Paso a paso
Publicado en: Experiencias, REVISTA DE DOMINACIÓN
Jorge Sánchez
Pronto va a hacer un año desde que hice mi primera intervención en el Blog de Ana, explicando mi deseo de reconvertir nuestro matrimonio en uno de Dominación Femenina, y mis erróneos planteamientos iniciales (“Un comienzo apresurado“). Después vino el comprensible varapalo de Ana, otro escrito mío (“Un comienzo apresurado II“), acompañado por la respuesta, esta vez más cariñosa, de Ana, y un nuevo escrito, esta vez de mi esposa María (“Un comienzo apresurado III“), a la que Ana también aconsejó sabiamente.
Después de todo esto, considero que debo algo tanto a Ana como a los lectores y seguidores de este blog, y muy especialmente, a quienes con sus comentarios, nos aportaron también su ayuda. Y ese algo, es lo que ha pasado a lo largo de este año y a qué punto hemos llegado, aunque no sea mucho.
Pues bien, después del “apresurado comienzo” descrito en las tres entradas citadas, iniciamos las vacaciones de verano con ganas y entusiasmo, que nos llevaron a vivir las dos o tres semanas mejores de nuestra vida. Pero… un suceso inesperado, sin relación alguna con la Dominación Femenina, y que prefiero no detallar, me hizo caer en un estado depresivo que nos estropeó las vacaciones, y me llevó a dejar de lado nuestro intento. No puedo culpar a mi esposa: lo estaba intentando con todo su esfuerzo y, como me dijo Ana, yo lo fastidié.
Esta situación se prolongó prácticamente hasta Navidades, momento en el que cierta correspondencia privada mantenida con Ana, así como la traducción para su blog de algunos artículos, que, presentaban situaciones de alguna manera muy parecidas a la nuestra (“La única regla” y, sobre todo “Mucha paciencia” y alguno más quizá no publicado), me decidieron a preguntarle a María si me perdonaba por todo lo sucedido y si le gustaría intentarlo de nuevo, pero esta vez a su manera, a su ritmo, sin presiones y tratando de aplicar la “regla de Wilson” o “la única regla”. Previamente, ella me había confesado que la breve experiencia veraniega le había gustado y le había parecido interesante.
Y en eso hemos estado desde entonces y hasta ahora; con altibajos, con paciencia salpicada de impaciencia de vez en cuando, a su servicio para todo lo que ha querido, hasta que, ocasionalmente y en las últimas semanas, hemos llegado a momentos parecidos a los del verano pasado.
¿Todo hecho y resuelto? No, ni hablar, afortunadamente queda mucho por andar.
¿Problemas? Sí, claro. Algunos que veo:
Por mi parte:
- Mi impaciencia, mi maldita impaciencia que a veces se me escapa.
- Mi ansia de “regalos”, de sus preciosos regalos; sus “sesiones de dominación” que siempre se me hacen cortas y escasas y que, de todos modos, le agradezco profundamente.
- Mi comodidad, que en algunos momentos se opone a cumplir sus deseos.
- Mi falta de imaginación (sí, ahora también me falta a mí) para hallar nuevas maneras de complacerla.
- En resumen, un egoísmo, asentado de años, que cuesta superar, y que, demasiado a menudo me impulsa a buscar el intercambio en vez de la entrega incondicional, o el hacer solo por cumplir, con poco esfuerzo y con poca entrega.
Por la suya:
- Su generosidad, que le hace difícil exigirme más tiempo y entrega.
- Su entrega y su espíritu de servicio a la familia a los que le cuesta renunciar.
- Su poca dureza hacia mí y mis fallos, que siempre trata de disculpar, aunque sean inexcusables.
- Su escaso empleo de “trucos” para mantenerme bajo su control (sí, ya sé que eso es mi responsabilidad, pero hay cosas que también ayudan).
- En resumen, una resignación a la situación vivida durante tantos años, que le cuesta romper y le hace conformarse con lo que haya sin buscar nada más.
Como se ve, pues, nada está hecho. Me falta entrega, pero también estímulos (sí, claro que disfruto haciéndola feliz, pero a veces querría algo más). Y a ella le falta un sano egoísmo para anteponer sus deseos y sus necesidades a los míos, y unos buenos deseos de exploración de este nuevo mundo.
Seguimos en el intento y… cualquier consejo nos puede ayudar.
Quiero también aprovechar este escrito para agradecer a Ana, públicamente, toda la ayuda (pública y privada) que nos ha brindado, y para animarla a continuar con este blog que a nosotros tanto nos ha ayudado (sé que vuelve a pasar momentos bajos al respecto y animo a todos los seguidores del blog a que la reconfortéis con vuestro apoyo).
Un saludo para todos, y uno muy especial para Ana.
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