Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Yo no creo

No es infrecuente escuchar en foros como este a quienes muestran su incredulidad ante la posibilidad de que la dominación femenina constituya el modo de vida de una pareja. Para las personas que así piensan, la dominación femenina suele ser una actividad limitada al terreno de la sexualidad, una forma de enriquecer la sexualidad. Así lo escribía en su comentario en la última entrada de este Diario “Pasaba por aquí”:

Un parecer

La entrada de ayer del blog, “Es demasiado, corazón”, da cuenta de la experiencia de una relación de dominación femenina fuerte. Quizá tan fuerte que ha provocado algunas dudas. Jvrsum: “Me parece una exposición y pregunta y una respuesta digna de ser valorada, reflexionada y cuestionada. Pero me gustaría, lo reconozco, saber previamente el parecer de Ana Serantes”. Y Amy: “A mi me pasa lo mismo que a jvrsum”. Pues veamos cuál es mi parecer… y sigamos charlando.

Coacción II

Las mujeres sabemos que son bastantes los hombres que van de duros, de autosuficientes, pero a los que en cuanto no les haces mucho caso, pues se quejan o se enfurruñan. Y los sumisos no constituyen la excepción, también se amohínan cuando no estamos pendientes de ellos. Y pasa también en el blog, y no es DeMarte el primero que se siente desatendido por “la dueña del blog” y que, por ese motivo, reclama atención:

Coacción

La corrección política invade hoy día todos los espacios, y el eufemismo se ha convertido en componente habitual de nuestro lenguaje, es decir, que está mal visto llamar a las cosas por su nombre. Sé que es así, pero no deja de llamarme la atención que también así suceda entre quienes participan en un blog sobre la dominación femenina, por lo que me sorprendió que la semana pasada deMarte casi se escandalizara por lo que conté en las dos entradas tituladas “El regalo”, porque de coacción se trata. Y parece que está feo.

El tarro de las esencias

Perdonen los lectores de otros lares, pero volvemos a la vieja España, a la de las esencias. Aunque sea –ver para creer– para hablar de la dominación femenina. Un par de comentarios en la entrada anterior de este diario nos traen una vez más la vieja costumbre española de discutir sobre las esencias en lugar de sobre los problemas de cada momento, de discutir sobre lo que somos en lugar de sobre lo que hacemos. “Que inventen ellos”, decía Miguel de Unamuno, que nosotros tenemos nuestra esencia. Y entonces era cristiana la esencia de España; casi tan católica como la esencia de Cataluña o la del País Vasco. Siempre a vueltas con las esencias.

Hombres que nos gustan

Parte de la conversación que surgió en los comentarios de la última entrada de este Diario, “Incredulidad y testosterona”, versó sobre el tipo de hombres que supuestamente nos gustan a las mujeres que practicamos la dominación femenina. Y da la impresión de que la mayoría de los intervinientes varones piensa que a las mujeres dominantes, y a las no dominantes, nos gustan los hombres fuertes y nos disgustan los blanditos. Así lo expresan algunos de los contertulios:

Volvamos a la dominación femenina II

Sobre los límites en las relaciones de dominación femenina hablamos, y Adrián da un paso más en la conversación, tratando de sobrepasar el límite en el que yo me quedé en la entrada del viernes. Hace bien. Porque busca profundizar en la conversación, porque de un diálogo bien planteado, es decir, del replanteamiento de las ideas de cada cual, es desde donde todos podemos aclarar nuestras dudas y entender mejor nuestras relaciones de dominación femenina y, en consecuencia, progresar en ellas. Y para ello, para ayudarnos unos a otros, debería servir este blog. Veamos lo que Adrián plantea en su comentario:

Volvamos a la dominación femenina

Tomé nota de una idea que Adrián vertía en un comentario el martes: “A mi juicio en cualquier actividad de Dominación el consenso del sumiso es fundamental, de hecho el éxito de una buena Ama es lograr en su sumiso un estado tal en que acepte de buen grado todo lo que ella le ordene y hasta incluso, lo desee”. Y lo hice porque me parece que en esa afirmación hay materia para reflexionar, pero lo haré no sobre “cualquier actividad”, sino desde la perspectiva de quien mantiene una relación de dominación femenina estable.

Cerebro cavernícola II

Concluía mi entrada de ayer diciendo que no termina de parecerme correcto el planteamiento de que las mujeres nos sintiéramos atraídas desde la Prehistoria por los hombres de “recursos materiales y estatus social” o “bien situados en el plano socioeconómico”. Cierto que esa idea de algún modo me trae la imagen de la mujer como sumisa y que, quizá, como convencida practicante de la dominación femenina que soy, me resista. No obstante, trataré de que no se me note mucho, de dejar a un lado en lo posible los prejuicios al exponer mi postura.

Cerebro cavernícola

Hemos hablado en los días pasados, entre otras cosas, de la relación entre la dominación femenina y los instintos o la naturaleza de las mujeres. Y me gustaría reflexionar un poco más sobre un aspecto concreto de la aportación de Iván al debate, sobre lo lentamente que ha evolucionado el cerebro humano con relación a las transformaciones sociales y cómo ese cerebro “cavernícola” provoca que las mujeres se sientan atraídas por “hombres bien situados en el plano socioeconómico”. Así lo escribió Iván:


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