le plazca–, sino que pertenece a la esfera pública, como bien se deduce de la postura de quienes –como Elise Sutton o los autores de los libros reproducidos, por ejemplo– defienden la conveniencia y la inevitabilidad de un futuro en el que la sociedad estaría regida por las mujeres. Y lo estaría en base a su supuesta superioridad sobre los hombres. Para mí, en la esfera pública, el único camino que me resulta moralmente defendible es aquel que se sustente en la ampliación de las cotas de libertad de todas las personas y, por supuesto, en la igualdad entre ellas.

Por lo tanto, si triunfara una apuesta social y política que se sustentara en la supremacía de las mujeres sobre los hombres –posibilidad que en realidad no contemplo–, nos encontraríamos ante una construcción social contra la que estaría más que justificado rebelarse. Tan justificada la lucha de las mujeres contra la sociedad patriarcal, como lo estaría combatir una sociedad matriarcal.
Han sido muchos siglos, muchos argumentos sobre la superioridad de los hombres o la inferioridad de las mujeres, para que ahora sigamos en lo mismo, aunque se pretendan cambiar las tornas. Todos, hombres y mujeres, deberíamos estar escarmentados, y darnos cuenta de que, por mucho que hoy nos resulten delirantes, determinados argumentos son peligrosos, porque justifican lo injustificable, la subordinación de unos a otros en el espacio común de convivencia.
Y esos argumentos no fueron exclusivamente producto de mentes estrechas, ni mucho menos, sino que surgieron en bastantes ocasiones de las que tenemos por más lúcidas de la historia del pensamiento. Espero que con unos cuantos ejemplos se entenderá que así fue: Aristóteles afirmaba que “la mujer no tiene alma” y que “su mejor cualidad es el silencio”. Tomás de Aquino sostenía que “el padre debe ser más amado que la madre, pues él es el principio activo de la procreación, mientras que la madre es sólo el principio pasivo”. Uno de los más celebrados humanistas, Erasmo de Róterdam escribía que “la mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido, aunque agradable y gracioso”. El filósofo español Luis Vives, correligionario y contemporáneo de Erasmo, era de la opinión, común hasta el siglo XX, de que la única instrucción que tenía sentido proporcionar a las mujeres era la que les permitiera leer los textos sagrados, es decir, que no hacía falta que aprendieran a escribir. Más misógino aún se mostraba Francisco de Quevedo: “¡Oh!, qué plaga, qué aburrimiento, qué tedio es tener que tratarse con ellas mayor tiempo que los breves instantes en los que son buenas para el placer”. El autor más celebrado de la Ilustración, Voltaire, decía que “las mujeres son como las veletas: sólo se quedan quietas cuando se oxidan”. Balzac opinaba, ya en el siglo XIX, que “emancipar a las mujeres es corromperlas”. Y además, para qué emanciparlas, si ,como decía en la misma época el escritor español Severo Catalina, “desde la edad de seis años la mujer no crece más que en dimensiones”.

Afortunadamente, se acabaron los tiempos de tanta ignominia (por desgracia, sólo se terminaron en los países más avanzados; en el resto del mundo persiste la vergüenza de la discriminación de las mujeres). Y no alcanzo a comprender cómo se podría defender una vuelta de tortilla. Además, conviene recordar, porque a veces hay compañeras que lo olvidan, que los “delitos” no sólo prescriben, sino que no se heredan, esto es, que hombres de hoy no pueden ser acusados de los males causados por los de ayer.
Así que dejemos de jugar con fuego –aunque éste apenas chispas produzca–, y asumamos que en la esfera pública todos somos iguales. Otra cosa, y bien distinta, es que en la privada haya quien guste de jugar a seres superiores e inferiores. Y mientras sea en casa y sea un juego, ningún problema: rienda suelta a la imaginación y a la fantasía… especialmente si estímulo erótico nos proporcionan.
Ahora bien, que yo no comparta la idea de que las mujeres sean superiores a los hombres, no significa que no entienda a quienes así lo creen e incluso a quienes imaginan un futuro social de supremacía femenina. Pero dejo ese asunto para la próxima entrada, porque ésta ya se ha alargado bastante y… tengo otras cosas que hacer en este momento: Saturday Night Fever; aunque espero que no resulte tan hortera la noche.


Gloria:
Chapeau!
12:18 | 30 Marzo 2008
Su gusano patético:
Entiendo perfectamente que como mujer no te consideres ni superior ni inferior a nadie. Es pura lógica. De hecho, dentro de mí, vivo un pequeño conflicto interior al respecto. El de la lógica igualdad entre géneros, y el de la fantasía de mis tendencias como sumiso. El primero lo vivo en mi vida pública. El segundo, lo vivo cuando estoy al servicio de la Mujer a la que sirvo y adoro, y a la cual considero una Mujer superior en todos los sentidos.
21:07 | 30 Marzo 2008
Letras:
Totalmente de acuerdo con el post.
Un abrazo
15:43 | 31 Marzo 2008
limpiabotas-fran:
Admirable, Su claridad de ideas,
Impactante, que alguien plasme algunas ideas propias.
Exposición correcta y profunda que seduce mi mente.
Su Blog es fantastico.
Su seguro y devoto seguidor
18:16 | 31 Marzo 2008
j:
Me había perdido esta entrada, muy superior, creo, a la siguiente. O quizás deba releer ahora la siguiente por no haber leído antes ésta. En todo caso, Ana, aunque la miscelánea sea excelente, creo que nadie está libre de haber dicho o escrito alguna vez ese tipo de frases pecado en las que aludimos a toda una generalidad (mujeres, hombres, catalanes, franceses, negros o chinos…)y no me creo tanta estupidez y misoginia en autores tan importantes.
(Y espero que no tuvieras una noche de sábado muy hortera…)
13:09 | 1 Abril 2008
fiel_seguidor:
La dominación femenina aun llevada a su máxima expresión 24/7 no implica superioridad o no tiene porque hacerlo. Un sumiso o un esclavo (en nuestro tiempo y en nuestra sociedad occidental) es alguien que avanza en la relación consigo mismo, alguien que es capaz de liberarse de tantos prejuicios, se merece todo el respeto posible.
Siempre he defendido que el ser humano es egoista por naturaleza, si entregas tu vida a tu ama, si solo vives para ella es porque es lo mejor para ti, y si de ese modo ademas haces feliz a alguien por quien estarías dispuesto a todo, pues mucho mejor, si uno no está comodo en su condición de sumiso acaba abandonando
23:26 | 28 Abril 2008
Dictando la norma | Blog de Ana Serantes:
[...] Tan cierto como que hace poco más de un mes dejé clara mi postura sobre esta esta cuestión: “Sobre la superioridad femenina I”. No repetiré los motivos por los que no comparto que las mujeres sean superiores a los hombres, [...]
7:19 | 5 Mayo 2008
Gabriel:
A mi me parece que ninguna dominación es lo que realmente nos va a hacer libres a todos. Que el protagonismo marcado de un género solo lo va a sobrecargar, porque aunque delegue elementos al género no dominante, finalmente habrá peso responsable para las mujeres, que han crecido una enormidad. Si quieren pasar al frente en todo deberán ver todo.
Otra cosa más importante aún, es que en la sociedad se sabe que uno a uno no todos los hombres justifican en la familia que estén al mando y que si las personalidades de la pareja complementan entonces es lógico que la mujer tome las riendas si lo ve muy inoperante, aunque suelen detectar y abandonar también.
No hablo de sadomaso, claro, sólo digo que la dominación de unos sobre otros teniendo que convivir es lacerante, ya que también se sabe que no todas las mujeres merecen estar al mando porque no son autoridad natural, esa persona que uno confía en sus decisiones.
De los 2 casos que puse de hombres y mujeres que no pueden cumplir con una sociedad sexista cuando está a su favor, porque no les da la personalidad para dominar y ordenar todo resulta como consecuencia el abuso del que manda sobre el mandado, por impotencia en el mando comienza a gritar, insultar y golpear al otro.
Conclusión: las mujeres no deben mandar en todo sólo por ser mujeres y los hombres no deben mandar en todo sólo por ser hombres.
LO QUE IMPORTA SON LAS CAPACIDADES DE CADA UNO.
No a la dominación es sin duda el objetivo más ambicioso, el más altruista, el horizonte que nunca debemos perder, pero muchos no piensan esto.
En la Universidad la matrícula femenina es muy superior a la masculina, esto está dando lugares de poder, y los hombres los pierden por ser menos, porque se ponen a trabajar de muy joven por la necesidad de una mujer, y no estudian.
Ya fue la época en que trabajar desde muy joven sin estudiar podía servir, al final terminan casados con una mujer que dispone de mejores posibilidades para prescindir de él.
En pos de una sociedad igualitaria en capacidades y oportunidades los hombres tienen que estudiar mucho más. Porque todos tenemos que tener cierta independencia, no un sexo solo.
Cualquier falta de igualdad somete a unos frente a otros.
A mi me gusta la mujer arriba en la cama, pero no se vive sólo de eso, además me encanta respetar y que me respeten.
Conozco algunos hogares en que la mujer se pasa de rosca y sin provocación previa, por lo tanto ya están sobrecargadas y a los tipos no les tomaron la denuncia en la comisaría.
Bueno, chau.
18:14 | 4 Septiembre 2008
Fidel:
Lo que dice Ana es interesante; sin embargo, ella habla de la esfera publica en terminos de igualdad pero en la esfera privada y de pareja deja abierta la posibilidad de cierta dominacion de una parte sobre la otra, lo cual es contradictorio, ya que la sociedad existe gracias a las familias, LAS PAREJAS y los individuos…Es responsabilidad tanto del hombre como de la mujer, despejarse de sus egoismos para llevar adelante una civilizacion que siga en progreso, y mas aun dentro del ambito de la pareja como nucleo social; un hombre y una mujer han de ser mucho mas que meros ¨servida y servidor¨, han de ser mas alla de cualquier cosa, intimos amigos…
19:54 | 2 Noviembre 2008