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	<title>Blog de Ana Serantes &#187; Diálogos</title>
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	<description>Diario de una dominante</description>
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		<title>Carolina ya lo ha conseguido</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Mar 2009 05:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos]]></category>

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		<description><![CDATA[A principios del pasado verano escribió Carolina Bareyo preguntando: “¿De dónde sacáis los chicos?”. Porque tenía sus dudas: “desde mi experiencia hay mucha literatura en tus colaboraciones. Yo he intentado varias veces establecer una relación de dominación femenina con un chico y nunca lo he conseguido”. Pues ya lo ha conseguido. Y ahora escribe por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A principios del pasado verano escribió Carolina Bareyo preguntando: “<a href=" http://anaserantes.com/2008/de-donde-sacais-los-chicos/">¿De dónde sacáis los chicos?</a>”. Porque tenía sus dudas: “desde mi experiencia hay mucha literatura en tus colaboraciones. Yo he intentado varias veces establecer una relación de dominación femenina con un chico y nunca lo he conseguido”. Pues ya lo ha conseguido. Y ahora escribe por un problema que tiene con el chico conseguido.<span id="more-667"></span></p>
<div class="blockquote">Hola Ana, no sé si recuerdas que hace más o menos un año me puse en contacto contigo para preguntarte de dónde sacáis a los chicos. Tú tuviste la amabilidad de responderme, por lo cual te estoy agradecida. Te dije que te escribiría si tenía alguna novedad. Pues bien, la tengo: llevo varios meses con una relación de dominación femenina con un chico. No fue difícil establecerla, simplemente se lo planteé y él lo aceptó. Creo que al principio lo tomó como una broma, pero poco a poco lo ha ido interiorizando. Sé que ha sido muy bueno para los dos, ya que ha adelgazado y dejado de beber gracias a mí, y yo me encuentro atendida y cuidada por él.<br />
<br />
Sin embargo, encuentro que últimamente hay en él cierta rebeldía, es como si estuviera retándome continuamente Después se arrepiente y se disculpa por su desobediencia, pero no estoy segura de que sea sincero. A veces pienso que le gusta el castigo y lo busca conscientemente, con lo cual el castigo no sería tal. Incluso ha llegado a mandarme a la mierda esperando que luego le abofetee, y lo ha conseguido. Me encuentro en un callejón sin salida y por ello te pido consejo.<br />
 <br />
También quería preguntarte si sabes cómo conseguir un CB 2000 ya que el dispositivo que uso no es más que un juguete comprado en un sexshop que él se puede quitar sin que yo lo note.<br />
<br />
Muchas gracias de antemano,<br />
Carolina Bareyo</div>
<p>Lo primero que hay que hacer en una situación así resulta obvio: hay que hablar con tu pareja y plantearle claramente las dudas sobre su comportamiento y cómo te sientes. Porque aunque sea obvio, lo cierto es que a veces damos por supuestas las cosas en lugar de tratar de hablarlo con nuestra pareja, y a veces nos podemos equivocar de medio a medio. Claro que si la relación es de dominación femenina, Carolina, además de hablar con él hay que exigirle que se comporte como debe, como el sumiso que es y que tú te mereces. La buena comunicación es casi siempre la mejor solución a la mayoría de los problemas que surgen en una pareja.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2009/090326-manuel-rebollo-01.jpg" alt="090326-manuel-rebollo-01" title="090326-manuel-rebollo-01" width="250" height="250" class="alignleft size-full wp-image-669" /></p>
<p>Como entenderás, yo no puedo saber si te está retando, si te está provocando para que le castigues, si está tratando de “dominarte desde abajo”, pero bien pudiera ser, porque es un comportamiento que en absoluto es extraño en los sumisos. Y si es el caso, ¿qué hacer?</p>
<p>Pues puedes empezar, como te decía, por hablarlo con claridad con él. Pero también puedes empezar, si lo prefieres, por darle una lección de dominación antes de tener la conversación, esto es, por ponerle en su sitio de forma expeditiva y, claro está, de poner de manifiesto tu dominio sobre él.</p>
<p>Por supuesto que abofetearle cuando es lo que está buscando no es un castigo, como bien te planteas. Por lo tanto, tienes que castigarle de una forma que de verdad lo sea. Y tienes dos formas de hacerlo, que puesto que no son excluyentes se pueden combinar. La primera, la más teatral, es proporcionarle un castigo físico que no olvide fácilmente, que de verdad sea un castigo que no quiera que se repita. Carolina, los hombres aguantan físicamente más de lo que dan a entender, así que le puedes zurrar o hacerle sufrir un castigo físico hasta un nivel que desde luego no desee. Y lo puedes hacer unas cuantas veces a lo largo de unos días, hasta que tenga claro que no le conviene volver a provocarte de ese modo. Y puedes combinar esos castigos con las consiguientes súplicas de perdón y propósito de enmienda posteriores a cada castigo. Además, ese período de castigo lo puedes acompañar con la privación sexual y con tareas que tenga realizar para resarcirte por lo mal que te está sirviendo.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2009/090326-manuel-rebollo-02.jpg" alt="090326-manuel-rebollo-02" title="090326-manuel-rebollo-02" width="250" height="445" class="alignleft size-full wp-image-671" /></p>
<p>Esta primera forma de castigarle es la quizá la más utilizada por las mujeres dominantes que se encuentran con un sumiso que se vuelve “rebelde”, que provoca para ser castigado. Sin embargo, para mí que la segunda forma resulta más efectiva y lógica en una relación de dominación femenina. ¿Cuál es? Pues el mayor castigo o amenaza que le puedes hacer a un hombre sumiso: dejar de dominarle si su comportamiento no es digno de que lo hagas. Plantearle con claridad que el privilegio de tu dominio y su ejercicio es algo que se tiene que ganar con su conducta, su servicio y su devoción por ti, y que no lo tendrá si no se lo gana. En fin, que ni sexo ni dominación hasta que a ti no te apetezca proporcionárselos, y que no te apetecerá hasta que él se comporte de manera que estimule en ti esa apetencia.</p>
<p>Una variante de esta segunda forma es separarle temporalmente de ti: una o dos semanas fuera, para que se piense bien lo que está haciendo y lo que quiere, y que vuelva diciéndote claramente si va a modificar su conducta a partir de ese momento, si se va a ganar el sitio a tu lado. La distancia suele ser un buen reconstituyente para muchas pequeñas crisis en las parejas.</p>
<p>Bueno, Carolina, esto es lo que se me ocurre decirte. Y como escribía, puedes combinar las dos formas a las que me refería: un buen castigo y el alejamiento temporal o la amenaza de dejar de dominarle. Ahora bien, lo hagas como lo hagas, que sea de forma dominante y que él perciba con claridad que la cosa va en serio, que has decidido tomar de verdad las riendas de vuestra relación. Espero que te vaya bien, que estoy segura de que te irá, y si tienes alguna duda, pues aquí estoy.</p>
<p>PD: El <a href="http://www.cb-2000.com/">CB-2000</a>, o los modelos posteriores, lo puedes conseguir por medio de Internet, porque el servicio de esta compañía es muy bueno (en dos o tres semanas lo tendrás en casa). No obstante, tampoco estos aparatos de castidad son el colmo de la seguridad. Para que la seguridad sea absoluta hay que irse a cinturones de castidad, bastante más aparatosos, caros y difíciles de conseguir, porque suelen hacerse a medida. Si dominas un poco el inglés, puedes acudir a la página web de <a href="http://www.tpe.com/~altarboy/newstuff.php">Altarboy</a> para aclararte y ver lo que hay por ahí.</p>
<div class="small">[Dibujos de <a href="http://manuelrebollo.blogspot.com/">Manuel Rebollo</a>]</div>
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		<title>Eva quiere dominar a su marido</title>
		<link>http://anaserantes.com/2009/eva-quiere-dominar-a-su-marido/</link>
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		<pubDate>Mon, 02 Mar 2009 05:00:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos]]></category>

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		<description><![CDATA[La situación más extendida en este mundillo es aquella en que un hombre intenta introducir a su compañera en la dominación femenina. No obstante, comienza a no resultar tan extraño que sean algunas mujeres las que se plantean que dominar a su hombre puede ser un buen camino en la construcción o reconstrucción de su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La situación más extendida en este mundillo es aquella en que un hombre intenta introducir a su compañera en la dominación femenina. No obstante, comienza a no resultar tan extraño que sean algunas mujeres las que se plantean que dominar a su hombre puede ser un buen camino en la construcción o reconstrucción de su relación de pareja. La transformación del papel de las mujeres en la sociedad y en las relaciones personales nos va abriendo nuevas posibilidades. Y Eva se plantea esta posibilidad en el comentario que introdujo en el blog el domingo:<span id="more-654"></span></p>
<div class="blockquote">Estimada Ana:<br />
Me llamo Eva, me dirijo a ti en busca de asesoramiento. Mi tema es el siguiente, estoy casada desde hace 15 años con un hombre un tanto machista, que no me ayuda en nada y tiene tiempo para el fútbol y los amigos menos para mí. Me siento como la cenicienta. He estado buscando por internet una forma psicológica que me ayudara a que él comprendiera que el matrimonio es cosa de dos y que yo no tengo por qué ser su criada. No he encontrado nada parecido, pero sí he dado con tu manual de dominación femenina. En principio, no pretendía algo tan drástico, pero visto lo que hay no me importaría que se convirtiera en mi perrito faldero comiendo de mi mano. Es más, leyendo tu manual, he sentido un morbo que me ha agradado con sumo interés. El pensar cambiar la vida de mi marido en provecho mío y tenerlo a mi voluntad, te confieso que me erotiza con gusto. El leer tu manual me ha hecho sentir superior y con ganas de ponerlo en práctica.<br />
La cuestión es la siguiente: a una persona como ésta, que nunca a dado muestra de ser sumiso, y a la cual le he insinuado el tema y no ha demostrado mucho interés, qué pautas he de seguir para darle la vuelta.<br />
Querida Ana, te pido por favor que me ayudes a conseguirlo.<br />
Espero tus noticias con un saludo de:<br />
DOMINO EVA</div>
<p>Eva, un par de cuestiones previas para comenzar: el “manual” al que te refieres no es mio, sino de Elise Sutton. Y yo, al contrario que ella, no creo que las mujeres seamos superiores a los hombres, ni que haga falta sentirse superior para que la dominación femenina funcione.</p>
<p>¿Qué pienso yo que hace falta para que la dominación femenina funcione? Pues que quieran funcionar así los dos integrantes de la pareja. Desde este punto de partida, y puesto que tu marido no lo quiere, parecería que estuvieras condenada a renunciar a lo que te planteas. En efecto, no creo que se deba obligar a nadie a hacer lo que no quiere hacer en una relación entre dos personas libres, es decir, no creo que se deba dominar a nadie contra su voluntad. Y es por eso por lo que acostumbramos a decir que la dominación femenina, o el BDSM, es una forma “sana, segura y consensuada” de relación entre dos personas.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2009/090302-schwarze-mondblume-01.jpg" alt="090302-schwarze-mondblume-01" title="090302-schwarze-mondblume-01" width="275" height="413" class="alignleft size-full wp-image-657" /></p>
<p>Sin embargo, lo dicho no significa, Eva, que no puedas intentar construir una relación de dominación femenina con tu hombre. Lo que significa es que no podrás hacerlo contra su voluntad, sino que sólo podrás dominarle si consigues que quiera que le domines, si eres capaz de descubrirle el placer de la sumisión. </p>
<p>Y se puede hacer. Y tienes tus buenas posibilidades de éxito, porque ser dominado por una mujer es, con diferencia, la fantasía erótica más extendida entre los hombres: al menos tres de cada cuatro tienen esa fantasía. Por supuesto, no podemos concluir que todo el que tenga una fantasía quiera convertirla en realidad, pero es una buena base de partida el hecho de que la gran mayoría de los hombres fantaseen con ser dominados por una mujer. No obstante, a esa fantasía se opone en muchos casos la tradición patriarcal de la sociedad y, en consecuencia, la educación de muchos hombres. Tradición y educación que les hace ver la posibilidad de ser dominados por una mujer como una perversión de lo que suelen considerar la auténtica hombría. Y puesto que dices que tu marido es “un tanto machista”, no resulta improbable que sea uno de estos hombres que estén poco dispuestos a contemplar la dominación femenina como una forma aceptable de relación de pareja.</p>
<p>¿Cómo intentarlo entonces, que es lo que me preguntas? Pues creo, Eva, que debes intentarlo desde la cama. Creo que tienes que empezar por transformar paulatinamente la forma de vuestra relación sexual. Yo comenzaría por proponerle la dominación femenina de manera muy suave, y no muy explícita, exclusivamente como juego erótico. No plantearía ninguna dominación fuera del dormitorio, me limitaría a los juegos de cama. Y lo haría muy poco a poco. Me daría tiempo para ir estudiando sus reacciones, lo que le gusta y lo que le disgusta, o lo que le gusta más y lo que le gusta menos. Pero sobre todo, me daría tiempo para irle enseñando o descubriendo otra forma de hacer el amor: una forma en la que, poco a poco, vaya descubriendo el placer de darte de placer, el placer de servirte sexualmente.</p>
<p>¿Le gustará la transformación de vuestra sexualidad? Es más que probable que le guste, sobre todo si a ti te gusta, si en efecto eres capaz de disfrutar de ese “morbo” que dices haber sentido al leer textos de este blog. Porque si a ti te gusta el cambio, significará que estarás más activa en la cama, y lo normal es que él, aunque no hubiera elegido esta forma de hacerlo, esté encantado con el cambio. A todos nos gusta gustar, así que a todos nos encanta percibir el deseo sexual de nuestra pareja por nosotros&#8230; pero a los hombres aún más.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2009/090302-schwarze-mondblume-02.jpg" alt="090302-schwarze-mondblume-02" title="090302-schwarze-mondblume-02" width="275" height="445" class="alignleft size-full wp-image-658" /></p>
<p>¿Qué pautas seguir para ese cambio en el sexo? Como comprenderás, Eva, no os conozco de nada, así que pocos detalles os puedo dar. Pero tienes aquí material del que extraer conclusiones para transformar vuestra relación sexual. Te recomiendo que leas con atención la entrada anterior de este Diario, “<a href="http://anaserantes.com/2009/para-la-primera-sesion/">Para la primera sesión</a>”, y una especie de decálogo que le escribí hace unos cuatro años a Carolina en “<a href=" http://anaserantes.com/2008/correspondencia-sobre-un-comienzo-peculiar/">Correspondencia sobre un comienzo peculiar</a>”. Utiliza aquello con lo que pienses que te vas a sentir cómoda y vete usándolo poco a poco. Vete transformando lentamente la forma en la que haces el amor con él. Y no le plantees nada más por el momento sobre la dominación femenina. De hecho, yo ni siquiera utilizaría ese término al principio: simplemente, que has descubierto que te apetece jugar en la cama de esa forma y que te limitas a probarlo.</p>
<p>Ahora bien, en ese juego hay un aspecto que es muy importante, y que lo será más en el futuro si consigues ir hacia donde quieres: tu actitud. También poco a poco, tu actitud tiene que ir cambiando, tienes que ir convirtiéndote, primero, en una mujer más segura de lo que quiere en la cama; después, en una mujer más dominante en la cama. Eva, en la dominación femenina, ya sea como juego erótico o como relación de pareja, la actitud dominante de la mujer resulta fundamental. De hecho, una actitud dominante de la mujer, explicitada verbalmente, suele constituir el principal combustible de la sumisión masculina.</p>
<p>Creo que en esos dos enlaces encontrarás material para empezar. Pero si, una vez leído esto, tienes dudas y necesitas más precisiones, no tienes más que volver a escribirme dándome y pidiéndome algo más de detalle (mejor al correo que como comentario). Ten en cuenta que, para concretar algo más, necesitaría conocer algo más de vuestra relación. No te cortes: cuenta, y yo intentaré contarte lo que pueda.</p>
<p>Te deseo suerte, Eva. Y creo que tienes bastantes posibilidades de tenerla si de verdad estás decidida a construir una relación de dominación femenina con tu marido. Pero esa relación no está determinada: la dominación femenina no es una receta de aplicación universal, sino que las formas que adopta dependen de cada pareja, de las situaciones y los caracteres de las personas que la construyen. Así que no prefigures lo que debe ser ni las formas que adoptará vuestra relación si en el futuro se basara en la dominación femenina. Simplemente, ponte a ello, abre la mente y disfruta del camino&#8230; y se consciente de que Roma no se ganó en un día, de que necesitarás tiempo para conseguir la transformación que te planteas, y de que habrá avances y retrocesos. En fin, que es de calado el cambio que intentas y, por lo tanto, no lo conseguirás sin esfuerzo, tiempo y paciencia. Y como te decía, no te cortes, escribe cuantas veces pienses que lo necesites, aquí me tienes para echarte una mano.</p>
<div class="small">[Fotografías de Schwarze Mondblume]</div>
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		<title>Una visión peculiar de la infidelidad</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Feb 2009 05:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos]]></category>

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		<description><![CDATA[Leo en Mi insecto insignificante la entrevista que le hacen a Spirit: “Los celos en los sumisos”. Y pienso en que la práctica de la infidelidad por parte de la mujer dominante es asunto peliagudo, en lo difícil que resulta someterse de verdad a otra persona, en cómo desaparece la habitual ironía de Spirit cuando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Leo en <em>Mi insecto insignificante</em> la entrevista que le hacen a Spirit: “<a href="http://miinsectoinsignificante.blogspot.com/2009/01/los-celos-en-los-sumisos.html">Los celos en los sumisos</a>”. Y pienso en que la práctica de la infidelidad por parte de la mujer dominante es asunto peliagudo, en lo difícil que resulta someterse de verdad a otra persona, en cómo desaparece la habitual ironía de Spirit cuando el peligro acecha y en la peculiar visión de la dominación femenina que traslucen sus palabras. Veamos la entrevista:<span id="more-615"></span></p>
<div class="blockquote"><strong>¿Qué piensa Spirit de los celos en un sumiso?</strong><br />
Son humanos, y no se pueden evitar cuando hay un vinculo emocional, aunque sí es algo que se debe controlar. Ya sé que un sumiso, en teoría, no debería sentir celos, pero no es posible evitarlos, al menos en mi caso.<br />
<br />
<strong>¿Ves lógico que una Ama tenga otras relaciones?</strong><br />
Depende. En teoría sí, pero los sumisos somos personas, con sentimientos. Si la parte dominante introduce a alguien en una parcela reservada al sumiso, es cuando surgen los celos. Dado ese caso, soy partidario de no saber si ella es infiel con otro.<br />
<br />
<strong>¿No crees que es una actitud machista el exigir fidelidad a la Ama?</strong><br />
No necesariamente. No lo veo machista cuando hay sentimientos. Entiendo, eso sí, que es una actitud egoísta e injusta. En mi caso, los celos los siento cuando otro sumiso invade mi espacio en el BDSM. Aunque no sea mas que un objeto, yo me siento mal. En cambio, si ella tiene una relación sexual de una noche con un vainilla, prefiero no saberlo, pero es mas fácil de superar.<br />
<br />
<strong>¿Cómo compaginas por tanto los celos en tu relación con tu Ama?</strong><br />
Lo llevo fatal. En una fase inicial intento racionalizar para intentar aceptarlo. Pero acabo por no aceptarlo, y me aparto. Ella sabe que si se coge a otro sumiso, yo me apartaré. Es más, se pierde la magia, e incluso su autoridad sobre mí.<br />
<br />
<strong>¿Qué piensa tu Ama de tu actitud?</strong><br />
Que soy un egoísta, un cabrón, que soy injusto, pero lo comprende, porque en el fondo, le reafirma el vinculo afectivo que tiene conmigo y yo con ella. Mis celos no son de hacer daño, no son destructivos, son celos que condicionan, eso si, pero que permiten y dan libertad a la otra parte. Tan solo que yo me aparto voluntariamente.</div>
<p>Como se ve, se justifica Spirit sin cortarse un pelo: sus celos, dice, “dan libertad a la otra parte”. ¡Menuda libertad!: tu eres libre de acostarte con quien quieras, pero si lo haces&#8230; “yo me aparto voluntariamente”, es decir, te dejo plantada. Y trata de explicar el chantaje negando que lo sea: si me aparto es porque “se pierde la magia” y “su autoridad sobre mí”. Como se ve, le echa cara Spirit&#8230; aunque probablemente no caiga en la cuenta de que no es la magia ni la autoridad lo que se pierde con la práctica de la infidelidad, sino que son los celos los que pierden a Spirit, los que le llevan a razonar de modo tan peculiar.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2009/090210-yuki-nakano-1.jpg" alt="090210-yuki-nakano-1" title="090210-yuki-nakano-1" width="275" height="275" class="alignleft size-full wp-image-627" /></p>
<p>Y es el miedo a los celos lo que hace que Spirit contemple la práctica de la infidelidad de una manera que en realidad la desvirtúa completamente: “prefiero no saberlo”. Porque si entendemos la infidelidad como creo que debe entenderse en una relación de dominación femenina, como una práctica en la que participan los dos miembros de la pareja, pues el “prefiero no saberlo” supone en realidad el negarse a asumir las consecuencias que dicha práctica acarrea, tanto las ventajas como los inconvenientes.</p>
<p>Por supuesto que los celos “son humanos”. Y por supuesto que también los sumisos los sienten –sería verdaderamente extraño que no los sintieran–. En consecuencia, resultan inevitables. Y si se practica la infidelidad en la dominación femenina no es, o no debería ser, exclusivamente por el placer de la dominante, sino también para provocar la fuerte sensación que se consigue en el sumiso precisamente como producto de sus celos y su miedo a la incertidumbre, en fin, de esa sensación que agudiza la percepción de la sumisión hasta sus mayores extremos.</p>
<p>En efecto, la sensación de sometimiento, de desvalimiento incluso, es tan intensa que así se explica que en la gran mayoría de las relaciones de dominación femenina sean los hombres los que plantean a sus mujeres la posibilidad de que les sean infieles. Posibilidad prácticamente imposible, claro está, si se acompañara con la coletilla de “yo me aparto voluntariamente” si lo haces.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2009/090210-yuki-nakano-2.jpg" alt="090210-yuki-nakano-2" title="090210-yuki-nakano-2" width="275" height="275" class="alignleft size-full wp-image-628" /></p>
<p>Se entiende, por descontado, que Spirit no sea partidario de la práctica de la infidelidad. Yo misma pienso que es una práctica con la que hay que andar con mucho cuidado, y que desde luego no recomendaría a la mayoría de las parejas. Es mucho riesgo el que se corre, y deben ser unas cuantas las parejas que han terminado por separarse: la cercanía sexual puede y suele producir intensos lazos emocionales con la tercera persona que entra en la relación. Y lo que se planteó como una especie de relación a tres –aunque el sumiso no participe físicamente, sí lo hace emocionalmente–, puede terminar de la forma más habitual: relación a dos&#8230; y el segundo convertido en tercero y en la calle. Ahora bien, una cosa es que la infidelidad tenga sus riesgos y que Spirit no sea partidario, y otra, muy distinta, es que porque Spirit no sea partidario trate de convertir la infidelidad en la dominación femenina en lo que no es.</p>
<p>Una de las características para mí fundamentales de la infidelidad en la dominación femenina es que no es en realidad infidelidad –aunque yo misma optara hace unos años por traducir de ese modo el término inglés “cuckolding”–, porque en la inmensa mayoría de las parejas se practica con pleno conocimiento de ambas partes y, como decía, impulsada y deseada por aquél al que en teoría se va a ser infiel. Por esta razón, como también decía, el “prefiero no saberlo” no debería tener cabida en la práctica de la infidelidad en la dominación femenina, porque la desvirtúa de forma radical.</p>
<p>Yo practico la infidelidad de forma esporádica, porque no quiero asumir los riesgos que para mí y para mi chico tendría introducir a un tercero en nuestra relación de manera habitual (y porque tampoco me lo pide el cuerpo, que si un día me lo pidiera&#8230; pues ya veríamos). Pero para mí carecería de sentido practicarla si mi chico no lo supiera, o sea, si no participara de la experiencia, si no alimentara su sumisión con la humillación, con los celos, con el miedo, y si yo me perdiera la intensidad del recuentro, la vivencia del ansia de mí que le provoca la infidelidad. Y lo que digo se refiere a cuando practico la infidelidad con hombres, porque cuando me acuesto con una mujer&#8230; no es lo mismo para mi chico.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2009/090210-yuki-nakano-3.jpg" alt="090210-yuki-nakano-3" title="090210-yuki-nakano-3" width="275" height="275" class="alignleft size-full wp-image-629" /></p>
<p>La fuerza de la infidelidad en la dominación femenina es enorme, a tono con sus riesgos. Sin embargo, la fantasía de la infidelidad es una herramienta que si recomiendo utilizar en cualquier relación de dominación femenina, porque la amenaza de la infidelidad tiene su aquel aunque no llegue a concretarse. Simplemente con la amenaza, con la fantasía, se consigue una cierta intensidad, se trae a la superficie el peligro, la posibilidad de la humillación, de los celos. Jugar con la posibilidad de la infidelidad nos permite gozar de sus ventajas, aunque sea en menor grado, pero sin correr los riesgos que conlleva su práctica real. Vamos, que me encanta provocar a mi chico en la cama con la amenaza de meter a otro en ella y, quién sabe, sacarle a él, con la amenaza de que quizá tuviera que limitarse a ser mi doméstico servidor porque le sustituiría por otro en la actividad sexual. Y la excitación de mi chico en esos momentos es más que suficiente para comprobar cómo le afecta el juego. Y le afecta porque, aunque sea un juego, siempre queda la intranquilidad de que pudiera convertirse en realidad, incluso aunque sea con mujeres que nunca practiquen la infidelidad&#8230; la posibilidad está ahí.</p>
<p>Bueno, aquí me quedo, aunque no sin mandar un saludo a Spirit y&#8230; sin decirle que ahora entiendo por qué <a href="http://anaserantes.com/2009/carta-de-marujita-diaz/">Marujita Díaz</a> no quiso dominarlo&#8230; porque era pretensión excesiva tener para él solo a semejante artista. ¿Te imaginas Spirit?: “Que sí Marujita, que yo quiero ser tuyo, que yo a tus pies, pero que si te lo montas con otro, si otro sumiso invade mi espacio, pues yo me aparto voluntariamente”. Y la verdad, planteada así la dominación femenina&#8230; pues mucha Marujita para tan poco Spirit.</p>
<div class="small">[Ilustraciones de Yuki Nakano]</div>
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		<title>Un año del blog II</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Jan 2009 05:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando se hace un blog sobre dominación femenina como éste, imagino que se entiende que en ocasiones una se deje llevar por cosas que le dan vueltas en la cabeza, y que las plasme sin especial acierto. Quizá eso es lo que me pasó con la última entrada. Y quizá de ahí los comentarios. Pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando se hace un blog sobre dominación femenina como éste, imagino que se entiende que en ocasiones una se deje llevar por cosas que le dan vueltas en la cabeza, y que las plasme sin especial acierto. Quizá eso es lo que me pasó con la última entrada. Y quizá de ahí los comentarios. Pero quiero dejar claro que los agradezco, tanto los que comprenden mi desánimo como los que lo critican. Trataré de añadir algo al hilo de esas críticas. Y comenzaré por “una crítica tan dura”, según dice ella misma, como la de Amy:<span id="more-590"></span></p>
<div class="blockquote">la mejor forma de desilusionarse es esperando algo de los demás, algo que además nadie te prometió. [...] Cuando tienes una iniciativa, tan personal como lo pueda ser ésta, debe satisfacerte a ti misma, si como bien dice Ana poco le va a ayudar a ella en su vida como mujer dominante este tipo de experiencia virtual, no entiendo para qué la tiene. [...] Si este diario/revista no está hecho por Ana y para satisfacción de Ana poco sentido tiene para Ana.</div>
<p>No creo que la crítica de Amy sea “tan dura”, porque pienso que tiene buena parte de razón: hay un problema en cómo me planteo yo el blog. Un problema que del que en cierto modo escribía hace un tiempo: en la entrada “<a href="http://anaserantes.com/2008/arrieros-somos/">Arrieros somos</a>” me preguntaba: “¿Me estaré convirtiendo en una militante de la dominación femenina?”. Como decía entonces, no me gusta, pero algo hay de eso. Quizá por ello contestaré a su pregunta retórica, sobre el por qué hago este blog, con un correo electrónico que he recibido hace un par de días:</p>
<div class="blockquote">Hola Ana<br />
Acabo de leer tu último post, en él afirmas sentirte &#8220;sola&#8221; en la elaboración de tu blog y planteas dudas sobre la continuidad o el futuro ritmo de actualización del mismo. Por tanto, como seguidor y lector apasionado tanto de DF.net primero y de tu blog personal ahora me gustaría, además expresarte mi gratitud por todo el trabajo que has llevado a cabo hasta ahora, poder ofrecer algo de colaboración para que el blog pueda seguir adelante y actualizándose, por ello y a pesar de no haber vivido ni tener ninguna experiencia real que contar, sí que me gustaría poder ayudar traduciendo textos del inglés para tu blog.<br />
<br />
A continuación voy a escribir un poco sobre mi y de mi relación con la dominación femenina y tus sitios web, para darte a entender mi motivación así como para intentar animarte un poco a que sigas con tu página.<br />
<br />
Soy un chico joven, de 23 años, y llevo 6 ya interesado en la dominación femenina. Desde siempre he sentido una especial fascinación por las mujeres dominantes que llegaba a ver en la tele, en películas o en sketches además de una extraña atracción por los pies femeninos, sin embargo no fue hasta que tuve 17 cuando descubrí que había más gente con estos gustos, que además estaban ligados, gracias a Internet. Entonces empecé a entrar en sitios de estas características siendo los más frecuentes los más abundantes, los de fotos. Aunque lo que vi aquí me resultó en principio excitante por lo visual que resultaba y por ver representadas algunas escenas similares a las de mis fantasías, me acabé cansando de ellos. La causa era que no le veía trasfondo alguno a todo eso y me parecía bastante irreal, así que, aunque fantaseara con ello, no me veía en situaciones así porque sí.<br />
<br />
Luego empecé a interesarme por relatos, pero el trasfondo de las mismas era también bastante irreal y dejaba bastante que desear (apuestas absurdas, venganzas surrealistas, locas rencorosas hacia el género masculino&#8230; cualquier cosa que se pudiera quitar pronto de en medio y dar paso a la acción). Tampoco me daba muy por satisfecho con esto, sentía que el hecho de someterse ante alguien tenía que ser algo realmente especial y que, por tanto, la persona a la que te ibas entregando debía ser por tanto y sin ninguna duda realmente especial.<br />
<br />
Así un día di con DF.net, vuestro contenido era radicalmente diferente a lo que había visto, la dominación femenina se situaba en el contexto del amor y la intimidad de una pareja, en la confianza, en la seducción y la sensualidad femeninas&#8230; en definitiva, por primera vez vi como esos sentimientos tan especiales que desde siempre había tenido eran entendidos y realmente sentía (y deseaba) que yo podría ser algún día uno de esos hombres que aparecían en algunas de las experiencias que colgabais y que en definitiva, que mi sueño de verme como sumiso de una mujer, sirviéndola, adorándola, y sintiendo que podría llegar a casi cualquier cosa por ella, tomaba forma.<br />
<br />
Desde entonces me convertí en un lector asiduo y apasionado de DF.net, por esta página, además, descubrí el sitio de Elise Sutton y también empecé a visitarla regularmente con un sentimiento similar. Luego cerró DF.net y lo lamenté bastante porque suponíais una iniciativa para mis única hasta el momento en habla hispana y ese &#8220;vacío&#8221; no lo llenó nada hasta que llegó el Blog de Ana Serantes, así que no me gustaría verme de nuevo en las mismas <img src='http://anaserantes.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /><br />
<br />
En conclusión, me gustaría que consideraras mi propuesta, pues sería para mi un placer colaborar con tu sitio. Para cualquier duda o información adicional o relacionada que desees puedes contactarme a esta misma dirección de correo. Un saludo.</div>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2009/090113-enaguas.jpg" alt="" title="090113-enaguas" width="525" height="525" class="aligncenter size-full wp-image-593" /></p>
<p>Correos como este de Alejandro Casanova, que recibo de vez en cuando, son los que me hacen sentirme “obligada” a mantener este sitio web. Por supuesto que nadie está obligado a hacer nada, ni yo ni los demás, y que hay otras páginas sobre la dominación femenina. Pero son unas cuantas personas las que piensan que es importante que exista algo como esto, porque les sirve de ayuda. Y que yo sepa, no hay otro sitio web en español que cumpla ese papel. Podría haberlo, y podría montarlo otra persona o un grupo de personas. Podríamos esperar a que Iván tuviera tiempo: </p>
<div class="blockquote">Si algún día tengo tiempo, montaré la web de referencia definitiva sobre FemDom en español. Y si no hay suficiente interés en el FemDom, pues la haré de BDSM, y si no, pues de todo tipo de parafilias. Aquí hay que pensar a lo grande. Internet es una selva de depredadores. </div>
<p>Porque Iván considera, con la rotundidad que le caracteriza, que este blog no puede ser el sitio que de referencia sobre la dominación femenina porque es “personalísimo”, y que ahí está el fallo:</p>
<div class="blockquote">Si hubiese tenido la sensación de que esto era una verdadera comunidad FemDom y no un blog personal, es muy probable que hubiese hecho un esfuerzo. Y como yo habrá habido más de uno. [...] no me parece tan lógico es que se pretenda armar toda una comunidad virtual con sólo un blog personal. Me imagino que Ana Serantes pretendía convertirse en el equivalente hispanohablante a Elise Sutton, por eso se decantó por el culto a la personalidad y lo llamó “Blog de Ana Serantes” en vez de “Blog de Dominación Femenina”.
</div>
<p>Insiste Iván en la importancia de haber elegido un dominio sobre la dominación femenina en lugar de uno personal para obtener el respaldo y, en consecuencia, la participación de la comunidad. En realidad, Iván tiene por obvio que lo que tendría que haber hecho yo es lo que ya había hecho en los años 2004 y 2005. Porque, aunque esté feo que utilice la <a href="http://aefemarin.blogspot.com/2008/02/canon-femdom.html">cita</a> del periodista Antonio F. Marín, yo fui “la fundadora de la mítica www.dominación femenina.net”. ¿Le parece a Iván dominio de Internet suficientemente impersonal, y el de Revista de dominación femenina título que mereciera su aprobación? Pues bien, después de aquella experiencia, que tuvo su éxito, y viendo las dificultades para que la comunidad colaborara, decidí probar esta vez de otra forma, de una forma más personal. Y el resultado ha venido a ser el mismo: parecido el número de visitantes y el de los textos enviados para su publicación. La única diferencia resaltable creo que se debe precisamente al carácter “personalísimo” de la página actual, porque pienso que el incremento en el número de comentarios puede deberse en cierta medida al hecho de que ahora se dirigen a una mujer dominante en lugar de a un foro dirigido “impersonalmente” (cierto que en el anterior sitio web sólo fue posible introducir comentarios en la última época). Por el momento así es la cosa, hasta que Iván, sin tirar de “culto a la personalidad”, monte “la web de referencia definitiva sobre FemDom en español” y quede todo arreglado.</p>
<p>De todas formas, creo que sí, que es cosa mía el desaliento, porque cosa mía eran las expectativas, y que el otro día escribí más de la cuenta sobre él, que así es la cosa y, por lo tanto, así hay que aceptarla. Y en esas sigo: “El blog seguirá abierto, pero yo trabajaré en él mucho menos de lo que lo hecho hasta ahora, es decir, escribiré mucho menos”.</p>
<p>Un último apunte para mostrar mi sorpresa por el hecho de que alguien se extrañe de que en este blog se escriba largo:</p>
<div class="blockquote">los comentaristas típicos de este blog no me gustan primero porque se enrollan como una persiana dándoselas de sabelotodo, y no tienen capacidad de resumir ideas. Así que no leo comentarios largos. </div>
<p>En efecto, me extraña el comentario de Salva, porque aquí todo es largo, tanto lo que yo escribo como lo que escriben bastantes comentaristas, así que poca lectura tiene. Y viendo lo que suele resultar habitual en Internet, pues es una característica del blog de la que francamente creo que podemos estar siquiera un pizco orgullosos.</p>
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		<title>El espíritu de la contradicción</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/el-espiritu-de-la-contradiccion/</link>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2008 05:00:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diálogos]]></category>

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		<description><![CDATA[Voy a aprovechar estas fiestas para tomarme un descanso. Así que este sitio web no se actualizará hasta el 8 de enero, hasta el día en el que el blog cumplirá su primer aniversario. Pero antes del paréntesis, escribiré algo sobre una cuestión que aquí es recurrente, sobre el espíritu de la contradicción que parecen [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Voy a aprovechar estas fiestas para tomarme un descanso. Así que <strong>este sitio web no se actualizará hasta el 8 de enero</strong>, hasta el día en el que el blog cumplirá su primer aniversario. Pero antes del paréntesis, escribiré algo sobre una cuestión que aquí es recurrente, sobre el espíritu de la contradicción que parecen encarnar ciertos hombres sumisos. Se percibe esta vez en algunas de las respuestas que recibió este comentario de Esther a la entrada anterior de este Diario:<span id="more-573"></span></p>
<div class="blockquote">He leído un montón de respuestas a ‘La única regla’ y creo que en esta, como en otras, todos los comentarios se pueden resumir en la eterna dicotomía entre sumisión/sumisión y vainilla/sumisión.<br />
Por la mayoría de comentarios publicados, la mayoría son sumisos-vainilla, sumisos que se creen sumisos, que se excitan con ver, pensar, etc., pero que les aterra ir más allá. Sumisos que no van más allá de querer ver cumplidos SUS PROPIOS deseos y no los de la otra parte. Es decir, se entregan siempre y cuando se haga lo que ellos dicen.<br />
Todo es respetable pero esta no es la verdadera sumisión, ni la verdadera dominación es SOMETERSE a los deseos del sumiso.<br />
Me casé hace 15 años y desde hace 12 mi marido es mi sumiso. Al principio era como tantos otros. Le gustaba una sumisión ‘light’, más bien era como si yo fuera la sumisa y el marcara el ‘tempo’.<br />
Fue un proceso lento, pero sin marcha atrás, cada porción de terreno que le ganaba era mía y así hasta que me hice con el control total (no os asustéis). Aunque nunca lo definí tan claro como lo definió el título de la historia, la única regla era que yo ponía las reglas.<br />
Pero ese es el verdadero espíritu de una relación Ama/esclavo. El es mi esclavo (por propia voluntad) y yo soy su Ama (porque así lo quiso él) y desde el momento que se entregó yo soy la que decide, la que tiene la voluntad. Y aunque con algunos pequeños problemas de ajuste durante estos años, la relación ha marchado muy bien.</div>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081222-gabriele-rigon-01.jpg" alt="" title="081222-gabriele-rigon-01" width="250" height="373" class="alignleft size-full wp-image-574" /></p>
<p>Creo que Esther tiene razón, que son unos cuantos los que ella denomina “sumisos-vainilla”. Esos “sumisos dominantes” de los que hablábamos el otro día. Hombres sumisos, sí, que buscan la dominación femenina en el terreno sexual, e incluso fantasean con ir más allá, pero que es cierto que en muchas ocasiones dan muestras temor ante una auténtica relación de dominación femenina. Son parte de esos hombres sumisos que además son dominantes en muchos terrenos de la vida, de esos hombres que decía que me gustan, pero a los que en bastantes ocasiones les cuesta muchísimo ceder de verdad el control, entregarse de verdad a una mujer. Dicen que eso es lo que desean, pero les cuesta una enormidad someterse. Su propia capacidad de liderazgo, la que tan útil les resulta para convencer a sus mujeres de que intenten darle una oportunidad a la dominación femenina, es la que después les hace más difícil aceptar los dictados de la mujer.</p>
<p>No tengo nada en contra de quienes piensan que la dominación femenina debe limitarse al territorio de la sexualidad. Y hasta ese límite son pocos los problemas. Sin embargo, la dominación femenina como forma de relación en la pareja, como se trata en este blog, y como yo la practico, es otra cosa. Y es cosa más complicada para quienes tan remisos se muestran a perder el control. Es de suponer que por eso nos encontramos de vez en cuando aquí comentarios que abogan por relaciones igualitarias o, por ejemplo, porque las labores domésticas se repartan al cincuenta por ciento entre los dos integrantes de la pareja.</p>
<p>Digna lucha la de la igualdad. Y bienvenida la igualdad en la pareja para quienes de ese modo quieran construirla. Pero aquellos que quieran una relación de pareja igualitaria, pues que se olviden de la dominación femenina en cuanto se traspasa la puerta del dormitorio. La relación de dominación femenina es por esencia desigual, porque se basa en el intercambio de poder entre sus integrantes, en la cesión de poder que el sumiso le hace a su dominante. Y si la dominante quiere, por seguir con el ejemplo, asumir el cincuenta por ciento de las tareas domésticas, pues es cosa de ella&#8230; el hacer tan estúpida elección. Pero si la elección es de ella es porque el hombre sumiso ha cedido el poder que tenía para impedirlo, porque ha renunciado a mantener una relación igualitaria.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081222-gabriele-rigon-02.jpg" alt="" title="081222-gabriele-rigon-02" width="525" height="350" class="aligncenter size-full wp-image-575" /></p>
<p>Y quien ande preocupado por la igualdad y la corrección política en la relación de pareja&#8230; que deje de dar la lata con la dominación femenina a su mujer más allá del juego erótico, en fin, que se deje de contarle cuentos a su mujer si no está dispuesto a someterse de verdad a ella. Porque no le valdrá ni con una sola regla ni con una docena, porque siempre estará intentando “dominar desde abajo”, marcar el camino que su mujer debería transitar, en realidad, impidiendo la construcción de la relación de dominación femenina. Yo creo que sí, que Esther tiene razón en que son unos cuantos los hombres que se tienen por sumisos, pero que se asustan ante la posibilidad de perder el control, de cedérselo a su mujer. Y algunos se pasaran años, cuando no la vida entera, dándole vueltas a la escasa disposición de sus mujeres para dominarles, y a ellas achacarán los fracasos de los que en gran parte de los casos son directamente responsables.</p>
<p>Y yo los entiendo, porque es lógico que la sumisión asuste. Porque menuda decisión la de someterse a otra persona&#8230; hace falta mucho valor. Y a mí no es que me preocupe gran cosa, porque sé que someterles resulta mas sencillo de lo que parece, pero también sé que muchas de las mujeres a las que están mareando para que les sometan no lo ven tan claro como yo, que no terminan de entender que por un lado hablen tanto de sumisión y que, por el otro, no dejen de exigir: “Deberías hacer esto, y lo otro, y lo de más allá”. Y esas mujeres, claro, no dejan de asombrarse cuando les dicen que es por su bien, que tienen que hacer todas esas cosas para ellos, para que así puedan hacer ellas después lo que les venga en gana. Y esas mujeres no pueden dejar de percibir la obvia contradicción del cuento.</p>
<div class="small">[Fotografías de Gabriele Rigon]</div>
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		<title>¿Basta con una regla?</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Dec 2008 05:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos]]></category>

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		<description><![CDATA[No hay más que leer este blog para darse cuenta de cuál es la preocupación más extendida entre los hombres sumisos: ¿Cómo iniciar a sus compañeras en la dominación femenina? Una de las posibles respuestas la encontramos en la reciente entrada “La única regla”, donde Wilson nos cuenta cómo se transformó su relación: “La única [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No hay más que leer este blog para darse cuenta de cuál es la preocupación más extendida entre los hombres sumisos: ¿Cómo iniciar a sus compañeras en la dominación femenina? Una de las posibles respuestas la encontramos en la reciente entrada “<a href="http://anaserantes.com/2008/la-unica-regla/">La única regla</a>”, donde Wilson nos cuenta cómo se transformó su relación: “La única regla era que ella pusiera las reglas y yo las obedecería”. ¿Es tan sencillo? Jorge Sánchez, que tradujo el texto, ve un par de riesgos que anteayer planteaba en su <a href="http://anaserantes.com/2008/la-unica-regla/#comment-2662">comentario</a>:<span id="more-559"></span></p>
<div class="blockquote">El primer riesgo es el que apunta la propia Elise: “Ella podría haberla llevado en una dirección muy vainilla, sólo con elementos domésticos de dominación femenina”. Ciertamente esto no es un riesgo para un sumiso dispuesto, como parece estar Wilson, a aceptar cualquier estilo de vida que ella eligiera. Sin embargo, yo entiendo que la sumisión ha de incluir algún porcentaje de dominación sexual explícita; en la cama, para entendernos.<br />
<br />
Si no es así; si la dominante solo da órdenes domésticas y deja el sexo “en vainilla”, me pregunto ¿qué diferencia hay entre una mujer dominante y una mujer mandona? A mi me atraen las mujeres dominantes, pero me repelen las mujeres mandonas. ¿Es únicamente la práctica de la dominación sexual en las primeras y no en las segundas? No estoy seguro; imagino que también puede haber mujeres mandonas en la cama y no dominantes. ¿Cuál es, pués, la diferencia, seguramente sutil pero importantísima, entre unas y otras?<br />
<br />
El segundo riesgo es, sencillamente, que a pesar de lo “irresistible” de la regla, en palabras de Wilson, la mujer siga sin tomar el mando y sin poner reglas que obedecer. Quiero decir, que incluso para que esta sencilla regla funcione, parece necesaria una cierta colaboración por parte de la mujer y si ésta, ni siquiera con tantas facilidades se produce… ¿que alternativa le queda al aspirante a sumiso? ¿Solamente resignarse a “seguir como siempre” o buscar otra pareja si esto fuera aceptable para él?</div>
<p>Como vemos, Jorge expresa un miedo muy común en los hombres sumisos cuando se plantean o se les plantea que la dominación femenina es hacer lo que ella quiere que se haga: ¿y si yo me someto pero ella no hace nada con mi sumisión, no me domina?, ¿tendría que conformarme con una relación en la que no hubiera dominación? Esas preguntas son el producto de pensar que se puede instituir una relación basada en “la regla de Wilson” (“La única regla era que ella pusiera las reglas y yo las obedecería”) sin que en realidad la relación cambie, porque la mujer no tuviera interés en que cambiara.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081211-recostada.jpg" alt="" title="081211-recostada" width="250" height="361" class="alignleft size-full wp-image-560" /></p>
<p>Entiendo el miedo. Sin embargo, creo que es el propio miedo el que impide entender que “la regla de Wilson” transforma la relación. Por descontado que “para que esta sencilla regla funcione, parece necesaria una cierta colaboración por parte de la mujer”. Aunque no se aclara del todo el proceso, parece lógico suponer del texto que Wilson obtuvo la imprescindible colaboración en el primer momento: la aceptación por parte de su mujer de que esa sería la regla, que ella marcaría las reglas y él las acataría. Porque no sería una relación de dominación femenina, ni siquiera un principio, una en la que esa regla sólo fuera seguida por el hombre. Es decir, el hombre podría servir incondicionalmente a su mujer, se sometería sin contrapartidas y por propia voluntad. Pues eso no tiene nada que ver con la dominación femenina, que requiere inexcusablemente que ese servicio y sometimiento sea recibido por la mujer desde una posición de dominio. En efecto, no es lo mismo una mujer mandona que una dominante; la dominante es consciente del poder que tiene, porque ha sido tan explícitamente entregado como aceptado.</p>
<p>Lo dicho no resuelve la duda de que la mujer quisiera “seguir como siempre”, sin querer sumergirse en la práctica de la dominación femenina. ¿Entonces, nada cambiaría “la regla Wilson”?, ¿podría ser que, como dice Jorge, “la mujer siga sin tomar el mando y sin poner reglas que obedecer”. </p>
<p>Yo creo que la aceptación de esa regla por parte de la mujer transforma la relación. La gran mayoría de las mujeres de las que los hombres opinan que no quieren saber nada de la dominación femenina se distinguen, precisamente, por negarse a marcar las reglas de la relación. Y si una de esas mujeres acepta decidir las reglas y que su hombre las acate, algo ha cambiado en la relación, y algo que no es ni baladí ni superficial. Es seguro que al principio no le resultaría sencillo afrontar ese cambio a la mujer de Wilson, le parecería raro, pero ella tuvo que aceptar que iban a hacer la prueba de que su relación funcionara con esa regla. Y esa regla provoca ya en algún grado el intercambio de poder que caracteriza la dominación femenina. ¿Cómo no va afectar ese cambio a una mujer que ni se imaginaba marcando las reglas y a su pareja obedeciéndolas? El acuerdo al que llegaron Wilson y su mujer ya implicaba que ella tomaría el mando.</p>
<p>Claro es que el mando se puede tomar de una forma que al hombre sumiso le sepa a poco. Y parece que así fue durante un largo año en el caso de Wilson. Y claro es también que la mujer podría no poner ninguna de las reglas que él esperara en un primer momento. Sin embargo, no podría dejar de “tomar el mando”, porque la aceptación de “la regla de Wilson” supone tomar el mando, sí o sí. Y esa asunción del mando debe ser consciente para las dos partes. Y entonces ya no sería “seguir como siempre”; aunque no pasara nada más, la relación habría cambiado, porque habría cambiado uno de sus pilares fundamentales: la igualdad entre las dos partes de la relación sería sustituida por el dominio y la sumisión. Cierto que esa transformación puede ser sutil y paulatina, tan lenta que a veces son los propios sumisos, con su impaciencia, los que impiden que llegue a término. Pero no es fácil que una mujer no cambie si ha pactado que la relación se guiará por esa regla, aunque el cambio tarde su tiempo en explicitarse en su comportamiento habitual.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081211-curvas.jpg" alt="" title="081211-curvas" width="525" height="338" class="aligncenter size-full wp-image-561" /></p>
<p>Para mí que una mujer que de ninguna manera quiera marcar las reglas se negará a aceptar que su relación se va guiar por esa regla. Para mí que el problema muchas veces es otro: la poca paciencia y capacidad de sacrificio de muchos hombres sumisos que se decepcionan en cuanto pasa un tiempo y el mando no se ejerce de forma satisfactoria para ellos. Son pocos los que tienen el aguante de Wilson, los que son capaces de darle a su mujer la confianza y el tiempo que necesita, los que de verdad subordinan su interés al de su compañera. Y por lo tanto, son pocos los que alcanzan el éxito. Los hombres sumisos suelen estar llenos de urgencias, porque tienen claras hasta el detalle las imágenes de la dominación. Sin embargo, las mujeres que se inician necesitan de mucho más tiempo para ir sintiéndose cómodas, para atreverse a ir avanzando, y por eso la mayoría lo harán a una velocidad que a muchos hombres les resulta excesivamente lenta.</p>
<p>Por supuesto que la dominación femenina no tiene sentido sin su componente sexual y que no existe si la mujer no toma el mando, pero la dominación femenina se puede expresar y concretar de muchas formas, desde las más duras a las más suaves. Y cuando se pacta que las reglas las va a marcar la mujer, hay que estar dispuesto a asumir que no se puede predeterminar el camino de la mujer, que puede ser distinto al que el hombre tenía en mente. Pero debería decirse que afortunadamente, porque si no la dominación femenina tendría escaso interés, como todo lo que puede determinarse de antemano, como todo lo que no entraña riesgo porque nunca hay novedad en ese frente.</p>
<p>En resumen, que es indudable que resulta “necesaria una cierta colaboración por parte de la mujer”. Pero esa colaboración que se le puede exigir a la mujer, si está de acuerdo en el intento, en la aceptación de la “regla Wilson”, debe limitarse a la aceptación del mando, a “recibir” la sumisión de su hombre hacia a ella. Y nada más debe exigírsele, porque ninguna otra colaboración por su parte exige la “regla Wilson”. A partir de ahí, las exigencias son para el sumiso, cuyas posibilidades de éxito serán normalmente proporcionales al esfuerzo realizado para entregarse y al tiempo que conceda a la mujer para encontrar sus propias maneras de dominación femenina.</p>
<p>En fin, que yo creo que sí, que a veces basta con una regla para comenzar (siempre que en la pareja exista la confianza y la comunicación necesarias), y que el caso de Wilson y su mujer no es único, ni mucho menos. Así que animaos, chicos, y dejar de pensar que si no funciona es culpa de ellas, porque pensando de ese modo, mal arreglo tiene la cosa, porque si de ellas depende todo, poco podrías hacer vosotros. Y podéis hacer mucho para colaborar al florecimiento de la faceta dominante de la personalidad de vuestras compañeras&#8230; y a vosotros mismos, porque en bastantes ocasiones la única alternativa a la paciencia y el esfuerzo es la segura y duradera frustración por no haber podido hacer realidad el sueño de la dominación femenina.</p>
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		<title>Yo no creo</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Nov 2008 05:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
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		<description><![CDATA[No es infrecuente escuchar en foros como este a quienes muestran su incredulidad ante la posibilidad de que la dominación femenina constituya el modo de vida de una pareja. Para las personas que así piensan, la dominación femenina suele ser una actividad limitada al terreno de la sexualidad, una forma de enriquecer la sexualidad. Así [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No es infrecuente escuchar en foros como este a quienes muestran su incredulidad ante la posibilidad de que la dominación femenina constituya el modo de vida de una pareja. Para las personas que así piensan, la dominación femenina suele ser una actividad limitada al terreno de la sexualidad, una forma de enriquecer la sexualidad. Así lo escribía en su comentario en la última entrada de este <em>Diario</em> “Pasaba por aquí”:<span id="more-528"></span></p>
<div class="blockquote">Yo no creo en las relaciones 24/7 o dominación fulltime, así, para mí, la relación es sólo de “dominación” durante la sesión en la que se llevan a cabo los actos, siendo entre iguales durante el resto, incluso cuando “se negocian”, los actos que se realizarán durante la sesión de dominación. </div>
<p>Y con un matiz distinto, DeMarte planteaba parecida cuestión:</p>
<div class="blockquote">Yo no creo en el 24/7 de forma estricta, quiero que se me entienda bien esto, creo en el 24/7 en el sentido de que vaya más allá de “fantasías de dormitorio”, y que impregne el día a día hasta el punto de ser una forma de vida (posiblemente en muchas parejas para que no se quede en un teatrillo poco creíble sea necesario así…). Pero pienso que en esos 7 días 24 horas a la semana se debe de tomar algún “tiempo muerto”. Y aunque pueda costar, porque la dinámica dela dominación es muy fuerte como ya he dicho anteriormente…., seguro que gusta cambiar un poco…</div>
<p>Me hizo gracia que los dos lo escribieran de la misma manera: “Yo no creo”. Yo tampoco soy creyente: ni creo en dios ni en el “24/7”. Claro que hay una diferencia entre ambas cosas: en la segunda, aunque no sea creyente, soy practicante. La verdad, no termino de entender muy bien el “yo no creo” así aplicado, como tampoco entendería el “yo creo”.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081119-michael-hein-01.jpg" alt="" title="081119-michael-hein-01" width="250" height="333" class="alignleft size-full wp-image-529" /></p>
<p>No obstante, los dos comentarios son bastante diferentes. En el caso de “Pasaba por aquí”, el “yo no creo” suena más rotundo. Y más difícil de comprender. Porque pudiera pensarse que no cree posible que haya parejas practiquen la dominación femenina como un manera de relacionarse entre ellos de forma continuada, más allá de las sesiones de dominación. Y si así fuera, el “yo no creo” carece de sentido, porque resulta obvio que hay parejas que así viven. Si el “yo no creo” significara que no se imagina él mismo relacionándose de ese modo, entonces sí, porque si de una preferencia personal se trata, pues es muy libre de recorrer el sendero que prefiera.</p>
<p>Yo no es que crea ni deje de creer, sino que a mí me funciona y me apetece practicar la dominación femenina como un “estilo de vida”. Ahora bien, pese a que ésa es mi preferencia, no se me ocurriría decir que “no creo” en la dominación femenina limitada al ámbito sexual, o sostener que esa forma de practicarla constituya una manera criticable o incompleta. Todo lo contrario, me parece estupendo que haya personas que así lo hagan y, por lo tanto, no tengo nada que objetar a su elección.</p>
<p>El matiz que propone DeMarte es distinto, y se antoja más moderado: “pienso que en esos 7 días 24 horas a la semana se debe de tomar algún “tiempo muerto”. También he escuchado esta idea en bastantes ocasiones. Y siempre me hago la misma pregunta: ¿qué piensan algunos que es una relación de dominación femenina? Porque, de puro obvio, cuesta argumentar que cualquier relación de pareja tiene sus “tiempos muertos”, que la intensidad nunca es la misma, que tiene sus picos y sus valles. ¿Quién puede pensar que una relación 24/7 significa estar a todas horas pendiente de ejercer la dominación o la sumisión?</p>
<p>Por supuesto, en la vida de una pareja hay muchas cosas, muchas situaciones y momentos distintos. Afortunadamente. ¿Qué relación más pobre la que estuviera siempre girando alrededor de un único polo?</p>
<p>El intercambio de poder que distingue a la dominación femenina es un sustrato permanente en la relación entre mi chico y yo. Está presente, pero no se explicita a cada instante. Hay veces en las que practicamos la dominación o tenemos conversaciones sobre ella; son las menos. Hay veces en las que nuestras conversaciones o actividades poco o nada tienen que ver con la dominación; son las más. </p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081119-michael-hein-02.jpg" alt="" title="081119-michael-hein-02" width="250" height="334" class="alignleft size-full wp-image-530" /></p>
<p>En nuestra relación, yo domino y el se somete, pero ni yo explicito mi dominio a cada momento ni él, su sumisión. Cuando nos contamos nuestras cuitas del trabajo, no hay dominación que valga. Cuando hablamos de política, no hay dominación que valga. Cuando salimos a cenar a un restaurante, puede que haya algo relacionado con la dominación o puede que no. Hay noches en las que puedo estar viendo un película en la televisión&#8230; mientras él tiene que dedicarse a proporcionarme un reconfortante masaje y, por lo tanto, no puede ver la película; hay noches en las que los dos vemos la película como la vería cualquier pareja que no tenga ni noticia de la dominación femenina.</p>
<p>Es cierto que nuestra relación sexual está teñida de dominación femenina, pero ni siquiera en este terreno es siempre así. Aunque depende de mí que lo sea o que no. En algunas ocasiones, lo que me apetece es hacer el amor de forma suave y bien tradicional; y eso es lo que tengo cuando me apetece, que para eso soy la que domina. Y es claro que si es a él a quien le apetece de ese modo, pues está a expensas de que yo se lo conceda o no, que para eso es el que se somete.</p>
<p>Podría traer a colación una buena cantidad de ejemplos, pero imagino que no hará falta, que no hará falta insistir en que la dominación femenina no lo es todo en la vida de las parejas que de ese modo nos relacionamos, que tenemos nuestros tiempos muertos, y nuestros tiempos vivos, porque ningún interés tenemos en construir relaciones de piñón fijo.</p>
<div class="small">[Fotografías de Michael Hein]</div>
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		<title>Un parecer</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/un-parecer/</link>
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		<pubDate>Fri, 14 Nov 2008 05:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos]]></category>

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		<description><![CDATA[La entrada de ayer del blog, “Es demasiado, corazón”, da cuenta de la experiencia de una relación de dominación femenina fuerte. Quizá tan fuerte que ha provocado algunas dudas. Jvrsum: “Me parece una exposición y pregunta y una respuesta digna de ser valorada, reflexionada y cuestionada. Pero me gustaría, lo reconozco, saber previamente el parecer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La entrada de ayer del blog, “<a href="http://anaserantes.com/2008/es-demasiado-corazon/">Es demasiado, corazón</a>”, da cuenta de la experiencia de una relación de dominación femenina fuerte. Quizá tan fuerte que ha provocado algunas dudas. Jvrsum: “Me parece una exposición y pregunta y una respuesta digna de ser valorada, reflexionada y cuestionada. Pero me gustaría, lo reconozco, saber previamente el parecer de Ana Serantes”. Y Amy: “A mi me pasa lo mismo que a jvrsum”. Pues veamos cuál es mi parecer&#8230; y sigamos charlando.<span id="more-519"></span></p>
<p>Puede resumirse la experiencia de John como la de un sumiso que logra que su mujer se inicie en la dominación femenina. Pero la mujer sobrepasa las expectativas de su compañero y, para su disgusto, termina obligándole a aceptar su “derecho” a tener una relación sexual con otro hombre. Entresaco lo que me resulta más ilustrativo del largo texto en el que John nos relata su experiencia y Elise Sutton le da su respuesta:</p>
<div class="blockquote">La fantasía me excitaba, y no podía resistirme a mi bella esposa cuando actuaba de forma dominante hacia mí. Había aprendido muy bien a ser dominante y sabía como hacer conmigo lo que quisiera. Ahora odio no poder resistirme. No la odio a ella sino que me odio a mí mismo por mi falta de coraje.<br />
Seré honesto: me gustaba como me sentía, y en aquel momento, mientras mi esposa me explicaba como me había sido infiel, caí profundamente en la sumisión y me sentí más sumiso que nunca en mi vida.<br />
Estábamos unidos a un nivel más profundo y estuve en este “espacio de la sumisión” durante días. Sin embargo, y sobre esto no se ha hablado bastante, cuando vuelves a la realidad, ésta te golpea en la cara. La realidad es la realidad, y la realidad es que mi mujer está teniendo de forma habitual sexo con otro hombre, y eso no está bien.<br />
Sin embargo, él se está tirando a mi mujer y yo no. ¿Cómo puede ser esto bueno para un matrimonio?<br />
Sé como responderá a esta carta, y está en su derecho. Todo es culpa mía. Yo abrí esta puerta y es responsabilidad mía. Todavía podría sobreponerme a ella y forzarla a cambiar, pero soy demasiado débil para hacerlo. He elegido. Me he psicoanalizado a mi mismo y he decidido decirle que debe dejar de ver al vecino o si no la dejaré. Pero en cuanto abro la boca, mis palabras cambian y acabo sometiéndome a lo que ella quiere. No puedo sobreponerme a ella porque es tan sexy y tan dominante… La amo y no quiero dejarla nunca, me haga lo que me haga. A una parte de mí le gusta lo que está haciendo, pero insistir en ello sé que es un error.<br />
Me cuestiono a mi mismo la moralidad de ser un hombre sumiso hasta el punto de permitir que una mujer me pisotee.<br />
<br />
Elise Sutton:<br />
Yo diría que usted goza de un buen matrimonio, ¿no le parece?<br />
Estoy totalmente en contra de saltar a una D&#038;S avanzada sin el consentimiento de los dos miembros de la pareja. Su esposa tomó la decisión de que quería acostarse con ese tío sin importarle como pudiera afectarle a usted. Estoy de acuerdo con usted: no es bueno para un matrimonio.<br />
Hay muchos hombres que están buscando una mujer como la suya. A algunos les gustaría tener una mujer infiel, algunos lo suplican. Su historia es un gran ejemplo de que un hombre debe tener cuidado con lo que quiere porque puede hacerse realidad. </div>
<p>Mi parecer es que John no tiene razón al pensar que no puede ser bueno para un matrimonio –de dominación femenina– que la mujer se relacione sexualmente con otros hombres. La práctica de la infidelidad les funciona bien a unas cuantas de las parejas que practican la dominación femenina. Así que puede ser bueno o malo, depende del matrimonio. Pero a la vez suscribo el criterio de Elise Sutton de que la mujer no debería tomar esa decisión sin tener en cuenta lo que le pase a su pareja, porque la infidelidad es una práctica con la que hay que andarse con tiento.</p>
<p>Entonces, ¿es ese un buen matrimonio?, como dice Elise. No estoy de acuerdo. Para mí no es un buen matrimonio, porque una de las dos personas que lo forman está teniendo serios problemas para asumir y afrontar lo que está ocurriendo en ese matrimonio. Y creo que ésa no es precisamente la mejor señal de una buena relación emocional. Cierto que el componente y el vínculo que provoca la dominación femenina parece bien fuerte, pero una relación no puede ser sólo dominación femenina. Al menos esa es mi opinión.</p>
<p>De todas formas, no esa cuestión la que me resulta más interesante de esta de experiencia. Son otras cosas las que imagino que me llevaron a seleccionarla y enviársela a Jorge Sánchez para que la tradujera. Releyéndola ahora, se me ocurren tres.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081114-leanne-lim-walker-01.jpg" alt="" title="081114-leanne-lim-walker-01" width="525" height="351" class="aligncenter size-full wp-image-522" /></p>
<p>La primera, que constituye un buen ejemplo de la falacia en la que caen algunos al tratar de adornar de parabienes la dominación femenina. No es cierto que las mujeres estemos dotadas de una especial bondad y sabiduría y que, por lo tanto, los hombres deban limitarse a asumir nuestra supuesta superioridad. Las mujeres no somos ni ángeles ni demonios. Entre las mujeres, las hay buenas, malas y regulares. En consecuencia, las hay que utilizarán la dominación femenina con amplitud de miras y las hay, como la mujer de John –si es que es como él la retrata–, que pueden utilizar su poder como dominantes de una forma caprichosa y egoísta. Ya sé que esto resulta una obviedad, pero creo que no está de más recordarlo, porque en las páginas sobre dominación femenina nos encontramos con demasiada frecuencia frases de este tipo: “Lo que ella diga o haga, bien dicho o hecho está, que para eso es mujer y dominante. Y por eso me someto a ella”.</p>
<p>La segunda cuestión interesante en esta experiencia es la que pone de relieve Elise Sutton: “un hombre debe tener cuidado con lo que quiere porque puede hacerse realidad”. Sobre este asunto he escrito recientemente también yo, sobre la fuerza que puede llegar a tener una dominante sobre su sumiso. John lo ha experimentado: “Había aprendido muy bien a ser dominante y sabía como hacer conmigo lo que quisiera”. Por supuesto que tampoco debemos exagerar en exceso, que no podemos olvidar que los sumisos son personas libres, y que desde su libertad se someten y, claro está, desde su libertad pueden poner fin a su sometimiento. No podemos llegar a la conclusión de los sumisos son como niños, que no están en condiciones de decidir por su cuenta, que son de verdad “esclavos”. No lo son. Pero es cierto que el poder erótico que las mujeres dominante podemos tener sobre ellos es verdaderamente importante. Conviene que los hombres lo sepan, y que se anden con cuidado con según y qué fantasías intentan alimentar en sus mujeres, no vaya a ser que terminen por convertirse en realidad.</p>
<p>Ahora bien, es la tercera cuestión lo que me parece más interesante de esta experiencia: la dicotomía entre el deseo y la moral, entre lo que a John le gusta y lo que piensa que debería gustarle. Porque el hecho es que, pese a su angustia y a sus lamentaciones, a John le gusta lo que le está sucediendo:</p>
<div class="blockquote">La fantasía me excitaba.<br />
Seré honesto: me gustaba como me sentía, y en aquel momento, mientras mi esposa me explicaba como me había sido infiel, caí profundamente en la sumisión y me sentí más sumiso que nunca en mi vida.<br />
Estábamos unidos a un nivel más profundo y estuve en este “espacio de la sumisión” durante días.</div>
<p>Pero como decía, John piensa que no le debería gustar lo que le gusta: “A una parte de mí le gusta lo que está haciendo, pero insistir en ello sé que es un error”. Y por esa razón, por su criterio moral, se rebela contra lo que sucede, y no cabe duda de que se rebela con la suficiente fuerza como para sentirse desgraciado y para que su autoestima no esté precisamente boyante:</p>
<div class="blockquote">Ahora odio no poder resistirme. No la odio a ella sino que me odio a mí mismo por mi falta de coraje.<br />
Eso no está bien.<br />
Me cuestiono a mi mismo la moralidad de ser un hombre sumiso hasta el punto de permitir que una mujer me pisotee.</div>
<p>Esta fuerte oposición entre el deseo y la moral puede abordarse desde distintos puntos de vista. Cualquier lector de Elise Sutton sabe cómo suele hacerlo ella: convirtiendo la moral en prejuicio y, normalmente, etiquetándolo como “machista”. Según ella, y según bastantes otros practicantes de la dominación femenina, mujeres y hombres, el sumiso necesita profundizar en el proceso de abandonar su ego machista, para que así pueda someterse o abandonarse cada vez más y mejor en los brazos de la mujer que le domina. Según este criterio, es ese ego machista, o ese prejuicio, el que dificulta o a veces impide que un hombre sumiso pueda realizarse como tal. Dicho de otra forma: las tradiciones y la presión social de la sociedad patriarcal pesan sobre los hombres y hacen que les resulte tan difícil asumir de verdad y por completo su condición sumisa.</p>
<p>Dejando a un lado lo que para mí es una utilización escasamente rigurosa de una teoría ya de por sí tan poco científica como la psicoanalítica, me parece innegable que hay una parte de verdad en esa forma de ver la cuestión. No creo que se pueda negar que existe una presión social que no hace precisamente fácil que un hombre se presente públicamente, y a veces ni a sí mismo, como sumiso, y unas ideas en la mente de muchos de esos hombres que les crean no pocos conflictos entre lo que sienten y lo que piensan que deberían sentir, esto es, entre su deseo y la concepción de su deseo como perversión.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081114-leanne-lim-walker-02.jpg" alt="" title="081114-leanne-lim-walker-02" width="525" height="340" class="aligncenter size-full wp-image-524" /></p>
<p>No obstante, hay otra manera de abordar el asunto: la moral son efectivamente prejuicios, pero no sólo prejuicios y, además, no todos los prejuicios nos dificultan la vida. La moral es también nuestra concepción de lo que debe ser el bien y, en consecuencia, la vida buena. La moral nos ata; pero la moral, nuestra idea de lo que está bien y de lo que está mal, es también lo que nos convierte en civilizados, lo que nos distancia de la barbarie. Sin una actitud moral, sin ningún prejuicio que nos frene, puede que nos sintiéramos más libre en ciertos momentos, pero la historia nos ha enseñado que a la postre podemos terminar también siendo más esclavos de nuestras pasiones que liberados por ellas. Por supuesto que estoy encantada con la liberación de las costumbres que se ha producido en nuestras sociedades, pero ello no nos libera de todos nuestros prejuicios, porque si de todos nos liberaran, quizá no sabríamos ni qué desear más allá de lo más inmediato. Es nuestra moral, nuestra idea de que a lo que deseamos debemos intentar sumar lo que nos parece correcto desear, la que constituye en las ocasiones importantes de la vida el principal sostén de nuestro comportamiento.</p>
<p>Así que para mí no hay blanco o negro en esta cuestión, que creo que debe ser abordada desde los dos puntos de vista, que no vale con achacarlo todo al machismo rampante de esta sociedad –por otra parte, la menos machista de los últimos milenios–, ni abjurar de todos nuestros prejuicios; claro está que tampoco podemos ignorar que los tenemos y que algunos de ellos nos hacen la vida bastante imposible.</p>
<p>¿Cómo salir entonces de un dilema como el que atenaza a John? Pues no hay receta. Tendrá que vandearse entre lo que lo que le gusta y lo que cree que le debería gustar, y tendrá que ir haciendo camino poco a poco, porque seguro que sus ideas preconcebidas pueden transformarse, siquiera un tanto, con la experiencia y con el análisis racional que de ellas pueda hacer: él sólo, él con su mujer, y él con las ideas de los demás. Ahora bien, una cosa está clara: mientras no logre acercar su principio moral a lo que le está sucediendo en su relación será desgraciado, mientras piense que resulta inmoral que su mujer esté “teniendo de forma habitual sexo con otro hombre”, John lo va a a pasar mal. Y puede que lo logre o puede que no. Yo creo que eso no es inmoral en una relación de dominación femenina, pero tampoco pienso que resulte muy edificante la forma en la que ella lo está haciendo, o en la que él cuenta que ella lo está haciendo.</p>
<p>En fin, Jvrsum y Amy, éste es mi parecer sobre la experiencia de John. Aunque pueda parecer poco parecer, a estas horas, y sabiendo que mañana es día de trabajar, no da una más de sí.</p>
<div class="small">[Fotografías de Leanne Lim-walker]</div>
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		<title>Coacción II</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2008 05:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos]]></category>

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		<description><![CDATA[Las mujeres sabemos que son bastantes los hombres que van de duros, de autosuficientes, pero a los que en cuanto no les haces mucho caso, pues se quejan o se enfurruñan. Y los sumisos no constituyen la excepción, también se amohínan cuando no estamos pendientes de ellos. Y pasa también en el blog, y no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las mujeres sabemos que son bastantes los hombres que van de duros, de autosuficientes, pero a los que en cuanto no les haces mucho caso, pues se quejan o se enfurruñan. Y los sumisos no constituyen la excepción, también se amohínan cuando no estamos pendientes de ellos. Y pasa también en el blog, y no es DeMarte el primero que se siente desatendido por “la dueña del blog” y que, por ese motivo, reclama atención:<span id="more-491"></span></p>
<div class="blockquote">Yo plantee en uno de mis comentarios el que se expusiera, por parte de la dueña del blog, cómo y cuáles pueden ser los limites, sería muy instructivo. Pero me temo que he caído en desgracia, y ahora mismo mi poder de persuasión es 0.<br />
Yo lo que veo es que se obvia nombrarme en el post, será que escocieron mis comentarios.</div>
<p>No, DeMarte, no es que escocieran tus comentarios, no te des tanta importancia. El asunto es que lo que a ti te resulta tan relevante, la cuestión de los límites en el BDSM, no es algo que a mí me ocupe mucho. Me resulta lógica la explicitación de los límites –y el uso de palabras de seguridad– en las sesiones de dominación entre personas que se conocen poco (y yo los he utilizado en esas circunstancias unas cuantas veces, especialmente en mis primeros años con la dominación femenina). </p>
<p>Sin embargo, esa explicitación de los límites entre parejas que practican la dominación femenina –como los “contratos de esclavitud” que algunas firman– me parecen pura literatura para excitarse. Y está muy bien tirar de la literatura para calentarse. Pero tú hablas de los límites de otra manera. En mi opinión, DeMarte, de una manera que tiene poco que ver con la realidad. Porque en la realidad, no hay pareja, que conviva y se ame, que se siente en una mesa y se tome en serio –literatura aparte– eso de acordar los límites por los que va a transcurrir su relación.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081031-manzana.jpg" alt="" title="081031-manzana" width="275" height="412" class="alignleft size-full wp-image-495" /></p>
<p>En primer lugar, porque sería una manera de constreñir las posibilidades que pueda traer el devenir a la pareja. En segundo lugar, porque qué falta de confianza mostraría en el otro el miembro de la pareja que pretendiera fijar los límites de antemano. Y en tercer lugar, porque si hay límites, pues el reto bien puede ser saltárselos. El caso es que las relaciones afectivas entre una mujer y un hombre no pueden ser cosificadas mediante fórmulas arquetípicas ni se sujetan a ideas preconcebidas. Las relaciones afectivas se construyen día a día, y el día en que dejan de construirse, el día en que los límites han quedado fijados, ese día comienza a perderse la aventura que toda construcción afectiva debería ser. Y lo mismo me da que la pareja practique o no la dominación femenina.</p>
<p>Y si nos limitamos a las prácticas de la dominación femenina en parejas estables, pues tres cuartos de lo mismo. Entiendo que en una relación sana entre dos personas sanas no tiene objeto plantear la cuestión de los límites más que como un juego de dominación, porque no me cabe en la cabeza que mi pareja pensara que yo podría querer causarle mal físico o psíquico y que, en consecuencia, él necesitara defenderse de mi maldad, o de mi irresponsabilidad, por medio de no sé qué límites establecidos. Otra cosa, y muy distinta, es que un hombre quiera ponerse en manos de una sádica sin remedio y, entonces, piense que necesita acordar previamente unos límites a la conducta de la mujer; aunque yo pienso que, entonces, lo que necesita es un buen psicólogo.</p>
<p>Para mí, DeMarte, que te ocurre como a muchos hombres sumisos, que ponéis con frecuencia mucho más el acento en las prácticas de la dominación femenina que en el amor, el compañerismo y el respeto que deben tenerse ambos miembros de la pareja y que, por supuesto, constituyen un pilar bastante más sólido que el primero a la hora de construir una relación afectiva.</p>
<p>Y para terminar este asunto, te diré que, en cuestión de límites, los límites suelen estar bastante más allá de lo que muchos hombres pensáis. Dicho de otra forma: que los hombres no sois de mantequilla, que tenéis más aguante del que vosotros mismos pensáis. Y no te asustes, que, aunque pasaras por una escena de dominación como la que pasó Miguel durante dos días, no quedarías traumado, que no necesitarías para nada ayuda de un psicólogo. Por lo menos mi chico no es tan blandito, porque si lo fuera no se me hubiera ocurrido montarle esa escena. Y nada pasa porque un hombre hecho y derecho se eche unas lágrimas para aliviar la tensión, que no pasa nada por llorar un poco, que además los hombres lloráis bastante más a menudo de lo que reconocéis&#8230; y a veces chantajeáis con esas lágrimas tanto o más que las mujeres.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081031-mujer-desafiante.jpg" alt="" title="081031-mujer-desafiante" width="525" height="362" class="aligncenter size-full wp-image-494" /></p>
<p>La otra cuestión en la que insistes es en poner de manifiesto tu rechazo a que la coacción se produzca en las relaciones de pareja. Ya escribí mi opinión de que en todas las parejas se produce, así que ahora trataré solamente de ponerme en tu lugar y, por tanto, imaginarme cómo podría ser una relación de dominación femenina en la que la coacción se considerara, como tú haces, intolerable. ¿Qué cosas le plantearía a mi chico si la coacción no tuviera cabida en nuestra relación?</p>
<p>—Miguel, mi amor, quiero que hoy, cuando vuelva del trabajo, que volveré tarde, me tengas preparada una cena de primera y que me la sirvas como me merezco. Claro que&#8230; no te sientas coaccionado, que si no quieres hacerlo, pues yo no puedo obligarte a hacerlo, porque no te puedo coaccionar.</p>
<p>—Miguel, cariñito, ayer no me hiciste la cena que te pedí, y como la nuestra es una relación de dominación femenina, pues he pensado en sacar la fusta y darte la azotaina que tu desobediencia merece. Claro que&#8230; sólo te azotaré si te parece bien, porque yo no puedo coaccionarte. Aunque bien pensado, que mayor coacción que una azotaina. Pues práctica desterrada.</p>
<p>—Miguel, vida mía, que he pensado que estaría bien tenerte sin eyacular una temporadita, para excitar tu deseo y juguetear con él. Claro que&#8230; si no te puedes aguantar, y puesto que yo no te puedo coaccionar, pues&#8230; lo que te salga de donde tú ya sabes.</p>
<p>—Miguel, mi sol, que he pensado que, puesto que soy la parte dominante de la relación, pues que te quiero obligar a dejar de fumar, pero como no puedo obligarte, porque no puedo coaccionarte, pues&#8230; acabaré suplicándote que dejes de fumar en lugar de ordenártelo.</p>
<p>—Mira Miguel, que dice DeMarte que lo de regalarte un par días a Ángela estuvo muy feo, porque fue una coacción por mi parte y que eso no se hace, pues&#8230; se terminaron las coacciones.</p>
<p>¿Y qué te imaginas que diría mi chico, DeMarte? Pues lo normal, que si tú no quieres una relación de dominación femenina, que eres muy libre, pero que él sí, así que por favor que a él no le quites las coacciones. Y yo te digo que vaya gracia lo de ser la parte dominante que no puede ejercer el dominio, porque el dominio sin la posibilidad de coaccionar para imponerlo es, simplemente, un sinsentido.</p>
<p>Espero, DeMarte, que sientas mejor al comprobar que no has “caído en desgracia” y que tu “poder de persuasión no es cero”, que “la dueña del blog” se preocupa por ti y te tiene presente en sus laicas oraciones.</p>
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		<title>Coacción</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Oct 2008 04:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogos]]></category>

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		<description><![CDATA[La corrección política invade hoy día todos los espacios, y el eufemismo se ha convertido en componente habitual de nuestro lenguaje, es decir, que está mal visto llamar a las cosas por su nombre. Sé que es así, pero no deja de llamarme la atención que también así suceda entre quienes participan en un blog [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La corrección política invade hoy día todos los espacios, y el eufemismo se ha convertido en componente habitual de nuestro lenguaje, es decir, que está mal visto llamar a las cosas por su nombre. Sé que es así, pero no deja de llamarme la atención que también así suceda entre quienes participan en un blog sobre la dominación femenina, por lo que me sorprendió que la semana pasada deMarte casi se escandalizara por lo que conté en las dos entradas tituladas “El regalo”, porque de coacción se trata. Y parece que está feo.<span id="more-475"></span></p>
<p>El comentario de deMarte contestaba a uno de Amy, que a mí, la verdad, me pareció de lo más razonable:</p>
<div class="blockquote">en cualquier pareja que tenga una relación la coacción existe aunque no se de dentro del femdon, así que me imagino que dentro de una relación así donde el poder toma un especial protagonismo, la coacción existe en mayor proporción. [...] la coacción es algo muy utilizado por todo el mundo, así que me imagino que las dominantes la utilizarán mucho más.</div>
<p>Como debería resultar obvio, Amy se imagina bien –las dominantes la utilizamos mucho más–. Sin embargo, a deMarte le parecía mal:</p>
<div class="blockquote">Entre que se convenza a alguien de hacer algo, y la coacción hay un trecho muy grande. Y el hecho de que exista en las parejas no significa que sea bueno. Y en cualquier caso ninguna pareja sobrevive gracias a la coacción precisamente (la psicología nunca dirá que la coacción es buena para una relación de pareja). Un acto que no nace de un sentimiento noble y puro (como el de complacer a alguien aunque sea haciendo algo que no te gusta), sino más bien del miedo, no es un acto de amor y no es un acto de respeto. Y una relación afectiva se debe de basar en el amor y el respeto.</div>
<p>Me resulta muy enternecedor lo del “sentimiento noble y puro” y que “una relación afectiva se debe basar en el amor y el respeto”. Pero la vida es más complicada, afortunadamente, y no se adapta siempre bien a las declaraciones de buenas intenciones. Desde luego que los “sentimientos nobles y puros” y “el amor y el respeto” son componentes de muchas relaciones de pareja, pero lo que tengo por seguro es que esas relaciones tienes otros componentes, probablemente no tan “nobles y puros”, pero muchas veces excitantes y enriquecedores y que, claro, otras nos traen sus buenas complicaciones.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081022-desconocida-01.jpg" alt="" title="081022-desconocida-01" width="275" height="413" class="alignleft size-full wp-image-476" /></p>
<p>¿Es la atracción física que nos despierta nuestra pareja un componente de nuestra relación con ella? Desde luego que sí, aunque no lo tengamos por un “sentimiento noble y puro”. ¿Son las relaciones de pareja también relaciones de poder? Por supuesto, aunque unas veces más que otras. ¿Explica la dependencia de uno de los integrantes de la pareja respecto al otro algunas relaciones afectivas? No creo que nadie lo dude. ¿Se pueden entender ciertas relaciones en función de lo abultado de la cartera de uno de sus miembros? Difícil negarlo. Y podemos seguir pensando en otros componentes que en tantas ocasiones constituyen parte del cemento que une a muchas parejas. </p>
<p>Podría ser que las relaciones entre dioses o ángeles estén presididas siempre por la bondad, que solamente se alimenten de “sentimientos nobles y puros” y se basen en “el amor y el respeto”. Y ellos que lo disfruten, los dioses y los ángeles, y que a ellos se sumen las buenas chicas. Porque, como decía Mae West, “las chicas buenas van al cielo”, pero terminaba la frase tirando de picardía: “las malas van a todas a partes”. Claro que la actriz norteamericana sabía de qué hablaba: “Cuando soy buena, soy muy buena; pero cuando soy mala, soy mejor”. </p>
<p>Pues yo, como la mayoría de los mortales, también puedo ser buena y mala. Y guardo mis buenos sentimientos, pero por fortuna también tengo otros no tan “nobles y puros”. Y no dejo de apreciar “el amor y el respeto”, pero por fortuna me veo capaz además de utilizar y de disfrutar de instintos más primarios. En fin, la sal de la vida.</p>
<p>Y en la vida y, como decía Amy, “en cualquier pareja que tenga una relación, la coacción existe”. Por supuesto que la coacción en una relación puede tener muchos grados –y que ahí suele residir el problema cuando surge–. Ahora bien, lo que resulta realmente sorprendente es que se pretenda cuestionar la coacción en relaciones de pareja que se denominan de dominación. ¿Cómo se podría practicar la dominación femenina sin coacción?: ¿Te domino, pero sólo de una forma que no te coaccione? ¿Te domino, pero sólo si antes te convenzo? ¿Te domino, pero sólo por medio de mis “sentimientos nobles y puros” y del “amor y el respeto”?</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081022-desconocida-02.jpg" alt="" title="081022-desconocida-02" width="525" height="392" class="aligncenter size-full wp-image-477" /></p>
<p>Suena gracioso, pero es el resultado de ese miedo a llamar a las cosas por su nombre que denominamos corrección política y que ha convertido en timoratas a muchas personas de esta sociedad. De hecho, es el miedo a admitir que la bondad es algo tan humano como la maldad, y que nuestros sentimientos pueden ser “nobles y puros”, pero también innobles e impuros, y que nuestros instintos se resisten a encajar en los moldes de la corrección políticas. </p>
<p>Como decía, la sal de la vida, pero hay quien parece pensar que conviene poner la vida a régimen&#8230; porque la sal no nos conviene.</p>
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