Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Un comienzo apresurado II

Jorge Sánchez

En primer lugar, Ana, gracias por tu respuesta a pesar de que, como me adviertes, ha sido bastante dura, pero seguramente es la que me convenía (“Un comienzo apresurado I”). Como ocurre con la mayor parte de las respuestas que das en tu blog, creo que aciertas plenamente en tu diagnóstico, y no quiero buscar demasiadas disculpas o excusas para mi erróneo planteamiento de la situación, sino soluciones (aunque al final algo he intentado justificar; soy humano y hombre).

Entre otras cosas escribes:

“Además, la generosidad de la que ya está dando muestras tu mujer la hace merecedora de bastante más de lo que la ofreces, la hace merecedora, en realidad, de una auténtica sumisión por tu parte, de tus esfuerzos para “mejorar su calidad de vida” en lugar de la tuya, y de que aprendas, y de paso se lo vayas demostrando a ella, a contentarte y a disfrutar con los regalos que pueda hacerte la mujer a la que dices querer someterte.”

Y tienes toda la razón, ya te decía que ella es extremadamente (demasiado) generosa con todos y especialmente conmigo y, efectivamente, debo y quiero corresponder a su generosidad con mi sumisión (aunque de una manera ortodoxa quizá tendría que ser exactamente al revés (primero ofrecerle yo mi sumisión y luego ella su generosidad); pero bueno, quizá el orden de los factores…). Entonces, ahora, ¿qué crees que debo hacer? Evidentemente, dedicarme a ella y a sus necesidades, pero también dices que con hacer más tareas domésticas no es suficiente, y aquí empiezo a perderme. También me he estado esforzando por ser más cariñoso con ella, por hacerle masajes en las piernas mientras mira la televisión y preocupándome más por su satisfacción sexual que por la mía propia (cosa que me ha costado menos de lo que me pensaba y que me ha resultado más gratificante de los que esperaba, incluso alguna vez en que yo no he llegado al final y me he quedado con las ganas). Pero, en realidad, todo esto hay muchas parejas que lo hacen, especialmente lo de compartir tareas domésticas, sin que eso sea dominación femenina.

¿Qué más debo hacer? ¿Le digo que olvide todo lo que le he dicho hasta hora? ¿Que se olvide de las libretas? (a la compartida no es que le haya hecho mucho caso). ¿Que se centre sólo en sus necesidades? (de hecho esto se lo digo siempre, aunque le haya ido dando ideas, que, ciertamente, son las que a mi me gustaría que pasasen, y que tengo miedo de que si no se las doy es posible que ni siquiera se le ocurran ni como posibilidades).

Por otra parte, en algún artículo de tu blog creo que dices algo como que para que una relación de este tipo funcione a largo plazo, él, vamos a decir “sumiso” (aunque no es un término que me acabe de gustar), también ha de obtener algún tipo de satisfacción, y que esta no puede ser exclusivamente la idea de hacer y de ver feliz y satisfecha a su pareja, y en algunos otros sitios hablas de la satisfacción de los fetiches (como regalo, ya lo sé, y estoy de acuerdo), de que en el “tease & denial” el “tease” también es importante, que no basta con el “denial”. En definitiva, saco la idea que de la mujer dominante también ha de hacer algún esfuerzo para que la relación funcione (si tú quieres muy inferior, y de otro tipo al que ha de hacer el “sumiso” y, también si tu quieres, después que el “sumiso” haya dado “pruebas suficientes” ,entiende las comillas, de la sinceridad de su sumisión).

Por lo tanto ¿es malo que yo espere también que mi vida mejore en la medida en que ella quiera que mejore? Seguro que primero debo empezar yo por mejorar la suya y no cargarla con más “deberes” (libretas y demás) y responsabilidades (controlar mi masturbación y buscarme tareas). Pero aquí hay algo que tampoco entiendo: el control de la eyaculación por parte de la mujer dominante parece ser una buena práctica, ¿no?, entonces, el reconocer mi problema y pedirle ayuda ¿no es, en cierta manera, ayudarla a ella, aunque por supuesto el esfuerzo “de contención” lo tenga que hacer yo, y desde luego la responsabilidad de lograrlo sea solo mía?

Mi mujer reconoce su “falta de imaginación”. De verdad que yo preferiría no haberle hecho sugerencias porque también estoy de acuerdo, y además por experiencia propia, con otro párrafo tuyo:

“Los regalos, Jorge, son más regalos cuanto más arbitrarios, cuando menos se esperan. Por lo tanto, no se exigen, no son de obligado cumplimiento y, claro está, no se pasa lista por ellos en una libreta. Te lo digo porque por mucho éxito que tuvieras, por mucho que tu mujer cumplimentara sus tareas y sus libretas, poca satisfacción encontrarías tampoco tú, porque te darías perfecta cuenta de que no era eso lo que buscabas, porque seguirías anhelando una auténtica relación de dominación femenina: una en la que no fueras tú quien pusiera los deberes”.

Me dices en tu mail:

“Por otro lado, piensa si mi contestación pudiera tener interés para tu mujer, pero piensa en ella, no te dejes llevar por si te deja a ti en buen o mal lugar”

Esto no necesito ni pensarlo, por supuesto que puede tenerlo porque le da una visión y una opinión que no son la mía, por lo tanto no me he pensado dos veces el enseñársela (y también mi carta inicial y esta otra, porque también quiero que vea que estoy lleno de dudas y que en absoluto estoy “en posesión de la verdad” sobre este tema).

En realidad, precisamente para evitar que tenga solo mi visión del asunto, me gustaría que ella contactara directamente contigo, y así se lo he sugerido (también) varias veces, pero por ahora no se decide. Mejor dicho, después de leer todo esto parece que si que se va a decidir, y… no le he obligado, Ana. No le obligo a nada, aunque comprendo que según como le proponga las cosas, pueda sentirse obligada a hacerlas, pero siempre le insisto en que no debe ser así y en que ha de actuar libremente y que sólo lo ha de tomar como posibilidades que puede valorar, para ahora, para dentro de dos años, o para nunca. Bueno, no se que hará finalmente, al respecto.

Para terminar, el tema de las prisas. Claro que no se puede correr, ya lo sé, pero cuesta ser paciente cuando en el fondo de tu corazón tienes la sensación de que has “desperdiciado” más de 20 años de tu matrimonio (y a ese “desperdiciado” ponle todas las acertadísimas consideraciones que haces a la palabra “fracaso” aplicada a las rupturas matrimoniales en tu entrada “¿Matrimonio fracasado?”), y de que se los has hecho perder a tu pareja, aunque quizá no le importa tanto porque los ha llenado con otras cosas: el cuidado de los niños, de la casa, de mi mismo… Y no me refiero solo al sexo de los dos, que también, sino a mi falta de dedicación hacia ella en otros aspectos.

Bueno, Ana, me he enrollado muchísimo, lo siento, y, por favor, no me des otro palo (bueno, al menos espero que no haga falta), ayúdame en lo que puedas con tus consejos, porque quiero que esto salga bien para los dos y sobre todo para mi mujer, y si piensas que está última frase no es sincera, te equivocas. Cada día la quiero más.

Gracias por todo y hasta pronto.

Ana Serantes:

Jorge, comenzaré por algo que me recuerdas en tu correo: por descontado que pienso que “el sumiso también ha de obtener algún tipo de satisfacción”, y que “la mujer dominante también ha de hacer algún esfuerzo para que la relación funcione”. Porque no hay relación de pareja sana que pueda mantenerse si no satisface a ambos, y porque construir una relación es siempre cosa de dos. De todas formas, no creo que tenga que recordarte que si intentas construir una relación de dominación femenina con tu mujer es precisamente porque no la tienes. Y además, por lo que escribes, tengo la impresión de que algo de las dos cosas ya se está produciendo en vuestra casa: tú disfrutas con la expectativa que se ha abierto entre vosotros y tu mujer está asumiendo un esfuerzo importante: el de verse como dominante, es decir, el de intentar transformarse en una dirección que nunca había contemplado. Insisto: es un esfuerzo importante para ella, y seguro que no anda sobrada de confianza para afrontar la tarea que le has plantado delante.

“¿Qué más debo hacer?”, me preguntas. Y yo trataré de darte una opinión sobre lo que me parecería razonable que hicieras: creo que tu primera preocupación ahora debería ser estar a la altura del reto que le planteas a tu mujer, y la segunda, lograr que ella se enamore del hombre sumiso que pretendes ser. Y el añadido inevitable: “Roma no se construyó en un día”.

Si quieres reconstruir vuestra relación sobre unas bases que no son las de ella, y puesto que ella se muestra generosa y se aviene a intentarlo, tienes que demostrarle y demostrarte que eres capaz de hacer lo que le estás diciendo que deseas hacer. Hace falta ser fuerte, Jorge, para someterse de veras a una mujer. Y ese es tu primer y por ahora principal reto. Desde esta perspectiva, no cabe que te sientas incapaz de hacer unas tareas domésticas o de dejar de masturbarte. “No soy capaz de hacerlo solo; necesito que ella me ayude”, decías en tu anterior carta. Y yo te pregunto: ¿qué sumisión le ofrecerías a tu mujer si ni siquiera fueras capaz de asumir esas responsabilidades? Tu reto es demostrarte a ti, para luego demostrarle a ella, que en efecto la sumisión puede transformarte en un compañero mejor para ella, así que empieza por donde tú mismo considerabas que deberías hacerlo, y tomalo como un reto personal, como cosa tuya.

De verdad te lo digo, Jorge, si mi chico me dijera que no es capaz de dejar de masturbarse o de anticiparse a por lo menos algunas de mis necesidades domésticas, le diría: “Y tú te llamas sumiso. Y tú dices que quieres someterte a mí y hacer mi vida mejor… Te falta fuerza y hombría para la tarea”. Y no encontrarás esa fuerza si piensas que no es cosa tuya, que depende de que ella la estimule con determinadas prácticas (que por supuesto que no te vendrían nada mal). No, Jorge, es cosa tuya, y ponte a ella: seguro que encontrarás las fuerzas. Y no es sólo cuestión de sacrificio, se trata también de disfrutar de los pequeños cambios que se produzcan en ti y en la relación. Seguro que te agradará verte capaz de hacer esas cosas que te parecen difíciles, y seguro que, si te lo planteas bien, aprenderás a disfrutar de la sumisión desde los primeros estadios, del placer que proporciona la entrega “incondicional” a otra persona. Demuéstrate a ti mismo que eres merecedor del privilegio que anhelas: ser dominado por la mujer a la que quieres.

Y después, o a la par, demuéstraselo a ella. Enamórala. Jorge, los hombres sabéis cómo hacerlo… cuando queréis… que suele ser al principio. Pues como si estuvieras al principio: rodéala con tu dedicación y con tu amor. Bien está que hagas más en la casa, pero mejor aún que le hagas el amor como nunca se lo habías hecho ante, que los masajes que te propones aprender a darle sean una placentera novedad para ella, que los detalles que la mayoría de los hombres dejáis de tener en cuanto pasa el tiempo vuelvan a renacer en tu caso: una comida especial, cocinada por ti o fuera, unas flores, los besos, los abrazos, los mimos y, en fin, esas pequeñas cosas que sabes que le gustan, y que probablemente hace años que olvidaste. Pero sobre todo, Jorge, esfuérzate para que se sienta amada, para que sienta que la sumisión le está consiguiendo al hombre que creía haber perdido hace mucho tiempo: al que la amaba.

Este es tu reto. Jorge, hablas de matrimonio “desperdiciado” y de los años que “has hecho perder perder a tu pareja”. Y dices: “cada día la quiero más”. Pues bien, demuéstraselo. Y seguro que puedes hacerlo, porque ese “cada la quiero más” que sientes ahora esta ligado también a tu deseo de someterte a ella. Y no eres una excepción: son bastantes las parejas que han encontrado en la dominación femenina la forma de revitalizar su relación. Y sí, cuéntaselo. Cuéntale que el deseo de someterte a ella incrementa el amor que sientes y las ganas de hacerla feliz. Creo que puedo asegurarte que, si lo haces, ella se dará cuenta, que si encuentras la fuerza para hacerlo, ella se alimentará de esa fuerza para asumir su papel en la reconstrucción de vuestra pareja. Pero rodéala de amor, devoción y dedicación, no de exigencias extrañas para ella. Demuéstrale la fuerza de tu pasión, desde la sumisión, las ventajas que para ella puede tener la transformación que le planteas. Y para ella, como para cualquier mujer, esas ventajas están en lo que te digo, no en que le laves los platos (aunque a nadie le amargue un dulce).

¿Significa todo esto que debas olvidar las explicitaciones de la dominación femenina y los detalles que tanto ansías? No. No puedes dejar de contarle lo que te ocurre, lo que tanto deseas que te ocurra. Sincérate con ella, ábrele tu mente, entrégate a ella, confía en ella. Y disfruta de este proceso, no lo conviertas en instrumental, en una forma de conseguir de ella determinados comportamientos. Que ella sepa lo que te pasa y lo que deseas, pero no la abrumes con tus deseos, dale tiempo para que pueda descubrir lo que desea e imponer el ritmo que más le convenga. Puedes hablarle de las pequeñas cosas que te gustaría que ocurrieran entre vosotros, pero sin agobiarla y dejando claro que son súplicas, no exigencias, y no esperes que en poco tiempo te vaya a colmar de “regalos”.

Dale todo el tiempo que necesite, y déjale claro que dispone de ese tiempo. Y repítete a ti mismo, y a menudo, que no es tú satisfacción sino la de ella la que debe constituir la primera medida del éxito de la transformación en la que os embarcáis. Además, procura tener presente que una de las características de una buena relación de dominación femenina es que no suele concretarse tal cual la imaginaba el hombre sumiso, que hay espacio para la sorpresa, para que tu mujer pueda acabar sorprendiéndote con prácticas o matices que tú no esperabas, o sea, que la forma en que pueda acabar plasmando el dominio que le proporcione el intercambio de poder puede ser bastante distinta a la que tú esperabas o deseabas. Cuando los sumisos están prisioneros en exceso de sus fantasías, cuando esperan que se concreten más o menos como las imaginan, la relación de dominación femenina se complica sobremanera.

En resumen, Jorge, exígete, dedícate a ella, cuéntale, rodéala con tus atenciones y con tu amor, dale y date tiempo, y concentrate en disfrutar de los avances en lugar de lamentarte de que no se avance lo que a ti te gustaría. Y por lo que has escrito, ya parece que algunos avances hay, es decir, ya parece que hay motivos para el optimismo. Pues a disfrutarlos.

Espero que os vaya bien. Y recibir noticias de lo bien que os va.

2 Comentarios
  1. Hay como una cierta desesperación en el hombre de hoy de tener un certificado de la mujer donde ésta se comprometa a darle aquello que espera conseguir. Quiero decir, para el hombre de hoy su actuación con la mujer depende mucho de su seguridad en la consecución final de sus apetitos sexuales. Como Jorge a día de hoy se puede considerar tan vainilla como el que más, su actuación es similar. Se plantea la sumisión, pero le atemoriza que la respuesta de su mujer ante su cambio no sea la satisfacción sexual que a él le apremia. Nunca mejor plasmado en el hecho de las dos libretas que le servirían como contrato donde se especifican las clausulas a cumplir.

    La sumisión de la mujer sin embargo ha sido siempre gratuita, no era una forma de conseguir satisfaciones, sino una manera de demostrar aquello que sentíamos. La sumisión, aunque fuera aprendida y forzada, era muestra de la generosidad propia y como colofón a esa generosidad sentíamos como regalos cualquier respuesta del varón que nos sometía.

    La dominación femenina en cierto modo pretende la inversión de estos roles pero donde hay un cambio en los gustos sexuales. Sin embargo el hombre siempre teme que, como suele ocurrir con los reyes magos, pides una play station tres y al descubrir que sólo te han traido carbón te pierdes el placer de probar lo dulce que está, por lo decepcionado que te has quedado.

    13:22 | 18 Julio 2008

  2. Felicidades a Ana Serantes por su respuesta. Inteligente, bien meditada, incluso yo diría que muy científica. Me alegro haber localizado este blog porque siendo como somos coparticipes de emociones comunes (sumisión, dominación), es de agradecer que las respuestas que Ana da son honestas, claras, precisas, pero sobre todo respetuosas con la dignidad humana, sin perjuicio de que el que la reciba sea un sumiso/a. Un cordial saludo,

    9:57 | 20 Julio 2008

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