Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Doble aniversario

Hoy celebro un doble aniversario. Y cae otra vez en sábado el 10 de mayo. Lo mismo que hace once años, el día en el que me encontré con mi amiga Soledad y tomé la decisión de adentrarme en el mar de la dominación femenina (“De cómo floreció la dominación IV”). Fue en 1998 la primera vez que Soledad y yo celebramos el primer año de mi “florecimiento”. Y ,desde entonces y siempre en sábado, festejamos también el aniversario de la primera ocasión en la que hice el amor con una mujer, con ella. Diez celebraciones llevamos. Y hoy será la undécima.

De cómo floreció la dominación IV

Llevaba prácticamente un mes con aquel juego, con aquella forma de vestir, y rastreaba en busca de unas miradas que me costaba interpretar y más aún relacionar con la dominación femenina. ¿Cómo iba a hacerlo si apenas sabía de qué se trataba en realidad? Hoy pienso que en las miradas que recolectaba tenía que haber bastante mayor dosis de sumisión de la que entonces yo era capaz percibir. Me daba cuenta de que algo había cambiado en la forma en la que algunos hombres me escudriñaban, pero no sabía muy bien qué era lo que había cambiado.

De cómo floreció la dominación III

Me costaba encontrar la relación entre la dominación femenina y el juego que me había propuesto Soledad, pero allí estaba, frente al espejo, preparada para jugarlo: chaqueta de traje, camisa blanca y, desde ahí, todo el negro de la falda de cuero, las medias y los zapatos de tacón alto. Mi primera impresión se limitaba a la pequeña extrañeza que me causaba verme a mí misma vestida de una manera tan formal: una seria ejecutiva parecía haber sustituido a la Ana informal y de más alegre atuendo a la que yo estaba acostumbrada. Me sentí de algún modo disfrazada. Y me fui para el trabajo con el disfraz de jugadora de una partida de la que desconocía hasta las reglas.

De cómo floreció la dominación II

La animadversión hacia los hombres que se instaló en mí tras ser abandonada por mi marido no produjo ningún cambio significativo en mi manera de entender las relaciones con ellos hasta que no transcurrió bastante tiempo. Y la mecha que inició la transformación, que luego sí fue ciertamente más rápida, no la encendió un hombre, sino una mujer.

De cómo floreció la dominación I

Como había anunciado, voy a escribir también algo sobre mi vida. Y creo que lo mejor para empezar será ir contando mi descubrimiento de la dominación femenina. Al contrario que la mayoría de las mujeres dominantes, yo no desarrollé esa faceta de mi personalidad a raíz de que un hombre me animara a someterle. De hecho, ese camino se abrió ante mí precisamente cuando me encontré sola, después de que me abandonara mi marido a principios del verano de 1995.

Un apunte biográfico

Como pienso escribir sobre mí, y supongo que habrá lectores interesados en ello, comenzaré por colgar aquí el apunte biográfico que he escrito para la página informativa “Sobre Ana”. Así pues, la primera aproximación a la historia de mi vida:

Nací el año 1966 en Madrid. Fui la primera hija de una familia de clase media; 6 años después, llegaría mi hermana.


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