Utilizar un cinturón de castidad
Ms Rika
En los últimos meses, he alojado un chat IRC titulado Cinturones de castidad masculinos. Muchas opiniones y fantasías surgen ahí; se comparten también algunas ideas erróneas. Al escribir este artículo intento compartir mis puntos de vista sobre transformar la fantasía de la castidad en una realidad en la esfera de la vida de D/s; también detallar mis preferencias personales en el uso de esta clase de utensilios. Una vez más, las opiniones aquí no se presentan como el punto final, o la sabiduría absoluta acerca de los cinturones de castidad. Son sólo mis humildes opiniones, que han surgido de mis intereses y experiencias en este área. Vuestro recorrido puede variar.
La fantasía de la castidad
En mi artículo, “Añadir la D/s a vuestra relación”, me refiero al ‘regalo del orgasmo’ como atributo de la sumisión a tu especial pareja. No cabe duda de que entregar el control de tu placer a manos de tu compañera, refrenar el orgasmo durante el tiempo que ella decida, sin quejarse, es un acto de pura sumisión.
Parece lógico que el uso de un cinturón de castidad fuera una extensión natural de este acto sumiso. No obstante, he estado examinando las fantasías compartidas en mi canal IRC, y las de estupendos sitios web como el de Altarboy, y se me ocurren unas pocas observaciones. Los asuntos que surgen suelen ser bastante comunes, generalmente se mueven alrededor de la colocación del utensilio (voluntariamente, coaccionado u obligado) y su uso durante extensos períodos de tiempo (he leído historias de un uso de más de 5 años –sin ordeñar–). Frecuentemente, la ‘víctima’ sufre el adulterio; obligado a contemplar como su compañera disfruta del sexo con otros mientras él carece de esperanza de alivio. El hombre suele demandar o sentir que se merece ese tratamiento (ha sido infiel, no puede controlar su masturbación, etc.) y, casi unánimemente, se convierte en un mejor servidor, más atento, más cariñoso, etc. En resumen, gracias a este instrumento y al control del nivel de su testosterona por parte de su compañera, de repente se vuelve sumiso. Existen incluso sitios web, supuestamente escritos por mujeres y dedicados a ellas, que nos muestran los beneficios de mantener a nuestros hombres en cinturones de castidad (sospecho que esos sitios web han sido redactados por hombres con la esperanza de que los lean sus mujeres… pero no tengo pruebas de eso).
Si lees mis artículos, probablemente ya conocerás mi opinión sobre esas fantasías. Son fantasías estupendas para el recreo o como obsequios, pero no tienen nada que ver con la sumisión. El hecho es que un hombre auténticamente sumiso se mantendrá casto sin tal utensilio y trabajará duro para evitar que su nivel de testosterona afecte a su actuación como sumiso.
La mujer dominante debería esperar todos los ‘beneficios’ sin necesitar recurrir a la utilización de medios físicos o artificiales de ‘refuerzo’. ¿Dónde encaja entonces el uso de un cinturón de castidad en la relación de D/s como modo de vida?
Utilizar el aparato
El recreo
El uso del cinturón de castidad centra el asunto en la órbita masculina, buscando la sensación de “hazme mientras estoy obligado”. Por lo tanto, yo lo sitúo en la categoría del recreo y los obsequios. Personalmente, no utilizo el aparato directamente para forzar la abstinencia, porque no espero un mejor comportamiento de mis sumisos debido a su uso. Sin embargo, hay efectos que el aparato provoca en un hombre por los que puede usarse para incrementar el divertimento mutuo del recreo.
Control físico adicional
Hay rasgos de los utensilios de castidad que introducen elementos de control más allá de la disciplina mental. En primer lugar, la mayoría de los aparatos limitan físicamente la cantidad de erecciones que un hombre puede llegar a tener. Los hombres describen la sensación de ser incapaces de llegar a tener una erección completa como ‘enloquecedora’… ¡me encanta escuchar esa palabra! Algunos aparatos impiden cualquier estimulación del pene o el escroto. La mayoría obliga a los hombres a orinar sentados, limitando también su libertad fuera de la relación de D/s. Los hombres mencionan también el efecto de ‘permanente recordatorio’, al llevar el utensilio facilitan a sus compañeras el control físico de sus genitales incluso cuando están separados.
Provoca, provoca y, entonces, provoca algo más (es todo para divertirse)
Desde el momento en que le coloco el aparato al hombre hasta el momento en que se lo quito, mi objetivo es hacerle sentir los efectos del utensilio… profundamente. Empieza con el clic de la cerradura. Los policías te dirán que el momento más peligroso cuando aprehenden a un criminal se sitúa entre la aplicación de la primera y la segunda esposa. No hay rechazo que tenga ese impacto mental en el hombre que el escuchar la cerradura y saber que no hay marcha atrás. Lo mismo ocurre con el cinturón de castidad. No importa cuanta autodisciplina haya adquirido el sumiso, la realidad física del aparato le conmocionará. Entonces, utiliza ese momento delicadamente para reforzar su vulnerabilidad. Estoy segura de la cerradura emite un bello sonido al cerrarse, mantengo el utensilio una vez cerrado, estrujo sus pelotas un poco (dependiendo del aparato y si puedo o no tocarlas). Diré algo bonito, como: “de ahora en adelante… se acabaron las erecciones para ti…”; o “no te diré cuanto tiempo lo mantendremos esta vez”. Algunas veces le tengo arrodillado con sus manos tras la espalda, entonces sitúo mi pie bajo el aparato y lo zarandeo desde abajo con mis dedos a la par que le abofeteo suavemente ambos lados de su cara, mientras el me agradece el uso del aparato. Siempre juguetona, pero siempre jugando con el impacto del momento.
A menudo el siguiente paso será para mí. Le haré darme un largo masaje, prepararme el baño y cepillar mi pelo. Se que el aparato limitará la erección que tendría durante este tipo de actividades, y eso está bien, mi objetivo es elevar y contraer la curva de su excitación. Tras el período de tiempo en el que lleva el cinturón (el más prolongado para mi esposo, enjaulado sin descanso, fue una pequeña tentativa de tres semanas), yo jugaré con sus fantasías y fetiches. Le llevaré a la erección en su confinamiento una y otra vez. Para mi marido es significa repetidos contactos con el olor del cuero, de mi pie, de mi zapato y de mi.
Muchas mujeres ignoran el poder de las palabras (tanto las que tu dices como las del sumiso). Disfruta provocándole verbalmente; ridiculiza su situación. Asegúrate de que agradece su regalo. Asegúrate de que te sugiera maneras que te permitan frustrarle más. Agitar el aparato es siempre muy efectivo… en muchos casos, ¡es la única estimulación que podrá tener!
AVISO: No pierdas de vista la auténtica sumisión.
Este es el peligro de llegar a una larga ‘sesión’ de 3 semanas. Recuerda: es tiempo de recreo y es un regalo (que dura más tiempo del que normalmente le dedicarías a un sumiso). No pierdas la consciencia de lo que realmente significa, porque es trabajo adicional para ti. Si durante el curso del tiempo que está enjaulado, no te apetece provocarle, no lo hagas.
Sus responsabilidades como sumiso no están suspendidas durante ese tiempo. Continúa teniendo que esforzarse por anticipar tus necesidades y hacer tu vida más fácil. Precisamente porque le estas premiando debe ser un buen sumiso.
Si te parece que se ha distraído de sus promesas de sumisión o que está intentando incitarte para que le provoques cuando tu no quieres, quítale el aparato y se termino el recreo (ver el Poder de la ironía).
En ocasiones, cuando mantiene el propósito apropiado, puedes comenzar a tener la sensación de que está equiparando su sumisión con el aparato y concediéndole demasiada importancia. Si ocurre, no te preocupes. Déjale disfrutar su fantasía. Terminará cuando tú decidas, y el retornará mejor que nunca.
Resumen
Sin duda, puedes controlar la sexualidad de tu sumiso sin utilizar un cinturón de castidad. De hecho, es mejor para él aprender la autodisciplina que se requiere antes de utilizar el aparato. Sin embargo, para el tiempo de juego, regalos y divertimento, hay pocas cosas que puedan provocar el placer cíclicamente repetido de atormentar y provocar a un hombre enjaulado en un cinturón de castidad. Yo he usado dos clases con mis sumisos, el tipo Tollyboy y, recientemente, el CB 2000.
SEGUNDA PARTE
Una carta que he recibido recientemente, y mi respuesta. He cambiado el nombre de quien la enviaba para mantener el anonimato.
Hola, Ms Rika:
Estaba leyendo artículos en Internet sobre poder y control (desde una perspectiva sociológica) cuando me crucé con la utilización de los cinturones de castidad como una forma de control. Me interesó este asunto y empecé a preguntarme acerca de la utilización de los cinturones de castidad durante largos períodos de tiempo. Me gustó su sitio web porque sus puntos de vista parecían basarse en el realismo y en el pragmatismo.
Me casaré pronto; y mi futura esposa está muy inquieta por la posibilidad de que pueda tener aventuras con otras mujeres (puede ser porque sabe que solía tener muchas novias en mi juventud o puede ser simplemente que se deba a su propia psicología, no lo sé).
Lo que empeora las cosas, en su mente al menos, es que mi trabajo requiere largos viajes, la mayoría de ámbito nacional, y, por lo tanto, pasar algún tiempo fuera de casa. Está preocupada por si yo pudiera utilizar esa libertad para tener ligues esporádicos. He intentado asegurarle que no ocurrirá, pero ella continúa preocupada.
Como usted parece tener mucha experiencia en este área, me preguntaba qué consejo podría ofrecer sobre la conveniencia o no de que los cinturones de castidad pudieran ser una solución efectiva a nuestro problema. He oído que si son para utilizarlos durante largo tiempo, entonces deben ser caros y de mucha calidad (por el confort y por minimizar el riesgo de poder salir de él sin que ella lo sepa).
No me importa tener que usar uno si así ella estuviera tranquila, y no creo tampoco que se opusiera a la idea. Estoy preocupado, sin embargo, por si darle las llaves de mi cinturón de castidad cambiara las dinámicas de la relación y depositara demasiado poder en sus manos (en ocasiones, ella trata de controlarme). También espero si pudiera decirme si utilizar un cinturón de castidad ayudaría a proporcionarle la seguridad que necesita. Apreciaría cualquier opinión que pudiera darme. Gracias, Jeremy.
Jeremy:
Gracias por sus cumplidos con respecto a mis escritos. Probablemente, no tengo la respuesta que esperas. No recomiendo el uso de aparatos de castidad en el sentido de asegurar la fidelidad en el matrimonio. Además, si tu mujer no puede confiar en ti sin tal utensilio, me pregunto, en primer lugar, por qué quiere casarse contigo.
Los cinturones de castidad resultan muy divertidos y pueden usarse de diferentes formas; sin embargo, la confianza es una piedra angular de una relación y no puede reforzarse física o artificialmente. Antes de que te cases, necesitas mirarte en el espejo y responder a la cuestión honestamente: “Estoy deseando imponerme autodisciplina por el bien del matrimonio y, quizás un día, por mis hijos”. Si no puedes responder a esa pregunta francamente, entonces no te cases.
Sobre la otra observación, en la que consideras el ‘cambio’ de las dinámicas en la relación: por usar un cinturón de castidad de la manera en que lo describes, no estás trasladando el poder a tu esposa, lo que efectivamente estás trasladando es la RESPONSABILIDAD de tu fidelidad hacia ella. Y eso es egoísta, perezoso y enfermizo.
Te sugeriría discutir este asunto con tu prometida. La confianza es algo que se gana con tu actuación. Tienes que convencerla con tus acciones. Entiendo que esto no es excitante –una solución de fantasía–, pero acudiste a mí porque ofrecía una aproximación realista y pragmática… y la conseguiste.


limpiabotas-fran:
Nunca he usado estos utensilios, pero coincido con Ms Rika en “que un hombre auténticamente sumiso se mantendrá casto sin tal utensilio” si lo desea su Ama y creo que la utilización prolongada (5 años, se llega a sugerir) sin ordeñar indica una falta de cariño por parte de la Domina hacia el sumi.
Asimismo considero que esta practica es un divertimento que genera morbo tanto a la Carcelera como al prisionero y como tal, desde mi humilde opinión, puede ser interesante para iniciarse en el control del orgasmo masculino, para evitar eyaculaciones precoces o erradicar el onanismo que algunos padecemos. Prolongar el tiempo de permanencia en ese estado puede ser excitante, pero deberia hacerse poco a poco.
No me parece que deba usarse como una forma de vida habitual pues seria un reflejo de la propia auto-desestimación personal de la Domina e indicaria una desconfianza del Ama hacia su amado sumiso.
Emplear elementos fisicos para controlar o castigar al esclavo esta bien pero creo que la sumisión es más efectiva y placentera cuando la dominación es mental. Sustituir unos slip por unas braguitas del Ama es para mi mucho más flipante.
Finalmente reafirmarme en que cada pareja es un mundo y cada realidad distinta, con un solo principio comun la libertad.
El devoto seguidor del blog de Ana
19:33 | 16 Abril 2008
Adrian:
Realmente nunca utilicé uno de estos dispositivos de castidad, los he visto por la web pero no se si lo emplearía. Quizás momentaneamente como juego ó como fantasía, pero no algo permanente, como el caso que se cita de los cinco años. Mi Esposa practica conmigo el control del orgasmo y es frecuente que este varios días sin eyacular aunque tengamos sexo y Ella tenga los orgasmos que quiera, es dificil, sobre todo al principio controlarse y no caer en la masturbación a escondidas. Oportunidades me habrían sobrado pero mi “truco” para no caer en tentación era “¿cual es la gracia de entregarle el control de mi orgasmo durante el sexo y luego masturbarme a escondidas?” Y me di cuenta de que no tenía sentido, mas allá de ser deshonesto con Ella, habría sido deshonesto conmigo mismo también.
No estoy en contra de los aparatos de castidad, ni en contra de quien lo usa, ni de quien pondera su uso, sin embargo mi postura es similar a la que se cita en el artículo, pienso que es mas acto de sumisión tener que autocontrolarte que no poder hacerlo porque has sido encerrado. Podría resumirse como que en lugar de ser “prisionero” de mi Ama, soy “prisionero” de mi mismo por orden de Ella y no me tengo que dejar escapar.
5:57 | 25 Abril 2008
mirna:
me gustaria saber por donde empezar, como hacer que mi pareja se lo ponga y se acostumbre a su uso ya sea cuando salga al trabajo o para asistir a alguna reunion, e visto varios cinturones de castidad y me inclino por el houdini, por ser rigido de metal y evita la erección, pero ¿ que consecuencias traería un uso prolongado? y ¿ si es que de usarlo con el como determinar el tiempo de uso adecuado para no lastimarlo? o como educarlo para que se acostumbre a su uso habitual
7:11 | 11 Agosto 2008
P.:
No lo compres de metal, son mejores los CB. Debes de tener en cuenta que sea un material que permita una buena transpiración, que sea saludable y que sea fácil de lavar. Los CB también evitan la erección, de hecho, creo que todos los dispositivos la evitan. No escojáis uno tampoco demasiado pequeño, porque puede imposibilitar tareas cotidianas como la conducción.
En cuanto a acostumbrarse, es poco todo. El primer día no querrá llevarlo y aguantará 10 minutos, al siguiente 15, el otro 20… es como todo.
9:28 | 11 Agosto 2008
jvrsum:
Interesantes reflexiones sobre los instrumentos de castidad masculina. Efectivamente, querer es poder, y si el sumiso valora mantenerse casto, no necesita recurrir a un cinturón, si bien la estética o lo que implica llevarlo forma parte, naturalmente, de la emocion o el placer que como sumiso pueda sentir. Pero son dos cosas diferentes. ¿que valor tiene una castidad que el propio sumiso no es capaz de controlar y debe recurrir a un artilugio? No obstante, para los que han usado el CB 2000 o el CB 6000, tengo una pregunta: ¿realmente evitan la masturbación? He probado otros cinturos y sinceramente, siempre he podido correrme, por lo que tengo la impresión que es muy dificil evitarlo si el sumiso quiere, aunque sólo sea porque una leve rozadura ya lleva a la eyaculación en un sumiso prolongadamente casto. Por eso creo más en la voluntad y esfuerzo que en el aparato…pero me gustaría conocer experiencias reales de quien lo ha llevado largo tiempo. un saludo cordial a todos,
10:58 | 27 Agosto 2008
Adrian:
Me pregunto ¿Que es lo que realmente quiere la mujer del hombre?, he oido que algunas feministas ven esto como una forma de equiparar las cosas, por ejemplo antes hasta era bien visto que las mujeres llevaran un cinturon de castidad para el demostrar la fidelidad al esposo y hasta como tabú,honestamente pienso que hay algo de recncor en esto, o ¿realmente lo que quiere una mujer del hombre es que sea su jugete?, el uso de cienturon de castidad es de hecho algo que no necesariaemnte tiene que ser visto dentro de la sumision ya que existe la costumbre de que sea usado bajo ciertas normas de grupo sectario porjemplo.
4:55 | 18 Octubre 2008
Adrian:
Mucho gusto tocayo, soy el otro Adrián (o tengo un severo problema de memoria y no recuerdo donde posteo, todo es factible).
Sigo sin entender por que se le da tanta importancia al tan mentado aparatito, hay docenas y docenas de relatos al respecto, algunos de los cuales describen usos bastante extremos del mismo.
Por lo que yo he visto, las aguas están divididas, hay gente que hasta postula que no hay dominación femenina posible sin el adminículo este y otros (mas coincidentes con mi posición) que lo ven como un complemento fetichista mas.
La diferencia entre la vez que posteé acá y ahora, es que hará cosa de un mes compré uno, pero hasta ahora no le dimos mas uso que a cualquier otro juguete. El “click” del candado no me produjo ningún “efecto místico”, no me hizo mas sumiso ni a mi Esposa mas dominante, como no lo hicieron las esposas ni su disfraz de policía.
Claro, es tal el uso que le damos, no me voy a trabajar con el ni lo tengo puesto 24hs 7 dias a la semana. Ni mucho menos dependemos de el para desarrollar nuestra vida de pareja.
En realidad si tiene algo que lo hace diferente: es el juguete que mas nos cuesta usar, cada vez que me lo quiere poner, estoy excitado y no entra. Irónico ¿no?
Un saludo.
7:21 | 18 Octubre 2008