Una pareja tradicional
Chris V
Amber y yo llevamos casados casi dos años. Le comenté mis deseos de sumisión muy al principio de nuestra relación, porque pensaba que sería receptiva. De hecho, siempre ha sido agresiva y exigente –mandona, según sus propias palabras–. Es más, esa fue una de las razones que me atrajeron de ella. En un primer momento, se mostró vacilante, porque se imaginaba látigos, cadenas y cuero. Le aseguré que no estaba verdaderamente interesado en esas cosas, sino en el servicio, la autoridad y la disciplina. A lo largo de varias semanas, hablamos frecuentemente del asunto. Finalmente, decidió asumir formalmente el control; y le encantó. Desde aquel momento en adelante, marcó las reglas que debía seguir y me castigaba si las contrariaba, azotándome con una pala con los pantalones puestos, o retirándome privilegios, o haciendo ambas cosas. Por lo demás, éramos como cualquier otra pareja corriente.
En aquel momento, me acercaba a treintena y estaba ansioso por casarme. Amber, sin embargo, insistió en que esperáramos a que hubiera transcurrido un año de que acabara en la universidad –en total, una espera de tres años–. Además, había insistido, cuando nos conocimos, en que no habría relación sexual de ninguna clase hasta que nos casáramos. En aquel período, me resultaba difícil de soportar; pero desde otra perspectiva, fue maravilloso, porque durante ese tiempo nos conocimos verdaderamente el uno al otro y nos enamoramos. Con el paso de los años nuestra relación pareció encajar, nos acercamos como haría cualquier pareja. Además, obedecerla y aceptar su disciplina se fue haciendo más y más natural para mí.
Cuando finalmente nos casamos, sabía que estaba iniciando una vida de sumisión a Amber. Después de la boda, y el banquete, Amber y yo nos encontramos con dos amigas, las únicas que conocían nuestra manera de vivir. Fueron nuestros testigos de que yo me arrodillaba ante Amber y le prometía servirla y obedecerla el resto de mi vida, y ella me prometía proporcionarme la guía, la disciplina y una autoridad amorosa para el resto de mi vida.
Antes de la boda, Amber me había explicado cómo iba a ser nuestra vida sexual. El sexo, como nosotros lo entenderíamos, significaría que yo le proporcionaría placer oralmente. En algunas ocasiones, ella me permitiría llegar utilizando sus manos. El coito quedaría reservado para ocasiones muy especiales. Esperaba que nuestra noche de bodas fuera una de esas ocasiones, pero me equivoqué. Durante la noche de bodas, Amber me vio desnudo por primera vez. Sin embargo, a mí sólo me dejo sentirla a través de su camisón y ropa interior y proporcionarla placer con mi mano. Cada noche de nuestra luna de miel, me permitía ver un poco más de su cuerpo, y llevarla al climax de diferentes maneras. Cerca del final de la semana, me permitió finalmente verla desnuda por primera vez. Y en la última noche de la luna de miel, decidió realizar el coito.
Ahora, por supuesto, Amber continúa marcando las reglas. Si desobedezco, mi castigo se compone normalmente de tres partes: física (azotes, para los cuales tengo que estar desnudo, y en su mano puede tener una paleta o una fusta), tiempo para reflexionar sobre ello (de pie en una esquina, enviado al dormitorio o a veces escribiendo frases), y pérdida de privilegios (TV, ordenador o salir). Algunas veces, a los golpes de castigo se suma el lavarme la boca con jabón (Amber odia las blasfemias y las palabras malsonantes). Me ha dicho que piensa que el castigo es más efectivo si me trata como a un niño mientras me castiga, como puede comprobarse por la forma en que lo hace.
Dejando aparte los momentos en los que me castiga, lo único que diferencia nuestro matrimonio de uno corriente es que yo estoy siempre sirviendo a Amber: arrodillándome para darle cualquier cosa, haciendo la mayoría de las tareas de la casa, dándole masajes… Le encantan los masajes de cualquier tipo, y normalmente requiere por lo menos un masaje en los pies varias veces a la semana.
En nuestra relación no hay látigos y cadenas. Para mí, es más humillante y, por consiguiente, más excitante ser sumiso en lo que vivo como una situación más real. Para mí, yacer a los pies de Amber y masajeárselos (y ocasionalmente besarlos) mientras llevo puestos sólo los calzoncillos (le gusta de esa forma), mientras ella se sienta por encima de mí, vestida con normalidad con una camiseta y unos vaqueros, leyendo o viendo la televisión, me hace sentirme más sumiso que cualquier escenario SM, que no sería más que una rebuscada fantasía. Afortunadamente, a Amber le ocurre lo mismo.
De cualquier manera, ser el marido y esclavo de Amber ha sido maravilloso. Gracias por proporcionar un lugar en Internet para gente como nosotros.
Elise Sutton:
Chris, creo que Amber y tú sois unos estupendos representantes del mejor tipo de matrimonio de dominación femenina; constituis un gran ejemplo para la sociedad. Amber te domina con amor y buenos objetivos y tu la sirves con adoración y respeto. Esa es la esencia de la dominación femenina. No tenéis por qué practicar el sexo S/M; esa es solamente un área de la dominación femenina. No son las actividades las que construyen la relación de dominación, es la actitud de las personas involucradas. Lo vuestro es un matrimonio de auténtica dominación femenina.
Creo que vuestra luna de miel fue absolutamente maravillosa. Tú esperaste por ella, y ella fue guiando la anticipación de tus expectativas, proporcionándote algo más cada noche, jugando contigo mentalmente, hasta que finalmente viste a la novia en toda su belleza. Esa fue la sesión de provocación final: hacerte esperar tres años para revelarte su belleza poco a poco. Lástima que no te mantuviera en la abstinencia cada noche; pero fue su manera de hacerlo, y fue especial. Ese es un ejemplo para las parejas que quieren consumar el sexo o disfrutar de una sesión D/S en su primera cita. Cuánto más esperas, más especial llega a ser lo que finalmente ocurre.


j:
Demasiado bonito para ser cierto. Dudo mucho que esa mujer joven exista y que lo tuviera tan claro. Pero hay que reconocer que estos ingleses tienen una imaginación desbordante en la materia. Y que es un placer leerlos.
Sin embargo, Ana, dijiste que tu blog iba a huir de las fantasías para centrarse en historias reales…. En fin, ya ves con qué facilidad recurrimos a ellas. Ayer lo de Andrés, hoy lo de Amber. Igual es que no hay otra fórmula.
11:22 | 4 Marzo 2008
Jose:
No pienso que eso sea una fantasía, yo he vivido una relacion muy parecida, en nuestro caso no habia nada de parafernalia, solo una vida entrega, de intentar hacer la vida de mi Ama, mas agradable y más cómoda, en nuestro caso hubo infedilidad consentida por mi parte, y eso era parte de su deseo.
12:55 | 5 Marzo 2008
Verosimilitud | Blog de Ana Serantes:
[...] Y lo mismo intenta hacer Elise Sutton en el suyo, del que traduje la experiencia que titulé “Una pareja tradicional”, de la que J decía en su comentario que era “demasiado bonito para ser cierto”. Y [...]
2:42 | 12 Abril 2008
edu lingzm:
Comparto plenamente la idea de que no son necesarios ni el cuero ni la parafernalia y el aparataje SM para una muy buena relación dómina-sumiso. Lo esencial mucho más interior, más profundo, alcanza con tan solo una palabra de la Señora para crear una gran intensidad en ambos miembros de la relación, para crear una atmósfera tensa y densa.
Con un gesto del sumiso, por ejemplo, cuando curva su espalda en sumisión y aceptación del castigo que vá a venir, alcanza para que en ambos vibre con fuerte reverberación interior una especie de comunión de opuestos -no contrarios, sino exacta-mente armónicos y complementarios.
Alcanza incluso para alcanzar el orgasmo de la Dómina y el profundo estremecimiento -cargado de fuerza sexual y de sumisión- del esclavo que vá a ser flagelado. Sin perjuicio
de que si la intención de su Ama fuese de administrar una
disciplina muy severa deberá también atarlo fuertemente de manera de fijarlo firmemente a su posición de castigo.
Con unas cuerdas para atarlo, un cinturón viejo de cuero y unas varas de abedul ( u otras ) pueden ambos tener divinas experiencias, cada uno la suya, no la misma, claro.
Y es suficiente, incluso, para que duren las marcas, que dirán en su muda lengua que la Patrona ejerce, con dura mano, su severo dominio
0:11 | 4 Julio 2009
Rafael:
Antes que nada, quisiera agradecerte Ana este blog porque me ha hecho comprenderme a mí mismo más que cualquier libro o psicólogo que se precie.
Y, ya volviendo al testimonio de Chris, no entiendo por qué este relato habría de ser una fantasía. Yo vivo una situación muy semejante. Mi situación es similar, aunque difiere en que ella todavía no es totalmente consciente de su poder. Ella es completamente ajena a este mundo, pero aún así, de forma instintiva, es una verdadera dominadora. Yo la sirvo y poco a poco voy sometiéndome cada vez más. Cuando me castiga, lo hace más bien de forma psicológica: sin sexo y con tangas muy ajustados que me provocan cierto dolor, obligándome a llevar sus braguitas bajo mis pantalones o con actos humillantes varios. No hay parafernalia alguna, sólo una relación de ama y sumiso que no difiere mucho de un matrimonio tradicional.
19:42 | 19 Agosto 2009