Sobre Ana
Nací el año 1966 en Madrid. Fui la primera hija de una familia de clase media; 6 años después, llegaría mi hermana.
1984. Empecé a estudiar Psicología en la Universidad Complutense de Madrid. Conocí a mi futuro marido, Eduardo, que era profesor en la vecina Facultad de Económicas.
1985. Comencé a salir con Eduardo a principios de año (todavía tenía 18 años, 14 menos que él). Con la llegada del verano, me dí cuenta de que estaba embarazada. Nos casamos a finales de septiembre. Además de embarazada, estaba completamente enamorada.
1986. En enero nació mi hija Clara. Era una preciosidad. Lo sigue siendo. Yo no había cumplido aún los 20 años.
1991. Después de siete años, por fin, conseguí licenciarme en Psicología. La niña y las tareas de la casa no me permitieron hacer la carrera universitaria en condiciones muy favorables. Nunca he ejercido como psicóloga.
1992. Comencé a trabajar en una pequeña empresa de un amigo de Eduardo. Aunque mi sueldo no era demasiado alto, tenía una jornada de cinco horas que me permitía atender a mi hija, a mi casa y… a mi marido. Y disfrutaba de un trabajo y de una empresa con los que estaba comprometida.
1994. Descubrí que Eduardo tenía un lío con una de sus alumnas. La crisis de nuestra pareja se arregló tras mi decepción, sus muestras de arrepentimiento y sus reiteradas promesas de que no volvería a ocurrir nunca más. Volvió a ocurrir.
1995. Planeábamos trasladarnos los tres a Estados Unidos en el verano, donde una universidad había contratado a Eduardo como profesor. Dos meses antes de la fecha prevista para el viaje, mi marido me dejó, y se fue a América con otra de sus estudiantes. Faltaron tres meses para que se cumplieran los diez años de matrimonio. Tenía 29 años, una niña de 9, la necesidad de buscar un trabajo mejor pagado y… estaba hecha polvo.
1996. La presencia de Clara me obligó a salir adelante con rapidez. Tras unos meses realmente malos, conseguí un nuevo trabajo en una empresa de mayor tamaño, con mayor sueldo, mayor responsabilidad y mayor jornada laboral. Mi tiempo se convirtió en un bien realmente escaso, pero el sueldo y lo que me pasaba Eduardo me permitieron hacer frente amis gastos y a los de mi hija.
1997. Mi ex-marido se casó en Estados Unidos con su estudiante. Y yo me convertí en una madre divorciada de 31 años, y con una buena dosis de rencor contra el género masculino en su conjunto. Fue entonces cuando tuve conciencia por primera vez de que la dominación femenina era algo más que el comportamiento sexual de personas un poco raras. Después de dos años de abstinencia, llegó mi primera aventura sexual y de dominación. No fue gran cosa.
2000. Mi hija Clara se fue a vivir con su padre a Estados Unidos en el verano de ese año, para empezar su nine grade en la High School (y allí decidió quedarse después para estudiar en la Universidad). Me quedé sola; y la echaba de menos. Pero también me quedé más libre para mis “aventuras”.
2002. Conocí a “mi chico”, a Miguel. Tenía nueve años menos que yo, y ni se le pasaba por cabeza la idea de someterse a una mujer. Desde entonces, vive para servirme y complacerme; y yo vivo como una reina… enamorada.
2004. A principios de ese año, Miguel y yo montamos en Internet la revista de dominación femenina (www.DominacionFemenina.net), que dejó de publicarse en enero de 2006.
2008. “De vuelta a la Red” con este blog.

