Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Carolina ya lo ha conseguido

A principios del pasado verano escribió Carolina Bareyo preguntando: “¿De dónde sacáis los chicos?”. Porque tenía sus dudas: “desde mi experiencia hay mucha literatura en tus colaboraciones. Yo he intentado varias veces establecer una relación de dominación femenina con un chico y nunca lo he conseguido”. Pues ya lo ha conseguido. Y ahora escribe por un problema que tiene con el chico conseguido.

Eva quiere dominar a su marido

La situación más extendida en este mundillo es aquella en que un hombre intenta introducir a su compañera en la dominación femenina. No obstante, comienza a no resultar tan extraño que sean algunas mujeres las que se plantean que dominar a su hombre puede ser un buen camino en la construcción o reconstrucción de su relación de pareja. La transformación del papel de las mujeres en la sociedad y en las relaciones personales nos va abriendo nuevas posibilidades. Y Eva se plantea esta posibilidad en el comentario que introdujo en el blog el domingo:

Una visión peculiar de la infidelidad

Leo en Mi insecto insignificante la entrevista que le hacen a Spirit: “Los celos en los sumisos”. Y pienso en que la práctica de la infidelidad por parte de la mujer dominante es asunto peliagudo, en lo difícil que resulta someterse de verdad a otra persona, en cómo desaparece la habitual ironía de Spirit cuando el peligro acecha y en la peculiar visión de la dominación femenina que traslucen sus palabras. Veamos la entrevista:

Un año del blog II

Cuando se hace un blog sobre dominación femenina como éste, imagino que se entiende que en ocasiones una se deje llevar por cosas que le dan vueltas en la cabeza, y que las plasme sin especial acierto. Quizá eso es lo que me pasó con la última entrada. Y quizá de ahí los comentarios. Pero quiero dejar claro que los agradezco, tanto los que comprenden mi desánimo como los que lo critican. Trataré de añadir algo al hilo de esas críticas. Y comenzaré por “una crítica tan dura”, según dice ella misma, como la de Amy:

El espíritu de la contradicción

¿Basta con una regla?

No hay más que leer este blog para darse cuenta de cuál es la preocupación más extendida entre los hombres sumisos: ¿Cómo iniciar a sus compañeras en la dominación femenina? Una de las posibles respuestas la encontramos en la reciente entrada “La única regla”, donde Wilson nos cuenta cómo se transformó su relación: “La única regla era que ella pusiera las reglas y yo las obedecería”. ¿Es tan sencillo? Jorge Sánchez, que tradujo el texto, ve un par de riesgos que anteayer planteaba en su comentario:

Yo no creo

No es infrecuente escuchar en foros como este a quienes muestran su incredulidad ante la posibilidad de que la dominación femenina constituya el modo de vida de una pareja. Para las personas que así piensan, la dominación femenina suele ser una actividad limitada al terreno de la sexualidad, una forma de enriquecer la sexualidad. Así lo escribía en su comentario en la última entrada de este Diario “Pasaba por aquí”:

Un parecer

La entrada de ayer del blog, “Es demasiado, corazón”, da cuenta de la experiencia de una relación de dominación femenina fuerte. Quizá tan fuerte que ha provocado algunas dudas. Jvrsum: “Me parece una exposición y pregunta y una respuesta digna de ser valorada, reflexionada y cuestionada. Pero me gustaría, lo reconozco, saber previamente el parecer de Ana Serantes”. Y Amy: “A mi me pasa lo mismo que a jvrsum”. Pues veamos cuál es mi parecer… y sigamos charlando.

Coacción II

Las mujeres sabemos que son bastantes los hombres que van de duros, de autosuficientes, pero a los que en cuanto no les haces mucho caso, pues se quejan o se enfurruñan. Y los sumisos no constituyen la excepción, también se amohínan cuando no estamos pendientes de ellos. Y pasa también en el blog, y no es DeMarte el primero que se siente desatendido por “la dueña del blog” y que, por ese motivo, reclama atención:

Coacción

La corrección política invade hoy día todos los espacios, y el eufemismo se ha convertido en componente habitual de nuestro lenguaje, es decir, que está mal visto llamar a las cosas por su nombre. Sé que es así, pero no deja de llamarme la atención que también así suceda entre quienes participan en un blog sobre la dominación femenina, por lo que me sorprendió que la semana pasada deMarte casi se escandalizara por lo que conté en las dos entradas tituladas “El regalo”, porque de coacción se trata. Y parece que está feo.


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