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24 Junio, 2008

¿De dónde sacáis los chicos?

Publicado en: Preguntas, REVISTA DE DOMINACIÓN

Soy una mujer dominante desde siempre. En Internet hay muchas páginas dedicadas a la dominación femenina pero la tuya es, sinceramente, la más interesante que conozco. He descubierto y aprendido muchas cosas en tu blog y me parece muy completo, pero desde mi experiencia hay mucha literatura en tus colaboraciones. Yo he intentado varias veces establecer una relación de dominación femenina con un chico y nunca lo he conseguido, detesto a los machitos vagos y prepotentes. Por eso tengo casi cuarenta años y estoy sola. Solo una vez tuve una relación D/s y fue lo que llamáis “fantasía masturbatoria” de aquel chico, apenas duró unos días. En cambio me he llevado muchos disgustos y he sido tachada de loca y bruja por más de un noviete. Me encantaría saber de donde sacáis a los chicos. Hablo por supuesto de una relación seria y permanente. No me valen los colgados que buscan una Ama en Internet.

PD: ¿Existe algún dispositivo de castidad masculina que permita la erección?

Un saludo.
Carolina Bareyo

Ana Serantes:

Lo primero, Carolina, gracias por tu estímulo, y me alegro de que el blog te haya servido para descubrir y aprender cosas sobre la dominación femenina.

Después, dices que, desde tu experiencia, hay mucha literatura en mis colaboraciones. Desconozco cuál sea tu experiencia, pero me limito a responderte que procuro que no la haya, que los textos que publico respondan a vivencias reales y, como he contado en alguna ocasión, han sido unas cuantas las veces en las que no he publicado aportaciones por dudar que obedecieran a experiencias reales, por pensar que relataban fantasías. No obstante, cierto es que no puedo garantizar que siempre lo consiga.

Ahora, entremos en lo que planteas, que resumo brevemente: pese a tus intentos, no has conseguido establecer una relación de dominación femenina con un chico, lo que te lleva a preguntar: ¿de dónde sacáis los chicos? Comprenderás que no me resulte sencillo contestar, puesto que no bastaría, ni mucho menos, conque me limitara a sacar la conclusión de mi experiencia personal. Intentaré hacer alguna reflexión sobre la cuestión.

Creo que la mayor parte de las personas interesadas en la dominación femenina sacan los chicos, o las chicas, de los mismos lugares que quienes buscan relaciones corrientes y molientes: mayoritariamente de sus amistades y de sus lugares de trabajo. En efecto, son muchas las personas que encuentran su pareja en el amigo de una amiga o en la amiga de un amigo, y también en un compañero de trabajo o en un conocido de un compañero de trabajo. Estas son, según los sociólogos, y junto con los compañeros de estudios en un primer estadio de la vida, las fuentes principales de donde brotan esos chicos a los que te refieres. Y no creo que cambie mucho la situación entre quienes buscamos relaciones de dominación y sumisión.

Ahora bien, entre toda esa gente “corriente” existen también muchas mujeres en tu situación: acercándose a la cuarentena y… solas. Unas, a la búsqueda de una relación, y lamentándose de que los hombres que merecen la pena están ya cogidos; otras, desencantadas con los hombres y construyendo su vida en singular. Este es un fenómeno típicamente actual: las mujeres dejaron de conformarse con cualquier hombre y, en consecuencia, son muchas las que están solas, las que prefieren estar solas que mal acompañadas. Tiempos de libertad… tiempos de soledad… porque no nos conformamos, porque queremos más y queremos mejor.

Además, y como bien sabemos, hay mujeres a las que les cuesta relacionarse más que a otras, y las hay que alcanzan el éxito con tanta facilidad como esfuerzo les cuesta a otras. Es cuestión de posición social, de habilidad relacional, de físico, de ganas… En fin, que es cuestión de muchas cosas. Y como desconozco en qué situación estás, Carolina, pues me limito a poner sobre la mesa este asunto tan general como seguro que de poca ayuda para ti.

Paso ahora a elucubrar un poco sobre una de tus frases: “ me he llevado muchos disgustos y he sido tachada de loca y bruja por más de un noviete”. Es decir, que paso ahora al siguiente estadio: he contactado con un chico, pero no ha habido manera de que quisiera pasar por el aro… de la dominación femenina.

Se me ocurren un par de criterios generales previos: uno es que creo que hay hombres, y pueden ser bastantes, que pueden tacharte de “loca y bruja” si les propones dominarles, pero eso no significa, ni mucho menos, que todos esos hombres se negaran de verdad a ser dominados. Unos cuantos de ellos pueden tener tendencias sumisas más o menos manifiestas, pero les costará reconocerlo si la situación no es la apropiada y si la intimidad no se ha construido previamente. Los siglos de cultura patriarcal no han sido en vano, el ego masculino tiene sus imágenes y se resiste al cambio, sobre todo en presencia de mujeres recién conocidas, con las que intenta comportarse como el macho que aprendió a ser. El otro criterio es que no sería muy inteligente plantearle a un varón de primeras y sin anestesia: “Voy a hacer contigo lo que ni te imaginas”. Y no sé cómo lo hayas intentado tú, Carolina, porque lo desconozco.

Creo que para intentar construir una relación de dominación femenina, como para cualquiera otra, debemos utilizar nuestras Armas de mujer. Esas armas que, en mi opinión, erróneamente denostaron muchas de las primeras femenistas y que tanto incomodan a veces a los hombres –porque las saben poderosas–. Utilizar el poder erótico que sobre los hombres nos ha proporcionado la biología, nuestra capacidad de seducción, lenta pero perseverante. A veces nos olvidamos de que, aunque la sociedad y nuestras costumbres hayan evolucionado tanto, nuestros cerebros siguen siendo los mismos de la Edad de piedra, que el cerebro femenino ha evolucionado en este terreno para seleccionar un compañero estable y fiable que nos asegure la mejor crianza de nuestra prole y, por lo tanto, para descartar a los que intuimos menos apropiados para la tarea. Cierto que hoy no es ese el criterio que nos mueve, pero cierto también que somos auténticas expertas en ese cometido. Y hay que utilizarlo para obtener lo que queremos, especialmente cuando lo que queremos nos beneficia sin perjudicar a nadie.

Sí, aunque suene desfasado, creo que debemos seguir haciéndonos de rogar, que debemos ponérselo difícil a los hombres, que debemos hacerles esperar, que debemos utilizar nuestro poder erótico para relacionarnos con ellos como deseamos. Y si lo que deseamos es una relación de dominación femenina, pues se trata de utilizar nuestras Armas de mujer para conseguirla. Algunos hombres cantarán albricias si se encuentran con una mujer decidida a dominarles; otros, necesitarán de una mano femenina que les descubra y les guíe, poco a poco, por la senda de la sumisión. A veces, muchas veces… vaselina es lo recomendado.

Desde esta perspectiva, Carolina, quizá pueda darte alguna idea el pequeño decálogo, y necesariamente limitado y esquemático, que le escribí hace casi cuatro años a una mujer –que, ¡casualidad!, tiene el mismo nombre que tú– que me pedía ayuda para dominar a un novio que se negaba a ser dominado. (Lo he preparado para que salga hoy en la Revista, y lo encontrarás por el medio de esa larga entrada titulada: “Correspondencia sobre un comienzo peculiar”.

No quisiera terminar sin referirme a una frase tuya que me resulta un poco lapidaria: “Hablo por supuesto de una relación seria y permanente. No me valen los colgados que buscan una Ama en Internet”. Carolina, por medio de Internet se relacionan hoy millones de personas (sólo en España, los estudios hablan de entre cinco y siete millones de personas utilizando las páginas de contactos), y han sido unas cuantas de ellas a las que el éxito ha acompañado en su intento de establecer “una relación seria y permanente”. Por supuesto que existen lo que llamas “colgados que buscan Ama en Internet”, pero no son colgados todos los que buscan en Internet una mujer dominante con la que relacionarse. Cierto que esos intentos hay que trabajárselos, que hay que empezar por establecer una correspondencia que dibuje la personalidad de aquel con quien te escribes, que después habrá que acudir al teléfono y que más tarde llegará el momento de verse. Y después…

Internet es sólo una herramienta y, como todas, hay quienes la utilizan mejor y quienes poco partido le sacan. Pero, desde luego, Internet ha sido una herramienta básica para la expansión que hoy vive la dominación femenina. Y lo ha sido, entre otras razones, por haber permitido establecer contactos desde el anonimato, por haber permitido a las personas desinhibirse en los primeros momentos, decir lo que no se atreverían a decir cara a cara. Dicho de otro modo, les ha permitido construir intimidad incluso antes de verse las caras. Vamos, que, bien utilizada, es una herramienta maravillosa.

Bueno, Carolina, aquí termino. Y estoy segura de que lo que he escrito no resolverá tu problema, pero considéralo como una pequeña sugerencia, o como el principio de una conversación, que podemos seguir: ahí está mi correo electrónico y aquí, los comentarios de esta entrada para continuar charlando.

Un abrazo y mis mejores deseos.

PD: “¿Existe algún dispositivo de castidad masculina que permita la erección?”. No, no existe ningún aparato de castidad masculina que permita la erección, porque si lo permitiera no cumpliría la función para la que se ha fabricado: si permitiera la erección, permitiría la eyaculación.


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