Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Una polémica sobre la castidad

Querida Elise, ha opinado frecuentemente que, para que una mujer obtenga el control absoluto de su matrimonio, es necesario que prohíba a su marido tener orgasmos durante períodos de tiempo prolongados (por otra parte, ella puede disfrutar de cuantos desee). Algunas mujeres, incluida usted misma, nunca permiten a sus maridos siquiera penetrarlas (parece que su propia biología constituye un insulto para la mujer superior). ¿Es el principio de esta prohibición, es sus propias palabras, aplicable también a la intimidad en su sentido más general? ¿Puede su marido darle un abrazo, estrecharla cálidamente y besarla, espontáneamente, sin tener primero que pedirle permiso?

¿Tiene idea de que obligarle a la abstinencia le hará estar completamente frustrado y pensando en el sexo 24 horas al día? Es cruel, incluso aunque sea excitante. ¿Se dan cuenta las mujeres que siguen su consejo de que, obligando a sus parejas a permanecer castos, crean una situación en la que la vida cotidiana se centra constantemente alrededor del sexo? ¿Es una buena situación? “El amor es una enfermedad en la que te invade el deseo de ser deseado”, como alguien escribió. Pero no veo cómo ese particular deseo se plasma en un matrimonio de dominación femenina 24/7.

Pienso que resulta irónico cómo algunas mujeres, que se quejan de que sus maridos están obsesionados con el sexo, aprueban la idea de mantenerles castos. Lo que necesitas (sea sexo, intimidad o el deseo de ser dominado), pero que no tienes, absorberá gran parte de tu mente. Como cualquier cosa que te excita. Básicamente, no permitir el alivio sexual de su marido durante extensos períodos de tiempo reducirá su entera existencia al sexo. Su vida será completamente unidimensional, no dejando energía mental para abordar otros aspectos de su vida: familia, amigos, trabajo, estudios, aficiones, etc. ¿Cómo es que no se considera esto un abuso?

Elise Sutton:

Puede argumentarse que el hombre sexualmente obsesionado es aquel que se masturba habitualmente y que, por tanto, es menos atento con su mujer. Se ha dicho que los hombres piensan en el sexo cada siete segundos (resulta imposible comprobar la validez de dicha afirmación, pero las investigaciones nos muestran que los varones están obsesionados con el sexo). Apenas puedo creer que la prohibición del orgasmo incremente esa obsesión masculina con el sexo. Es esa obsesión masculina la que proporciona poder a las mujeres, y las mujeres están comenzando a utilizar la conducta sexual de los varones en su propio beneficio.

Como otras muchas actividades de la dominación femenina, la prohibición del orgasmo y la castidad nacen en las mentes de los hombres, no en la de las mujeres. No han sido las feministas o crueles mujeres las que sacaron a colación el concepto y colocaron aparatos de castidad a sus compañeros. Fueron los hombres quienes suplicaron a sus mujeres que les condujeran a la castidad. Todo lo que tiene que hacer es navegar por Internet y acudir a los forums sobre la denegación del orgasmo masculino y la castidad forzada, y será testigo de que la mayoría de los mensajes provienen de hombres que buscan una mujer que les obligue a la castidad. Sus preguntas muestran un escaso entendimiento de la naturaleza y la sexualidad del varón sumiso.

¿Por qué los hombres quieren que se lo prohíban? Quizás es porque los hombres están comenzando a asumir realmente su propia sexualidad. Muchos hombres no disfrutan con el bajón emocional y sexual que sigue al orgasmo. Empiezan a darse cuenta de que no alcanzan el nivel de intimidad y pasión que sus mujeres necesitan y desean. Obligado a la abstinencia, el hombre mantiene plena la pasión que le permite mantenerse centrado en las necesidades de la mujer. Usted lo denomina insana obsesión con el sexo; yo lo defino como la manera de canalizar la energía sexual para alimentar la pasión y la intimidad. Un hombre puede estar obsesionado con el sexo, pero no tener ni idea de lo que es la pasión y el romance. De nuevo: el masturbador compulsivo está obsesionado con el sexo, y obtiene múltiples orgasmos al día, pero ¿es capaz de dedicarse a las necesidades de su mujer?

Sus ideas sobre este asunto (aunque sinceras y bien expuestas) resultan contradictorias con la realidad. Es el hombre apasionado el que colmará a su mujer de abrazos y besos, y quien hará lo que sea por obtener su cariño. Es el hombre que eyacula frecuentemente el que desatenderá a su mujer y la tomará por el pito del sereno. La razón por la que las mujeres están comenzando a practicar la denegación del orgasmo masculino se encuentra, simplemente, en los resultados que provoca. Las mujeres están hartas de la situación tradicional, quieren un hombre que sea más apasionado y que se centre más en sus necesidades y deseos. Y han descubierto que al prohibirle la eyaculación su compañero se vuelve más obediente y más ansioso por complacerlas. Así que la denegación del orgasmo satisface a las dos partes, realiza los deseos sumisos del compañero casto y la necesidad de femenina de atención, pasión y, sí, control.

Tras mis conversaciones con gran cantidad de hombres sumisos que muestran el deseo de que se les deniegue el orgasmo, he llegado al convencimiento de que esta fantasía masculina es la forma en la que el hombre comunica al género femenino su solución a la ausencia de intimidad y romance en la pareja. Es el hombre el que le dice a la mujer: “!Ayúdame para que te ayude¡” El hombre sabe que su compañera desea más pasión y atención, pero es incapaz de ofrecérselo a causa de sus frecuentes orgasmos y del bajón emocional y sexual que sufre tras ellos. El hombre sabe que, para estar concentrado en su compañera, necesita que su deseo sexual permanezca vivo en su mente, pero bajo el control de la mujer. El hombre sumiso no quiere estar concentrado todo el tiempo en su carrera profesional o en sus aficiones a expensas de su relación de pareja. El hombre denegado, que utiliza un aparato de castidad, se motiva más fácilmente en otras áreas, en tanto que su mujer puede ahora canalizar su energía sexual hacia el servicio a ella. Este proceso no ocurre en una noche, sino que necesita un tiempo y una comunicación abierta.

¿Por qué he incorporado la denegación del orgasmo a mi propio matrimonio? Porque funciona. Hemos estado practicando la denegación del orgasmo masculino durante muchos años, y mi marido se muestra lleno de pasión. Le permito el derecho de besarme y abrazarme siempre que quiera, porque me gusta que un hombre muestre abiertamente su devoción y su amor por mí. La dominación nos permite mucha más intensidad de la que disfrutarán la mayoría de las parejas tradicionales en toda su vida sexual. Así nos comprometemos también en otras parcelas de nuestra intimidad. Mi marido prefería disfrutar de más orgasmos, pero el sería también el primero admitir que después del orgasmo su nivel de servicio y su devoción hacia a mí declinan durante un corto período de tiempo. Si no fuera así, yo le permitiría tener más de uno o dos orgasmos al mes.

Cada pareja es diferente, y la denegación del orgasmo varía de una a otra. Una mujer debe descubrir la apropiada cantidad de eyaculaciones que funcionará para su compañero. Si un hombre puede mantener su nivel de obediencia y su dedicación con uno o dos orgasmos a la semana, entonces su mujer bien puede permitírselos. Eso puede ser posible con los varones jóvenes, pero con los años los hombres requieren de períodos más largos de tiempo entre orgasmos para mantener viva su pasión. Cada pareja es diferente, y no todas las mujeres prohíben la penetración. Algunas mujeres limitan los besos y los abrazos, y otras mujeres se encaminan a la denegación permanente del orgasmo masculino; pero siempre es una forma de vida acordada entre dos adultos, y no un abuso. Otra vez: casi siempre esta actividad surge de la sexualidad del hombre, no de la de la mujer. Las mujeres, simplemente, se han percatado de los beneficios de mantener castos a sus hombres, y ese es el motivo por el que esta práctica va siendo cada vez más popular. Las mujeres se están dando cuenta de que el sexo es para su placer, y de que un hombre al que no se le permite el orgasmo es un hombre obediente.

4 Comentarios
  1. La señora Sutton justifica sus postulados desde la contraposición de actitudes y comportamientos extremos, además de generalizar en exceso cuando describe a los hombres.

    En principio opone a la imagen del varón casto, el hombre que se masturba habitualmente. “Naturalmente” evita aludir a aquellos que ni reprimimos el tener los orgasmos que con toda naturalidad necesitamos tener, ni nos dejamos llevar por excesos. Al igual que hace siempre que diferencia tipos masculinos, tan sólo considera el sumiso o el machista tradicional.

    También se centra en explicar que el varón sumiso y casto, demuestra una mayor pasión y dedicación a su mujer. Destaca como clave el evitar “el bajón sexual y emocional” que se produce y la adecuada canalización de la energía sexual masculina bajo el control de la mujer.

    Es cierto que es un hecho fisiológico el bajón anímico que experimenta el organismo de los hombres tras tener el orgasmo y eyacular; hasta podría calificarse de sedante. Pero los efectos emocionales varían mucho de unos a otros.

    En nuestra vida sexual mi pareja y yo solemos centrarnos inicialmente en su placer , en sus deseos, en su ritmo … complacerla es para mí entonces el mayor placer. Solamente después me permito pensar en mi. Lo hemos hablado, así actuamos, y a ambos nos resulta esta forma de “armonizar” nuestros encuentros la más satisfactoria. La pasión no deja de estar presente de este modo.

    Puedo afirmar, aunque sé que aquellas personas que piensen que los hombres somos por naturaleza no sólo distintos a las mujeres sino también inferiores me tacharán de farsante y de políticamente correcto, que cuando acabamos y ambos nos entregamos al sueño, nocturno o de una breve siesta si disfrutamos en otro momento del día, habiéndo ambos gozado, siento que no sólo me invade un agradable cansancio, sino también un sentimiento de ternura, adoración y agradecimiento a mi compañera. Es delicioso entonces dormir juntos, abrazados, agarrados de la mano, o simplemente sueltos pero separados por unos centímetros. Al despertar puedo asegurar que el cariño, así como el deseo y la necesidad de complacerla y de que su vida sea lo más feliz posible es el predominante y más intenso.

    Si reprimiera mis orgasmos con el objeto de incrementar mi pasión y devoción por mi pareja no sólo actuaría de forma contranatural y hasta perjudicial para la salud física y mental. Mi interés y atención por las necesidades y deseos de ella no estaría motivada por el amor o por la convicción, sino por ser preso de una verdadera obsesión no resuelta.

    Por no mencionar, aunque en este blog pueda considerarse fuera de lugar, la excitación que experimentan muchas mujeres, para nada machistas, de no sólo ser sexualmente deseables sino también de provocar el máximo placer físico y emocional a sus compañeros.

    Mujeres feministas y no sinergistas. Hombres en absoluto machistas pero tampoco sumisos. Unas y otros conscientes de que la mejor relación entre dos personas se fundamenta en la igualdad con las diferencias desde el sentido de la reciprocidad y la asertividad.

    3:57 | 6 Abril 2008

  2. Javier, la relación que tienes es la relación ideal varon-mujer, nos amamos, nos preocupamos por agradar y seguir conquistando al otro tanto en sexo como en todas las actividades diarias de convivencia y de esta forma somos mas naturales, más autenticos y más reales…
    Algunos hombres hemos fracasado en nuestra relación posiblemente porque no hemos prestado suficiente atención a nuestra pareja o no nos han prestado suficiente atención a nosotros mismos… en cualquier caso somos imperfectos o no amamos o no sabemos mantener viva la llama del amor, o no aprendemos algo que es necesario hacer para mantener a flote la nave familiar…
    Hay varones que estamos orgullosos de descubrir que nuestros fallos no se hubieran generado en el seno de la pareja si hubiera habido un crontol del orgasmo y de esa manera hubiera estado más atento a aplicar el remedio necesario.
    No sé si me explico Javier, ser sumiso es una forma de adaptarse al entorno adecuada para mi y por tanto mi relación de pareja ideal es la relación Domina-sumiso y los comentarios de Elise Sutton son superacertados en ese contexto.
    Si a ti te va bien como lo estas haciendo, sigue con tu practica pero somos muchos y otra solución para la gente es la vida en pareja con control del orgasmo, o en Dominación Femenina sin control del orgasmo, o según se pacte y en libertad, pero para todos.
    De individuos que estan en posesión de la verdad y nos quieren imponer su verdad como unica y cierta estoy más que harto. ¿No sera tu caso, Javier?
    Por un blog libre como este
    ¡Hurra!
    Su devoto seguidor Ana Serantes

    20:43 | 7 Abril 2008

  3. [...] la practican durante la última década. Quiero dejar clara esa opinión antes de escribir sobre el comentario que Javier introdujo el domingo en el artículo “Una polémica sobre la castidad”, en el que se [...]

    7:07 | 8 Abril 2008

  4. Javier: A ti te molesta que Elise Sutton generalice pero tú haces lo mismo. Desde tu experiencia particular pretendes sacar conclusiones generales.

    Si pruebas la castidad forzada durante un cierto tiempo podrás tener los elementos suficientes para comparar y valorar las cosas con un mínimo de objetividad. Tu chica utiliza contigo el arnés consolador o eso tampoco te vale?

    A la hora de probar la castidad puedes usar un cb-2000 o modelos superiores. O puedes prescindir de este tipo de artilugios y ser consecuente y autocontrolado si es que eres capaz de ello.

    También podrías llegar a probar el “ordeño de próstata” (prostate milking) que te posibilita verte completamente privado de cualquier orgasmo. Se trata de provocar artificialmente, mediante un masaje especial en la próstata, y de manera habitual, la eyaculación no orgásmica. Dejarías de disfrutar totalmente en este sentido pero tu deseo aumentaría tremendamente y podrías así aprender a sublimar tu amor y adoración de una manera cierta y efectiva. Si vas a probarlo debes asesorarte pues si se hace inadecuadamente puede ser peligroso. Estas advertido.

    Tu que prefieres? Dar un beso apasionado en la boca a tu amante o lamer los pies de tu Ama y Señora? Comprendes el matiz?

    6:05 | 13 Abril 2008

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