Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Una buena hermana es un tesoro

Adriana Y

Elise, en numerosas de tu respuestas has advertido a tus lectores de los peligros de revelar su forma de vivir a parientes o amigos. Estoy de acuerdo con la necesidad de tener precauciones sobre con quién compartes los detalles íntimos de tu matrimonio, pero creo que las mujeres se están perdiendo una poderosa herramienta de humillación si ignoran el potencial que tiene incluir a parientes cercanos femeninos.

Mi situación es un perfecto ejemplo de los potenciales beneficios de incluir a una pariente femenina. Mi hermana Alison y yo hemos estado muy próximas toda la vida. Ella es sólo dos años mayor que yo, y no somos sólo hermanas sino también las mejores amigas. Cuando mi marido se sinceró conmigo hace tres años sobre sus deseos de someterse en nuestro matrimonio, me suplicó que no le dijera nada a mi hermana. Sabía cómo comparto todo con ella, y temía que le comentara algo sobre esto. En cierto modo, me sentí turbada por su confesión, así que le dije que no tenía nada que temer, porque me resultaría embarazoso decírselo a cualquiera.

A lo largo de los dos años siguientes, exploré la dominación femenina con mi marido, y como muchas de las mujeres que te escriben, me convertí en partidaria y amante de ser la parte dominante en nuestra relación, después de cinco años de haber sido la parte sumisa. Mi marido y yo continuamos profundizando en la dominación femenina, y cuanto más lo hacíamos, más sumiso le quería. El año pasado, tropezamos con una barrera en la que él echaba el freno y comenzaba a rebelarse. Me dijo que quería mantener el asunto fundamentalmente en el terreno de los juegos de alcoba, porque no estaba disfrutando de la relación 24/7 de dominación femenina. Me enfadé, porque lo que yo quería era relación 24/7. Deseaba su sumisión en todas las áreas de nuestra vida. Disfrutaba de lo que hacíamos en el dormitorio, pero me gustaba más incluso dominarle fuera de él. Me encantaba que hiciera la mayor parte del trabajo de la casa y que atendiera a mis necesidades personales. No quería una vuelta atrás.

Estaba enojada con él, pero traté de no manifestarlo. Alison vino a pasar con nosotros un fin de semana de vacaciones, y pudo percibir la tensión entre nosotros. Insistió en preguntarme qué era lo que no funcionaba. Alison me conoce mejor nadie y no se le esconden mis emociones. Le dije que teníamos un desacuerdo sobre un asunto íntimo, e intenté dejarlo así. Mi marido estaba siendo muy amable con ella, y trataba de poner su mejor su cara durante la visita, pero tenía una actitud independiente y que yo clasificaría de algo machista. No me sentó bien, así que decidí avergonzarle delante de mi hermana.

Estábamos sentados en el salón, viendo la televisión, y le ordené que nos trajera una bebida y un aperitivo. Hasta entonces, había sido muy cuidadosa con no mangonear a mi marido enfrente de parientes o amigos, así que tanto él como mi hermana se sorprendieron completamente. Me miró absolutamente incrédulo por la firmeza de mi orden; pero obedeció y fue a por los aperitivos. Alison me dijo: “Dios, Adrianna, estás mandona esta noche, ¿qué te pasa?”

Cuando mi marido volvió a la habitación le dije que era el momento de hacerle saber a Alison la verdad sobre nuestro matrimonio. Se puso blanco como la pared, y pretendió que no sabía de qué estaba hablando. También volvió los ojos hacia mí, rogándome con su lenguaje corporal que no lo hiciera. Me calentó y excitó su inquietud, y estaba harta de quedármelo todo para mí misma. Así que le ordené contarle a mi hermana nuestra manera de vivir o si no, se lo diría yo.

No podía hablar, y comenzó a abandonar la habitación; pero le alcancé, le agarre por una oreja y le obligué a sentarse y a mirar a mi hermana. Alison estaba estupefacta, como poco. Entonces, le conté cómo mi maravilloso y amante marido vino a mí hace un par de años y me confesó que abrigaba deseos de someterse a mí sexual y domésticamente. El silencio en la habitación era absoluto.

Le ordene que se lo confesara a Alison, y agitó su cabeza nerviosamente confirmando que era verdad. Nunca le había visto tan mancillado. Se había quedado helado y su cabeza se hundía por la vergüenza. No podía mirar a Alison a la cara y sus labios estaban temblando. Yo continué describiéndole a Alison nuestro modo de vivir, y cómo mi marido disfrutaba cuando le azotaba, cómo hacía ahora todas las tareas domésticas y cómo yo controlaba las finanzas. Le conté cómo era yo la que controlaba sus eyaculaciones y cómo debía complacerme con la frecuencia que yo quisiera. Alison estaba allí sentada, atónita, y el único sonido era el mi marido aclarando su garganta, que se había quedado seca por los nervios y la vergüenza.

Alison y yo siempre hemos hablado abiertamente sobre nuestras vidas sexuales, así que estaba sorprendentemente cómoda contándole todos esos detalles. Estaba fría al principio, pero se fue haciendo con la situación bastante rápidamente. No es nada mojigata, siempre ha disfrutado del sexo, y ha tenido confianza conmigo sobre su sexualidad toda la vida. Estaba en ese momento saliendo de un mal matrimonio, había cogido un par de kilos y no había ligado el último par de años, pero Alison es aún muy atractiva, y si no liga más es porque, a causa de cómo la ha tratado su marido, no está en este preciso momento muy interesada por los hombres.

Una vez que Alison dispuso de unos minutos para digerir lo que le había dicho, se relajó e hizo unos comentarios a mi marido que contribuyeron a avergonzarle aún más. Le dijo que nunca se hubiera imaginado que un hombre tan serio y conservador pudiera ser tan pervertido; pero que no le sorprendía, porque son normalmente los buenos chicos de los que más hay que sospechar. Le explicó que pensaba que todos los maridos deberían ser esclavos de sus mujeres y existir para servirlas. Podría asegurar que mi hermana estaba excitada cuando avergonzaba a mi marido, que estaba tan humillado que su rostro se había vuelto rojo, pero me di cuenta de que había tenido una erección mientras Alison le provocaba a cuenta de nuestro matrimonio.

Entonces le dije a Alison que mi esposo había estado peleándose conmigo, porque quería que volviéramos a nuestro antigua manera de relacionarnos. Fue en ese momento cuando Alison salió de su concha. Se rió de él, y le dijo que esa no era una opción, que si no me obedecía en todo momento, ella le diría a otros miembros de nuestra familia el pervertido que era. Mi marido estaba completamente humillado.

A continuación, le ordene que le dijera a Alison si iba a continuar sometiéndose a mí, tanto fuera como dentro del dormitorio. Le prometió que me serviría, pero estaba mirando al suelo, así que le mandé que la mirara a la cara cuando le estuviera hablando. La miró y volvió a prometer que me serviría. Ella le preguntó si disfrutaba siendo mangoneado por las mujeres; le confesó que sí, y nosotras nos reímos de él. Yo le dije que era una vergüenza de marido y Alison le llamó pelele pervertido. Estuvimos mangoneándole el resto de la velada y nos sirvió mientras veíamos una película.

Al día siguiente, Alison me hizo toda clase de preguntas y yo le enseñé tu sitio web. Se envió un correo electrónico con la dirección a su propio correo para poder incluirlo entre sus favoritos cuando volviera a casa. Al final de la noche, humillé un poco más a mi marido, obligándole a darle a Alison un masaje en los pies, le mantuve desnudo y le permití a ella que le proporcionara una azotaina. Ella disfrutó haciéndolo, yo me puse muy caliente viendo a mi desnudo y vulnerable marido azotado por mi hermana. Pensé que iba a llorar por la vergüenza de ser azotado por Alison con una cuchara de madera y que a la vez le tocara las bolas. Las dos le inflingimos una fuerte humillación verbal, aunque de una forma provocadora. Estaba avergonzado, pero mantenía su erección, así que supe que, en su interior, estaba de alguna manera disfrutando.

Desde aquel fin de semana, mi relación con mi marido ha sido un auténtico matrimonio de dominación femenina 24/7. Alison nos facilitó una cierta continuidad, porque siempre me preguntaba si estaba siendo un buen sumiso, y yo siempre le decía a mi marido que si se portaba mal se lo diría a Alison. Cuando ella nos visita, o la visitamos nosotros, siempre azota a mi marido mientras yo lo contemplo. Esto se ha convertido en un ritual. Mi marido ha llegado a disfrutar del hecho de que mi hermana lo sepa, y me ha dicho que lo ha convertido todo en más real. Le ha confirmado que es mi sirviente y que no es un juego. Es, de verdad, nuestro matrimonio y nuestras vidas, y no habrá vuelta atrás.

Ahora controlo todos los aspectos de nuestro matrimonio, y mi marido comenzó a llevar un aparato de castidad hace tres meses. Naturalmente, Alison está enterada de todo, y cada vez que llama, hace que él se ponga al teléfono para poder preguntarle cuánto tiempo ha transcurrido desde su última eyaculación. A él le avergüenza y a ella le encanta provocarle. Alison se ha convertido en una lectora regular de tu sitio web (lo lee más que yo), y siempre me está haciendo sugerencias sobre nuevas maneras en las que puedo dominar a mi marido. Resulta muy liberador ser capaz de hablar abiertamente con mi hermana sobre esta forma de vivir.

Alison acaba de empezar a salir con un hombre sumiso, que conoció por Internet. Lo está llevando lentamente, y es una relación a distancia, porque él vive en otro estado. Le ha dominado un par de veces cuando se han visto y, desde luego, él la está tratando muy bien. Estoy feliz, porque ella se merece un buen sumiso que la trate como debe ser. Me ha agradecido un buen número de veces el haberle revelado cómo estábamos viviendo. Si no lo hubiera hecho, probablemente no habría vuelto a ligar otra vez. Estaba harta de los hombres; pero el ver cómo manejaba a mi marido, y cómo me adoraba y me servía, le dio esperanzas. Así que, como puedes ver, existen más ventajas y beneficios al compartir esta forma de vida con un cercano miembro femenino de la familia. Fue un buen asunto para la vida de todos nosotros.

Elise Sutton:

Adrianna, creo que es maravilloso que fueras capaz de compartir con tu hermana lo que hacías. Tienes toda la razón en que eso confirmó para ti y para tu marido que esa manera de vivir era real, y proporcionó continuidad a vuestro matrimonio de dominación femenina. El que Alison lo supiera y te apoyara, te dio seguridad, lo que te facilitó mantener el papel dominante en vuestro matrimonio. También le hizo a tu marido más consciente de su sumisión a ti, porque tuvo que proporcionar a Alison una visión de sí mismo.

Recomiendo, sin dudarlo, que todas las mujeres inmersas en este modo de vida encuentren otra mujer con la que puedan sincerarse y compartir ideas. Tener ese apoyo es importante, porque la sociedad y sus prescripciones pueden generar dudas e inseguridades. Tener otra mujer con la que puedas compartir tus experiencias y orientaciones y a la que trasladar tus dudas puede resultar impagable en tu desarrollo como mujer dominante. Es, simplemente, estupendo disponer de otra mujer en la poder confiar y con la que compartir ideas.

Alison añadió más a la suma que si lo hubieras hecho con otra pareja de dominación femenina o con otra mujer dominante, porque es tu hermana y tienes más cosas en común con ella que la dominación. Porque Alison formaba parte de tu mundo habitual, tu confesión produjo mucha más humillación en tu marido. Si Alison hubiera sido sólo una mujer dominante que hubieras conocido en la “escena”, habría sido también humillante para él, pero no hasta el nivel en que lo fue con tu hermana. Tembló su mundo y le condujo a un nuevo de nivel de sumisión hacia ti.

Eres afortunada por tener a Alison, pero no todas las mujeres tienen una hermana de mente tan abierta como ella. Ese es el motivo por el que siempre aconsejo a la gente que sea precavida. Tu tenías confianza con Alison, y estuvo bien que se lo contaras, pero te llevó algún tiempo hacerlo. Comentabas incluso que, en los comienzos de tu exploración de la dominación femenina, te avergonzaba contárselo a Alison. Muchas mujeres nunca se sentirán cómodas contándoselo a una hermana o a una amiga íntima. Es una cuestión de confianza. ¿Confías en que esa persona mantendrá tu secreto? ¿Qué hubiera pasado si Alison se lo hubiera comentado a otros miembros de la familia o a alguno de tus amigos? Piensa en lo embarazoso que te habría resultado.

Ese es el riesgo que asumes cuando se lo cuentas a miembros de tu familia o amigos. Alison llamó pervertido a tu marido, en un juego de provocación mental. ¿Pero que hubiera sucedido si te hubiera llamado a ti pervertida y fuera en serio? Esto pasa por ahí fuera, donde hay mucha gente de mente estrecha que desconocen lo que hacemos. ¿Merece la pena el riesgo? Esta es la pregunta que una mujer debe hacerse si está considerando la posibilidad de hacer lo que tú hiciste. Mereció la pena el riesgo para ti porque, en el fondo, confiabas en tu hermana, lo que no deja de ser un testimonio sobre el carácter de Alison. Pero no todo el mundo tiene una hermana como Alison, así que ese el motivo por el que aconsejo precaución a la gente. He visto los resultados negativos y la tensión que una confesión de ese tipo puede provocar a una persona.

De nuevo, la cuestión se reduce al tipo de relación y al nivel de confianza que tengas en el miembro femenino de la familia o en la amiga. En tu caso ha funcionado estupendamente, y me alegro por ti. La complicidad con otra mujer es muy reconfortante. La mayoría de las mujeres tendrán que intentarlo con alguna otra mujer que conozcan el los grupos locales de dominación femenina. En tu caso, pudiste hacerlo con tu hermana.

3 Comentarios
  1. bueno creo k una buenna hermana es un tesoro por eso yo adoro a mi hermana la kiero con todo mi corazonnnnnn ellas es una niña bueno ya tiene 17 y yo 14 pero la adoro aun asi es mi confidente es la k le cuento todas mis cosas y ella me entiende al igual k ella a mi

    0:41 | 8 Junio 2009

  2. soy un hombre sumiso si experiencia al respecto. me parese que todos los hombres deberiamos someternos a los deseos de las mujeres. me encantaria que me escribas

    18:50 | 27 Agosto 2009

  3. me parece absurdo o no llego a comprender, desde el mayor de los respetos hacia los sumisos, como es posible que consideren a todas las mujeres superiores, eso no tiene sentido, es como decir que todos los ciudadanos de un pais A son mas inteligentes que los ciudadanos de un pais B, eso por reduccion al absurdo es falso, no todo el mundo tiene el mismo coeficiente intelectual, los habrá mas listos y mas tontos, la media es solo un operador matemático para comparar conjuntos de datos.

    Siempre he pensado que la sumision es un regalo que se da a un Amo, pero que un sumiso regale su sumision a todo el mundo!!! hace que dicho regalo, su voluntad, sea menos hermoso. Nunca me fiaria de una sumisa que se inclinara y se sometira a los caprichos de cualquier hombre que haya por la calle, aunque claro cada uno entiende su sumision o dominacion desde su punto de vista, y ninguno es mejor a otro

    21:35 | 27 Agosto 2009

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