Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Sutilezas de un sumiso

Daniel Solsona

Un saludo. Quisiera felicitarles por su pagina web y también desearles un larga vida en su aventura en favor de dar a conocer la dominación femenina. Me gustaría plantear una cuestión que quizá titularía “Sutilezas de un sumiso”. El texto es el siguiente:

Me siento sumiso desde muy joven y ahora que ya no lo soy tanto (algo más de 40 años). Tras casi 30 años de conocimiento de mi opción y mis deseos, es evidente que puedo relatar muchas experiencias, al igual que otros amigos de DF.net: visitas a Amas profesionales, llamadas al 906 (hoy 803), relaciones esporádicas o más permanentes con mujeres dominantes, etc.. Pero supongo que, como en muchos casos, el resultado no ha sido satisfactorio. No me encuentro dentro del grupo de afortunados que, elegidos por la suerte del destino, han podido encontrar una mujer dominante a quien ofrecerse y rendirse, o quizá también no he sido lo suficientemente inteligente para conseguirlo. Eso no nos hace –creo yo– ni mejores ni peores, pero si ciertamente algo más infelices.

A partir de aquí, hace unos días DF.net hizo una apuesta por pequeños detalles en la exteriorización de la dominación femenina y la sumisión que me han servido para contarles mi propia opción. Dado que no he tenido suerte en la búsqueda de una mujer inteligente dominante, no me he conformado con tirar la toalla. He asumido mi condición de sumiso, e intento aplicarla con mayor o menor sutiliza en las relaciones que mantengo con mujeres, que por mi profesión son numerosas. Y es cierto que algunas señoras no tienen tendencias (explícitas) dominantes, otras lo son más, y un grupo nada desdeñable lo son mucho o cuanto menos son bastante o muy autoritarias. He tenido alguna que otra jefa extraordinariamente dominante e incluso bastante cruel: ninguna felicitación por los logros, ningún perdón o debilidad ante un fallo, pequeño o grande. A partir de aquí me he adaptado, he asumido sutilmente determinados roles.

Es curioso que, sin explicitar la condición de sumiso, muchas mujeres no se sorprenden en absoluto ante una actitud masculina respetuosa, dócil, atenta e incluso claramente sumisa. Me ha sucedido –como he dicho– con alguna de mis jefas, pero también con compañeras del mismo nivel jerárquico o incluso inferior. También con personas con las que no mantenía relación jerárquica, pero que como mujeres que observan que un amigo o compañero las obedece o las respeta mucho, no me han respondido mal, sino al contrario: apretando más, exigiendo mas e incluso siendo también más duras o exigentes de lo que lo serían en una relación de vecinos o de amigos. Ellas valoran mucho la lealtad, de eso puedo dar fe. Y esa lealtad que tanto valoran a veces es casi sumisión, sin que en ocasiones lo perciban ellas, pero si el sumiso. Y si lo perciben así y no lo verbalizan, creo que ellas tienen derecho a optar, no yo, que debo acatar.

También me aplico mi condición de sumiso en pequeños detalles: dejar siempre pasar a la mujer delante en una puerta, tratarlas siempre de usted si las circunstancias sociales no lo hacen extraño, interesarme sinceramente por alguno de sus problemas si ella ha considerado oportuno planteármelo, ofrecerme claramente a ayudarla o asistirla si lo necesita y aceptar, en muchas ocasiones, una bronca, un enfado o una mala respuesta que pudiera no ser adecuada, pero que un sumiso, ante una mujer, debe asumir y aceptar. Les diré, por ejemplo, que la doctora médico que vigila un tratamiento que debo seguir, desde hace 4 años, siempre me ha tuteado y me ha llamado por mi nombre de pila. Es muy autoritaria. Yo siempre la he tratado de usted, y siempre respondo a sus preguntas o cuestiones con un “sí, doctora AAA”, “buenos días doctora AAAA”, y no me siento en la silla nunca si ella no me lo autoriza previamente, y nunca pido hacerlo si ella no me lo consiente. Y en algún caso me ha tenido toda la visita de pie un largo rato.

Se que actitudes como estas compensan en poco a los deseos de un sumiso, pero me aplico dos principios: si no he tenido suerte hasta el momento, puedo tenerla en el futuro y, por otro lado, me reconforta en mi interior saber que, aunque no puedo exteriorizarlo de una manera clara, vivo mi sentimiento de sumisión ante determinadas mujeres de la mejor manera que creo que puedo: asumiendo su superioridad y aceptando que servirlas, aunque sea desde el “anonimato”, es una sutil forma también de ser sumiso.

¿Qué piensan al respecto, amigos de DF.net?

DominacionFemenina.net (Ana Serantes):

Está claro Daniel que lo que añora es una relación permanente y exitosa basada en la dominación femenina. No podemos hacer suposiciones sobre por qué no la ha conseguido usted en estos años, aunque la suerte es un siempre un factor –o el destino como escribe–, también es verdad lo que dicen de que la suerte hay que buscarla. Sí podemos plantear un problema que es bastante común en los varones que tienen tan claro como usted que son sumisos desde hace años: la dificultad que a veces supone la obsesión por la dominación en la construcción de una relación de pareja.

Cuando se busca denodamente a una mujer dominante a la que someterse, no es extraño que el hombre vea a las mujeres con las que le es posible relacionarse exclusivamente desde el punto de vista de si pueden resultar o no la dominante que busca. No sabemos si es su caso, pero esa estrecha visión de la mujer dificulta en buen grado, primero, que se pueda conocerla en profundidad y, por lo tanto, llegar a amarla, y segundo, se la cosifica, se la convierte en un objeto más que en una persona, y cualquier mujer que perciba, siquiera nebulosamente, esta actitud masculina tendrá, desde luego, pocos alicientes para intentar establecer una relación más íntima.

Una buena relación de pareja se sostiene sobre muchos pilares. Y sólo si existen esos pilares puede acabar siendo una buena relación. Y esa relación puede acabar convirtiéndose en una basada en la dominación femenina. Es cierto que en algunos casos la dominación constituye uno de esos pilares desde el inicio de la relación, pero podemos asegurarle, Daniel, que son minoría. En la mayor parte de las ocasiones, funciona al revés: una relación ya establecida se potencia y se desarrolla por la introducción de la dominación femenina. Hay hombres que sueñan en un solo color, que sueñan que con una mujer que les domine es suficiente; podemos asegurarle también que no es suficiente, pero con seguridad a quien no les parece suficiente es a la inmensa mayoría de las mujeres. Serían tontas si se conformaran con tan poco. Lo que le interesa a esa mayoría de las mujeres dominantes no es simplemente un sumiso, que hay cuantos quieran, sino un hombre al que admirar y del que enamorarse que además se quiera entregar a ellas.

Porque está claro, y es bien conocido, que hay un dato que también explica las dificultades de los hombres sumisos para encontrar una mujer dominante con quien establecer esa relación: son muchos más los varones que anhelan someterse a una mujer que las mujeres en busca de hombres sumisos. Aunque va cambiando, y más que cambiará con los años, esa es aún una realidad que dificulta la vida de los sumisos y amplía las posibilidades de las mujeres dominantes. La prueba de que ese cambio está teniendo lugar la encuentra usted en la naturalidad con la que, según nos cuenta, asumen bastantes mujeres su actitud “claramente sumisa”.

Sobre lo que nos cuenta de “aplicar su condición de sumiso en pequeños detalles”, de “servir a las mujeres aunque sea desde el anonimato”, nos parece muy bien. Aunque no pensamos que la clave que explica su conducta se encuentre en la “asunción de la superioridad de las mujeres”. Esta es una forma cómoda, y muy frecuente, que tienen los hombres sumisos de contarse lo humildes y desprendidos que son. Sin embargo, ese comportamiento se explica mucho mejor por medio de los deseos propios de los hombres sumisos que por su devoción a las mujeres. Daniel, usted sirve a esas mujeres fundamentalmente porque le gusta hacerlo, porque extrae placer de ello. Y nos parece muy bien y muy natural.

Si la dominación femenina funciona es precisamente porque resulta funcional a los deseos de la dominante y del sumiso. Estamos demasiado influidos por las fantasías de los hombres: aquí no hay esclavos ni amas –aunque utilicemos esas denominaciones–, aquí lo que hay es una relación entre dos personas que libremente deciden construirla de la forma que más les conviene y apetece. La dominación femenina da prioridad a los deseos y a las necesidades de las mujeres, y así debe ser porque así funciona mejor la vida para ellas… pero también para ellos, porque esa es precisamente la vida que ellos quieren construir, es decir, que se colman también los deseos del sumiso que se somete a la dominante. Pero queda claro que estamos hablando de una relación que se cimienta sobre los deseos de las dos partes.

Bueno, Daniel, nos alejado un poco de la cuestión, pero tampoco le podíamos decir nada mucho más concreto. Un saludo y le deseamos toda la suerte del mundo, es decir, que encuentre usted a la mujer que espera.

1 Comentario
  1. Debe una de tres cosas: 1, aguzar su obsevación, acaso no conoce ninguna pareja donde la mujer parezca llevar la voz de mando, talvez alguna señora de esas quiera aceptar una segunda víctima ; 2, debe buscar y buscar, poner anuncios o responder anuncios en sitios donde relacionarse como Alt.com ; 3, no debe buscar bellezas, sino severidades, relacionarse con señoras que precisen alguna relación y luego ir buscando caminos …

    2:00 | 3 Julio 2009

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