Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Con la posibilidad basta

Justin M

Querida Elise, Nathalie, mi esposa, es una mujer inteligente y segura de sí misma. También debo decir que es atractiva y que estoy profundamente enamorado de ella. Nunca ha sido aparentemente dominante, aunque ha conseguido dirigir la mayor parte de los aspectos de nuestra vida, incluyendo los negocios que iniciamos tras nuestro matrimonio.

Si pudiera elegir, preferiría tenerla para mí solo y ser el dueño de cada segundo de su vida, y el objeto de cualquiera de sus deseos. Pero las cosas no siempre son así. Como probablemente sucede en otras parejas, en algún momento de nuestra relación tuve que renunciar a estas pretenciosas ambiciones y adaptarme al hecho de un matrimonio real, cuando Nathalie me pidió, y obtuvo, su libertad y sus derechos para decidir sobre su propia vida, incluso en algunos aspectos delicados de la relación.

Algunas mujeres y hombres, hacen comentarios en su web, sobre las aventuras extramaritales de algunas esposas que desean tener una vida sexual satisfactoria, y lograr que sus maridos entiendan que no tienen otra opción que aceptar que ellas tienen absoluto derecho a decidir sobre sus propias vidas sexuales. No sé si Nathalie ha tenido alguna vez una aventura extramarital, pero a partir de los acontecimientos que describiré, queda claro que tenerla o no, es asunto suyo.

Todo empezó casi hace dos años, cuando mi esposa y yo volvimos a casa después de cenar con uno de los principales clientes de nuestro negocio. Nathalie me comentó que mi hermano no debería haber permitido que su mujer estuviera con Charles, nuestro cliente, en su casa de la playa. Cuando le pregunté por qué pensaba eso, ella me respondió: “Vamos, Justin, ya ves que es obvio que está teniendo una aventura con él, es… es cómo… quiero decir… que Antoine le permitió a Michelle tener una aventura con Charles.”

Nathalie volvió a hacerme comentarios sobre esto en algunas otras ocasiones, con respecto a situaciones que le hacían pensar que mi cuñada engañaba a mi hermano, pero nunca pensé demasiado en este problema.

Desafortunadamente, durante una reunión de negocios, Charles me dijo que iba a pasar unos días en Black Forrest, en una casa de su familia. Sin pensar en las implicaciones, le comenté que Nathalie siempre había querido visitar esa región, y Charles se ofreció inmediatamente a llevarse con él a mi mujer. Aunque no me gustó la idea, solo conseguí decirle que le preguntaría a Nathalie si quería ir.

Me sentía algo incómodo con la proposición de Charles, pero al final, decidí hablarle a Nathalie sobre la invitación. Al principio me miró desconcertada, pero al rato me dijo que estaba de acuerdo, que iba a aceptar su invitación.

Los días que estuvieron fuera estuve inquieto; estaba celoso y recordaba constantemente los comentarios de mi mujer sobre mi cuñada.

Cuando Nathalie volvió del viaje, mis celos persistían, y estaba ansioso por saber qué había ocurrido durante el tiempo que había pasado con Charles. Necesitaba algunas palabras de consuelo de mi mujer, diciéndome que durante esos días me había sido absolutamente fiel. Desafortunadamente, estaba tan impaciente por obtener una respuesta tranquilizadora de mi mujer, que le di la bienvenida a Nathalie con la pregunta más torpe y falta de tacto que se me pudo ocurrir; una imprudencia gratuita que ahora lamento profundamente.

Sin pensar en las consecuencias, le dije a Nathalie: “Bueno, ¿lo has pasado bien en Black Forrest? ¿Era tan bonito como esperabas? Y sobre Charles… ¿recuerdas lo que me dijiste sobre Michelle y él?… Estoy seguro de que contigo fue diferente… que tú y él os comportasteis…”

Nathalie me miró con severidad, e interrumpió mis comentarios diciendo: “¿Recuerdas quien aceptó la invitación de Charles para llevarme a Black Forrest, a pesar de lo que te había dicho sobre él y Michelle? Recuerdo claramente que fuiste tú, y no puedo entender por qué lo aceptaste, a menos… ¿tu querías que tuviera tiempo para hacer lo que te dije que hacía Michelle? ¿Lo querías? Ya sabes, al dejarme pasar todo el tiempo que quisiera con Charles, a solas con él… varios días y noches… sintiendo su atracción viril… cerca de mí… y sin riesgo de que te enteraras de lo que hacía… estoy segura de que sabías que me estabas poniendo en una situación muy tentadora… una situación tentadora con un hombre muy atractivo… el hombre que sabías que tenia una aventura con tu propia cuñada… parece como si quisieras que yo hiciera lo mismo… nunca pensé que me preguntarías si quería aceptar su invitación… después de lo que te había contado.”

Traté de tartamudear otro comentario, pero Nathalie terminó abruptamente la conversación diciendo: “Me dejaste ir con él a pesar de lo que sabías. Si pasó algo fue porque lo permitiste. Por lo tanto, es obvio que no tienes derecho a preguntarme sobre lo que he hecho, ¡y no quiero oír el menor comentario sobre todo esto nunca más!”

Intenté dejar mis preocupaciones de lado, y todo fue bastante bien hasta el verano. Ese verano, Charles nos invitó a Nathalie y a mí a su casa de la playa durante el mes de Agosto. Dijo que él estaría en ella durante Julio, y que para Agosto tenía planeado un viaje al extranjero. La parte angustiosa del ofrecimiento era que también había invitado a Nathalie a tomarse un par de semanas de vacaciones en Julio, y a pasarlas con él en su casa. Empecé a discutir con Nathalie para que no aceptara la proposición, pero ella consideraba que no había razón para preocuparse, puesto que ya había estado con él anteriormente.

Nathalie pasó con Charles las dos últimas semanas de Julio, y yo me encontré con ella en Agosto. Tuvimos toda la casa para nosotros, Charles le había dicho a Nathalie que estuviéramos tranquilos; como si estuviéramos en nuestra casa. Incluso le dijo que usáramos el dormitorio principal. Lo que volvió a encender mis celos fue encontrar la ropa de mi esposa en el armario del dormitorio principal. Todo lo que se había llevado estaba en aquella habitación, hasta unas ropas usadas a punto de lavar. Mis comentarios tratando de confirmar si mi esposa ya había utilizado aquella habitación fueron descartados por mi Nathalie como fantasías estúpidas.

Sin embargo, mis sospechas me causaron tal ansiedad que, finalmente, le dije a Nathalie que necesitaba saber si estaba o no teniendo una aventura con Charles. Contrariamente a mis esperanzas, su respuesta me heló la sangre.

Nathalie me miró tranquilamente y dijo: “Te contaré lo que quieres saber si realmente quieres saberlo, pero debes pensar en las consecuencias de hacerme esa pregunta. Si te he sido fiel, consideraré que me estás haciendo esa pregunta porque no confías en mí y consideraré poner fin a nuestro matrimonio. Por otra parte, si he tenido sexo con Charles, puedo querer que continúe, y tú tendrás que elegir entre poner fin a nuestro matrimonio, o aceptarlo y dejarme tener un amante. Bien, quizá prefieras dejar que las cosas sigan como están… nos olvidamos de tus preguntas y yo sigo viendo a Charles como hasta ahora. Tú decides. ¿Quieres hacerme alguna pregunta?”

Me sentí muy asustado por lo que hubiera podido pasar si le hubiera vuelto a preguntar a mi esposa sobre lo que había pasado aquellos días y cumplí: “Creo que es mejor dejar las cosas como están… Yo…”

Nathalie me preguntó de nuevo si estaba totalmente seguro de mi decisión, y le dije que lo estaba. Sin embargo, ella quería dejar totalmente claros los términos de mi acuerdo, y me volvió a preguntar: “¿Me dejarás ver a Charles siempre que quiera?”

Estuve de acuerdo, y Nathalie me preguntó otra vez. “¿Sabes que puedo tener sexo con él cuando nos vemos, y a pesar de eso vas a permitir que nos veamos?”

Nunca me había sentido más atrapado, pero tenía que cumplir. La otra opción era algo que temía mucho más que permitir que Nathalie visitara a Charles. Nathalie continuó: “Pero, cariño, esto es casi como consentir que tenga sexo con Charles. Dime, ¿quieres decir que puedo ver a Charles cuando quiera y que sabes que puedo tener sexo con él?”

No quise responderle, a pesar de que era obvio que le estaba permitiendo tener sexo con otro hombre si quería hacerlo. Pero Nathalie quería una respuesta e insistió: “Cariño, dime; quiero oírte decirlo; dime que eres consciente de que puedo tener sexo con Charles cuando le visite pero que tu no interferirás en mis visitas.”

Cumplí, la cara me ardía cuando le dije a Nathalie: “Sí, querida, lo sé… lo sé… puedes tener… sexo…con Charles…no interferiré…”

Nathalie me abrazó y me besó, mientras yo estaba a punto de romper a llorar, y dijo: “Gracias, cariño, estoy contenta de que seas un marido tan comprensivo y amoroso. Te amo. Realmente, te amo muchísimo, aunque eso no significa que no pueda encontrar algún otro hombre muy atractivo, o que no pueda disfrutar de algo de sexo ocasional con un hombre atractivo. Y estoy contenta de que estés tan deseoso de admitir lo que la mayoría de maridos nunca admitiría, que no interferirás si quiero poner un poco de picante a mi vida sexual, a veces va bien un poco de picante.”

Nunca volvimos a discutir sobre este asunto. No sé si tiene una aventura con Charles o no. De cualquier modo, me he sometido a sus deseos, y sé que le cedería cualquier derecho que yo pudiera tener a decidir u opinar sobre su vida sexual. Incluso renuncié a la posibilidad de saber qué hacía, y nunca me atreveré a preguntárselo otra vez. Esto la ayuda a mantener su poder sobre mí. Me he adaptado al hecho de que ella me controla completamente mientras disfruta de una absoluta libertad. Sea lo que sea lo que quiera, yo no interferiré.

Elise Sutton:

Bien, Justin, seguro que te metiste tú solo en todo esto ¿verdad? Tu esposa es una mujer inteligente, y realmente es la mano derecha de vuestro matrimonio. Fue absolutamente correcta en lo que te dijo. Tú le abriste la puerta, y si ella la atravesó, solo puedes culparte a ti mismo. Ella encuadró la situación tal como es en la realidad, y te dio la oportunidad de descubrir la verdad, pero tu la declinaste y creo que los dos sabemos por qué.

Querías que te fuera infiel y que tuviera ese poder sobre ti. Abriste la puerta a que tuviera una relación con Charles porque querías ser un marido cornudo. No dudo de que estés celoso, pero si realmente fueras un marido celoso, le habrías exigido saber que hizo con Charles. Pero ella pudo leerte y logró hacerte retroceder exponiéndote la situación de tal manera que no te atreviste a cuestionarla.

Así que ahora el problema, realmente, no es si ella es fiel o no lo es, porque en tu mente ella lo es y eso le da el poder. Una mujer no necesita usar su liberación para ser libre. Es libre de tener sexo con otro hombre porque tú le has dado esa libertad. Lo que ella haga con esa libertad es asunto suyo y de su consciencia. De nuevo, tú le abriste esa puerta. Cualquier cosa que hiciera tenía tu bendición. Y creo que a ti te gusta la idea de que te sea infiel, y quizá, la verdadera razón por la que no quieres que ella te cuente lo que va a pasar no es porque temes que te diga que tiene sexo con Charles, sino más bien porque temes que te diga que no lo tiene; por si lo único que tiene con Charles es una amistad que no conmueve tus pasiones sumisas de la manera que lo haría la infidelidad. Me parece que quieres que te sea infiel y necesitas ser un cornudo. El no saberlo deja abierta la posibilidad de que lo seas, y eso es lo que satisface tu sumisión en tu matrimonio, y lo que hace poderosa a tu esposa.
Cuidaos.

[Traducción de Jorge Sánchez]

18 Comentarios
  1. Bueno, aunque sean traducciones, parece que el blog no está muerto del todo, je, je, gracias, Jorge, por la aportación.

    Veo que va en la línea de promocionar la infidelidad y las aventuras extramaritales, con la coartada de los hombres como Justin, un varón cornudo y sumiso por querer serlo y standard, por tanto, de la sumisión masculina que pretende Elisse.

    En esta historia en concreto no hay prácticas BDSM o no se mencionan. Tan solo una voluntad directriz permanente por parte de ella, que dirige “todos los aspectos de nuestra vida” según este astado ambivalente que es el marido.

    Es una historia que despierta la envidia. Pero no de Justin, porfa. Es la envidia que uno tiene por Charles, por ese cliente mimado que se lleva cuando quiere a las mujeres de los dos socios, ay, que tendrá, que tendrá, que las tiene siempre que quiere.

    Y cuando ellas vuelven tienen a su lado siempre un tonto útil y obediente, que les permite “sentir cerca la virilidad” de otros hombres, lo cual hace que te preguntes hasta que punto estas historias no son sino una coartada ideológica para justificar el cinismo y el abuso de algunas mujeres, con supuestos casos de verosimilitud dudosa.

    Porque veamos: ¿Alguien se cree que, de buenas a primeras y ante la mención de un viaje, uno comenta algo así sobre su mujer (a otro hombre)?: Charles me dijo que iba a pasar unos días en Black Forrest, en una casa de su familia. Sin pensar en las implicaciones, le comenté que Nathalie siempre había querido visitar esa región,…

    8:50 | 4 Mayo 2009

  2. Yo no creo exactamente que este señor quisiera que su mujer le fuera infiel, lo que él no quería es que lo dejara que son cosas diferentes. Este hombre posiblemente sea el tipo de sumiso que vosotros habéis repetido una y otra vez que no sois, pero a no ser que todos estéis de acuerdo con la teoría de Ivan, sobre que las mujeres sólo son dominantes a petición de sus parejas, creo que este hombre es un sumiso como cualquier otro con una personalidad diferente. Esta mujer ha descubierto (con o sin BDSM) su faceta de FEMdom sin necesidad que su marido “alfa” la introdujera en ello a modo de juego, lo ha hecho de una forma natural y sin necesidad de saber el nombre de aquello en lo que se introducía.

    12:21 | 4 Mayo 2009

  3. Por supuesto que la dominancia de una mujer es algo propio, independientemente de que le sea sugerida o no al principio, en eso coincido contigo, Amy. Lo que también pienso es que antes de ser dominante es persona y miembro de una pareja, a la que debe tener un respeto mínimo. Eso de exigir “confianza” al otro para, a continuación, ponerla a prueba de manera despendolada pasándose medio mes con otro tío es claramente abusivo.

    Porque ni con el mayor cinismo del mundo puedes ignorar el sufrimiento mental de la otra parte, que prefiere no ponerle puertas al campo para no perderla, tal y como dices. Y el mayor cinismo es el que emplea Sutton para “leerle” la mente a Justin y decirle que lo que el siente es excitación, en todo caso puede ser algo de morbo pero no más.

    Y mala mezcla es esa para la vida, morbo y temor a perder a tu mujer. Si esa mujer es tan capaz como se describe arriba seguro que es consciente de ello. El que persista en esa conducta conociendo esos sentimientos es una muestra de sadismo psicológico y aprovechamiento descarado y bueno, como que no. Que podrá gustarte que te dominen pero sobre todo lo que deseas es que te quieran, caray. Y no de esa manera, pero habrá de todo, supongo…

    14:03 | 4 Mayo 2009

  4. Saludos a todos;

    Pues este es uno de los escritos que más me han gustado de cuantos he leído por este blog, y eso que no hay azotes más allá del límite de la resistencia, castigos con milenios de abstinencia sexual por fregar mal los platos y demás cosillas por el estilo a las que nos tiene acostumbrados nuestra amiga Elisenda.

    Y me ha gustado por que este escrito transmite algo que raramente se menciona; AMOR. Bueno, quizás no el amor ese que glosa Chespir en ROMEO Y JULIETA, pero ya nos entendemos. AMOR en el sentido de un hombre que AMA a su esposa y por ello está dispuesto a aceptar una situación que le incomoda (iba a decir que le jode, pero como veo que soy el único que utiliza palabrotas aquí…). AMOR en el sentido en que una mujer valora el sacrificio de su pareja al respecto. Yo aquí no veo dominación, ni femdom, ni bdsm, ni nada de estas cosas de locos y pervertidos de las que tanto nos gusta hablar. Veo una aceptación por amor.

    Ahora bien; justificar el tema de una infedilidad en base a una cohartada femdom ya me parece un poco cojido por los pelos. Igual que el consejo de la amiga Elisenda; a tí en verdad te gusta que te la metan, así que no pongas cara de asco y disfruta, que viene a decir. Yo no tengo tan claro como ella si el amigo Justino quiere que su mujer le sea infiel o no, o si él lo ha propiciado o no (y si yo voy en el ascensor y me encuentro a mi vecina, ha propiciado mi pareja que le sea infiel con mi vecina por coincidir ambos en dos metros cuadrados de espacio en soledad durante seis pisos? debería mi pareja venir conmigo siempre, aunque baje a por churros, para que esas cosas no pasen?) decía…que no tengo tan claro que esta situación sea la que quiere el protagonista del relato. Pero sí que tengo claro que, por amor, se hacen cosas que no haríamos por otros sentimientos.

    Y me voy a poner pasteloso, que ni viene a cuento ni tiene nada que ver, pero hay frase muy bella que me encanta y voy a poner aquí, en este espacio lleno de dóminas promiscuas que no tienen en cuenta los sentimientos de sus sumisos y van por ahí poníendole los cuernos sin ton ni son; (es broma, es broma);

    Echa a volar un pájaro. Si vuelve hacia tí, será tuyo para siempre. Si no vuelve, nunca fue tuyo.

    Tengan cuidado ahí fuera y sean buenos o malos en su justa medida.

    Spirit de Zoe

    16:46 | 4 Mayo 2009

  5. Frankie en ningún momento he dicho que lo que la señora en cuestión esté bien o esté mal. No vayamos ahora a ser tan ingenuos para creer que el ser humano utiliza el poder para hacer el bien o que el poder en manos de una mujer es algo distinto a lo que ha sido el poder en manos de un hombre. La cuestión es que una mujer dominante hará y deshará a su antojo siempre que haya alguien que se lo permita. El poder no es otra cosa que el farol que se ha tirado esta señora con su marido, porque quién se cree aquí que esta mujer si él hubiera sacado su carácter en dicha situación lo hubiese dejado ¿? Pues yo no, para empezar ( y es arriesgado porque no tengo los suficientes datos), el caso es que él no arriesgó lo mismo que ella, que no es otra cosa que la posibilidad de llevar a cabo la amaneza implícita de dejar al otro, quiero decir que él podría haber dicho perfectamente “pues mira maja, sí que quiero saber la verdad, y que sepas que sea cual sea te voy a dejar, “que pa chula tú chulo yo”, pero no se calló y tragó y ella se reafirmó en su poder. Todos los que tenemos parejas sabemos perfectamente que antes de que una pareja se rompa se dicen muchas veces te voy a dejar y al final nunca lo haces a la primera, ella no lo hubiera dejado de haber querido saber él la verdad y él hubiera cogido otra vez las riendas de su relación. Lo que te quiero decir Frankie es que cuando alguien es dominante no puedes decirle lo que es lícito o no es lícito, lo más práctico para evitar problemas morales como los que tú planteas es que nos relacionemos siempre con gente que tiene un sistema de valores similares al nuestro porque entonces os moveréis los dos por los mismos cauces de una forma natural. Pero es absurdo y contradictorio poner límites a quien se supone que te los pone a ti. Hay personas que dominan porque simplemente hay personas que “necesitan” esa dominación, ya sea por razones de excitación sexual o porque necesitan esa dirección en su vida. Pero fuera de ahí, las infidelidades, la gente que se aprovecha de los demás y luego los abandonan, los que se aman de verdad por encima de todo y están el uno por el otro, etc, etc, todas y cada una de las situciones que viven las parajas vainillas se pueden dar perfectamente dentro del Femdon o el Bdsm, porque una pareja no deja de ser una pareja y lo que es más verdad aún, una persona no deja de ser una persona con sus cosas buenas y sus cosas malas.

    18:25 | 4 Mayo 2009

  6. Lo que te quiero decir Frankie es que cuando alguien es dominante no puedes decirle lo que es lícito o no es lícito…..Pero es absurdo y contradictorio poner límites a quien se supone que te los pone a ti.

    Es muy sabrosa esta reflexión, Amy. Porque -y a juzgar por las historias que se relatan, ya que uno solo conoce bien la suya propia- siempre es bueno distinguir las diversas dominancias. Todos, obviamente, entendemos mejor aquellas que son pactadas, consensuadas y todo eso, las propias del BDSM clasicote. Ah, y si parecía acusarte de justificar a esa señora ha sido por torpeza mía, sorry.

    Pero, siguiendo con dominancias, las hay que están más “fuera de la ley”, las que tu señalas como imposibles de limitar. Los casos como los de la misma Ana, Esther, etc, por poner ejemplos que se han contado por aquí. Aquellos donde son ellas las que han ido “domando” a base de psicología y carácter a sus parejas. Ahí es obvio que son las mujeres las que han definido por completo los limites de la relación. De hecho, muchas veces relatan los diversos quebrantos de voluntad que imponen a sus hombres, así como estos se resisten al principio pero no pueden sino recular una y otra vez.

    Me recuerdan, poniéndome pedantorro, a la expresión esa de Nietszche de la voluntad de poder, aquello de que lo propio de la Fuerza no es sino doblegar. La paradoja es que el pirado de Nietzsche era misógino, postulaba un Superhombre y jamás imaginó en su lugar alguien con faldas y ovarios. Aunque sí que decía cosas sobre la fascinación del dominio, joío que era…

    19:16 | 4 Mayo 2009

  7. Saludos a todos;

    Amy: copio y pego dos frases tuyas:

    Pero es absurdo y contradictorio poner límites a quien se supone que te los pone a tí.

    La cuestión es que una mujer dominante hará y deshará a su antojo siempre que haya alguien que se lo permita.

    Ambas son verdad y, sin embargo, ambas se contradicen entre sí. Yo creo que en una pareja ambos definen los límites de la relación. Sólo que a veces la definición es no ponerlos (lo cual es una forma de definición). Personalmente, pienso que esto es más irreal que otra cosa.

    En el caso del escrito yo creo que hay dos opciones:

    Por la que apuesto: “te quiero y prefiero ignorar si tuvistes/has tenido/ tendrás una aventura que perderte”.

    Por la que dice Elisenda:” Me da morbo imaginar que me has puesto los cuernos pero no asumo mi sumisión plenamente y prefiero no saberlo y pajearme por las noches en mi soledad”

    Por la que pasaría en el 90% de las parejas, tengan o no femdom como componente de mi relación: “quiero saber lo que has hecho por que como pareja tuya tengo derecho, pero que sepas que sea cual sea la respuesta la relación no va a ser igual ya nunca jamás”

    Y luego hay un grupo que diríamos: “Joder, encima que te lo montas no me invitas a hacer un trío, al menos como compensación me voy a ir de putas esta noche”

    Un saludo

    20:19 | 4 Mayo 2009

  8. Y luego hay un grupo que diríamos: “Joder, encima que te lo montas no me invitas a hacer un trío, al menos como compensación me voy a ir de putas esta noche”

    Si le dices eso la has cagado de verdad, juasjuas…

    22:18 | 4 Mayo 2009

  9. Pues yo Frankie no pienso igual que tú, no creo que las decisiones en las parejas sean totalmente consensuadas. Es decir, siempre hay una postura que prevalece. Por ejemplo, si en una familia el padre quiere ir a la playa y la madre al campo, no hay una salida intermedia, cuando se opte por una de las dos no será por consenso sino que prevalecerá la decisión de uno de los dos, seguramente del que mayor capacidad de imposición, manipulación o simplemente insistencia tenga. Las parejas no son democracias, porque es imposible optar por la decisión de la mayoría cuando sus componentes son sólo dos, y en las ocasiones (que pueden ser muchas o pocas) donde los pareceres son diferentes siempre gana el que prevalece sobre el otro, el que tiene mayor carácter, el más dominante, el más seguro o simplemente el que sabe que el otro está mucho más enamorado de él que él mismo del otro. Y si esto es así en las parejas normales no me quiero ni imaginar qué sucede cuando en la dinámica de pareja hay un componente que tiene explicitamente el mando de la situación. Está claro que el BDSM es un juego consensuado donde existen unos límites que se pactan, un juego que se circunscribe al campo sexual de una pareja o de dos personas que tienen relaciones sexuales sean o no pareja. La cuestión es que el ámbito del femdon es la pareja y todo lo que la rodea, no sólo el sexo. Por eso digo que me parece absurdo que se pretenda limitar a alguien que es el que decide. No porque no se pueda hacer, vamos a ver, que como personas podemos protestar (o podéis protestar los sumisos) o hacer saber que esa decisión no os gusta y que de seguir así la relación corre peligro, pero si alguien está seguro (e imagino que alguien dominante no es de los que se echan para atrás en sus decisiones aceptando las consecuencias como la mujer de este relato sabe acatar) de su decisón no se va a echar atrás ni para tomar impulso. Es más si tomas decisiones y luego te echas para atrás, lo que está claro es como dominante tienes poco futuro y eres más el juguetito de tu maridito alfa sumiso que hoy quiere que te pongas aquí y manaña quiere que te pongas allá. Y creo que para ser el juguetito de nadie mejor sumisa o vainilla, que pa chulo tú chula yo.

    Pero fíjate en algo, yo sin ser dominante, lo que tengo claro es que mi pareja no tiene ningún poder sobre mi para decidir con quién me puedo ir yo de viaje, si se siente inseguro allá él y si se quiere separar de mi por algo así, más se perdió en Roma o en Cuba jajajjaa.

    Supongo que con este comentario contesto tanto a Frankie como a Spirit.

    13:10 | 5 Mayo 2009

  10. No, Amy, si yo también soy consciente de que aunque en España exista -al menos teóricamente- la democracia, esto no significa que la misma prevalezca una vez traspasas la puerta de tu casita. De hecho, hay un juego de poder continuo que termina asignando diversos “territorios” a cada uno de los dos, cosa que se acaba asumiendo de forma tácita.

    Pero hay algunos de estos “territorios”, como en mi caso particular el Femdom, que están condenados a eternas disputas fronterizas, je, je. Es una cosa que pasa cuando los dos son (somos) cabezones y contradictorios, además de oscilantes en nuestras apetencias. En este sentido confío que las cosas se vayan resolviendo con la buena disposición habitual, pero en fin…

    Pero sí que hay algo por matizar y es que, aunque las parejas no sean democracias, no significa que todas tengan el mismo grado de cultura igualitaria y de la equidad, evidentemente. Existen clases y no descubro nada con ello, ciertamente.
    Hay parejas razonablemente equitativas y otras que son patriarcales y machistas hasta la nausea. Las hay compuestas por marimandonas y calzonazos. Y por último y más marginal, existen las parejas Femdom de la línea dura.
    Y lo más curioso, creo yo, es que ese nivel aparente de democracia visto desde fuera, muchas veces no dice nada acerca de la felicidad subjetiva de los que lo viven, que mira que somos raros…

    Ah, y si tu fueras pareja mía y te marcharas de viaje sin mí te la cargabas, ja, ja, ja ( es brooma)

    14:45 | 5 Mayo 2009

  11. Frankie no me refiero exactamente a que la inexistencia de la democracia sea por saltarse las reglas sino a que una pareja nunca podría cumplir las reglas de la democracia. Las democracias se mueven por mayorías, la mitad más uno, está claro que la mitad más uno en una pareja constituye exactamente la totalidad de sus miembros y es imposible que una pareja siempre esté de acuerdo en todo, con lo cual una democracia es inviable dentro del “amor”.

    Frankie si tú fueras mi pareja ya habrías aceptado que una servidora es libre como el viento y que no pido permiso para tomar mis decisiones. Otra cosa es que tú no estuvieras dispuesto a vivir esa situación, pero ya te digo que a mi Cuba no me importa mucho.

    16:43 | 5 Mayo 2009

  12. Conclusión la dichosa “dominación femenina” dura mientras el “sumiso” lo encuentre interesante, cuando eso deje de suceder otra ves la Amita a lavar platos y fregar pisos.

    Lo dice un ex-sumiso con muuuuchos años de experiencia y frustraciones, las dominas solo existen en nuestras mentes NO en la vida real, allí solo están las que cobran por su “carácter dominante”.
    La mujer es esencialmente sumisa, volverla dominante va contra su naturaleza, me lo demostraron un par de novias y mi ex-mujer… Además de muchas amigas e incluso desconocidas que ven al “sumiso” simplemente como un patético bichito sin personalidad, un pelele.
    Ellas necesitan machos nada las hace más felices.

    0:13 | 6 Mayo 2009

  13. pepito, yo sé de al menos dos mujeres que son dominantes per se. Y que buscan a un sumiso como tal, como pareja. Es más afirman que no les valdría un hombre que no fuera sumiso.

    No todas las mujeres son sumisas, aunque efectivamente pueda ser la tónica más extendida

    1:23 | 6 Mayo 2009

  14. coincido con pepe, no se puede generalizar, además de que para unas cosas pueden srer muy dominantes y para otras más condescendientes.

    respecto al texto, anteriormente o ahora, muchos maridos han sido infieles a sus esposas yendose con prostitutas o teniendo alguna amante, pero nunca han dejado de quererlas, además de que para algo son la madre de sus hijos.

    Es raro lo que he dicho, pero quizá esa mujer quiera a su marido pero también quiere follar con otros, aún así, es una situación bastante complicada de aguantar.

    16:11 | 6 Mayo 2009

  15. Salvo excepciones que confirman la regla, las dominantes y los sumisos no existen en el ámbito erótico. El rol que suelen asumir los actores en un caso dado, solo se basa en acciones concertadas y conductas orientadas a obtener mayor placer en los sentidos.
    En una pareja normal, los juegos eróticos y consecuencia de los mismos debieran enmarcarse en los límites de la alcoba. Su mínima trascendencia al exterior, dignidad inalterable y respeto mutuo, son factores que ciertamente ayudarán a lograr los objetivos que se proponen en dicho escenario, y que pueden ser tan variados como atractivos.
    La prescindencia de terceros involucrados, directa o indirectamente, es requisito fundamental en el éxito de una relación interesada en sublimar el amor a través de sensaciones más intensas, o al menos, que ayude a exacerbar esa pasión que ambos comparten en su entorno privado.
    Cuando uno de los actores percibe que su signidad se está perdiendo, el tipo de relación adoptada se torna unilateral y debiera suspenderse de inmediato.
    Es mi punto de vista al respecto.

    0:39 | 7 Mayo 2009

  16. pepito, pensar que todas las mujeres son iguales es una generalización, y pensar que las mujeres queremos ser dominadas es erróneo. Quizá has sentido la pulsión adrenalínica de la mujer acorralada, pero no has visto la risa en todos los poros de una mujer que domina. El patriarcado ha sido, y es una losa demasiado grande para no mencionarlo, nada hace más feliz a una Dama que reencontrarse con la autoridad que la corresponde. Suave, benéfica y curativa, la mujer es el verdadero sujeto de poder. Se acercan tiempos nuevos, colegas.

    4:00 | 11 Mayo 2009

  17. O: Interesante tu punto de vista. Sin duda que el patriarcado es tan gigantesco como injuso todavía, pero el avance y las conquistas de la mujer en todos los ámbitos será irresistible hasta la meta final, donde un matriarcado se expandirá en todo el esplendor de un nuevo poder.
    Un saludo de quién ya ha sido curado en forma benéfica, pero no del todo suave.
    Tengan cuidado ahí dentro.

    14:38 | 12 Mayo 2009

  18. Hola Ana, no me conoces (lo siento) pero te echo de menos.

    Un abrazo cálido.

    3:08 | 27 Junio 2009

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